Daniel González-Zubillaga

Educando-educador UCV / Integrante del Comité por la Universidad Popular

cardenalito@gmail.com / comiteporlauniversidadpopular.blogspot.com

El prejuicio del progreso: la cara macabra del darwinismo social (I)

16 de septiembre de 2008

Hace algunos años, un artículo de una revista de divulgación científica llamó mi atención, no por lo impactante de su descubrimiento sino por lo errado que podían estar sus conclusiones. Los autores de la investigación, investidos en una supuesta “objetividad científica”, habían emitido un juicio cegador. Este artículo despejaba toda sospecha de manipulación por estar cerca de los anhelos de sus autores y de sus conciudadanos, que se mantenían crédulos ciegos de los resultados que solo confirmaban lo que todos ya sabían: que “los europeos son una raza superior”.

El artículo infería que los índices de infección de VIH se redujeron en Europa como consecuencia de la peste bubónica de la era medieval, la forma en cómo conectaban ambos casos aislados fue la justificación mediante el uso indebido de los argumentos darwinistas; para ellos (y todos los que se comieron el cuento), las personas que habían sobrevivido a la terrible peste que casi acaba con la humanidad (europea) eran, según la jerga spenceriana: los “más aptos”. Es decir, los “menos aptos” habían muerto. Según este argumento la supuesta causa reflejaba el funcionamiento de la “Selección Natural”, la peste había acabado con dos terceras partes de la población; por ende, los europeos actuales son descendientes directos de los supervivientes “aptos” y por eso son “menos propensos a infectarse de SIDA”.

¿Una raza superior producida por selección natural?, un cierto grupo de europeos siempre se ha sentido más que los demás y han utilizado innumerables medios para intentar demostrarlo, pero, ¡esto ya raya en lo absurdo!

A este fenómeno o línea ideológica en específico se le conoce como biodeterminismo, significa que algunos atribuyen caracteres, producto por la dinámica social, a una base biológica; “la inferioridad de los negros”, “la inferioridad intelectual de la mujer”, “la superioridad europea”, la pobreza, el hambre, la mala distribución de la riqueza, los problemas de aprendizaje, la delincuencia, etc. Y, en este caso específico la supuesta mutación beneficiosa de un receptor llamado CCR5.

No dudamos que el receptor mencionado cumpla sus funciones específicas igual en caso de infección con alguna peste medieval que con el VIH, pero, de esto a suponer una superioridad racial hay un trecho largo. Debido, en gran medida, a que la propagación de estas enfermedades tiene cierta dependencia de nuestras costumbres sociales. En el primer caso, la infección era resultado de unas extremas condiciones de insalubridad y la propagación del huésped de la enfermedad: La Rata común (Ratus ratus). El caso segundo, es una enfermedad de transmisión sexual, depende igualmente de las precauciones que puedan ser tomadas. No nos sorprenda pues que los aristócratas en sus palacios se infectasen menos que los pobres desgraciados que dormían entre basura en los mercados de París o que los niños que trabajaban hasta 12 horas al día en las inmundas fábricas del capitalismo temprano. Tampoco nos sorprenda que aquellos que usan protección se infecten menos que los que no tienen los recursos económicos para financiar tales lujos (muchos africanos, por ejemplo).

Estas infecciones no afectan de manera homogénea a toda la población. Para ser específicos, lo que se permitieron obviar mis colegas lejanos fueron los cambios producidos en las costumbres sociales y avances médicos que pudieron incidir en la reducción de las tasas de infección; la invención y uso común del preservativo, por ejemplo. Para poder llegar a las conclusiones que ellos llegaron habría que suponer que toda la población tiene las mismas posibilidades de infectarse, utópicamente (y ¡que el destino nos libre!) esto significaría que todos los individuos estudiados mantienen relaciones sin protección con individuos infectados. No pretendo discutir el método ni argumentación científica. Lo que rebato es el tratamiento indebido que dio la prensa al “descubrimiento” y la forma en la que se pretende encubrir los prejuicios sociales bajo la máscara de la “ciencia objetiva y apolítica”.

