Mario González Valdés "El Huillimario"

Ginebra

maminigonzaval@yahoo.es

Colaborador y corresponsal de www.clarinet.cl

¿Qué hiciste el 11 de septiembre de 1973?

11 de septiembre de 2006

Recuerdos. Nadie, creo o pienso, ha olvidado aquella mañana y aquel día martes 11 de septiembre en Chile, el once, ni tampoco los días que vinieron después que puso fin a un proceso histórico, como fue el gobierno del Presidente Allende y la instalación por la fuerza de un régimen militar.

El 11 marcó un antes y un después en la historia contemporánea chilena, donde aún sus consecuencias son innumerables, a diferencias de sus causas, estudiadas, analizadas e interpretadas. Chile no volvió a ser el mismo de antes y fue otro demasiado diferente después.

Para una gran mayoría de los chilenos es una fecha que no se ha olvidado, en especial  aquéllos, los refugiados políticos, que viven todavía en el exterior del país en un exilio que pese a todo no termina. Lamentablemente marginados, olvidados e ignorados por la política y la constitución vigente. Una gran parte de ellos se encaramaban en torno a los veinte años en 1973, eran estudiantes y quedaron marginados y no reconocidos en ningún plan otorgado por el Estado y el gobierno chileno.

De todas maneras el Estado chileno no ha respondido y muy poco ha hecho para hacer justicia y reparar el daño causado, en su nombre, con el Golpe del 11  de septiembre de 1973. Fue ese Estado que institucionalizó el régimen militar y la dictadura de Pinochet, quién decretó el estado de guerra interno en todo el país ...y en el extranjero también.

Muchos chilenos nacieron después de ese acontecimiento y conocieron por relatos lo que fue y sucedió por aquella fecha. Los santiaguinos vivieron el horrible bombardeo del Palacio de La Moneda y de la residencia personal del Presidente, que ponía el final, en forma violenta, de la corta experiencia chilena hacia el socialismo.

Y el golpe ese 11 de septiembre también se vivió en todo Chile.

06 horas... Las radios de Valparaíso anuncian la insurgencia de la Marina de guerra. Pocas horas antes los barcos de la marina de los EEUU, que participaban  en ejercicios y operaciones navales con la chilena en la llamada Operación Unitas, se alejaban del puerto para ubicarse a unas pocas millas frente a su bahía y su comando operativo en el Hotel Miramar de Viña del Mar.

 - Prende la radio - Me dijeron.

 - ¿Cuál?

 - No importa... Pon la Caupolicán ... La Porteña... Cualquiera.

 - ¿La Cooperativa?

 - Güeno…-   Al encontrar su sintonía se escuchaban solo himnos y marchas militares.

  - Cambia esa güevá...Busca las noticias -

  - No hay otra...   Espera ... espera.... por aquí está saliendo algo. ¡Aquí hay noticias!

A esa hora se escuchaba en las radios de Valparaíso el llamado a la sublevación y a poner fin al gobierno de Salvador Allende. Era un decir. La insurgencia de la Marina de Guerra chilena y del resto de las FFAA, con la derecha chilena había comenzado muchas horas antes. Y no sólo horas, fueron días, meses...hasta 3 años antes, a partir de aquel 4 de septiembre de 1970 cuando Allende ganaba las elecciones presidenciales.

El 11 de septiembre fue solo la fecha donde lanzaron el zarpazo y el pretexto para dar el golpe definitivo  a la democracia.

Pocas horas después, era el mismo presidente democrático por intermedio de radio Magallanes que utilizaba la radio para denunciar a Chile y al mundo, por el teléfono desde La Moneda, lo que estaba pasando. El golpe militar  estaba en marcha y había comenzado tres años antes, en la guarnición militar de Santiago y en la obscuridad de una de las oficinas del Ministerio del Interior en el Palacio de La Moneda.

07 horas...las amenazas de guerra se habían iniciado. Valparaíso estaba totalmente sitiado, La plaza Sotomayor y el edificio de la Intendencia se transformaba en un campamento de guerra con hombres fuertemente armados y con sus rostros tiznados, mostrando aún más el terror en su nefasta actitud.

Los vehículos militares bloqueaban las principales calles del viejo puerto sin alcanzar a detener la partida del último tren que salió de la estación de FFCC, que había vuelto desde las comunas del interior apresurando la partida.

A las 7 y cuarto El Loco, un compañero ferroviario, maquinista del tren, es avisado  que se aleje inmediatamente en dirección de Limache o Quillota. Sin esperar el siflido característico para dar su partida. No había tiempo de esperas y El Loco lo sabía, en pocos segundos el convoy se alejaba de la estación Puerto. Sin siquiera detenerse en la estación Bellavista unos 500 metros más lejos. Se detuvo a la salida de Barón, para que los trabajadores de la Maestranza subieran rápidamente y alejarse de Valparaíso.

