Jonatan Alzuru

Universidad Central de Venezuela

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Rigoberto: epistemólogo de Upata

enero de 2011

Maestro Lanz, la verdad no supe qué hacer con tu artículo. ¿Reírme? ¿Impresionarme? Estimados lectores el artículo titulado “Las ocurrencias de Jonatan” del 13 de enero de 2011 es de antología dentro de la literatura de Lanz. Parecía un escrito de un autor  que considere que “todo vale”, pero no es el caso de Rigoberto Lanz. Él en  innumerables escritos cuestiona a los autores que se refugian en la etiqueta de posmoderno para decir cualquier cosa, pero.

Abordaré mi réplica haciendo una consideración general de la estrategia discursiva de Lanz. El artículo asume como problema la relación entre marxismo crítico y resistencia indígena. Inmediatamente empieza a argumentar fundado en un “como si”. Escribió “como si” nadie lo hubiese leído, “como si”  todo lector de periódico no tiene sus libros, pero aún, “como si” yo ignorase quién es él.  El tono general es el de aquél que se dedicó durante años a configurar una propuesta teórica que llamó posmodernidad crítica radical. Ahora usa el vocablo marxismo crítico con la excusa de sostener lo que antes decía sin extravío. ¿Rigoberto, cuáles son las cercanías y diferencias, pero sobre todo, las diferencias entre lo que llamas marxismo crítico y la posmodernidad crítica radical que tu defiendes? ¿Es lo mismo? Tu eres el del lema las palabras no son neutras.

Un estudioso de Foucault, Gilles Deleuze, Guatari, Vattimo, Nietzsche, Baudrillard, Marcuse, Adorno, un riguroso lector de la antropología posmoderna, ahora cree en la existencia de unas “prácticas culturales de nuestros pobladores originarios”. ¿El locus como condición del pensar y ser original? Obviamente, debes saber que no tenemos una herencia como la Maya, la Inca o la Azteca, pero imaginemos que sí, imaginemos que existen unos seres incontaminados durante cinco siglos que tienen unas prácticas sociales puras, no contaminadas con la cochina cultura occidental, imaginemos aún más, que tienen como tú dices “visiones del mundo que la cultura occidental no entiende”. Esa cultura tan extraña, de verdad yo no la comprendo, pero tampoco tu mi hermanito.  A menos que ahora me digas que tienes años conviviendo con unos Pemones puros, por lo cerca de Upata, (por cierto, era un holograma tuyo el que compartía conmigo) pero además, descubriste un saber arrechísimo que los occidentales  (ese montón de franceses, alemanes y europeos  en general, que pueblan todos y cada uno de tus libros, tus argumentos, tus ideas) no pueden entender.

Tu vuelta a la antropología de Levy Strauss pero devaluada y con sarampión adolescente, se le olvidó un pequeño detalle: ¿Por qué leer a  Adam Smith, Ricardo o a Santo Tomás, puede ser una expresión de la “colonización cultural y no al Alemán de Marx? ¿O acaso es un marxismo sin Marx? Pero, ¿cómo leer a Marx sin referirse a ese alemán de Hegel y a Hegel sin ese otro llamado Kant y a Kant sin su crítica al mundo medieval y a los medievales sin su recuperación y distancia con los grecorromanos y esto de los Griegos?..

Un verdadero sabio de la cultura latinoamericana que estudió el merengue dominicano con la misma profundidad que nuestra literatura, Pedro Henríquez Ureña, a la edad de 24 años en 1908, le escribe a Alfonso Reyes, que se iba encontrar con su hermano Max Ureña que lo ayudara en su estilo de escritura, le dice: “proponle leer cosas serias exclusivamente (juntos quiero decir, pues sólo él tiene que leer lo relativo a su libro); esto es, literatura griega, Platón, Descartes, Schopenhauer, Nietzsche. Estoy seguro que eso será más útil para su estilo que cualquier otro ejercicio.” (Ureña, 1986, pág. 91)

El asunto de la atención a nuestras prácticas sociales, a nuestra cultura híbrida glocalizada, va por otros derroteros, hace rato. Lo último: ¿Qué vaina es esa de etno-epistemología? ¿Dimensión étnica de la política? La sola formulación comparte el mismo supuesto que la maldita tesis, los mulatos, indio, negros, no tienen capacidad étnica de ser ciudadano o aquella similar, la alemana de Hitler, piensan porque son blancos, ojos azules. ¡Por Dios!  ¡Atraso epistémico! Prefiero, éticamente, la escolástica.