La evolución cultural de la sociedad es producida básicamente por acumulación, ya sea de conocimientos, técnicas, herramientas, cultura, costumbres, etc. En este caso se sumó a nuestra piscina de cosas útiles el Condón, lo cual nos permitió infectarnos menos, o las trampas para ratas y las medidas de higiene. Pero parece que cualquier medio es útil para justificar sus creencias.

Han existido malinterpretaciones de la idea Darwiniana desde que se publicó por primera vez el Origen de las especies, tantas casi como interpretaciones y malinterpretaciones de El Capital de Marx. Una de las interpretaciones que más daño ha causado es, sin dudas, el hecho de que se le atribuye al humano la competitividad en igualdad con el resto de la naturaleza, excluyendo por completo el nivel de conciencia que nos caracteriza. Así, a la historia natural se le asigna el mismo rango que la historia humana, sin suponer, como es obvio, que una es hecha por la naturaleza y la otra no.

A diferencia de un ave compitiendo por alimento o reproducción, o de una lombriz de tierra luchando contra el frio, o una orquídea por luz, nosotros somos concientes de nuestros actos; cuando se lanza una bomba sobre Hiroshima o cuando se saquea el petróleo de un pueblo inocente; éste simple hecho saca la dinámica de nuestra especie completamente de los límites de la teoría de la evolución natural, aquí no hay selección natural que valga, solo nuestra ambición de poder que entra en juego.

Como segundo punto, se obvia el hecho de que la humanidad representa una misma especie; el color de la piel no representa mayor variación que el color de los ojos o el cabello, los datos moleculares lo han demostrado, a pesar de las ideas caprichosas de algunos que pretenden negar la abrumadora evidencia. Esto les permite a muchos justificar una supuesta “lucha de los unos contra los otros” entre una supuesta raza con menos melanina contra otra con más.

La teoría evolutiva de Darwin -vs- la tergiversación de Spencer

Darwin ha sido útil para justificar guerras, segregación, racismo, discriminación, masacres, violaciones, entre otras tantas atrocidades. Es base, por ejemplo, para el laissez-faire del capitalismo. Herbert Spencer amigo por correspondencia de Darwin, comenzó hace 150 años su batalla por instalarnos el prejuicio que beneficia únicamente a la clase burguesa. Dice en uno de sus libros, por ejemplo: “la competencia en el libre mercado haría a los humanos evolucionar una mayor inteligencia”, pero, “no sin mucho sufrimiento bien justificado en el camino”. Este es el punto de partida para el Darwinismo Social que predicaría que la desigualdad entre ricos y pobres no es injusticia política, sino pura biología evolutiva.

¿A qué responden estas interpretaciones que se hacen de la teoría de la selección natural?

Darwin jamás hubiese sido capaz de saber lo que se haría con su teoría, lo cual no le excluye de haber conocido el trabajo que realizaban sus colegas de la alta sociedad londinense y alemana. Mi edición de El origen de las especies tiene, casi al final, un párrafo que no había visto antes, que vincula a Darwin con Spencer de manera directa y notoria, dice el párrafo omitido en las versiones comunes: “En lo futuro, veo ancho campo para investigaciones mucho mas importantes. La psicología se basará seguramente sobre los cimientos, bien echados ya por Mr. Herbert Spencer de la necesaria adquisición gradual de cada una de las facultades y aptitudes mentales. Y se arrojará mucha luz sobre el origen del hombre y sobre su historia”.

Antes de comentar el párrafo anterior, la nota a pie de página del editor: “Esta cínica referencia al origen del hombre –que fue suprimida por su traductor, Bronn, en la primera edición alemana de 1860- tuvo una importancia trascendental en el naturalista Haeckel”. Para los que no sepan quien fue Ernst Haeckel, fue uno de los teóricos alemanes que abrió las puertas al nazismo de Hitler.

