Luis Ernesto Navas  

15-M

mayo de 2011

Da gusto ver cómo un buen día la gente toma una plaza para reclamar por su situación, esa misma gente que normalmente es ignorada por la clase política, despreciada por la élite económica y banalizada por los medios de comunicación de siempre.

En Madrid, en Barcelona y en un montón de ciudades españolas la gente se fue a la calle a reclamar por tantas cosas como personas hay. ¿Y quiénes son? El pueblo: desempleados que dicen que ser pobres les ocupa todo su tiempo y trabajadores que llegan luego de terminar sus jornadas para reclamar por la reducción de sus salarios, amas de casa con sus hijos en cochecitos y ancianas con bastón que se divierten como adolescentes, grupúsculos estalinistas por aquí, independentistas catalanes por allá, verdes más allá. Los hiphoperos, punketos y rockeros que nunca faltarán, jóvenes trabajadores, desempleados, estudiantes o graduados convencidos de que este sistema nunca les brindará oportunidades, que no sean sino para malvivir con contratos basura y humillaciones. Todo esto aderezado con pancartas y afiches variopintos, los olores de la comida que preparan para quienes acampan en la plaza, gente curiosa caminando por aquí y por allá, gente tomando fotos de otra gente tomando fotos y gente que difícilmente puede ocultar que se la está pasando bien en la fiesta del pueblo “cabreado”.

Del otro lado de la acera, la clase política, empeñada en estos días en una campaña electoral para la elección de autoridades municipales y autonómicas, fue tomada por sorpresa y, en definitiva, no halla que hacer con esta papa caliente. Pendula entre la hipocresía del gobierno del PSOE, cuyos voceros están tratando de adular a los manifestantes con palabras tan dulces que empalagan y tan falsas como los amigos del Facebook, y el cinismo de voceros del Partido Popular que tienden a proferir acusaciones de estar movidos por intereses electorales.

La clase política sólo ocasionalmente reprime sus ganas de descalificar a este movimiento por “peligroso” o “anti-sistema”, y hasta llega a reprocharles que no se manifestaran cuando la situación del país era buena. ¿Y por qué coño vas a reclamar si estás bien? Se reclama cuando se está mal. Así como en todo país donde sobran estos sacerdotes de la democracia burguesa, hay quien pretende que el pueblo reclame por las violaciones al Estado de derecho, que no es sino Estado de derecha. Parece que nunca se van a enterar de que la gente reclama por empleo, por condiciones de trabajo dignas, por jubilaciones y pensiones decentes, en contra del cinismo de las empresas que anuncian despidos y terciarizaciones masivas y al mismo tiempo otorgan pagos extraordinarios para sus estresados directivos, en contra de la dedicación exclusiva de los gobiernos a mimar a los niños malcriados de la banca, contra la falta de vivienda y el exceso de hipotecas y desalojos, contra la corrupción y las ventajas de la clase política, contra la agresión al medio ambiente.

También da gusto ver el triste papel que le toca jugar a esos medios cabrones, que son casi todos. Mucho habían estado disfrutando con las protestas contra los dictadores del Norte de África y Oriente Medio y a favor de la democracia. Ahora sufren cuando los españoles se manifiestan en contra de la dictadura del capital enloquecido de la maquila, la manipulación genética y los sacrosantos derechos de propiedad intelectual. Ahora, ese periodismo descerebrado e hipócrita está recibiendo la dosis justa de insultos y empujones que tanto se merece, mientras chilla diciendo que sólo desea darles voz a los manifestantes. Quizás nunca se enteren de que el pueblo no necesita que ningún medio mediocre le dé voz. El pueblo ya tiene voz, y de lejos se escucha.

No es posible que con tanto desempleo, tanta humillación y tanto cinismo no se subleve la gente, aun cuando no se abriguen muchas esperanzas sobre un feliz resultado. Pero por lo menos queda el consuelo de incomodar un poco al que está demasiado cómodo, lo que queda claramente reflejado en una de las pancartas de la Plaza de Cataluña de Barcelona que reza: “Déjennos soñar, o no los dejaremos dormir”.