Mario González Valdés "El Huillimario"

Ginebra

maminigonzaval@yahoo.es

Colaborador y corresponsal de www.clarinet.cl

La huella del Dakar: daño irreparable a la naturaleza

28 de enero de 2009

En los momentos en que la humanidad sufría una de las peores crisis de su historia, Chile y Argentina vivían el carnaval del Dakar, llamado en sus comienzos Rally París-Dakar. Por diferentes circunstancias y por las amenazas terroristas en el norte africano, obligaron a sus organizadores a suspender el rally el año 2008. 

Grandes intereses económicos, patrocinadores y la industria del motor, especialmente la de los 4/4 y fabricantes de motos, sin olvidar la TV, hicieron presión para  buscar una solución para dejar las arenas del Sahara y reemplazar el Dakar. 

Francia, donde se concentra su organización, sufre como en ningún otro país de Europa de la crisis mundial, en especial la de su industria automovilística, motivada no solamente por la recesión sino también por los errores de sus industriales que pusieron  su prioridad en la producción de vehículos todoterreno, o 4/4, para hacer frente a las importaciones provenientes del Asia. En los mismos momentos que la Comunidad Europea recomendaba un alto de su fabricación y ponía fechas para prohibirlos definitivamente. 

La decisión de la CE no era, ni fue por motivos económicos, pese al alto precio  de ese tipo de  vehículos. Ella se debió al alto costo ecológico que cuesta la circulación de este tipo de vehículos por ser fuertemente contaminantes, a la protección del medio ambiente, para reducir la galopante contaminación urbanística y la lucha contra la galopante aceleración del calentamiento del planeta. No puede ignorarse tampoco, su alta consumación en los mismos momentos que el petróleo alcanzaba precios inimaginables.  

El fin de la aventura y del mito de los todoterrenos llegaba hasta allí y la industria automovilística francesa a hundirse pese al salvavidas y al oxígeno de millones y millones de euros entregados a sus industriales por el presidente  Sarkossy para evitar su hundimiento. Miles y miles de trabajadores franceses se quedan sin trabajo y las industrias subfabricantes cierran una tras otra. 

Pero el Dakar no podía morir pese a su costo y al despilfarro. Había sido el mismo gobierno francés que había decidido y sugerido suspenderlo por no poder garantizar su seguridad en su recorrido por el Sahara hacia  las playas senegalesas. Si no se hacía por su tradicional camino había que hacerlo por cualquier otro lado del mundo. 

Así salió y se presentó la posibilidad de hacerlo en Chile con el avalúo del gobierno y las autoridades chilenas, a la que siguió la proposición de los argentinos. Aceptada y estudiada la proposición por los organizadores que no vieron problema alguno para que así el rally africano cruzara, por vez primera, el océano y viniera hacia los Andes. Al no haber obstáculos y el beneplácito de las autoridades chilenas y argentinas, la gran maquinaria administrativa y organizativa quedaba lanzada.

Agrupaciones ecológicas de ambos lados de la cordillera y mundiales denunciaron el  grave impacto ecológico y medio ambiental de la realización del rally sobre un paisaje natural y delicado como está catalogada la geografía andina, que sufriría e iba a sufrir graves daños, destrucción y transtornos  en su ecosistema. Y así ha sido. Nadie hizo caso a lo que se denunciaba. 

Algún puñado de dólares puesto sobre la mesa en Buenos Aires y Santiago bastaba para que los organizadores y patrocinadores del Dakar se frotasen las manos y el rally  pudiera  por fin  realizarse y repartir después de su mesaventura  africana por Chile y Argentina, en una ruta de magníficos paisajes y  con una geografía única como  lo dirían en la promoción del rally. Ellos no se iban a preocupar del daño ambiental y de las protestas de los ecologistas. Eso era tarea de las autoridades locales que autorizaron el recorrido sin hacer mayores problemas ni evaluar sus  posibles consecuencias. 

La opinión en Chile de la CONAMA de la III región no deja de sorprender, como la de otros personajes chilenos. Decir que el paisaje desértico chileno no es una zona de protección ya que es una región llena de dunasy con poca vegetación. Sorprende y más por que lo ha dicho el director regional de la CONAMA. Decir aquella barbaridad es estar diciendo que no tiene ningún valor ecológico.  

La destrucción y el daño irreparable por el paso y las huellas  de la caravana del Dakar, de  una amplia superficie de un delicado paisaje como es sin duda los lugares donde florece el desierto en la III región demuestran la actitud de las autoridades y de los funcionarios responsables, y culpables del mal que ha dejado el paso del rally. Numerosas especies de la flora desértica destruidas y una erosión aún mayor de un frágil paisaje fuertemente castigado por el trazado y el paso de la caravana. 