[La línea subrayada representa la eliminación realizada a las versiones posteriores en inglés, las cuales eliminando el nombre de Spencer se refieren únicamente a “…(sobre los) nuevos fundamentos (de la necesaria adquisición etc.)…”. Pero, ¿Por qué eliminar esta línea o inclusive el párrafo entero de esta obra?, parece que los Darwinistas se sentían apenados de la cita que los vinculaba a una ciencia tan obscura.]

La correspondencia de Darwin con Spencer da mayores luces sobre la relevancia e irrelevancia del asunto, permitiéndonos contextualizar el hecho. Le escribe Darwin a Spencer: “Lamento decirle que jamás he leído su Psicología, por no tener las fuerzas para hacerlo, pero he visto el final - ¿puedo decir en mi prefacio que ha tratado usted la psicología sobre el principio «de adquisición necesaria de cada facultad mental y de capacidad por gradación»?, encontrará usted el uso de estas palabras entre comillas al final de mi libro (p.489 de la reimpresión), cuando lo escribí no pensé en su trabajo” [Charles Darwin en carta a Herbert Spencer el 2 de Febrero de 1860].

Darwin parece haber conocido muy poco sobre el trabajo de Spencer y sus implicaciones, sin embargo en el resto de su correspondencia parece sentirse comprometido con el autor que le había enviado copia de casi cada uno de sus trabajos (muchos ensayos largos y libros de varios tomos que Darwin en su agonía – aparentemente padecía Mal de Chagas- se veía imposibilitado de leer).

Tan pocas palabras marcaron el nombre de Darwin con algo con lo que hubiese estado en completo desacuerdo. Las ideas de Herbert Spencer serían más tarde justificación para innumerables atrocidades racistas, entre ellos una que atañe a esta serie de artículos: las pruebas de Coeficiente Intelectual y Pruebas de Aptitud Académica [Para más detalles ver ensayos anteriores - La PAA y el 11+; La Prueba de Aptitud Académica: como factor de lucha ideológica - del mismo autor], además de haber contribuido con sus tratados psicológicos a la completa deformación del modelo educativo, mal que aun hoy no hemos podido sacudirnos.

Pero, ¿dónde quedaban las clases sociales en todo este meollo? “los millonarios son producto de la selección natural” diría el sociólogo norteamericano William Graham Sumner, un darwinista social de vanguardia. El Prejuicio del progreso ha acompañado generaciones de intelectuales desde tiempos inmemorables. Anteriores a Darwin los religiosos ya hablaban del humano hecho a la “imagen y semejanza de dios”. La pregunta que debemos hacernos es si entre los prejuicios de Charles Darwin estaba el del progreso.

En su juventud Darwin escribiría en sus libretas “Es absurdo hablar de un animal superior a otro”,jamás debe hablarse de superior o inferior”, el humano y sus impresionantes facultades mentales son tan superiores o inferiores que el ojo de la abeja, el tamaño de la ballena azul o la lengua del camaleón.

Darwin niega el hecho de que se puedan aplicar sus teorías referidas a la naturaleza evolutiva de los animales y plantas a la especie humana, la teoría de la evolución por selección natural se ve limitada a los datos producidos a partir de estudios en animales y plantas inconscientes de su existencia, la generalización de la teoría debería en todo caso verse respaldada por datos fiables que nunca existieron:

“Sus apuntes sobre el argumento general de la tal llamada Teoría General del Desarrollo me parecen admirables. Trabajo en la actualidad preparando resumen de un trabajo mayor sobre los cambios en las especies; pero trato el asunto simplemente como un naturalista y no desde un punto de vista generalizado; de otro modo, en mi opinión, su argumento hubiese sido importante y citado por mi con agrado”

Charles Darwin a Herbert Spencer en carta fechada el 25 de Noviembre de 1958

La caballerosidad acompañaba las cartas de Darwin, tanto a Spencer, como a Heackel, como a Galton, independientemente de lo diferente de sus concepciones sobre la vida humana. Sin embargo, Spencer logró lo que necesitaba: el reconocimiento de su trabajo en la obra de Darwin para poder vincular las teorías darwinianas a sus teorías sociales que justificarían innumerables injusticas políticas.

