Daniel González-Zubillaga

Educando-educador UCV / Integrante del Comité por la Universidad Popular

cardenalito@gmail.com / comiteporlauniversidadpopular.blogspot.com

¿Era Frankenstein socialista?

19 de agosto de 2008

Nuestra alienada cultura social nos ha vuelto conformistas, hasta el punto donde hemos abandonado completamente nuestro carácter inquisidor que nos llevaba hace tiempo desesperadamente a buscar explicación de las cosas, a ser radicales, a consultar las bases para identificar la veracidad de los asuntos, a razonar e interpretar los hechos. Podríamos culpar a muchos seres o cosas de esta desgracia: a la TV por cable, a los videojuegos que embrutecen a los niños modernos, a las nuevas caricaturas sin sentido, pero, hoy yo he decidido culpar a Edward Bernays, sobrino de Sigmund Freud. Podemos resumir la contribución del Sr. Bernays al desarrollo de la sociedad capitalista en un solo párrafo de su libro “Propaganda” (1928):

“La manipulación consiente e inteligente de los hábitos organizados y opiniones de las masas es un elemento importante de la sociedad democrática. Aquellos que manipulan este mecanismo imperceptible de la sociedad constituyen un gobierno invisible el cual es el poder dominante de nuestro país [EE.UU.]… somos gobernados, nuestras mentes son moldeadas, nuestros gustos formados, nuestras ideas sugeridas, largamente por hombres de los cuales nunca hemos oído hablar. Esta es el resultado lógico de la manera en la cual nuestra sociedad democrática esta organizada… somos dominados por un numero relativamente pequeño de personas… que entienden los procesos mentales y los patrones sociales de las masas. Son ellos los que jalan las cuerdas que controlan la mente publica.”

Edward Bernays (1926), Propaganda

Los escritos de Bernays, son básicamente una síntesis de las teorías formuladas por su tío  adaptadas a un modelo económico, éstas abrirían paso a la fabricación del consentimiento, de este modo quien poseyese los medios poseía indefinidamente el “gobierno invisible” que dominan aun hoy la mente de millones de hombres y mujeres, con la capacidad no solo de inducir a las personas a comprar productos, sino imprimirles ideologías políticas, justificar guerras y, poner y quitar gobiernos.

Bernays convirtió en pocos años a los seres, ciudadanos comunes, en consumidores.  Logró a través de sus bien elaboradas propagandas generar en ellos necesidades que no sentían y, como bien lo describía Marx, para vender una mercancía ésta debía cubrir alguna necesidad, solo que en los tiempos de Marx las necesidades eran reales. Bernays logro manipular al público para que consumiera productos que no necesitaban. Trabajó principalmente con la industria tabacalera, de modas, la Dodge, General Electric, CBS, Procter & Gamble y la United Friut Company. Uno de sus mayores clientes era John D. Rockefeller (Standard Oil Co.), quien en aquellos días uno de los dueños del mundo, del que ahora son dueños sus hijos a través de empresas trasnacionales como la Exxon Mobile, Conoco Philips, Shell, etc…

Bernays había influenciado a medio planeta, y aunque su nombre no haya sido muy reconocido, los resultados de sus acciones si.  Sus ideas no solo contribuyeron a la propaganda nazi a favor del genocidio judío, sino que participo directamente en el derrocamiento del presidente democráticamente electo Jacobo Arbenez de Guatemala a través de una agresiva campaña propagandística en contra de su persona. Finalmente, murió feliz y millonario en 1995 habiendo escrito una historia terrorífica para la humanidad.

180 años antes una joven muchacha de 18 años intentaba escribir otra historia terrorífica, no una sobre como el hombre manipula al hombre, sino, una de cómo el hombre crea a otro hombre, o como lo definirían más tarde: “el humano intentando suplantar a dios”.

Reconocemos generalmente a este monstruo con el nombre de Frankenstein, aunque en el relato no llevara otro más que los epítetos que él y otros le proferían por su fealdad. El nombre que le es aducido por nuestra cultura pertenece en la narración a su creador: Victor Frankenstein y su familia. Un joven muchacho voraz de adquirir nuevos conocimientos que se muda de su pueblo natal en Ginebra para ir a estudiar en una de las pocas universidades existentes en el sistema aristocrático, en Ingolstadt. Allí, Victor se obsesiona con la idea de crear vida a partir de la materia muerta, con sus propias manos colecta partes mortales en el cementerio y tras mucho trabajo logra crear un monstruo con vida del cual huye despavorido apenas comienza a despertar de la oscuridad.

