Andrés Méndez

Buenos Aires, (especial para ARGENPRESS.info) (Fecha publicación:28/07/2005)

'El asunto a saber es qué tipo de Mercosur resurgirá, con qué modelo de integración. ¿Superará su credo neoliberal? ¿Tendrá el valor de ser por lo menos una zona de defensa frente a la agresividad actual del imperialismo?' No son éstos, evidentemente, los únicos interrogantes que suscita el acuerdo de integración regional que, mal que bien, agrupa a la Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Pero sí sintetizan el núcleo duro de un problema decisivo para el futuro de ese acuerdo y de sus consecuencias económicas, sociales y políticas para la región.

Las líneas citadas se encuentran en la página 223 de 'Mercosur. Origen. Evolución. Perspectivas', el más reciente libro de Modesto Emilio Guerrero, un periodista y escritor venezolano afincado desde hace más de una década en Buenos Aires. En su actividad periodística, Guerrero se ha convertido en un experto en Mercosur y el libro que aquí se comenta (editado este mismo año en Caracas por Vadell Hermanos) da sobradas pruebas de su extenso y profundo conocimiento del tema.

La realidad, siempre en movimiento, pone al comentarista ante hechos que sin duda condicionan su análisis del texto. El 27 de julio, 48 horas antes de realizarse la presentación de 'Mercosur. Origen. Evolución. Perspectivas', se llevó a cabo en Washington (¿dónde, si no?) la elección del nuevo presidente del Banco Interamericano de Desarrollo. El candidato brasileño, Joao Sayad, fue derrotado allí por el favorito de la Casa Blanca, el colombiano Luis Alberto Moreno. ¿Cómo votaron los países del Mercosur? Brasil, obviamente, y la Argentina lo hicieron por Sayad. Paraguay y Uruguay, por el candidato del imperialismo norteamericano. Y allí encontramos la justificación de la reflexión de Guerrero: '[...] el Mercosur pudo ser aprovechado para desarrollar una zona de defensa subregional frente a EEUU y la UE. Pero resultó lo contrario' (pág. 111). Ni siquiera logra funcionar plenamente como herramienta de las tímidas insubordinaciones que los dos mayores países del Cono Sur ensayan a veces para atenuar el asfixiante apretón de Estados Unidos.

Este es un texto lleno de información, pero también de opinión. No omite ninguna de las falencias que presenta el Mercosur, de las cuales la más grave es que, a falta de un proceso efectivamente integrador, la mera potencia económica ha permitido a las transnacionales aprovecharlo para su propio beneficio y la expansión de un orden neoliberal, con su costo de miseria, desempleo, hambre y sufrimientos para los pueblos involucrados. De seguir así las cosas, si no hay un giro decisivo, para lo más que podrá servir es para postergar la constitución del ALCA (el programa de absorción total de América Latina en el espacio económico norteamericano) o negociar el ingreso en condiciones un poco menos gravosas. Una perspectiva posibilista que, la experiencia lo demuestra, nunca termina bien para los países subordinados.

Guerrero analiza también la propuesta de Alianza Latinoamericana Bolivariana de las Américas, la propuesta del presidente Chávez como alternativa al ALCA: sostiene que 'como proyecto, o delineamiento de ideas, es altamente positivo', pero que 'aún permanece en el terreno del 'discurso', o sea, de la enunciación de ideas generales' (pág. 192). Ciertamente, una integración latinoamericana podría constituir una barrera imponente contra la explotación imperial de nuestros países. Y sería un paso adelante que los gobiernos acordaran en ese sentido (lo que, por cierto, no ocurre). Pero esa integración sólo podría ser realmente emancipadora y beneficiosa para los trabajadores de la ciudad y el campo de nuestra América morena si se asentara sobre la movilización consciente y activa de las masas explotadas. Esa fuerza potencial existe: la estamos viendo desde hace dos años en acción en Bolivia; desde los comienzos de la Revolución Bolivariana en las gigantescas movilizaciones de masas contra los intentos contrarrevolucionarios del imperialismo y los gorilas venezolanos; en las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001 en la Argentina; en las todavía casi incipientes luchas contra las medidas más antipopulares del gobierno de Lula. Pero esa potencia debe todavía desarrollarse y convertirse en acto, la irrupción desmesurada de las masas en procura de sus propios intereses, de su 'derecho pisoteado' (como decía la Segunda Declaración de La Habana). Y, para eso, aún nos falta hacer mucho.

Es más que oportuno que este libro se presente en momentos en que arrecia la resistencia en todo el continente contra la ofensiva del ALCA y en vísperas de la llegada del carnicero Bush a la Argentina para la Cumbre de mandatarios americanos.