Oscar José Fernández

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De tecnología a tecnologías

7 de agosto de 2008

La visión paradigmática que nos permite observar la evolución del pensamiento científico se cruza con el pensamiento y hacer tecnológico, que no por ofrecer una mirada en principio más utilitaria deja de ser un espacio propicio para el pensamiento, de hecho desde hace algún tiempo se viene hablando de filosofía de la tecnología. 

Esta tecnología es pensada y a su vez hace pensar de allí que la idea de cultura pasa a través de la idea de tecnología, incluso traspasa la idea de tecnocultura. Pues el ser humano crea a los objetos y estos a su vez crean al ser humano; ya ha sido expresado por muchos pensadores el hecho de que una cosa fue el mundo antes y otra cosa después de la aparición de algunos objetos tecnológicos: la luz eléctrica, la imprenta, el teléfono, la computadora, Internet, etc. 

El pensamiento moderno y postmoderno pasa, se recrea y reconstruye a través de los objetos que a diferencia de lo que muchos pueden creer si poseen e inducen a dimensiones éticas, socioculturales, políticas y/o religiosas.

 En tal sentido lo publicitario y lo tecnológico han marcado y marcan  una forma de ser vivir y pensar lo cotidiano. Algunas veces por no decir muchas, ese pensar queda disminuido a un hacer intuitivo que hace de la tecnología una suerte de religión y que induce al comprador/religioso a nutrirse quizá, casi sin necesitar el producto tan solo por la novedad o por una necesidad creada artificialmente y que nos lleva a la relación consumidor/producto. 

Pero más allá de la relación maniquea de dominado/dominante, nos introducimos en instancia aún más profundas que nos permiten comprender un poco más claro el sentido de la vorágine que llamamos revolución tecnológica. A veces parece que es imposible establecer una distancia real ante este fenómeno ya que a diario estamos inmersos en el mismo y por ello una óptica  y/o punto de vista que no nos involucre como actores, es prácticamente imposible, por otro lado el apartarse del mismo a modo de ermitaño, no nos ayuda más que a negar una realidad. Sin embargo es de interés destacar que una cuestión es la intencionalidad humana ante la tecnología y otra la intencionalidad humana que a través de la tecnología misma induce al replanteamiento de la misma. En tal sentido, las relaciones/multirrelaciones que se ven aquí, van más allá de un simple me gusta o no me gusta determinado objeto. Si bien los objetos, atraviesan nuestra dimensión de lo estético, a su vez también marcan y atraviesan  espacios de bifurcación cognitiva que configuran instancias epocales que alimentan nuestras relaciones tanto internas como externas. 

Un botón cuadrado no dice lo mismo que un botón circular, y no es solo un asunto de ergonomía, sino que además se trata de una visión del mundo. Por otro lado tenemos que la interacción entre la máquina y el ser humano puede conducir a relaciones aún no pensadas, de allí que la interacción entre un niño y una computadora bajo un sistema de inteligencia artificial, conduce a procesos de aprendizaje que traspasan los límites de la comprensión de lo que somos. Tal vez algunas novelas de ciencia ficción entre las que podemos destacar algunas de Isaac Asimov, como por ejemplo Yo robot, y fundación y tierra; pudieran servir de ejemplo/interconectivo entre el humano y la máquina que aún suenan más a ciencia ficción que a realidad; más sin embargo dicha realidad que pudiera sonar a realidad virtual se aproxima a gran velocidad a nosotros y pareciera que no le prestamos la atención debida.

 Somos tan solo un fragmento de lo pudiéramos llegar a ser;  de este modo somos y no somos en el laberinto transpersonal del tiempo, multidimensional y multiexperiencial. 

Un mundo carente de visión tecnológica es similar a imaginar un mundo carente de cultura y es que si cultura es todo lo hace el hombre, la tecnología es cultura en todo momento. Lo que ocurre es que esta perspectiva no es precisamente la más difundida y por tanto pareciera que tecnología es solo aquella imagen que se asocia con el futuro. Por cierto la idea de futuro y la tecnología se hallan en un vacío interpretativo, pues si la tecnología es futuro perpetuo, este nunca llega y por lo tanto su construcción como sistema de pensamiento es prácticamente inexistente. Sin embargo este futuro también puede ser interpretado como una suerte de presente continuo, o como un presente fluctuante en el cual nada permanece, en tal sentido la preocupación por la novedad que asiste a las grandes corporaciones transnacionales de la tecnología, tiene sentido si consideramos que ellos buscan mantener una preocupación permanente  por un tiempo que no existe y que por consecuencia no reclama nada más que el transito pasivo y silente.

No es para nadie sorpresa que esta preocupación por lo tecnológico que sobre todo ataca a los jóvenes, es creada bajo un espíritu de competencia, y que tal vez la posesión de la novedad prime por encima del dominio de la herramienta. Es allí precisamente donde ya no importa si la herramienta es o no útil, sino si es nueva. Caemos pues en la superficialidad de la técnica y su competencia se vuelve carente de sentido utilitario y por el contrario, el monstruo del consumismo se convierte en el controlador de este sistema. 

La revolución micro electrónica, la biotecnología, la nanotecnología, la biotelemática, etc.; suenan para algunos a ciencia ficción, más sin embargo sabemos que en algunas partes del mundo se viene trabajando sobre estos campos del saber. Y es aquí precisamente cuando la vanguardia del conocer saber se vuelven poder político y económico y ya lo que se investiga no es publicado por que en algunos países, como Estados Unidos, es considerado de seguridad nacional. Si poseemos el control de la información y por consecuencia del conocimiento, tendremos el control del mundo. Por ello hablar de transferencia tecnológica es un factor que hay que analizar con mucho cuidado, pues los países que poseen el control de cierto aparato tecnológico no darán todos sus datos pues saben que si entregan lo que ellos llaman secretos industriales, pueden perder algunos mercados y por ende poder político y económico. 

En Venezuela se viene trabajando de forma activa sobre la construcción de una tecnología propia, y ha apelado a algunos aliados internacionales para el apoyo y transferencia tecnológica, sin embargo y como ya lo decía arriba, muchas de estas empresas que provienen de países aliados no están dispuestos a transferir toda su tecnología, tal deberíamos seguir el ejemplo de los Japoneses en post guerra  y comenzar a desarmar los productos de los poderosos de la tecnología y a rehacerlos. Aquí en nuestro país pareciera que no se hace tecnología de alto nivel, pues esto se debe a que la necesidad y la voluntad política no se han encontrado en el mismo autobús; es por consiguiente indispensable ir hacia la consolidación de un sistema de innovación que promueva de forma pronta la consolidación de las empresas socialistas de innovación productivas; todo esto será posible si y solo si, tomamos como punto de partida a los trabajos de los tecnólogos populares y les damos el empuje necesario; y no me refiero a los premios de innovación o a eventos internacionales, me refiero a la implementación de empresas de producción social que desarrollen dichos productos, los comercialicen y los distribuyan y más allá, que transfieran y enseñen a los demás futuros tecnólogos a reproducir y a mejorar dichas tecnologías.  Por ello creo que lo más importante en todo esto es el enseñar a pensar en y para la tecnología, desde métodos innovadores que no excluyan por nivel académico, sino que desde la práctica y el hacer cotidiano nos muestre el como en el mundo muchos hombres y mujeres han alcanzado grandes logros trabajando desde lugares no académicos. Invitemos a los tecnólogos que no se detienen en ver si la academia los acredita o no y aprendamos de ellos una nueva forma de ver la vida.