Rigoberto Lanz

rlanz@cipost.org.ve

rlanz@orus-int.org
orus-ve@cantv.net
rigoberto.lanz@gmail.com
www.orus-int.org

UNIVERSIDAD CENTRAL DE VENEZUELA
CENTRO DE INVESTIGACIONES POST-DOCTORALES (CIPOST)
PROGRAMA DE ESTUDIOS POSMODERNOS
___________________
TELEFAX: 0058. 212.751.70.26
APARTADO POSTAL: 50.520/Caracas 1050-A

¿Cuál ciencia?

julio de 2005

La gente critica con frecuencia la falta de nexos entre lo que se dice y lo que se hace, entre lo que se piensa y lo que se practica. Ello quiere decir que uno espera una cierta coherencia entre el pensar y el hacer. Pero el asunto es aún más intrincado: hay una correspondencia entre las mentalidades y las prácticas aún sin que nos lo propongamos. Esto significa que la eficacia de las ideas, las creencias, las convicciones o los prejuicios es mucho más fuerte de lo que solemos imaginar. Podríamos concluir con esta tesis sencilla: la gente hace lo que hace según el paquete de ideas que tiene en su cabeza. Ello vale para todas las esfera de la vida. En cualquier espacio encontraremos a las personas haciendo esto o aquello, realizando unas prácticas y dejando de realizar otras justamente en atención a su mentalidad, a sus creencias, a su nivel intelectual, a las ideas que tienen en mente.

Por estos días hemos tenido la oportunidad de constatar este fenómeno de una manera muy intensa en una reunión internacional realizada por el Ministerio de Ciencia y Tecnología para debatir sobre los temas de las políticas públicas en este campo en el contexto de América Latina. No es casual que sea en este ámbito donde se produce este debate pues desde hace tiempo la Ministra Yadira Córdova  y su equipo vienen impulsando una discusión fundamental sobre los ejes esenciales que orientan el desempeño de esta  institución, sea a propósito del “Plan Nacional de Ciencia y Tecnología”, por ejemplo, sea en el terreno de la Convención de la UNESCO sobre diversidad cultural o en relación a la creación del novedoso “Programa de Altos Estudios Estratégicos e Históricos” que está en construcción. En este privilegiado escenario se produce un vivo intercambio de visiones y sensibilidades intelectuales que ponen de manifiesto—no podría ser de otra amanera—la “caja de herramientas” que cada quien lleva consigo, es decir, las concepciones, las ideas, las representaciones a partir de las cuales la gente formula su ideario de lo que debe hacerse, su horizonte de lo que sería bueno, su criterio de cómo lograrlo.

Me tocó en esta reunión internacional hacer una presentación de los principales problemas con los se topa el pensamiento crítico en Latinoamérica y su incidencia en el terreno de un política de ciencia y tecnología. Como ha de suponerse la discusión ha sido muy rica y cargada de matices (tantos como las sensibilidades y trayectos intelectuales allí reunidos). En un clima muy distendido y dominado por las inquietudes comunes de tomarse en serio el papel del debate intelectual, pudimos palpar con mucha claridad dónde se ubican hoy las principales tensiones entre las viejas concepciones de la ciencia y las visiones que se colocan críticamente frente a sus efectos desbastadores, y también, frente a su propia naturaleza autoritaria. El asunto de fondo es cómo transitar el camino de una transformación radical del aparato científico heredado dado que no podemos contentarnos con  darle un  “uso” distinto. La cuestión esencial es que la ciencia no es un producto “universal” ni “neutro”. La ciencia es un resultado  cultural cargado de contenidos (unos y no otros). No existe “una” concepción de la ciencia sino muchas. En un país empeñado en generar un cambio esencial de toda su estructura no se entendería que el aparato científico quede exceptuado de estos cambios de fondo. Lo que no puede ser es que la crítica epistemológica se ejerza con severidad en todos los campos de la sociedad menos en el campo de la ciencia y la tecnología. Justamente en este punto preciso es necesario radicalizar la crítica de lo existente: desmontando la falacia de la “universalidad” de la ciencia, de la “neutralidad” de un fulano “método científico”, de la inevitabilidad de los modelos tecnológicos imperantes.

Lo que está planteado es  hacer corresponder una nueva visión de la sociedad con una nueva visión de la ciencia. El sueño de construir otro modo de vivir en sociedad pasa por una transformación radical del modelo de conocimiento que hemos heredado. La esperanza de construir un nuevo proyecto cultural supone, al mismo tiempo, el compromiso de repensar a fondo el paradigma científico instaurado en los últimos siglos. No es posible hacer una revolución de las estructuras de la sociedad heredada con los mismos conceptos que sirven a esa vieja sociedad. No es posible construir una sociedad realmente emancipada con un modelo de ciencia que corresponde a la racionalidad de la dominación. Ese es el asunto de fondo.

Las enormes dificultades para comprender la complejidad de estos procesos no puede ser una excusa para renunciar a los desafíos en este campo. Por el contrario, esas poderosas dificultades deberían acicatear el espíritu intelectual  para nuevas búsquedas, para la voluntad creadora que hace de los retos una energía proactiva de construcción de alternativas.

La discusión prosigue y las plataformas de acción también. La actividad práctica de todos los días no puede detenerse  a “esperar” las clarificaciones de los debates teóricos. Ello indica que las tensiones acompañarán por mucho tiempo a los desempeños en todos los planos. Ello no es un defecto sino el mejor indicio de que algo está ocurriendo en los altares del viejo edificio de la ciencia.