Martha Alicia Lombardelli

Licenciada en Filosofía

Docente en la Facultad de Bellas Artes, Universidad Nacional de La Plata

marthalic@yahoo.com

A raíz de una consulta hecha por una alumna - Sobre el pensamiento de Rodolfo Kusch      

1997

Tengo dudas acerca de la diferencia que hace Kusch -en el texto Geocultura el hombre americano"-, sobre los términos "hábitat" y "suelo".

Creo que 'suelo" remite al espacio simbólico que es distinto del espacio geográfico, pero a veces me da la sensación que habla de la cultura como suelo y como hábitat...

También tengo algunas dudas cuando expresa que "...entre el decir y el horizonte simbólico está la caída..."

No entiendo lo de la caída...

 

Pensemos a partir de las palabras del mismo Rodolfo Kusch: 

Dice en la página  74 de Geocultura  del hombre americano:[1]

“Detrás de toda cultura está siempre el suelo. No se trata del suelo puesto casi como la calle Potosí en Oruro o Corrientes en Buenos Aires, o la pampa, o el altiplano, sino que se trata de un lastre en el sentido de tener los pies en el suelo, a modo de un punto de apoyo espiritual, pero que nunca logra fotografiarse, porque no se lo ve.” 

Más adelante, en la página 115, afirma:

“Cultura supone entonces un suelo en el que obligadamente se habita. Y habitar un lugar significa que no se puede ser indiferente ante lo que aquí ocurre” 

A renglón seguido explicita la idea del habitar o habitat:

“Entonces la consistencia de mi vida no radica sólo en la parte de mi entidad que emerge del suelo, y que se interna en lo ‘universal’, sino necesariamente también en lo que está sumergido en el suelo. Uno es el ser de mi consistencia, y el otro el estar de ella. ¿Y cuál de las dos sería prioritario, el estar emergido o sumergido? Si afirmo que es lo primero será porque fugo de la realidad, y si afirmo lo segundo será porque la tolero pasivamente. El problema cultural propiamente dicho consistirá en conciliar los dos aspectos, encontrar el símbolo que reúna los opuestos” 

El habitat referencia  la totalidad que comprende el concepto de cultura.  Abarca el margen de irracionalidad del modo de ser que conlleva el ‘porque sí’, el ‘porque así lo hicieron mis padres’ o, también, ‘porque es costumbre’. Lo cultural no se comprende totalmente a nivel consciente.  

Me parece que se  puede relacionar este pensamiento con  lo significado por Pierre Bourdieu cuando explica el proceso por el cual lo social es interiorizado en los individuos para encontrar el punto de concordancia entre las estructuras objetivas y las subjetivas. Existe un sistema de hábitos, de costumbres, que se heredan de generación en generación, culturalmente, y que constituyen relaciones de sentido que condicionan la forma de concebir el estar en el mundo. En definitiva, el existir del individuo y de los pueblos.  

Tanto el habitat como el suelo, sin embargo, tienen dimensión histórica. Si no se lo viera así, tendríamos la idea de una cristalización en el tiempo. El retornar al suelo, al habitat, ante la necesidad de operar –como sujetos culturales-  algún cambio, manifiesta  la necesidad de recurrir al fundamento de mi existir,  para encontrar en el ‘estar’ la posibilidad de  ‘ser’.  Se está buscando la coherencia de sentido en el existir.           

El suelo gravita en nuestro comportamiento como el modo de hacer las cosas propio de un lugar y una época. Gravitar significa lo que pesa, lo que determina nuestro pensamiento en un aquí y ahora. Por eso nombra la Francia de Richelieu presente en la filosofía de Descartes (s. XVII), en los ejemplos que utiliza, en las actividades que menciona, etc.

Descartes nace en 1596 y muere en 1650, y dice en su libro más leído, El Discurso del método:

“Pues esas nociones me han enseñado que es posible llegar a conocimientos muy útiles para la vida y que, en lugar de la filosofía especulativa enseñada, es posible encontrar una práctica por medio de la cual, conociendo la fuerza y las acciones del fuego del agua, del aire, de los astros, de los cielos y de todos los demás cuerpos que nos rodean tan distintamente como conocemos los oficios varios de nuestros artesanos, podríamos aprovecharlos del mismo modo en todos los usos apropiados, y de esa suerte convertirnos como en dueños y poseedores de la naturaleza.” 

a) Este pensamiento de Descartes remite al momento en que se está transformando el modo de producción y está apareciendo la necesidad de aplicar "el saber al hacer".  Ni el griego ni el romano se interesó por la búsqueda de una ciencia aplicada como lo está manifestando Descartes en su pequeño librito. No se interesaron porque no entraba en el proyecto griego o romano aliviar el trabajo  humano esclavizado.