En esos mismos minutos la estación Puerto era embestida por los infantes de marina. El poco personal de la empresa de FFCC que había quedado en sus instalaciones era detenido y llevado por la fuerza y maltratados hacia la Academia de Guerra. Fueron los primeros detenidos de la conjura en Valparaíso. El reloj estaba marcando las 07 30 horas.

08.30 horas...oficialmente la guerra había comenzado. Unos quince minutos después se escuchaba la primera e intimidatoria proclama de los golpistas, en nombre de las FFAA y Carabineros, pidiendo la renuncia del Presidente Allende. El palacio de gobierno en su sector norte, el de la Plaza de la Constitución, estaba sitiado y ocupado por tanques y vehículos militares.

09.30  horas...una radio Argentina anunciaba que 4 aviones Hawker Hunter de la Fuerza Aérea de Chile, la FACH, aterrizaban en el aeropuerto de Cerrillos manteniendo sus motores en marcha.

10.30 horas...la misma radio comunicaba que los 4 aviones despejaban de Cerrillos en dirección sur.

10.35 horas...Una nueva y violenta proclama golpista. La misma voz anterior lanzando un ultimátum al Presidente.

 - Si no hay rendición La Moneda será bombardeada a las 11 de la mañana...

11.20 horas...la amenaza se hacía realidad. 2 aviones pasan por vez primera sobre La Moneda.  Otros dos sobrevuelan y bombardean la residencia particular del Presidente ubicada en Tomás Moro en Providencia, equivocándose de blanco, sus cohetes van a dar contra el segundo piso del Hospital...de la Fach, casi colindante con la casa del Presidente, en ella estaba su esposa Hortencia Bussi, la Tencha y una de sus hijas, con un pequeño grupo de su Guardia Presidencial.

11.52...Uno de los Hawker Hunter desde las alturas de la Estación Mapocho larga su carga de fuego contra la entrada principal del Palacio. El segundo lo hace desde el sector sur de La Moneda hacia su interior.

La radio argentina anuncia que el palacio gubernamental está en llamas. Algunos minutos más tarde los 2 aviones volaban en picada sobre La Moneda lanzando una nueva carga de fuego. La bandera republicana chilena que ondeaba sobre el frontis del palacio se quemaba rápidamente.

13.50 horas...los golpistas comienzan con gran dificultad, por la resistencia desatada desde el interior del palacio y desde los edificios del Ministerio de Obras Públicas y del Banco del Estado, defendiendo al Gobierno Constitucional, entran a La Moneda por  Morandé 80, aprovechando la rendición de los últimos personeros fieles al Presidente, utilizados en la ocasión como escudos humanos por los golpistas.

En esos momentos, cercanos a las 14 horas caía La Moneda  y con ella se levantaba y se escribía una heroica página en la joven historia de Chile, la del sacrificio de su presidente Salvador Allende Gossens.

La muerte oficial del Presidente fue certificada e inscrita, solamente, el 7 de julio de 1975 en el Registro Civil de Independencia, con el número 593...casi dos años después.

La conjura iniciada la noche del 4 de septiembre de 1970 había logrado su objetivo, terminar con la democracia y poner fin a 1.000 días de gobierno de Salvador Allende y  a la esperanza de todo un pueblo, que durante todo ese tiempo creyó en un nuevo futuro para Chile y su gente.

Santiago estaba y se había quedado enmudecido por el terror y la magnitud de la violencia desatada. Y el mundo también. 

A las ocho de la mañana de ese 11 de septiembre llegaba el tren que había salido de Valparaíso a Peña Blanca.

Fue durante muchos días el último en circular, quedando obstaculizado por los militares en la vieja estación de Limache. Entre sus pasajeros estaban los trabajadores de la Maestranza Barón de FFCC del EE, los portuarios y obreros del sector industrial de El Salto, sin olvidar algunos responsables políticos, sindicales y de gobierno que iban por seguridad a protegerse de la  represión desatada.

 Tuvieron suerte. Muchos de ellos no alcanzaron a caminar algunos metros a su bajada en la Estación Puerto y volvieron apresurados al tren, al observar lo que pasaba en la Plaza Sotomayor.  Su única reacción  fue volverse de inmediato hacia el interior de Valparaíso.

Los que no lo alcanzaron y aquellos que no tuvieron la oportunidad de coger alguna micro, tuvieron que volver  obligados a sus hogares caminando kilómetros y kilómetros. No había trenes ni locomoción colectiva, solo patrullas y movimientos militares. Habían impuesto el miedo.

En Valparaíso se había detenido la historia.

A media mañana de ese martes, de boca en boca, se fijaba reunirse pa'callado en la Sede Vecinal de la calle Abelardo Rojas en el sector norte de Peña Blanca. Las miradas estaban perdidas en una mezcla de pesimismo y de creer que ese 11 era una intentona más de los golpistas. Se intuía que esta vez era más grave.

