Salvador López Arnal

Profesor-tutor de Matemáticas en la UNED y enseñante de informática de ciclos formativos en el IES Puig Castellar de Santa Coloma de Gramenet (Barcelona)salarnal@gmail.com

Las libertades ciudadanas realmente existentes

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14 de enero de 2011

Sin duda, una de las peores nociones que generó en su momento la tradición marxista fue aquella apelación al “socialismo real” para justificar lo injustificable, acallar críticas, borrar mediante cualquier procedimiento disidencias socialistas y comunistas, y arrojar intentos de renovación y revisión de finalidades, programas y procedimientos a la cuneta de lo quimérico-irresponsable cuando no al saco de la vil traición a la causa sagrada del “proletariado internacional” (Una aproximación a toda esta historia puede verse en un libro, en mi opinión, imprescindible, magníficamente escrito y modélicamente argumentado: El sastre de Ulm [1]. Lucio Magri, nada más y nada menos, es su autor).

Nefasta categoría, decía, la de “socialismo real”; no estoy seguro que lo sea la que encabeza estas líneas. Tras décadas y siglos de lucha, combates y sacrificios inconmensurables, las libertades realmente existentes para los ciudadanos (y ciudadanas) trabajadores cada vez se están estrechando más. No sólo en lugares alejados del Centro del sistema o aplastados por botas militares y afines sino en el mismo núcleo “desarrollado” de la civilización fáustica del Capital. Fiat y Nissan son ejemplos ilustrativos.

Los trabajadores de la Fiat de Mirafiori, en Turín, han votado entre el 13 y el 14 de enero el rechazo o la aceptación del nuevo convenio propuesto por la multinacional vampírica italiana: aumento de los días laborables y de los turnos, y disminución de los tiempos de descanso de los trabajadores. La acumulación lo chupa, debe arrasar con todo. Sergio Marchionne, el presidente de la empresa, lo ha planteado en los siguientes términos: o se aprueban las nuevas condiciones draconianas “sugeridas” por la compañía o se traslada la producción al extranjero. ¿Puede ser un farol? Puede serlo desde luego. Pero el agua está a la altura del cuello, del cuello nada servil pero no cubierto, de los 5.500 trabajadores de la fábrica. Las calles están pobladas, ya no son nuestras, y la resistencia a los desmandes y exigencias patronales cada día es más difícil.

Por su parte, los trabajadores de Nissan en la Zona Franca de Barcelona aprobaron el 12 de enero de 2011 en referéndum, con participación del 93% de la plantilla[2], las condiciones “sugeridas” por la dirección española de la multinacional con el objetivo de que la dirección de Nissan en Japón apruebe la adjudicación a la fábrica barcelonesa de la producción de una nueva furgoneta. ¿Qué condiciones con esas? Las de siempre: contención salarial -congelación del sueldo en 2011; aumentos del 0,5% y del 1,5% los dos años siguientes- e incremento de la productividad -un 6%, mediante el incremento anual de las horas de trabajo. Más, esta vez sí, por menos. Resultado de las votaciones barcelonesas: 2.120 a favor de las restricciones (70%), 825 en contra (27%) y 57 en blanco (1,86%).  USOC y UGT batallaron a favor de las nuevas condiciones; vivir para ver lo ya visto una y mil veces. CCOO, el sindicato mayoritario en la fábrica de la Zona Franca, y CGT se opusieron. Según Raúl López de CC.OO. la dirección de Nissan ha aprovechado la situación –miedo, paro, precariedad, ansiedad, desesperación en muchos casos, largo etcétera- para empeorar aún más las condiciones laborales. En el momento en que escribo no se conoce la decisión de Nissan Japón. No es imposible que a pesar de lo aceptado por los trabajadores y trabajadoras la dirección de la multinacional traslade la producción de la nueva furgoneta a Tánger. Las condiciones de las clases trabajadores son peores y la presencia sindical es aún más reducida. Contra peor, mejor.

No es sólo en Europa desde luego. Sujoy Dhar -“Suicidios aumentan en India”[3]- recordaba que detrás de los muros de una fábrica abandonada en Amritsar, Arun Bag lucha aún con los trágicos recuerdos de su padre, Haradhan Bag de Singur. Se suicidó después de que su granja, donde había vivido toda su vida, fuera confiscada para construir una planta automovilística de Tata Motors. Hoy se fabrica en ella "el auto más barato del mundo". Bag de Singur se quitó la vida consumiendo insecticidas. Fue en marzo de 2007; tenía 76 años[4].

¿Son libres los trabajadores de Fiat al tomar la decisión que están tomando o que han tomado ya? ¿Lo han sido los trabajadores y trabajadoras de Nissan al aceptar una disminución de sus condiciones de trabajo? ¿Tenía muchas opciones a su alcance el campesino indio para seguir adelante? No parece que la respuesta puede ser positiva. Este, a pesar de las conquistas democráticas y liberales conquistadas, no concedidas, no es solo un sistema sin freno, una civilización suicida y alocada que maltrata permanentemente a la Naturaleza, no es sólo el modo de producción de la explotación y plusvalía como señas de identidad esenciales, sino que es, cada día de forma más creciente, una civilización contraria, opuesta, a las libertades ciudadanas de los sectores sociales más dependientes, cubierta, eso sí, de trajes liberal-democráticos, que apenas nadie ve, y de corbatas y pañuelos de “todo a cien”, o adquiridos en Zara o Mango.

Notas

[1] Lucio Magri, El sastre de Ulm. El comunismo del siglo XX. Hechos y realidades, Barcelona, El Viejo Topo, 2010, traducción de Juan Pablo Roa y Roberta Raffetto (revisión de la traducción Manuel Monereo, autor también del excelente prólogo que abre el volumen).

[2] Glòria Ayuso, “La plantilla de Nissan acepta cobrar menos y trabajar más”, Público, 13 de enero de 2010, p. 20. 

[4] Entre 1997 y 2005, se suicidó un agricultor indio cada 30 minutos aproximadamente. P. Sainath, un escritor que se ha dedicado a investigar la pobreza en este país, realizó los cálculos basándose en datos oficiales de la Oficina Nacional de Registros Criminales. Agricultores y estudiantes son la población más vulnerable. 127.151 personas se quitaron la vida en India en 2009.

[5] M. Sacristán, Seis conferencias, El Viejo Topo, Barcelona, 2005, p. 52.