Edgar Morin

Cultura y globalización

Publicado en El Nacional, Caracas, 4 de agosto de 2008, Traducción: Rigoberto Lanz

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El siglo XXI verá la continuación de procesos culturales concurrentes, antagonistas y a veces complementarios que se han manifestado ya al final del siglo XX. A saber: 1. La ampliación planetaria   de las esferas de las artes, de la literatura, de la filosofía, 2. La homogenización, estandarización, degradación, pérdida de  las diversidades, y también,  dialógica (relación antagonista y complementaria) entre producción y creación. 3. El despliegue de un folklore planetario. 4. El despliegue de grandes aleadas transnacionales,  reencuentros, mestizajes,  nuevas síntesis, nuevas diversidades. 5. El retorno a  las raíces, regeneración de singularidades.

La extensión de Internet como sistema neuro-cerebral artificial de carácter planetario, el desarrollo de los multimedias van a acentuar y a amplificar las tendencias en curso y a acentuar los antagonismos entre una organización concentrada, burocrática, capitalista de la producción cultural y las  necesidades internas de originalidad, singularidad, creatividad del producto cultural, es decir, la necesidad de la producción  de apropiarse de su antagonista,  la creación. Al mismo tiempo, habrá un desarrollo concurrente e interfiriente entre los procesos de estandarización cultural y los procesos de individualización cultural, no solo a nivel de las obras sino de su uso.

En tanto que los modos de pensar occidentales habían invadido el mundo, ahora los modos de pensar de otras culturas resisten y se difunden en Occidente. La industria cultural está animada por una contradicción  que destruye los gérmenes de creatividad y a la vez los suscita. La literatura, por ejemplo, existe hoy en día por el libro impreso que es un médium de multiplicación masiva.  No obstante, la literatura conserva todavía el principio artesanal. La producción de obras, incluso con el computador,  guarda un carácter individual. A pensar de ello, la literatura—con el desarrollo de las grandes casas editoriales—sufre cada vez más las dificultades de la industrialización y de la comercialización.  La diversidad es el más potente antídoto contra la estandarización: la diversidad de editores para los libros, la diversificación de medios para la radio y la televisión.

La difusión mundial del rock ha suscitado en todos lados nuevas originalidades mestizas. De ese modo, a veces para lo peor, pero también para lo mejor, la cultura musical del mundo entero se entre-fecunda sin saber todavía que ellas son las niñas planetarias. La  homogenización viene de la “macdonalización” generalizada, no de los reencuentros y de los mestizajes. Es preciso dejar andar a los hombres y a las culturas hacia el mestizaje generalizado y diversificado, él mismo diversificante de retorno.

Es evidente que el desarrollo de la mundialización cultural es inseparable del desarrollo mundial de redes mediáticas, de la difusión mundial de modos de producción y que Internet y los multimedias aceleran y amplifican todos los procesos diversos,  concurrentes y antagonistas (es decir, complejos) que hemos evocado. Creemos que en razón de sus avances fulgurantes el proceso de estandarización y sus imperativos de ganancias serán contrabalanceados por los procesos de diversificación y las necesidades de individualización.

Se trata de caminar hacia una sociedad universal fundada sobre el talante  de la diversidad y no sobre la homogeneidad, lo que nos lleva a un doble  imperativo, que porta en sí mismo una contradicción, pero que no puede fecundarse sino en la contradicción: en todas partes, preservar, cuidar, cultivar, desarrollar, la unidad planetaria; en todas partes, preservar, cuidar, cultivar, desarrollar, la diversidad.

La humanidad es a la vez una y múltiple. Su riqueza está en la diversidad de las culturas, pero nosotros podemos y debemos comunicarnos los unos y los otros en la misma identidad terráquea. En deviniendo verdaderamente ciudadanos del mundo, compartiendo una misma cultura que podemos devenir vigilantes y respetuosos de las herencias culturales.