En un pequeño transistor, una radio portátil, se escucha la voz del Presidente Allende dirigiéndose, en lo que iba a ser se último mensaje a Chile y a su pueblo, en radio Magallanes.

Una treintena de personas comprendía ese grupo preocupado más de estar a la escucha de la radio y de sus informaciones que saber lo que iba ser ese encuentro. De una cosa se estaba cierto, no era ni iba a ser una reunión más discutiendo de la Vía Chilena hacia el Socialismo.

- Compañeras, Compañeros. Al parecer esta vez si es cierto. Los milicos han dado el golpe...

En un silencio total se escuchaban aquellas palabras que sonaban como una herida abierta al interior de cada uno.

Hasta que alguien interrumpió en forma brusca y aterrorizado, con una pequeña radio pegada a su oreja.

- ¡¡¡Están bombardeando La Moneda!!!  Son los argentinos que lo están diciendo. Las otras radios están todas con marchas militares...

Todos se quedaron callados, helados, inmóviles, mirándose unos a otros. 

- Compañeros...es mejor que vuelvan a sus casas. Si hay algo nos comunicamos con ustedes. En todo caso volvemos a juntamos a las dos, aquí mismo, para ver que información recibimos y que podemos hacer... Estén alerta por cualquier cosa...

Los nervios y la incertidumbre estaban a flor de piel. La madrugada anterior iba sido sobresaltada por dos estampidos dinamiteros que sacudieron el silencio y la tranquilidad de la noche del 10 de septiembre, contra dos camiones que no habían respetado la orden de los golpistas de parar los transportes y las comunicaciones del país. Ya esa noche el miedo y el terror comenzó a carcomer las entrañas de muchos.

El terrorismo de los fascistas, nunca investigado  ni menos castigado, había sacudido la tranquilidad extrema de Peña Blanca y su vecina Villa Alemana.

A las 14 horas la sede vecinal, como estaba previsto volvía a llenarse de gente. Esta vez eran muchos más que los de mediamañana.

 - Compañeros, compañeras

Oficialmente todavía no sabemos nada de lo que pasa en Santiago. Se sabe que La Moneda se está quemando. La bombardearon los aviones de la Fuerza Aérea. El compañero Allende sigue resistiendo, allí adentro: Y nosotros, aquí estamos a la espera de algún  contacto...

 - Compañero...Aquí nosotros no podemos hacer  mayormente nada. De todas maneras, como dijo el Presidente el golpe lo han dado y lo mejor creo será protegernos. Los momios están por todos lados y deben estar pendiente de lo que estamos haciendo...

 - Tiene razón el compañero...Propongo que esta reunión se termine rápidamente, pero les pido que tenemos que hacer algo... organizarnos lo más pronto posible, compañeros...

En ese momento entra corriendo al local Arturo, uno de los dos compañeros que habían quedado afuera, vigilando  para que ningún facho pudiera entrar a su interior. En sus manos tenía la radio pórtatil.

  - ¡¡¡Los milicos entraron a La Moneda!!!  La radio argentina dice que al Compañero Allende lo han sacado muerto y los momios están ya colocando banderas chilenas en sus casas...

Por otra radio se escucha la misma voz amenazadora de las proclamas golpistas anunciando el Estado de Sitio y el toque de queda para todo el país.

- Compañeros...no es nada oficial. Los partidos hasta ahora no nos han comunicado nada. Por lo que se ve tenemos y estamos obligado hacer algo antes de terminar con esta reunión., para proteger el barrio de los momios...Hay que tratar de contactarse con los compañeros responsables de los partidos para que nos pasen y puedan conseguir algo con que defendernos, compañeros...

- Propongo cortar las líneas telefónicas para impedir que nos denuncien, la electricidad de los trenes para impedir que sirvan para los milicos y el paso del agua potable hacia Viña y Valparaíso, allá arriba en los cerros, y el obstaculizar, con todo lo que se pueda, la calle que se va para la población de los marinos...

- Sí...sí...

- ¿Están de acuerdo?

La respuesta general fue positiva.

- A ver...necesitamos voluntarios. Recuerden que esto que estamos haciendo aquí, debe quedar para callado. De los compañeros ferroviarios se necesitan dos voluntarios, no más, para  cortar la electricidad de la estación. Ellos saben como se hace y de que se trata...

- Yo..-.dijo el Gato

- Yo también...- se agregó el Nano.

- Hay unas compañeras con el Jano que van a pasar por sus casas recogiendo remedios y material de primeros auxilios, para tener aquí en la sede por cualquier cosa que pueda pasar.

- Se necesitan dos compañeros y compañeras para preparar miguelitos y algunas "cartas"- Dijo el Toro entre los asistentes.

