Rafael Febles Fajardo

rafaelfebles@yahoo.com

Mirando el mundo desde un árbol

julio de 2006

En el tupido bosque me encontré con un gran árbol de inmensas ramas y hojas en forma de corazón, no alcanzaba mi mirada el final de la copa; la imaginación comenzó a dar vueltas en mi cabeza. Cómo vería las cosas instalado solemnemente en lo más cercano al infinito cielo. Me acobijaba de manera subyugante alcanzar ese final, me dispuse a treparlo, al comenzar a escalarlo atiné a enterarme que la tarea no sería nada fácil, la idea fue, cruzarlo hasta el tope sin herirlo o dañarlo, lo que haría más cuesta arriba su ascenso, me investí de una gran paciencia y dispuse todo el tiempo que fuera necesario para cumplir acertadamente con la meta, posesionarme del mundo a través de lo que vería en ese sitio que cada vez más; lo imaginaba mágico y maravilloso.

Quería conocer lo que el mundo me ofrecía a través de lo que alcanzaría visualizar allá lejos en la lontananza, más allá de lo que la naturaleza en vista me forjaba;  sí la relación del ser humano cuya representación me disponía a asumir sin pedirle permiso a nadie, con ese pedazo que la vista alcanzaba, mi frente desprendía el agua que mis poros abiertos le otorgaban a las hojas que iba dejando atrás, ocurría algo que me alentó a continuar. A pesar de lo intrincado del enramado continuaba ascendiendo, la tarde se desvanecía entre la retirada del sol y la penumbra que sutilmente aparecía a mi alrededor, eran signos primigenios de la oscuridad, de la noche que no me atormentaba, al contrario, el éxtasis se apoderaba de la curiosidad profunda por alcanzar el objetivo dispuesto. 

Luego de un descanso que nunca supe valorar en el tiempo y abriendo los ojos entre rama y rama, entre hoja y hoja se presentaba el otro infinito, teñido de color indescriptible repleto de fulgurantes puntos de luz, eran las estrellas que antes de continuar traté de enumerarlas más que contarlas, que extraordinario y misterioso es el firmamento me decía a cada momento. 

Sin proponerlo conscientemente mis movimientos iniciaron de nuevo el caminar casi en el aire, la inspiración me daba fuerzas, la incertidumbre de ver lo que alguna vez imaginé en mis sueños, se hacía cada momento, cada movimiento de ascenso, en el cumplimiento de un nuevo conocimiento de una etapa constructiva del panorama de lo que nos rodea y no vemos, sí efectivamente ese era el punto, pasamos por la vida y pisamos la tierra sin enterarnos de las cosas que ocurren, de lo que hacen pocos en nombre de la nada espiritual, envanecidos de la lujuria material, de un mundo que se nos viene encima y no lo advertimos categóricamente….un momento, aún no he llegado a la cumbre del árbol y mis pensamientos caminan hacia la percepción de que algo anda muy mal en la relación del hombre con el hombre y del hombre con la naturaleza. 

Sólo la luz nocturnal me permite ver que a cada momento de progreso en la escalada pareciera nunca llegar y al mismo tiempo acepto que la altura deseada esta allí, solloza de alcanzar mis brazos y recibirme en nombre de todos. 

 La imaginación es hija de la curiosidad, me discurre entre los pensamientos que abruman mi andar entre ramas, ya es hora de aproximarme a lo que creo que encontraré más allá del vértice que me indicará que no habrá físicamente nada más que recorrer, entonces que he de esperar luego de terminado el esfuerzo, a no ser  el mensaje que me trajo aquí entre ideas, pensamientos, preocupaciones y decepciones. 

En verdad es la confusión, que como arma que se devuelve entre sortilegios y bajo la certeza de que algo anda mal, me abrió este espacio de reflexión, deseo observar desde acá arriba lo que mis ojos no alcanzaban a ver cuando caminaba entre hojarascas piso natural del bosque, no se trata de descubrir algo nuevo sino de hallarlo y hacerlo para sí, vivir otra vida en vida, comprender a quienes no conformes con el mundo en el cual hacen vida no encuentran salidas a su infortunio. 