Conclusión: El suelo desde dónde habla Descartes  connota la necesidad de una ciencia aplicada para hacer rendir a la naturaleza. 

b) Otro signo de la época presente en el mismo librito:

“(...) tengo la seguridad de que no hay nadie, ni aún los que la ejercen (está hablando de la medicina), que no confiese que cuanto sabe no es casi nada comparado con lo que queda por saber..., juzgaba que no hay mejor remedio contra esos dos obstáculos sino comunicar fielmente al público lo poco que hubiera encontrado e invitar a los buenos espíritus a que tratasen de seguir contribuyendo, cada cual según su inclinación y su fuerza, a las experiencias que hubiera que hacer y comunicando asimismo al público todo lo que averiguaran, a fin de que, comenzando los últimos por donde hubieran terminado sus predecesores y uniendo así las vidas y los trabajos de varios, llegásemos todos juntos mucho más allá de dónde puede llegar cada uno en particular”. 

Esta es la tesis del principio metódico de la investigación científica que refleja el período manufacturero, es decir, la división del trabajo y la cooperación simple.[2]

La idea fundamental con que se identifica el pensamiento moderno, tanto en la concepción del tiempo como en la relación que establece entre los distintos pueblos del mundo, es la idea de progreso. Esta idea nos habla de una concepción del tiempo unilineal -a diferencia de la concepción del tiempo entre los griegos y también en la Edad Media-, que va alejándonos de la "barbarie primitiva" hacia algo mejor, que -siempre- va a estar en un futuro.

Sin embargo, hay pueblos que ya se han alejado bastante de aquel origen bárbaro, y, por lo tanto, ya son "civilizados". De ahí la diferencia entre pueblos civilizados y pueblos primitivos que históricamente y,  -a partir de la revolución industria-l, fundamentará la expansión colonialista y la división internacional del trabajo. 

También está presente en su pensamiento la idea del "progreso en la ciencia". Esa idea es el eje vertebrador del pensamiento moderno y aparece como una idea fuerza en la época de Descartes. La ciencia ya no es vista como un pensar especulativo sino con la intención de aplicarse al dominio de la naturaleza. Nada, pero nada de ésto, aparece en la filosofía antigua y medieval. 

Volviendo a Kusch: “Y ese suelo así enunciado, que no es ni cosa, ni se toca, pero que pesa, es la única respuesta cuando uno se hace la pregunta por la cultura.”

O sea, el suelo geográfico está, lo social está, el conocimiento está, las creencias están, todo está sin ser nombrado en eso que Kusch sintetiza en el término “suelo”. 

Veamos ahora qué quiere decir Kusch cuando menciona la “caída”, 

Como buen lector de Heidegger, Kusch ha tomado el término – como muchos otros- de su filosofía, pero lo ha hecho resignificándolos. Para Heidegger, “la caída”  alude a  la caída en el mundo de que se cura.  Y el convencimiento de lo ya comprendido,  de lo que es costumbre o habladuría, que en Heidegger constituye la caída, en el pensamiento indígena remite a la cultura. Porque la caída es una tentación que adviene a las habladurías, a la curiosidad  y a la ambigüedad. Son tres fenómenos que llevan a la  tranquilización, al aquietamiento y al cierre del poder ser de la existencia.

Pero en Kusch, el estar  (el horizonte simbólico,  la cultura, la totalidad de sentido) es lo que fundamenta la peculiar manera de ser del indígena. 

Recordar que  Kusch en la página 115  de mi edición,  capítulo La cultura como entidad, hablando del ser de mi consistencia y el estar de ella (mi existencia),  pregunta:

“¿Y cuál de las dos sería prioritaria, el estar emergido o sumergido? Si afirmo que es lo primero será porque fugo de la realidad, y si afirmo lo segundo será porque la tolero pasivamente. El problema cultural propiamente dicho consistirá en conciliar los dos aspectos, encontrar el símbolo que reúna los opuestos.” 

Pienso que el segundo caso es el que me remite al indígena; que no deja de ser una elección. Pero nosotros, síntesis de Occidente y América, debemos encontrar ese símbolo que reúna los contrarios y no fugar de la realidad en el mero “querer ser” alguien ignorando el suelo. 

En Heidegger, pensando siempre desde occidente, desde la ob-jetivación del mundo como imagen y representación, la caída es una de los modos impropios del estar.

Para Kusch, en el pensamiento indígena, y por ende, en el pensamiento del pueblo, la presencia permanente del horizonte simbólico, es lo que fundamenta el poder ser de la existencia.

Notas


[1] Kusch, Rodolfo (1976): Geocultura del Hombre Americano. Ed. Fernando García Cambeiro. Bs..As. 1976

[2] Cfr. Jaime Labastida (1969): Producción, ciencia y sociedad de Descartes a Marx. Siglo veintiuno.editores s.a. México 1969