Martha Alicia Lombardelli

Licenciada en Filosofía

Docente en la Facultad de Bellas Artes, Universidad Nacional de La Plata

Directora del Proyecto de Investigación: Código: B 184  “Mujer. Distintas lecturas de la construcción de la imagen femenina a través de la perspectiva crítica de género en diversos soportes discursivos en la Argentina del siglo XX.”

marthalic@yahoo.com

La mujer en la obra de Eugenio Cambaceres, escritor de fines del siglo XIX  

PROGRAMA IBEROAMERICANO DE ESTUDIOS SOBRE IMAGINARIOS

I º Encuentro de Investigadores del Programa IDEI

noviembre de 2006

Retomemos la imagen de mujer que,  -finalizando el siglo XIX-, aparecía en la obra de uno de los escritores que inauguró la novelística en la República Argentina. Me refiero a Eugenio Cambaceres, representante de la corriente literaria naturalista y exponente inconfundible de la  “generación del 80”

Antes de continuar debo decir que su libro Sin rumbo es el testimonio de la visión que mi antiguo profesor de filosofía – Ezequiel de Olaso-  presenta en “Notas para una discusión sobre la cultura del ochenta”[1]: pensar que la élite ilustrada de la generación del ochenta se dio como proyecto hacer de la Argentina una nación moderna y rica, es una simple fantasía.

Ese proyecto -según de Olaso-  no existió nunca, y,  en particular la forma de vida del protagonista  pareciera dar argumentos a favor de esa ausencia.

Eugenio Cambaceres, perteneció a una familia adinerada, dueña de tierras. Estudio en el Colegio Nacional, se graduó en la Facultad de Derecho, fue diputado de la ciudad de Buenos Aires y luego elegido diputado nacional. Murió en Francia a los 45 años.

Con sus obras se inicia el naturalismo en la Argentina. Corriente ésta que despertó encendidas polémicas para terminar imponiéndose sobre la novela romántica. Se puede decir que el naturalismo argentino adoptó más los mecanismos y las técnicas zolianas que sus objetivos fundamentales. Zola atacaba  a la clase dirigente de la burguesía francesa en cambio  los naturalistas argentinos terminaron  por defender la clase dominante a la cual pertenecían.

En el libro  de Cambaceres,  Sin rumbo, aparecen tres imágenes de mujeres:

Marieta Amorini:

“Era la prima donna, la célebre Amorini que triunfalmente hacía su entrada envuelta en pieles y terciopelo.” [2]

No nos interesa saber si es extranjera o nativa, como mujer-objeto, impondrá la moda entre ciertas mujeres de la alta sociedad.

“Alta, morena, esbelta, linda, sus ojos hoscos y como engarzados en el fondo de las  órbitas, despedían un brillo intenso y sombrío; el surco de dos ojeras profundas los bordeaba revelando todo el fuego de su sangre de romana.

Desnuda, se adivinaba en ella la garra de una leona y el cuerpo de una culebra.”

La descripción avanza sobre manos y pies:

“(...) y le alargó la mano, una mano cargada de sortijas, afilada, carnosa, suave.”

“Los ojos de aquél se detuvieron entonces en el pie de la prima donna, cuyos dedos se dibujaban calzados por los dedos de seda de la media, en la inflexión elegante de su pierna, a la vez esbelta y gruesa, que el recogido de su pollera de Aída descubría hasta más arriba de la rodilla.”

Donata: La otra mujer que aparece en Sin rumbo, será la “chinita”. Como la tierra, es cálida y está destinada a dar vida, para la sobrevivencia de la especie.

“El óvalo de almendra de sus ojos negros y calientes, de esos ojos que brillan siendo un misterio la fuente de su luz, las líneas de su nariz ñata y graciosa, el dibujo tosco, pero provocante y lascivo de su boca mordiendo nerviosa el labio inferior y mostrando una doble fila de dientes blancos como granos de mazamorra, las facciones todas de su rostro, parecían adquirir mayor prestigio en el tono de su tez de china, lisa, lustrosa y suave como un bronce de Barbedienne!.”

El autor pone en boca del mayordomo Villalba –figura mediadora entre el patrón y los peones- las siguientes palabras caracterizando  la clase de mujeres a la que pertenece Donata:

“Si estas, patrón, son como hacienda, (...) conforme cualquiera las atropella, ahí no más se echan”

Hay una tercera mujer, Andrea, la niña nacida de la violación de Donata por parte del protagonista. En esta mujer-niña, el autor encarna al ángel bueno.

”Ella, en fin, su genio bienhechor, la hechicera cuyo mágico poder de encantamiento había tenido el prodigioso don de transformarlo, de convertir sus odios en un amor infinito, amor a los hombres, a los animales, a las cosas, a él, al mundo, ¡a  todo!”

La mirada positiva que observamos sobre esta mujer, no es ajena al hecho de que Andrea sea la hija del protagonista; además,  el bien que prodiga Andrea no es intencional, ya que, si así fuera, se le estaría otorgando una subjetividad, la cual en toda la novela es monopolio del hombre.

Conclusión

Me he detenido a analizar las tres imágenes de mujer presentes en esta novela del siglo XIX porque aparecen al interior de una corriente literaria -el naturalismo-, que recién se instala en nuestro país, dejando atrás la novela romántica. Además pertenecen a un autor que se considera el fundador de ese tipo de novela si bien no deja de ser una copia de la novela naturalista francesa de Zola. Esas imágenes presentan contornos esquemáticos, reducidos y parciales. No obstante eso, considero que me permitirán tener un punto de partida para cuando comience el estudio de la imagen femenina en la obra de Manuel Gálvez: Nacha Regules, perteneciente ya a la literatura del siglo XX en la Argentina. 

Notas


[1] Cfr. De Olaso, Ezequiel en La Argentina: del Ochenta al Centenario (comp.), Bs.As. Sudamericana 1980, p.697

[2] Cambaceres, Eugenio (1883): Sin rumbo.  Editorial Beybe. Buenos Aires. 1944 – pág. 53 , ss.