Al recordar Frankenstein solemos pensar inmediatamente en las imágenes que la televisión y el cine nos han propinado, pensamos inmediatamente en “Fritz” [a veces llamado Igor] el jorobado ayudante del Dr. Frankenstein, un personaje que jamás existió, pero, que en la versión cinematográfica juega un papel fundamental. En el primer film (1931) intenta marcar sus diferencias del libro, sin embargo, algunas partes de su original son mantenidas y solemos asociar directamente las adaptaciones cinematográficas a la idea original de Shelley.

La película tuvo un gran impacto y fungió como una fábrica de consenso, la idea original de Shelley fue completamente tergiversada, “Estos filmes utilizan libros mas sutiles que sus historias y, al hacer esto, distorsionan lo original mas allá de el reconocimiento temático” nos dice Stephen Jay Gould en su reseña sobre el tema, publicado en su ensayo sobre La Monstruosa Naturaleza Humana.

En la versión de Hollywood encontramos la razón de ser de “Fritz”, ésta versión en blanco y negro abre con el Dr. “Henry” Frankenstein y su jorobado ayudante recogiendo cuerpos en el cementerio, excavando una tumba y bajando a un ahorcado donde viendo el cuerpo dice: “El cuello esta roto. El cerebro es inutilizable; debemos hallar otro”.  Seguido acto el Dr. Waldman (quien en el libro es profesor de filosofía natural bastante simpático), esta dando una clase de anatomía criminológica, en donde compara el cerebro de una persona normal con el cerebro de un criminal, dice Waldman: la falta de pliegues en el lóbulo frontal y degeneraciones distintas en el medio de los lóbulos. Todos estos caracteres degenerados concuerdan de manera sorprendente con el expediente del difunto que presenciamos, cuya vida fue una de brutalidad, de violencia y de muerte”. Fritz toma el cerebro normal cuando el salón se queda vacío, el cual deja caer por accidente y debe llevarse entonces el cerebro criminal. Según la versión hollywoodense este es el origen de la naturaleza violenta del monstro, al menos eso hace creer al público.

El filme contribuyo a fijar la idea de que los caracteres de la personalidad de las personas son determinados biológicamente, así, el monstruo era brutal por la naturaleza de su cerebro, ésta idea respondía específicamente a una rama pseudocientífica conocida como Craneología o Frenología, el cual estudiaba las protuberancias de las cabezas de las personas para determinar sus cualidades intelectuales, morales, criminales, etc. La medición de cráneos de aquellas épocas se traduciría a nuestros tiempos en los códigos de ADN o en el Coeficiente Intelectual.

La frenología, como toda pseudociencia, quedo en el olvido, pero, la idea que intentaba insertar en el subconsciente publico quedo fija y se arrastra hasta nuestros tiempos. Muy posiblemente si la película se hubiese hecho en los años sesenta tal vez Fritz hubiese tomado el cerebro de una persona de color para intentar demostrar que estos eran criminales de naturaleza, todo esto, definitivamente, asociado a los prejuicios de la sociedad o a aquellos que nos pretenden insertar.

Pero, ¿Por qué era realmente violenta la criatura de Víctor Frankenstein, descrita por Mary Shelley? Para responder esta pregunta debemos referirnos directamente al texto original de Shelley. En el capitulo X de la obra la criatura se vuelve a encontrar con su creador en medio de las montañas, este ya le odiaba a muerte, había descubierto que la criatura a la que había rechazado y abandonado a su merced había asesinado mas tarde a su pequeño hermano William.

La criatura, con un manejo del idioma impresionante, y una prosa digna del mejor poeta, se enfrenta a su amo, este le rechaza de inmediato sin mediar palabra, “¡vete, vil insecto! ¡o quédate, que te pisoteare hasta convertirte en polvo!” dice el Dr. Frankenstein. En medio de la nieve de las montañas suizas y con gran indignación la criatura le responde a su amo: “!Ay, Frankenstein! ¿Por qué eres justo con todos los demás y me pisoteas a mí, a quien debes aún más tu justicia, tu clemencia y tu afecto? Recuerde que soy tu criatura; yo debería ser tu Adán, y soy en cambio tu ángel caído a quien privas de la alegría sin que haya cometido ninguna fechoría” continua diciendo el monstruo con tristeza “por todas partes veo la felicidad, pero soy irremediablemente excluido de ella. Yo era afectuoso y bueno, la desgracia me ha convertido en un demonio. Hazme nuevamente feliz y volveré a ser virtuoso”.