Finalmente Spencer acuñando el término “la supervivencia del más apto” encubrió sus ideas bajo la máscara del Darwinismo Social, que para ser justos debería llamarse Spencerismo Social. No quiere decir esto que Darwin fuese libre de toda responsabilidad, la inocencia absoluta no parece existir. Parece caricaturesco, pero, Darwin incluiría en sus teorías características de la sociedad burguesa, tomados principalmente de la obra de Malthus, lo cual después volvería a tomar la sociedad burguesa, pero esta vez como algo procedente de la evolución natural, [Ver siguiente ensayo: El Prejuicio del Progreso (II): La teoría racista, el genocidio y la discriminación], Darwin lavaría las manos de la burguesía con sus teorías sin que muchos se diesen cuanta de lo que se ocultaba tras la llamada “lucha por la existencia”.

Bien parece que Spencer a pesar de sus prejuicios no era racista, en cambio era anti-esclavista. Por alguna razón Spencer apoyaría una causa anti-esclavista; en 1865 se conformó un comité de prosecución criminal contra el gobernador colonial Edward John Eyre en Jamaica que repelió de manera violenta una insurrección de esclavos que terminó con un saldo incontable de muertos. El comité fue creado por John Stuart Mill y fue apoyado por varios intelectuales entre ellos Thomas Henry Huxley, Darwin y su esposa.

Por ello no creo en la intencionalidad directa de Spencer de generar una ideología racista. Supongo que él mismo pensaba estar descubriendo “la naturaleza de las cosas” sin pensar por un segundo en las consecuencias políticas que acarrearía su idea, ni en que podía estar contaminado por la opulencia de su vida y la miserable vida de sus obreros, es decir, por la forma en que se organizaba (y organiza) la sociedad.

Veredicto

El Darwinismo social no es más que el Prejuicio del progreso en su manifestación filosófica, una múltiple hibridización de varias ideas malinterpretadas. Con las nuevas teorías la expresión metafísica y religiosa que predicaba la semejanza del hombre a un ser superior omnipotente fue bajada a la tierra y justificada por el proceso de libre competencia. Asumen ellos, que si los animales competían libremente seleccionando de manera constante e infinita a los “más aptos” y destruyendo a sus inferiores finalmente resultaría una especie infinitamente superior: nosotros. Sin embargo, obvian que la evolución no conduce a ningún estado de superioridad.

Como escribe Darwin: “La gente frecuentemente habla del evento maravilloso de la aparición del hombre inteligente – la aparición de los insectos con otros sentidos es más maravilloso… ¿Quién, con la cara de la tierra cubierta de sabanas y bosques se atrevería a decir que el intelectualismo es el único objetivo del mundo?”; pues, su amigo: Herbert Spencer, su primo Fancis Galton, su compañero Thomas Henry Huxley y su compañero de correspondencia Ernst Haeckel. Para no mencionar a los que siguieron esta línea teórica y vieron una buena oportunidad de hacérselas en los libros de historia.

Según la regla general de Spencer, la vida progresa de estados simples a estadios complejos: “en el progreso de la vida y el progreso del individuo el ajuste de las tendencias internas a las persistencias externas, debe comenzar en lo simple y avanzar a lo mas y mas complejo” [Principios de Psicología, p. 531].  