El ascenso poco a poco se convirtió en un espectáculo de acertijos, ramas muy delgadas se entrecruzaban con otras de diámetro cual tronco de cualquier árbol abajo donde están las hojarascas y el sumo del desprendimiento, que fascinante lo que estoy acariciando en mi escalar interminable. A medianoche  el sueño me acarició y me rendí ante el, no había alternativa, busqué un sitio que me permitiera dormir sin sobresaltos y con alguna seguridad, en ese momento no alcanzaba a medir la distancia que me separaba del zenit tan ansiado. 

Vuelos rasantes de pájaros y su canto maravilloso acaban con mi estadía en brazos de Morfeo, abro los ojos y aún veo las luces maravillosas de algunas estrellas, aunque la penumbra ya se extinguía y comenzaban su debut los rutilantes rayos de luz provenientes del alba de un nuevo amanecer, sorprendido al ver que tan sólo unos centímetros me separaban del anhelado final del árbol, al cual llego con un pequeño y decisivo esfuerzo. En el horizonte interminable comienza a hacerse ver el sol con toda su lucidez y la vista alcanza recónditos parajes nunca imaginados, qué hago aquí, pareciera ser la pregunta pertinente, si tan solo con presenciar esto, estaría agradecido de la fuerza que me empujó a estar donde muchos creo nunca han llegado y otros nunca llegarán. Estoy disfrutando del paisaje y de la naturaleza infinita, que hermosura los árboles cubiertos de exuberantes flores y las aves y pájaros revoloteando por todas partes, pues si, los pájaros y las flores continúan volando en mi imaginación y ahora los palpo y toco con el aroma que se respira… ohhh… naturaleza, qué me ofreces más allá de lo que veo y siento, seguro estoy, que mi presencia es para escuchar a través del aire que respiro  como está el mundo en el cual nos debatimos entre el ser y el tener. 

El estar acá arriba me revive el ser que había perdido, me desprendo de lo material que me ha sumido en los estertores de la existencia banal, comienzo a experimentar el aire de la libertad, de la decisión sin influencia extraña, del amanecer de una nueva vida que me acerca al infinito menos encontrado; almas del purgatorio que velan por la humanidad, produzcan halos de luz púrpura que iluminen a los gobernantes, que los induzcan a interiorizar que esta es nuestra única casa, que es de todos……me dirijo a aquellos que han hecho de la vida una satrapía que irrumpe y rompen sus almas, que asesinan, por la ofrenda al sr. Diablo, apartemos la lujuria de la carne y sembremos el amor entre los hermanos. Me extraño a mi mismo, la maraña de ideas de momento me desconciertan y comienzo a palidecer en mi empeño. Lentamente cierro los ojos apartando los pensamientos que pretendí dejar abajo, les aseguro que no es nada fácil, es lo tortuoso y vivencial de los cambios que se oponen de manera sistemática a cumplir la meta, un sobresalto que casi me devuelve al otro infinito el de la incertidumbre me hace entristecer. 

Nos dibujaron para la conformidad y el apresto sin oponer resistencia, escasa sensación de la necesidad de cambiar, esclavo del hombre vil y egoísta al cual le entregué mi tiempo, la capacidad de pensar, la fuerza de mis manos…. sí a eso vengo a las alturas de este hermoso árbol a comparar lo que hice abajo con lo que se me presenta acá arriba, la decisión está en mí, en cambiar para que todo cambie a favor de todos los humildes de la tierra, hemos de desterrar el individualismo que nos entierra en un mundo de dominación y exclusión. 

El ser requiere de la unidad para trascender, se me ocurre expresar deslizando tenues sonidos con mi voz, hablo conmigo o es un mensaje para la humanidad, asirme de esta estructura natural, de esta inmensa obra de la naturaleza me prodiga conocimientos encontrados por el amor a las cosas y a la gente, celestial espacio frente a mi, en mi soledad sin estar solo, en el inicio de una vida con razón, de una vida para el futuro, mi suerte debe ser la suerte de muchos que aunque no estén en este momento a mi lado, seguro estoy que me rodean con un solo coro y una sola canción ¡el mundo nos pertenece a todos! ¡debemos luchar por él!  ¡con nuestras mentes y manos labraremos la justicia terrenal!  ¡abajo el tener viva el ser! .