El monstruo le pide a su creador que le permita contar su historia, que le acompañe a un cobertizo para que le comente todo lo sucedido desde su creación hasta el momento de su encuentro para mostrarle que no es el demonio que le profesan que es, “Como puedo conmoverte” le dice la criatura “¿no hay suplicas que puedan hacer que veas con generosidad a tu criatura que te implora bondad y compasión? Créeme, Frankenstein, yo era bondadoso, mi alma rebosaba de amor y humanidad, pero ¿acaso no estoy solo, miserablemente solo? Tu, mi creador me aborreces”.

A estas, Víctor solo le responde “¡Maldigo el día, odiado demonio, en que viste luz por primera vez!”. El monstruo toma del brazo a su creador y lo lleva junto al fuego para contar su historia, una de las más hermosas y mejor redactadas que pueda haber visto la literatura victoriana y que evidentemente fue omitida por los cineastas norteamericanos.

El monstruo comenta el despertar de sus sentidos, en medio del bosque sus ojos comenzaron a distinguir formas, sus oídos comenzaron a encantarse con el canto de las aves, también conoció el hambre y el frío, pero mas importante aun para nuestro relato, conoció al hombre que huía despavorido frente a su presencia, que le golpeaba con piedras y palos por el simple hecho de haber nacido deforme. Cuenta el monstruo en su relato que fue golpeado y rechazado en su primer encuentro con un humano, luego de eso encuentra refugio en el bosque “Allí, entonces, me cobijé y me tumbe feliz por haber encontrado lugar, aunque poco cómodo, donde protegerme de las inclemencias del tiempo y, especialmente, de la barbarie del hombre”.

El monstruo finalmente aprende a esconder su figura de los demás seres humanos, así encontró un pequeño cobertizo en una pequeña granja, donde tapó las ventanas y puertas para evitar ser visto, desde allí y a través de un pequeño espacio en la madera que cubría las ventanas observó a sus vecinos. Les veía hablar (cosa que el no entendía), cocinar, cantar y tocar música, leer, reír, pero también les veía sufrir; con el pasar de los meses y con mucha observación fue aprendiendo a pronunciar las palabras que estos pronunciaban, y a notar la precariedad de su propia situación y la de sus “protectores” como el los llamaba:

“Paso un tiempo considerable antes de que yo descubriera una de las causas de la inquietud de esta simpática familia: eran pobres, y esa desgracia les hacia sufrir mucha angustia. Su alimentación constaba solamente de vegetales de su jardín y de la leche de una vaca, que daba muy poca durante el invierno, cuando sus dueños solo tenían escasa comida para suministrarle. Con frecuencia, creo, sufrían muy patéticamente el hambre, en especial los dos mas jóvenes, que muchas veces ponían comida frente al anciano [ciego]  y no dejaban nada pasa ellos mismos.

Esta actitud generosa me conmovió sensiblemente. Me había acostumbrado, durante la noche, a robar parte de sus provisiones para mi propio consumo, pero, cuando descubrí que al hacer esto les infringía dolor, me abstuve y me conformé con las bayas, nueces y raíces que recogía de un bosque cercano”

Sigue comentando la desdichada criatura a su amo:

“Descubrí también otra forma de ayudarles en sus trabajos. Observé que el joven pasaba gran parte del día recogiendo madera para el fuego de la casa y, con frecuencia, durante las noches, yo comencé a coger sus herramientas, cuyo manejo descubrí rápidamente, y a traer a la casa combustible suficiente para el consumo de varios días”

El oculto y desfigurado monstruo también ayudaba por las noches quitando la nieve del camino por donde pasaba la joven hacia el establo para buscar leche, traía comida que dejaba en su almacén para que aquellos no pasaran tanta hambre, esto, dice el monstruo, dejo al joven mas tiempo para estar con su familia, reparar la casa y cultivar su jardín.