También culpables son aquellos que han dicho que en esos paisajes no hay nada, que las dunas y el desierto no son, no hay, ni sirve nada. Una manera muy autoritaria, y muy a la chilena de seguir atentando contra el medio ambiente y nuestro delicado paisaje natural.  

Lo peor es que se les deja. Nuestras clases  dominantes y gobernantes "laissent faire", dejan hacer. No hay que olvidar en  nuestra historia  chilena alguien  una vez dijo, y era una autoridad, que la Patagonia no era nada, un territorio desértico  y salvaje  habitado por indios, sin ninguna importancia y que no servía  para nada. Era en los momentos que chilenos y argentinos discutían  sobre la pertenencia y propiedad de ese amplio territorio.  

Al final de la historia, como se sabe, y no caigo en patriotismo barato, la Patagonia se quedó allende de los Andes y en sus fronteras se iniciaba la matanza y genocidio del pueblo mapuche, llamada por los gobernantes argentinos la Guerra del Desierto. Y las nuestras, aliadas a las multinacionales alemanas e inglesas, se iban a la conquista del salitre al norte del territorio chileno a lo que se llamó Guerra del Pacífico. A la vuelta del ejército chileno, después de la ocupación y abandono de Lima, se dirigieron hacia el sur del río Bío-Bío para hacer lo mismo que los argentinos en la Patagonia, terminar y aniquilar a los mapuches. 

Se cierra ese paréntesis histórico, pero  significativo del papel que siempre han  cumplido nuestras clases dominantes y la complicidad de nuestros gobernantes. 

Existe la opinión también de muchos chilenos, por supuestos interesados, que sucedan y puedan hacerse y seguir haciéndose estas cosas. Decir que el costo del pasaje del Dakar por Chile ha sido beneficioso para el país, es una aberración. Es dejar el camino libre para seguir destruyendo el paisaje natural por parte  de jeeperos y moteros, incentivados por el libre pasaje de la caravana del Dakar. No es el hombre quien ha  hecho el paisaje, ha sido la naturaleza y los todoterrenos que la están destruyendo con la complicidad de muchos, pero ellos no son los únicos culpables. 

Es Chile, que no tiene y carece de una verdadera política ecológica de  conservación y de defensa del medio ambiente. La geografía y el paisaje chileno está abierto al apetito, a la privaticidad y a la voracidad de los grandes grupos económicos. No hay que olvidar que una promesa de la candidata  presidencial Michelle Bachelet era la de  crear un ministerio del Medio Ambiente, o como se llame, y de ello, casi ya al final de su gobierno, en la realidad nada ha ocurrido y tampoco hay esperanzas que ello ocurra. Existen y hay muchos intereses en juego. 

Ejemplos de esa actitud y mentalidad, hay muchos. Las represas en la Patagonia. El Alto Bío-Bío. La usurpación y la destrucción del  paisaje mapuche. La privacidad y privatización de reservas naturales y ecológicas, de parques y costas. La destrucción de paisajes naturales por rallys de dudosa  competividad deportiva como en Chiloé, Chaitén, sectores precordilleranos, lagos y cursos de agua, las dunas maulinas de Putú y otras dunas costeras. Solo por nombrar donde el daño  a la naturaleza ha sido más fuerte.

El paso del Dakar por nuestro país ha hecho abrir aún más el apetito de los todoterrenos y sus arrogantes métodos, para ellos es un incentivo más para  seguir destruyendo nuestro frágil ecosistema, ya maltratado  por los años de arrogancia del neoliberalismo, donde  los todoterrenos son parte  de esa historia de destrucción. 

En Chile se está haciendo todo lo posible para que el Dakar vuelva en el 2010,y no vuelva por el momento a África, como parte de los festejos del Bicentenario. El riesgo ecológico será aún mayor, puesto que se anuncia un mayor número de días  en su pasaje por Chile, con salida y llegada en nuestro país.  

Los intereses y los interesados para que ello ocurra son bastantes, desde los organizadores y autoridades hasta jeeperos y moteros, como para hacer y empezar a hacer frotar las manos de los importadores de ese tipo de vehículos, en fase de extinción  en Europa y en estudio de instrucción, fabricación en Chile y, o en Argentina, para traer más contaminación y seguir atentado contra el medio ambiente. 

Nuestro paisaje, el desierto florido, en un futuro no muy lejano, va camino de quedarse en el recuerdo de alguna tarjeta postal, o él de alguna vieja fotografía, para que las generaciones futuras puedan ver como era ese país llamado Chile. Ojalá que no, pero como vamos...

¿Hasta cuándo? Otro Dakar ? ¡¡¡NO!!!