- ¿Es que hay material? Se preguntó por ahí.

- Sí... algo hay y buscaremos la forma de tener más - Dijo el Diego.

- Si alguien tiene algún fierro le pedimos que por el momento puedan pasarlos, ya que podemos necesitarlos  mientras esperamos los que deben entregarnos en el curso de la tarde.- Era el pedido que hacía el Chuncho.

- Yo compañero...yo tengo una escopeta, pero no tengo municiones...

Los voluntarios no faltaron. Todos no podían hacerlo. Entre las noticias que se están escuchando y las informaciones de las radios argentinas. Una sensación de esperanza brotó entre ellos. Iban a protegerse y con ello, dentro de sus medios defender el gobierno popular y resistir el golpe militar.

- Compañeros, vámonos a las casas. Aquí se quedan solo los voluntarios. Estén pendientes de lo que pasa. Toda noticia la haremos llegar...Y seguimos todos en contacto...

Cada dúo voluntario se ponía de acuerdo en la labor acordada para realizar. Nada más que dos. Uno de cada uno de ellos debería de estar a las 22.30 horas en el cerro del lado norte de Peña Blanca para informar lo realizado y recibir otras informaciones.

En la fantasmal noche de ese 11  septiembre una docena de sombras apenas se distinguían, en medio de los espinos y las plantas de teo y de los chaguales. La noche estaba estrellada. Hacía frío. Abajo hacia el plan, las luces de las calles y las casas de los peñablanquinos. Se percibía un silencio desconocido, tenebroso. Había temor, angustia y también miedo. Las noticias que se conocían no podían ser más pesimistas. Todos conocían el punto de encuentro y su santo y seña. En ese lugar se sentían protegidos. Desde allí se estaba pendiente y se observaba el ingreso de algún vehículo o de todo movimiento sospechoso hacia el barrio y los alrededores de la estación de FFCC. Se estaba en Estado de Sitio. Hasta los ladridos de los perros parecían aliarse en la clandestinidad. En esa noche estaban prácticamente callados, sus ladridos reemplazados por un silencio de funeral.

De todas maneras las elementales normas de protección y seguridad se estaban cumpliendo y se  habían cumplido.

 - Cortamos la electricidad de la estación. Sin problemas.

 - Igual el empalme de los teléfonos. Salvo que por ahí salió una vieja... pero adonde va a llamar si no hay línea de teléfonos...- Decía con satisfacción el Pelao.

- El agua también está cortada y estará por unos buenos días. Hasta que sepan adonde la cortaron y cuando llamen a trabajar a los del agua...- Decía el Lucho, hablando como un experto y orgulloso de lo hecho.

 - La posta de primeros auxilios también y en caso de emergencia está el Sanatorio...

 - ¿Y la Wilson ? - La población de los marinos.

 - Llenitas de miguelitos y de sobres con sulfato....

 - Compañeros felicitaciones por lo que han  y hemos hecho. La tarea ahora es la cautela porque la repre se dejó caer y los milicos tienen casi todo controlado y tienen soplones por todos lados. Al compañero Allende lo mataron durante el bombardeo de La Moneda. Aquí en Valparaíso estamos cortados y las conexiones no funcionaron. Nadie dice ni sabe nada. Quedamos completamente en pelota....- Comunicaba el Chuncho Mario a los voluntarios, ya resignados, por lo acontecido en esas últimas 24 horas y por lo que estaban escuchando. 

Un largo y penoso silencio se enmarcó en todos ellos. Unos mirando en la obscuridad el suelo, otros en el vacío estelar de esa noche buscando alguna respuesta, una explicación,  o un raciocinio a ese 11 de septiembre que nunca habrían de olvidar.

-  ¿Compañero, logró o lograron contactarse con los centrales? Van a distribuir las armas ? _ Preguntó esperanzadoramente la Negra Yaqui.

- No compañera...

Y la noche fue la última respuesta.

Al retirarse  resignados hacia sus casas, en la penumbra sabían que la otra noche se había dejado caer y  de lo que ella se esperaba. A su manera resistieron y habían resistido al golpe. Fue la única satisfacción en esas largas horas que transcurrieron en aquel barrio entre la noche del 10 y el 12 de septiembre.

No alcanzaron a dormir. Quién lo iba a hacer. No amanecía aún y el ruido del motor de dos helicópteros con reflectores encendidos pasaban solo a unos metros sobre las techumbres de las casas y por el lugar donde antes habían estado reunidos. A las 06 de la mañana del miércoles 12, vehículos militares bloqueaban el acceso a las calles del Barrio Norte de Peña Blanca. Allanaban la libertad y una a una las casas de sus habitantes.

La historia de Chile, ese 11 de septiembre, continuaba escribiéndose... de otra manera.