Félix, el hijo del anciano ciego, leía para los demás historias, las cuales formaron parte de la única escuela del monstruo que oculto junto a aquel hogar escuchaba atento y aprendía:

“ahora todas las conversaciones de los habitantes de la casa me abrían un nuevo mundo maravilloso. Mientras escuchaba las enseñanzas que Félix daba a la muchacha árabe, aprendí el extraño sistema de la sociedad humana. Supe de la división de la propiedad, de inmensas riquezas y de la miserable pobreza: del rango, la descendencia y la sangre noble.

Las palabras también me llevaron a pensar en mi mismo. Aprendí que lo más estimado por tus semejantes es el linaje puro junto con las riquezas. Un hombre puede ser respetado solo por poseer una de estas ventajas, pero si carece de ambas es considerado, salvo escasas excepciones, un vagabundo y un esclavo condenado a utilizar sus fuerzas en beneficio de unos pocos elegidos.”

¿y que era yo?”, se preguntaba el monstruo tomando conciencia, “ignoraba absolutamente todo con respecto a mi creación y a mi creador, pero sabia que no poseía dinero, ni amigos, ni alguna clase de propiedad. Además estaba dotado de una figura horriblemente deformada y asquerosa”.

Debemos recordar aquí que esta historia se publico aproximadamente en 1818, mucho antes que se generaran en Inglaterra y Alemania aquellos escritos que abrirían las ideas del socialismo al mundo entero.

Continua comentando el monstruo que las narraciones que escuchaba se profundizaban en los mas diversos temas que el ahora comenzaba a comprender: “estas maravillosas narraciones me inspiraron extraños sentimientos, ¿era realmente el hombre tan poderoso, virtuoso y magnifico y, al mismo tiempo, tan vicioso e infame?”. Comenta entre otras cosas “supe del descubrimiento del hemisferio americano, llore el desafortunado destino de su habitantes originales”.

Independientemente de su apariencia horripilante para el ojo humano, aquella criatura descrita por Shelley era un alma bondadosa, rechazada por una sociedad que solo era capaz de juzgar por las apariencias. El cenit de la historia llega en el momento en que la criatura, consiente de su fealdad, se presenta ante el anciano ciego que no podría juzgarle sino por sus palabras. Así, tembloroso, se presenta en la puerta de la casa cuando el anciano estaba solo, éste le recibe con gusto y establecen una buena conversación, la criatura esperaba que este hombre intercediera por el ante los demás. La criatura buscaba únicamente la compañía y la felicidad, en ese momento entran los jóvenes encontrando el monstruo llorando a los pies del ciego, la situación espantosa provoca gritos desmayos entre las mujeres y golpes a la cabeza por parte del joven.

El monstruo huye nuevamente, dejando atrás su morada después de un año de aprendizaje. Finalmente emprende su viaje hacia el pueblo de su creador, Ginebra, en el camino se encuentra con una niña ahogándose en el río, la cual salva de la muerte, al encontrar el padre de la niña la al monstruo con la niña casi muerta en brazos le dispara, así el monstruo con el corazón y la carne hechas trizas continua su huida. Reflexiona “¡Ésta es entonces la recompensa a mi bondad! Había salvado a aquel ser humano de la destrucción y, como recompensa, me retorcía ahora por el terrible dolor de una herida que había hecho pedazos la carne y los huesos.” En este momento la historia cambia, “Los sentimientos de bondad y amabilidad”  recuerda la criatura “que había albergado hacia solo unos momentos dieron lugar a un odio diabólico y a un rechinar de dientes. Acalorado por el dolor, juré odio y venganza a toda la humanidad”.

La famosa película no termina igual que el fantástico libro (como tampoco comenzó o se desarrolló), en aquella versión tergiversada los “heroicos” seres humanos logran acorralar al infame monstruo en un molino de trigo y le incendian hasta destruirlo. El cine hizo lo mismo que le hiciesen los humanos en la historia, aborrecerlo y destruir su historia, aquel monstruo haciendo reflexión dice que “mis vicios son hijos de esta forzada sociedad que aborrezco”. Pero el filme finalmente hizo más que vender millones en boletos, logro imprimir una imagen en nuestro subconsciente y borrar los vestigios de igualdad, bondad y humanidad que había dejado la autora en su historia original.

