Edgar Morin

La humanidad como obstáculo

agosto de 2008, Traducción: Rigoberto Lanz

http://www.edgarmorin.org/ 

Nosotros hemos ilustrado el esquema racional y humanista  de una sociedad-mundo como si ella debiera formarse según esta racionalidad y este humanismo. Pero no deberíamos ocultar por mucho tiempo los obstáculos enormes que esto comporta. De entrada, tenemos el hecho de las resistencias que suscita la unificación de  la sociedad-mundo: nacionales, étnicas, religiosas. Todas ellas tienden a la balcanización del planeta y la eliminación de esas resistencias supondría una violencia implacable.

Tenemos sobre todo la inmadurez de los Estados-nacionales, de los espíritus, de las conciencias, es decir, fundamentalmente la inmadurez de la humanidad para realizarse ella misma. Ello indica de un solo golpe que lejos de forjarse como sociedad-mundo civilizada—como ya lo henos indicado— se forjará (si es que consigue forjarse) como sociedad-mundo grosera y bárbara. Hay además, en competencia con la posibilidad de una sociedad-mundo confederada, la posibilidad de una gobernanza imperial asegurada y asumida por lo Estados Unidos. Al mismo tiempo que estamos en el camino hacia una sociedad-mundo, también se  camina para que esta sociedad-mundo adquiera la forma de un imperio-mundo.

De cualquier manera, sea cual sea la vía de formación, la sociedad-mundo no abolirá por sí misma las explotaciones, las dominaciones, las injusticias, las desigualdades existentes. La sociedad-mundo no va a resolver ipso facto los graves problemas presentes en nuestras sociedades y en nuestro mundo, pero es la única vía por la cual el mundo podría eventualmente progresar.

A partir de una sociedad-mundo –como de un imperio-mundo—uno podría entrever un largo camino posible hacia una ciudadanía y una pacificación planetarias. Estamos llegando, no solo a un término histórico, sino a los preliminares de un nuevo comienzo, que como todo comienzo, comportará barbarie y crueldad y en donde la ruta para una humanidad civilizada será larga y aleatoria. Este comienzo se hará, como  comenzó todo  después de Hiroshima, a la sombra de la muerte.

Así las cosas, que haya sociedad-mundo o imperio-mundo sigue siendo el problema principal. En efecto, no tenemos solamente la competencia de  los intereses, de las ambiciones, de los poderes, de las explotaciones, favorecidos por el estado actual del mundo. No hay sólo las furias fanáticas que exacerban los choques entre las culturas; existen los individualismos occidentales y los comunitarismos en todos lados que se amplifican conjuntamente sobre el planeta y favorecen el mal primordial de la incomprensión humana. El humanismo de las sociedades occidentales favorece en principio la comprensión, pero este humanismo se inhibe desde el momento en que aparecen los antagonismos con otras sociedades. El individualismo occidental favorece  más el egocentrismo, el interés personal, la auto-justificación que la comprensión del otro. Ningún nuevo Buda, ningún nuevo Cristo, ningún nuevo Profeta ha advenido para exhortar a la reforma de los espíritus, a la reforma de las personas que permitiría la comprensión humana.

Necesitamos por tanto, a favor de la civilización mundializada, que sobrevengan grandes progresos del espíritu humano, no tanto en lo tocante a sus capacidades técnicas y matemáticas, no solo en el conocimiento de las complejidades, sino en su interioridad psíquica. Es claro para mí que una reforma de la civilización occidental y de todas las civilizaciones es necesaria, que una reforma radical de todos los sistemas de educación es necesaria. Pero no es menos claro que reina la inconciencia total y profunda de la necesidad de esta reforma.

La necesidad de esta reforma interior de los espíritus  y de las personas que deviene fundamental a la política, es evidentemente invisible para los políticos. De esa manera paradójica, el esquema de una política de civilización que hemos diseñado, aunque corresponde a las posibilidades materiales y técnicas, es una posibilidad real actualmente imposible. Es por ello que la humanidad permanecerá por largo tiempo en  dolores de parto cualquiera sea la vía que se imponga.

Es posible, no obstante, mantener la esperanza en la desesperanza.