Ricardo Cappeletti

Integrante del Nuevo Espacio

Montevideo

cappelettiuy@yahoo.com

Bolívar, Artigas y la cuestión nacional

Publicado por el Diario La República, el 6 de agosto de 2006

El desembozado anuncio de imponer la economía de mercado “urbi et orbi” y garantizar la seguridad energética imperial, revelado en la “Estrategia de Seguridad”  de la principal potencia global, correspondiente a setiembre de 2002, confirma la brutal naturaleza del complejo militar industrial, que en Vietnam surcaba los cielos derramando muerte y “napalm”.

Hoy, en Líbano, el pretor imperial vomita fósforo sobre la faz y cuerpos de inocentes, en bombas autografiadas por niños que  bendicen la muerte y destrucción de sus pares semitas.

¿Cabe alguna duda en cuánto a qué la energía se ha convertido  en una  cuestión estratégica y que esta agresión bélica a una nación del Medio Oriente está motivada en las utilidades que a  las multinacionales del petróleo les dispensa, asegurándose a sangre y fuego las reservas más voluminosas del planeta?                    

No constituye sorpresa alguna constatar que todo paradigma enfrentado a  la  esclavitud capitalista constituye una amenaza para los detentadores del poder mundial. En la era Bush  -grosera y peyorativamente- está representado por aquel “eje diabólico” de religiones y creencias milenarias y vaya a saber que mefistofélicos propósitos atentatorios contra la hipócrita y decadente  civilización “judeo-cristiana”, que por cierto y cada vez más, relega al ser humano, sometiéndolo al valor de una simple mercancía.  

En la escala  nacional, a pesar de esta cruenta guerra, comienzan a abrirse  las anchas alamedas, producto de profundas reformas de la mano de un gobierno de reconstrucción nacional. En particular, la tributaria. Son cambios revolucionarios. Hoy importa abrazarse a estas conquistas, al fuero sindical, a la ley de trabajo doméstico, que dignifica a la mujer proletaria y depositaria de la confianza familiar. Hoy es preciso  defender el Plan de Emergencia Social y a las compañeras mujeres que lo dirigen con tanta dignidad y logros incuestionables. 

Hoy es claro que debemos encolumnarnos detrás de la gestión del equipo económico y los equilibrios alcanzados producto de una gestión austera y eficiente. Importa por cierto en la hora actual rodear de afecto, apoyo intelectual y moral al Ministro Mujica para que continúe con su equipo en la senda de acompañar la construcción de un país  productivo. De sus esfuerzos, desvelos  y de la titánica y anónima tarea de aquellos compañeros en las diversas áreas del gobierno popular, depende en gran medida el destino del Uruguay. En la misma medida la  Universidad de la República debe imponerse a la vanguardia de la investigación científico- tecnológica, alentando carreras al servicio de la liberación nacional y no de las clases dominantes, innovando en el mundo inteligente sobre el que estamos parados. Nos parece no menor, continuar instrumentando una política exterior pro activa y dinámica en aras de nuevos retos y prosperidad para el Uruguay sin desestimar jamás los propósitos políticos y estratégicos que nos orientan.

No deberíamos desviarnos -en esa lógica-  del central  objetivo de plasmar una Comunidad de naciones sureñas y a la vez una alianza estratégica con gobiernos democráticos y populares con quienes nos asiste el deber de construir, a partir de la XXX Cumbre de Córdoba, soberanía y unidad en la diversidad.                                                                                               

Avanzar hacia el Parlamento Regional, como  cabal y auténtica  expresión política del mandato artiguista y bolivariano, fiel reflejo de un acuerdo marco  en defensa de lo que hemos conquistado con tantos sacrificios, del desarrollo sustentable de estas patrias, de su dignidad y rescate, de la identidad de los pueblos originarios, de su plena integración, tendiente a conformar una  gran nación sudamericana que actúe como contrapeso y catalizador a la vez de bienestar, frente a los desafíos de un mundo sin equilibrios.