Como nos gustaría pensar que aquella obra de la literatura y el cine eran puras ilusiones, que jamás sucederían en nuestra sociedad cosas como aquellas, pero, tal vez la versión cinematográfica de Frankenstein no haya sido completamente basada en la fantasía de Shelley. Cuatro décadas antes del filme, Joseph Merryk, mejor conocido como El Hombre Elefante, un muchacho deforme por una enfermedad conocida como Síndrome de Proteus, sufrió el mismo destino que la criatura del libro. Recordamos de las adaptaciones literarias y posteriores versiones cinematográficas de este hecho, aquella escena donde el muchacho huye de una multitud enardecida que pretende destruirlo y, con la espalda contra la pared grita entre lagrimas las famosas palabras “!no soy un animal, soy un ser humano!”. Merryk era un buen muchacho, inteligente y muy sensible que escribía poesía, cuyo único pecado fue nacer con una extraña deformidad física.

Como especie no tendemos al rechazo a las personas por su deformidad, como sociedad si lo hacemos, así se nos fabricó el consenso de que éstos eran objeto de nuestro repudio. Así mismo repudiamos a muchos otros seres, que ajenos de culpa por su situación, son sometidos a las actitudes más denigrantes como la delincuencia, la prostitución y el consumo de drogas. Parecemos incapaces de notar que estas situaciones de “monstruosidad” son causadas por nuestras propias instituciones y nuestro rechazo hacia aquellos que nacieron desgraciados. El rechazo social, la exclusión de sus derechos y la discriminación son los principales causantes de estos males sociales, no el color de su piel, las protuberancias de su cerebro o el linaje de su sangre.

Nuestra absurda educación nos ha acostumbrado a tomar como cierto todo lo que se nos dice en la escuela y los medios de comunicación, se nos niega la critica y la reflexión, debemos, si queremos cambiar la terrible situación que agobia este planeta, comenzar a ser verdaderamente radicales, esto significa comenzar a entender las cosas desde la raíz (no las connotaciones que le ha dado la derecha sectaria a la palabra radical), ser radical es ser verdaderamente critico. Debemos dejar de entender las cosas por las connotaciones que se nos imprime por parte del docente o la televisión. El cambio parte desde nosotros, desde el cambio de nuestras instituciones, la escuela, la televisión, el cine y, el [verdaderamente desgraciado] sistema de gobierno capitalista.

Comencé hablando sobre uno de los culpables [teóricos] de nuestra desgracia, Edward Bernays, y como contribuyó con las empresas transnacionales que instalaron campos de concentración en nuestras tierras, que saquearon nuestros recursos por siglos, que mantuvieron sometidos nuestros músculos con cadenas y nuestras mentes con Radio Rochela. Pero no podría cerrar sin copiar la respuesta que dio uno de los nuestros a estos personajes, a aquellos que en sus propagandas manipuladoras nos llamaban “Repúblicas Banana”, que en sus documentales de National Geographic nos hacían parecer monos, indígenas habitantes de unas tierras dignas de ser invadidas y “civilizadas” por la mano norteamericana:

Cuando sonó la trompeta, estuvo

todo preparado en la tierra,

y Jehová repartió el mundo

a Coca-Cola Inc., Anaconda,

Ford Motors, y otras entidades:

la Compañía Frutera Inc.

se reservó lo más jugoso,

la costa central de mi tierra,

la dulce cintura de América.

 

Bautizó de nuevo sus tierras

como "Repúblicas Bananas,"

y sobre los muertos dormidos,

sobre los héroes inquietos

que conquistaron la grandeza,

la libertad y las banderas,

estableció la ópera bufa:

enajenó los albedríos

regaló coronas de César,

desenvainó la envidia, atrajo

la dictadura de las moscas,

moscas Trujillos, moscas Tachos,

moscas Carías, moscas Martínez,

moscas Ubico, moscas húmedas

de sangre humilde y mermelada,

moscas borrachas que zumban

sobre las tumbas populares,

moscas de circo, sabias moscas

entendidas en tiranía.

 

Entre las moscas sanguinarias

la Frutera desembarca,

arrasando el café y las frutas,

en sus barcos que deslizaron

como bandejas el tesoro

de nuestras tierras sumergidas.

 

Mientras tanto, por los abismos

azucarados de los puertos,

caían indios sepultados

en el vapor de la mañana:

un cuerpo rueda, una cosa

sin nombre, un número caído,

un racimo de fruta muerta

derramada en el pudridero. 

Pablo Neruda, La United Fruit Co.