Rigoberto Lanz  

Por un pensamiento crítico

enero de 2011

“Actualmente sólo se puede pensar en el

vacío del hombre desaparecido. Pues este vacío

no profundiza una carencia; no prescribe una

laguna que haya que llenar, no es nada más, ni

nada menos, que el despliegue de un espacio en

el que por fin es posible pensar de nuevo”.

MICHEL FOUCAULT: Las palabras y las cosas, p. 333

 ¿”Por fin es posible pensar de nuevo” como lo plantea Michel Foucault? Sí, a condición de cambiar de vía, de cambiar las preguntas, de cambiar de paradigma, de cambiar de episteme, de cambiar de modo de pensar, de cambiar los estilos intelectuales escolásticos y decimonónicos. El amigo Jonatan sabe de qué va la cosa. Algo bien distinto es compartir sus implicaciones y correr los mismos riesgos.

Hay demasiados temas cruzados. Me refiero a uno solo: el carácter de los contextos socio-culturales en donde–por fortuna—nos toca pensar. Ese nos es un dato optativo que cada quien incorpora o desincorpora. Lo que he planteado es esta tesis difícil de refutar: “se trata de producir una alternativa paradigmática que dialogue fecundamente con la experiencia americana, con las modalidades singulares del relacionamiento colonial y neocolonial que impregna las prácticas culturales, con la especificidad de los procesos antropológicos que dan entidad a los movimientos sociales  que constituyen nuestra compleja realidad,”. El amigo Jonatan Alzuru no está leyendo bien lo que he escrito (antes y ahora) ¿De dónde sale la imagen de “seres incontaminados” y “puros”?  (este es el momento  en el que el lector vuelve la mirada un poco más arriba y lee nuevamente lo que está dicho contundentemente: se trata de producir una alternativa paradigmática que dialogue fecundamente con la experiencia americana, con las modalidades singulares del relacionamiento colonial y neocolonial que impregna las prácticas culturales, con la especificidad de los procesos antropológicos que dan entidad a los movimientos sociales  que constituyen nuestra compleja realidad”) ¿Qué tiene que ver el venerable Levy Strauss con una tesis como esta?

Pensar desde el Sur quiere decir exactamente eso: tomarse en serio la contextualización de la producción intelectual, llevar hasta el final la impronta de una ruptura epistemológica con la lógica neocolonial del imperio (Toni Negri, dixit.), descubrir en la latinidad un chance de nuevos horizontes de reconfiguración cultural (en la onda de  Maffesoli y Morin) No se trata de la tontería de  dejar de leer a los clásicos o de renegar de tradiciones fecundas que están allí de obligada referencia. “Pensamiento crítico”, “marxismo crítico” o una postura posmoderna crítica radical tienen  en común los mismo desafíos que plantea hoy la agenda de una antropología posmoderna, de una etno-epistemología (al igual que una etno-metodología, una etno-medicina o una etno-musicología), como también el reto mayor de  pensar la vida pública desde los componentes de una etno-política que no se reduzca a las trampas del “multiculturalismo” o a los repartos corporativos del Estado.

Superar los límites del liberalismo político para pensar una nueva socialidad posmoderna no es una elección de estilo que se toma o se deja. Se trata más bien de una condición de entrada para poder transitar por las nuevas preguntas que plantea la agenda de una emancipación radical. No hace falta estar de acuerdo ni correr los mismos riesgos. Lo que sí hace falta es entender desde dónde hablamos, cuáles son las implicaciones de esa mirada del mundo, qué efectos prácticos se derivan de allí para el quehacer cotidiano en un país como Venezuela. Mis libros, mis pares intelectuales y mis amigos no tienen que preocuparse.

Conocer más de cerca la vivencia de una socialidad multi-étnica es algo que desearía experimentar. Mientras tanto, me valgo de los testimonios de amigos muy versados que con múltiples miradas han hecho de su vida intelectual un viaje de ida y vuelta por estas inmensidades. Me refiero a gente como Esteban E. Mosonyi, Alfredo Chacón, Omar González, Iraida Vargas, Rafael López Sanz o Don Mario Sanoja.

Allí no está “la verdad”,  lo que sí está es una tonelada de dignidad intelectual.