Nicmer N. Evans

Politólogo y profesor de la UBV

nicmerevans@yahoo.es

La comunicación participativa como respuesta a la praxis comunicacional mass mediática  

enero de 2006

POR QUÉ COMUNICACIÓN PARTICIPATIVA 

Al asumir un concepto como Comunicación Participativa, me encontré con ciertas dificultades para asirme de su intencionalidad, quizá como consecuencia de una grata conversación realizada con el profesor e investigador venezolano, Daniel Hernández, especialista en el área de la comunicación, ya que este interpretaba este término como una tautología, léase, una repetición innecesaria, ya que la comunicación en sí comprende participación. 

Sin embargo, este razonamiento tan evidente, quizás no encierra la connotación comunitaria que si encierra el desarrollo de este concepto a lo largo de la Unidad Curricular “Teoría y Práctica de la Comunicación Participativa”, que forma parte del Programa de Formación de Grado de Gestión Social para el Desarrollo Local que se imparte en la Universidad Bolivariana de Venezuela, que me permitió encontrarme con una nueva perspectiva de asumir lo comunicacional en espacios intersubjetivos de la vida cotidiana, más comprensibles para quienes hacen todos los días ejercicio de la comunicación sin mayor reflexión que la del beneficio que puede arrojar su práctica. 

En este análisis, y dentro de este marco referencial que he explicitado, deseo realizar una aproximación a la comunicación, como concepto y como práctica cotidiana, que me permita y permita a quien lee, navegar por el encuentro de lo teórico y vivencial de la comunicación en nuestros día, observando así como lo político a partir de distintas perspectivas del poder, puede influir en la generación de mayor participación a partir de una disminución en la calidad de la comunicación expresada por los mass media.

DE BERLO A KAPLUN, COMO VER LA COMUNICACIÓN

Al abordar el concepto de comunicación, creo poder, en principio diferenciar por lo menos dos posibilidades de aproximación, una basada en criterios conductuales y otra que podríamos llamar humanista, quiero dejar expresado el hecho de que estas categorías, más allá de su connotación ideológica o paradigmática, en realidad nos servirán para ubicar referencialmente elementos que expresan la intencionalidad con la cual se expresan, y me permitirá asumir una postura crítica en relación con una de estas visiones.

Para este ejercicio  David K. Berlo nos permitirá ilustrar la manera más refinada que desde lo conceptual se puede presentar el criterio conductual de la comunicación. Esto lo podemos afirmar ya que él mismo, en su libro El proceso de la comunicación. Introducción a la teoría y a la práctica (1969), nos introduce en su modelo de comunicación, asumiendo que para su desarrollo: “he tratado de armonizar con las teorías y las investigaciones corrientes de las ciencias de la conducta.”(pág. 18.), afirmación que determina un espacio lo suficientemente claro de la linealidad de su propuesta y los criterios causales que generan los fenómenos de la comunicación

La vía conductual establecida para la comprensión de lo comunicacional ha servido, por lo general, para legitimar el proceso que encierra el modelo criticado por Freire, y que frecuentemente cita Kaplun, llamado “bancario” de la comunicación y la educación, este modelo implica asumir que existe quien posee el conocimiento y quien no lo posee, y la transferencia del mismo se realiza a través de un depósito del conocimiento de quien lo posee a quien no. E incluso, haciendo un ejercicio de actualización del modelo, podríamos decir que la vía conductual legitima la educación bancaria tantas veces impugnada por Paulo Freire, solo que ahora en su moderna versión de cajero automático, cuando hablamos de educación tecnológica o virtual.

Esta ha sido, por décadas, la manera que ha servido para conducir las políticas comunicacionales y educativas que han sustentado los modelos de desarrollo impuestos o creados por los políticos y pensadores latinoamericanos, y que ha generado el fracaso del autorreconocimiento y del reconocimiento del otro en nuestros pueblos y ha permitido la transferencia cultural legitimada por la diferencia de “los desarrollados” y los “subdesarrollados”.

El otro modelo educativo/comunicacional es el que pone como base del proceso de enseñanza/aprendizaje la participación activa de los educandos/comunicados; que los considera como sujetos de la educación/comunicación y ya no como objetos-receptáculos; y plantea la comunicación como un proceso activo de construcción y de re-creación del conocimiento. Para esta concepción, toda comunicación es un producto social; el resultado según Kaplun, es de un aprender de los otros y con los otros. Educarse/comunicarse es involucrarse en una múltiple red social de interacciones. 

Este modelo asume la comunicación, entendida y definida como diálogo e intercambio en un espacio en el cual, en lugar de locutores y oyentes, instaura interlocutores[1].