Para Spencer los estadios superiores de existencia son representados de manera innata por la superioridad intelectual: “Inclusive aunque la vida psíquica superior sea diferenciada de la vida física… aun seria cierto que la vida psíquica en sus estadios inferiores y primitivos no está diferenciada; dado a que esta diferenciación solo se da en el curso de la progresión por la cual la vida obtiene generalmente su forma mas perfecta”. Spencer finalmente sentaría bases para el “Genio Heredable” de Galton: “La transmisión hereditaria que es proyectada como en las plantas que cultivamos, y en los animales que criamos, y en la raza humana, aplica no solo a lo físico pero también a las particularidades mentales” [Principios de Psicología, P. 526]. Con este argumento no solo comenzaría Galtón su libro, sino que también lo usaría Charles Murray en The Bell Curve, libro de publicación contemporánea que sigue justificando las injusticias sociales.

La principal falla de estas teorías es la visión positivista, y anti-dialéctica. Asumimos, con bastante regularidad, estas teorías como única verdad y saber, cegándonos completamente a las  incidencias políticas e ideológicas que actuaron durante su formulación y las implicaciones posteriores que tiene en el fortalecimiento de estas mismas ideologías sectarias y su incidencia sobre la política. Así, la influencia de una única teoría burguesa infiltrada, la teoría Malthusiana, dio pie a que la burguesía mantuviese pisoteada a la gran mayoría de la humanidad bajo un pretexto divinamente concedido por la evolución.

Las cosas comenzaran a cambiar cuando comencemos a entender que existe una relación entre lo subjetivo y lo objetivo, y que toda teoría, lejos de ser una aproximación a la realidad de las cosas, no es más que un reflejo subjetivo de las percepciones que tiene una sola persona de su mundo, uno que logró publicación. 

Post scriptum: a pesar de que esta serie de ensayos tiene más de cuatro meses en proceso de formulación y reformulación, la larga espera llena de perfeccionamientos innecesarios y acumulación de nuevos datos, se ha visto impulsada por las observaciones de nuestro presidente Hugo Chávez Frías en su programa dominical desde una escuela en el viñedo estado Anzoátegui el domingo 14 de septiembre. El presidente se referiría precisamente a la utilización de la lógica de la filosofía darwinista sobre el sistema capitalista “el grande se come al más pequeño” o el “Bellum omnium contra omnes”. Se nos ha llamado a reformular esta lógica. No se trata de negar las realidades teóricas que gobiernan la naturaleza de las cosas, sino de develar la falacia en los argumentos que se han utilizado durante décadas. La teoría Darwinista (como será mostrado en los siguientes ensayos) tiene una fuerte influencia burguesa, si bien la selección natural es un mecanismo de evolución que no se pone en duda, la forma en la que se ha descrito comúnmente su funcionamiento no es necesariamente correcto. En la visión del positivismo científico se ha negado completamente el hecho de que la naturaleza no es un tubo de ensayo estático donde se echan un número de especies a matarse. En cambio éste es un mundo en constante movimiento, el ambiente es una totalidad de seres vivos en un medio inorgánico, existe una relación dialéctica entre el ambiente que es constantemente cambiado por las especies y las especies que son cambiadas por el ambiente, la selección natural se deshace bajo esta concepción dialéctica. Para poner un ejemplo triste: nosotros. Una sola especie ha modificado la temperatura del planeta entero y producido la extinción de innumerables especies vivientes en muy corto tiempo, alterando completamente el lugar donde vivimos. Algunos teóricos menos reconocidos como el anarco-comunista ruso Petr Kropotkin o los científicos de izquierda Richard Lewontin, Richard Levines y Stephen Jay Gould han desarrollado concepciones distintas de la forma en la que funciona el mundo natural, que no es precisamente el reflejo de la sociedad clasista que vio Darwin en la Inglaterra capitalista de Marx. Así, este primer ensayo y los que le siguen responden al llamado del presidente a la lucha intelectual de reformular la lógica y a mi propia conciencia.