Oscar José Fernández

osfernandezve@hotmail.com

Existencia transcompleja en el socialismo del siglo XXI

octubre de 2006

“Somos la igualdad en la diferencia y la diferencia en la igualdad” 

Si vemos al mundo desde el individuo, necesario es reconocer las diferencias; si vemos al mundo desde el colectivo, necesario es vernos en el encuentro de la igualdad. Pero no somos ni iguales ni diferentes únicamente. Somos ambas y ninguna. Ambas por que está en nuestra potencialidad serlo; ninguna porque la depredación capitalista no nos ha permitido construir ese mundo armónico en el cual merecemos todos vivir y convivir.

Somos iguales en cuanto a necesidades básicas, y diferentes en cuanto a matices de esas mismas necesidades. Somos iguales en cuanto seres humanos y derechos propios de nuestra condición. Pero diferentes en cuanto a deseos, pasiones y sentimientos. Somos iguales en cuantas unidades orgánicas y antropológicas, pero diferentes en cuanto a constitución genómica, respuesta inmunológica y habilidades psicomotoras. Somos iguales en cuantas unidades bio-psico-socio-espirituales; pero diferentes en cuanto a la conformación y distribución de dichos componentes combinados armónica y/o disarmónicamente en el mapa de una cultura multiversa y pliridimensional. Somos y no somos. Somos diversidad y simplicidad, todo y nada, magia y predicción, yin y yang.  

En tal sentido la visión ecofilosófica presenta la posibilidad de la complementariedad como recurso inmanente de la condición humana, la cual reconoce la necesaria existencia de la no oposición, partiendo de la aceptación simple de la imposibilidad de la especie humana de conocerlo todo, y por consiguiente asume como punto de mayor conectividad y aproximación el encuentro de saberes, a pesar de seguir siendo limitado, la visión cooperativa nos hace mas humanos y mas solidarios. En consecuencia tal vez no importe tanto saber mas sino mejor. 

La igualdad y la libertad son ideales que si bien han estado en el imaginario de la humanidad desde tiempos inmemoriales, su aparición ha sido casi nula. Y es que lo que es igual para unos es poco libre para otros y viceversa. De allí que el reconocimiento de la libertad del otro pasa por reconocer y en aceptar que tal vez el otro no quiere o no necesita la libertad que se le ofrece, y tal vez allí esté su libertad. El respeto y no la imposición es también parte importante de la comprensión de la libertad. 

La vida es un continuo aprendizaje; y el hecho de que no todos entendamos la vida desde el mismo nivel, no significa que no podamos tolerar en la medida de lo posible el aprendizaje del otro. Mi libertad termina donde comienza la tuya. Puede ser pero mi libertad y la tuya tal vez no se parezcan, tal vez ni siquiera se aproximen, porque tal vez mi libertad esté en el aire y la tuya en un cuarto, y sin embargo la una no es menos que la otra; por la sencilla razón de que la libertad es infinita por lo tanto no importa donde se esté, lo importante es la sensación de infinitud. 

En lo que si seguramente somos iguales es en que al lograr esa sensación de libertad, dure lo que dure, se dé donde se dé y se dé como se dé; nunca queremos salir de ella y siempre queremos volver. Y por consiguiente esta libertad se traduce en amor, en paz y en felicidad. Fin último de la humanidad.  Todos los seres humanos queremos ser felices, pero lo que ocurre es que no todos lo que queremos de igual modo. Para algunos su felicidad está en un logro individual, para otros en un logro colectivo, para otros en un híbrido o híbridos, y para otros en nada. Es posible aprender a convivir en esta diversidad.

¿Es posible aprender a amar la diferencia en la igualdad y la igualdad en la diferencia?

¿Es posible el logro de todo esto en la democracia participativa?

¿Es posible un mundo tolerante que no se auto aniquile, sino que por el contrario se auto construya?

¿Es posible ir hacia la consolidación de un ecosocialismo tolerante y auto sustentable?