Ricardo Cappeletti

Integrante del Nuevo Espacio

Analista político chileno

cappelettiuy@yahoo.com

Día del joven combatiente

3 de abril de 2007

Durante las álgidas protestas antidictatoriales de 1985, los hermanos Vergara, pobladores de la Villa Francia de Santiago de Chile, ofrendaban su vida por la libertad de su patria. Hoy ha sido establecida la responsabilidad de ex integrantes de la policía (Carabineros) en el magnicidio, por parte de la justicia. Del mismo modo, en aquellos días los profesores Nattino, Parada y Guerrero, militantes del Partido Comunista de Chile, fueron violentamente secuestrados en el propio umbral del Colegio Latinoamericano de Integración trasandino, del cual con orgullo fuimos alumnos durante el gobierno de la Unidad Popular. También los tribunales se han expedido y ha existido una reparación moral en el mismo lugar de los hechos, donde se levantan tres imponentes sillas metálicas al cielo infinito simbolizando el triunfo de la verdad y la justicia sobre la traición e ignominia.

La dictadura de Pinochet generó en las fuerzas democráticas capacidad de resistencia y valor para combatir la peor tragedia social y política acaecida en la historia de Chile.

Durante el pasado gobierno de Ricardo Lagos Escobar se acogió favorablemente la propuesta "No hay Mañana sin Ayer" y por sobre toda las cosas se reparó históricamente la imagen de un prócer como el Presidente Salvador Allende Gossens, mártir de la democracia y de las mejores tradiciones republicanas.

Los 850 jóvenes detenidos en los recientes incidentes del "Día del Joven Combatiente", ocurridos en estos días en Santiago, no conocieron la vida de los hermanos Vergara, luchadores sociales y políticos que amaban su patria y ansiaban por medios democráticos recuperar las libertades públicas.

Nos consta el mismo espíritu en los profesores, degollados por los verdugos que campeaban en aquellos años, actuando con total impunidad.

Todos ellos lucharon por una sociedad más justa, donde la violencia del hambre y de las pandemias sociales fueran desterradas y el hombre dejara de ser lobo del propio hombre.

Por cierto, existen inequidades en nuestra América Latina, injusticias y aberraciones que conmueven la sensibilidad de cualquier ser humano, que empíricamente prueban la brecha entre ricos y pobres que ha institucionalizado en todo el continente el sistema neoliberal.

Cierto es que 17 años de gobiernos democráticos no han logrado resolver absolutamente en Chile ni en la región, ecuaciones complejas referidas a la deuda social traducida en salud, vivienda y educación para los estratos sociales más bajos.

En los barrios marginales de Santiago y de otras ciudades del país trasandino ha nacido una cultura marginal, violenta, antisistémica que se expresa con vandalismo en las diversas manifestaciones de la cultura. Se entremezclan una suerte de referentes identificados con las drogas, "barras bravas" del fútbol, delincuencia juvenil y autorreferentes políticos armados que convertidos en "outsiders" atormentan a barrios proletarios de gente decente, trabajadora y pacífica que luchó en el pasado contra la dictadura.

Las autoridades, el sistema político y la sociedad mayoritariamente en su conjunto ha condenado esta respuesta y modalidad de expresión protestataria profundamente reaccionaria, en la que coinciden delincuentes y formas de transgresión a la ley y a la convivencia democrática.

La pobreza material y espiritual genera estas formas de violencia que demandan profundas reformas. Entre ellas la educación que está en deuda y la derogación de su Ley Orgánica Constitucional, resabio dictatorial, que permita abrir las anchas alamedas del conocimiento a los más débiles.

En el marco de lo estrictamente político los gobiernos de la Concertación han intentado a lo largo de 17 años modificar en vano la normativa electoral que permitiría a partidos y sectores hoy marginados de la vida parlamentaria poseer voz y voto. La derecha política, dueña de todos los medios de comunicación -que ha pretendido bastardear el "Transantiago"-, revolucionario plan de transporte público capitalino, se ha negado sistemáticamente a cambiar las reglas del juego electoral y retornar a la representación proporcional de la antigua Constitución de 1925.

Carente de propuestas e ideas y de referentes a una exitosa coalición gobernante, la oposición derechista ha hecho de la política un simple campo de batalla. No es ni será en el futuro cercano gobierno en los próximos años, a pesar de las turbulencias internas que motivaron cambios en el gabinete de la Presidenta Bachellet.

En medio de estos avatares y de efemérides que cada 29 de marzo recuerda a jóvenes combatientes antidictatoriales, Chile ha firmado un nuevo Tratado de Libre Comercio con Japón, en la línea de una política exterior inspirada en el regionalismo abierto. A pesar de los agoreros, de los sempiternos golpistas y nostálgicos, el peso de la ley y de la justicia les hará comprender a los violentos e inadaptados que en el marco democrático no existe lugar para ellos y que la lucha por una vida más justa se construye desde otros paradigmas y conductas donde siempre impera la voluntad de las mayorías.