Contraponiendo estos dos modelos y analizando el conductual, matizado por parafernalias tecnológicas que parecieran genera una mayor proximidad entre los interlocutores a través de artificios mediáticos, corremos el riesgo presentado por Antonio Pasquali en Comunicación y cultura de masas (1972):

“Cuando la desproporción entre agentes transmisores y receptores aumenta hasta atrofiar la bilateralidad de la auténtica intercomunicación; cuando el grupo de transmisión profesionaliza y acapara el papel de informador, en relación irreversible, mengua la fuerza expansiva  y autocreadora del saber, quedando reducida su difusión popular a una relación unilateral entre una oligarquía informadora convertida en élite y una muchedumbre indiferenciada de receptores, convertida en masa.”(pág. 47, 6ta edición 1990.)

LA PARTICIPACIÓN, LA COMUNICACIÓN Y LO POLÍTICO

Euclides Sánchez, en Todos con la Esperanza, Continuidad de la participación comunitaria (2000), al tratar de abordar el tema de la participación afirma que, debido a la pluralidad de significados que implica el concepto de participación, parece más conveniente hablar de una “idea” de participación. Es indudable que a partir de las distintas construcciones que se efectúan diariamente sobre el concepto, debemos entenderlo como dinámico y en proceso, es por ello que comparto esta noción de manejar el tópico a partir de una idea que está en constante transformación.

Para Sánchez (2000), la participación es influir en los procesos de toma de decisiones que de alguna manera se vinculan con los intereses de los participantes. Por otra parte el autor afirma que la participación posee objetivos colectivos a través de un proceso social, organizado de distintas formas. Si tomamos en cuenta estos tres elementos: a.- influir en la toma de decisiones, b.- objetivo colectivo y con c.- ciertas formas de organización, estamos ante la presencia de un fenómeno político, por lo que se podría afirmar que la participación en cualquier ámbito es política. 

La afirmación anterior no pretende ser reduccionista, sino, por el contrario ubicar en un plano específico el ámbito de acción e impacto de la participación de cualquier  ciudadano. Para  Sánchez, además:

“La participación, también .., es un acto voluntario, lo cual posiblemente expresa la toma de conciencia[2] de los sujetos acerca del valor de las acciones participativas, por tanto de la necesidad de solidarizarse con sus pares. No obstante, se aspira que tal discernimiento se generalice de modo que todos los miembros del grupo se involucren. En este sentido, la participación es adicionalmente, un proceso inclusivo.”(pág. 40)

Es por todo esto que compartimos la posición de Sánchez (2000) cuando afirma que:

“…las tres formas de participación[3] son participación política, en la medida que se entiende político, de acuerdo con Ibañez e Iñiguez (1988), como relacionado con la manera como se concibe la sociedad, los seres sociales y las relaciones entre ellos, en otras palabras, con los valores que se formulen y con los procedimientos que se adopten para su aceptación.” (pág.  37)

Es por ello que el  auge del concepto de participación en las últimas tres décadas esta mediada por el debilitamiento del Estado en la satisfacción de necesidades ciudadanas, lo que genera la necesidad de la movilización del colectivo al resguardo de su bienestar. Otra versión podría señalar que el surgimiento de la participación radica en la concreción del Estado idóneo para la apertura de espacios producto del incremento de conciencia ciudadana, lo que permite a los ciudadanos entender que el Estado no debe ser un ente paternalista sino, por el contrario un ente supervisor y estimulador de la participación.

Esto implica concebir lo político no solo desde la perspectiva tradicional sobre la que se invoca su análisis, léase por ejemplo la perspectiva Foucaultiana expresada en la “La microfísica del poder”, donde nos dice:

“…el poder no es un fenómeno de dominación masiva y homogénea de un individuo sobre los otros, de un grupo sobre otros, de una clase sobre otras; el poder contemplado desde cerca no es algo dividido entre quienes lo poseen y los que no lo tienen y lo soportan. El poder tiene que ser analizado como algo que no funciona sino en cadena. No está nunca localizado aquí o allá, no está nunca en manos de algunos. El poder funciona, se ejercita a través de una organización reticular. Y en sus redes circulan los individuos quienes están siempre en situaciones de sufrir o ejercitar ese poder, no son nunca el blanco inerte o consistente del poder ni son siempre los elementos de conexión. El poder transita transversalmente, no está quieto en los individuos".

Aquí Foucault, aun a pesar de que hace un aporte importante en develar como el poder no tiene un solo centro, sin embargo reafirma el ejercicio de la dominación en el tipo de relación observada. Creo que ver al poder desde otra perspectiva, como un ejercicio transformador y constructivo, a partir de su colectivización por medio de la democracia participativa y protagónica, podría ir en consonancia con el modelo de comunicación donde los sujetos de la comunicación son interlocutores, sustituyendo esa imagen pasiva del receptor de los modelos tradicionales. 

Sin embargo, no solo la transversalidad de lo político en los fenómenos de la participación pareciera ser un elemento importante para su comprensión, es interesante resaltar como los distintos modelos de comunicación implican una serie de relaciones entre diversos actores, que se vinculan con el objetivo de influir en los procesos de toma de decisiones que de alguna manera se enlazar con los intereses de los participantes (forma como define Sánchez la participación), por lo que encontramos que siendo la participación un fenómeno político no es menos cierto que la comunicación siendo un proceso de enseñanza/aprendizaje donde la participación activa de los comunicados; los hace ser sujetos de la comunicación y ya no como objetos-receptáculos; planteando la comunicación como un proceso activo de construcción y de re-creación del conocimiento, lo que implica la necesidad de asumir la comunicación como un fenómeno participativo activo, y no bajo una concepción de participación pasiva, o impuesta.

LA PRAXIS COMUNICACIONAL MASS MEDIÁTICA Y LA PARTICIPACIÓN COMUNITARIA

Sin embargo, a pesar de todo lo antes expresado, al analizar la realidad de la praxis comunicacional en los medios tanto nacionales como internacionales, observamos que se asume un modelo bancario en el ejercicio comunicativo, que los medios se convierten en agentes que obstaculizan la participación, y vemos como el centro del poder gira en torno a lo que dicen lo medios de comunicación y no lo que construye el ciudadano como tal.

Esto podemos observarlo claramente a través de las palabras de Luis Britto García en “Venezuela: investigación de unos medios por encima de toda sospecha” (2003), cuando nos dice que:

“Hasta 1998 era usual que los medios proclamaran formalmente la imparcialidad o la objetividad y que mostraran en la práctica alguna simpatía o parcialización por determinados actores políticos. A partir de ese año, ante la implosión de unos partidos tradicionales abandonados por el electorado, intentan sustituirlos asumiendo desembozadamente el papel de actores políticos. La autonomía de los comunicadores empleados en los medios se restringe cada vez más. Las informaciones son con frecuencia contradichas por los titulares que imponen los jefes de redacción; los colaboradores críticos son excluidos y los disidentes vetados. Arranca el proceso que para enero de 2003 acumula cerca de medio millar de comunicadores, artistas y columnistas despedidos de algunos medios, en la mayoría de los casos por razones de purga ideológica.” (pág. 59)

Este ejercicio comunicacional, que asume al ciudadano como receptor pasivo, que no pretende interlocutear, y que no asume la comunicación como medio de aprendizaje, sino, como de simple información, en muchos casos sin sentido, y que pretende hacer del ejercicio de la comunicación una relación comercial y de explotación del trabajo intelectual, perdiendo el sentido social inmerso en la acción comunicativa, lo que logra es generar resistencia social a la mediatización de los medios, generando una mayor participación y protagonismo de los ciudadanos ante el fenómeno comunicacional.

COMUNICACIÓN PARTICIPATIVA: PARTICIPACIÓN PROTAGÓNICA DE LOS CIUDADANOS ANTE EL FENÓMENO COMUNICACIONAL VENEZOLANO.

Llegado a este punto es necesario precisar que no tengo como pretensión crear un nuevo concepto, sino más bien, generar el debate en torno a elementos tan complejos que hacen necesario diferenciar la comunicación desde una perspectiva tradicional, que pareciera no ser participativa, y como entonces al agregarle el término “participativa”, recobrar su valor primigenio, que consiste en la bidireccionalidad potencial y cinética de la comunicación, y como el ciudadano ante la imposición de la unidireccionalidad comunicacional de los medios tradicionales, genera alternativas mediáticas que permitan hacer ejercicio de la ciudadanía en el marco democrático en el que se desarrolla nuestro estado de derecho.

La hegemonía temática, relacionada a vías facilistas para el sostenimiento del poder desde la perspectiva tradicional, han producido una reacción inesperado por estas élites mediáticas, blindada además con un armazón constitucional que no sólo en el papel, sino en el ejercicio de la vida cotidiana encuentra la mejor expresión de la apropiación nómica, que permite generar, ante la imposición, un nuevo modelo comunicacional, que rebasa las barreras de lo hasta ahora estudiado, y legitima el poder popular, participativo y con responsabilidad que instaura la necesidad de revisar hasta donde los ciudadanos podrán convivir con medios que responden a cualquier interés menos  el social.

Notas

[1] Para mayor información sobre la postura de Mario Kaplun sobre el tema consulte la página web de la Revista Latinoamiericana de Comunicación Chasqui, Nro. 58, junio de 1997, LA EDUCOMUNICACIÓN.

[2]  Este Subrayado no es parte del texto original, la intención es resaltar como elementos de la comunicación, como en este caso la expresión de conciencia, siempre estan inmersos en la conceptualización que de participación se hace.

[3] Aquí Sánchez se basa en N. Cunill (1991), replanteándose la existencia de tres tipos de participación; la participación comunitaria, la participación ciudadana y la participación política.