Luis Ernesto Gómez

Momento de lucidez del hombre

Caracas, 29 de Mayo del 2003

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El sistema social actual se encuentra conformado por los enormes tentáculos de la producción, y su finalidad consiste en la reproducción de las condiciones materiales de dicha producción y de sujetos en disposición de consumo. Lo económico, lo material y el consumo forma el sustrato de nuestra sociedad; y apurando las ideas, nos encontramos en un sistema social que crea su propio sistema “educativo” para cubrir sus necesidades. Mano de obra especializada, diseñada para encajar en cierto engranaje de inmenso mecanismo de la sociedad. Señala Marx, el concepto de alineación de la sociedad, la idea del individuo que no se reconoce en su trabajo, que vende, sin más opciones, su fuerza de trabajo por intereses de otros, intereses reales y palpable! s.  La sociedad educa al individuo a seguir siendo un engranaje de esta inmensa máquina: la propaganda asegura el consumo creando necesidades, y el sistema educativo proporciona sujetos especializados en las diversas ramas que requiere la sociedad.

Ante este crudo retrato de nuestra sociedad, donde quedan los maestros. Según Jorge (2000; p. 50), “Maestro es, por un lado, el que proporciona ciertos conocimientos, ciertas prácticas, cierto saber permitido por el sistema.  En este sentido, el maestro es uno de los encargados por el sistema para la trasmisión de ese saber, pues éste sirve para que el sistema funcione como siempre lo ha hecho. Maestro es por otro lado, formador, educador: represor”. Esta represión no es simplemente una manera de castigo, sino una forma de limitación controlada, ya no física. Estas observaciones ponen en jaque el concepto de maestro ideal, formador de verdadero hombres, y cuestiona el valor  esencial de la educación.  Bajo este punto de vista, el alumno ante el maestro es un huérfano conducido, consciente o inconscientemente, hacia la alineación, formado como engranaje del sistema. El alumno debe desarrollar una capacidad crítica, de tal manera que no sea coartado en su individualidad hacia otros intereses. Pero además, debe hacerlo por necesidad con sus propios medios, tener el cuidado de formar su propia conciencia, dándose cuenta de lo que lo rodea en su realidad. Para eso, debe tener cierto olfato, desarrollar una cierta disposición. El maestro proporciona saber, pero hay ciertos conocimientos que deja de decir, que por poco importantes, en apariencia “olvida” enseñar:  “El instrumento más eficaz del maestro es la ideología”, y su papel re al no se esmera en “dar a los hombres un conocimiento objetivo del sistema social en que viven”(Ob cit), proporciona una verdad a medias: el sistema enseña lo que le conviene, a través de los maestros.      

Según Kelly (2002), “la educación es víctima ante las rutinas y la información que son esperadas socialmente” (paradigmas). “Cuando nuevas prácticas, nuevos conocimientos, e información última aparecen, pueden ser vistos como... posiciones equivocadas; el resultado es que tenemos muy pocas oportunidades en las instituciones educativas para aprender a aplicar información de manera individual y única... A menudo, se desaprueban la individualidad y la creatividad, y el énfasis es puesto casi siempre en las experiencias funcionales”, en las experiencias probadas. Ante estos paradigmas, anacrónicos algunos, coartantes de lo creativo, el alumno debe mantener firme sus convicciones, y esta firmeza dependerá, la mayoría de las veces, de él mismo. 

Advertimos entonces la peligrosidad del conocimiento para el sistema:  ¿qué más clandestina que la frase de un libro, qué más subversivo que el conocimiento, qué más rebelde que descubrir la otra parte del mundo que no se esmeran en mostrar?.  El maestro entonces es esclavizado por el sistema y este maestro-esclavo trasmite los conocimientos convenientes para formar individuos que luego serán esclavos.  El maestro entonces debe rebelarse, destacar y ejercer su verdadera función, la función más revolucionaria: crear conciencia, llevar al alumno de la mano a encontrar su conciencia, mostrar lo que el sistema desea que se muestre y lo que no, lo visible y lo invisible.  Incentivar al alumno a cruzar los umbrales por sí! mismo, incitarlo a ser crítico, a ser un individuo independiente y a reconocer el valor de sus semejantes...  En una sociedad donde el sistema aboga por la no-conciencia (mediocridad), por la neutralización a toda costa del individuo (propagandas, consumo exacerbado), un ser conciente es un hombre libre, in-alienable.  El poeta Cabral, nos recuerda en célebre frase que “la revolución fundamental es revolucionarse”, y así, el maestro tiene la misión de construir al hombre, en el sentido de hacer que los individuos se construyan por sí mismos como hombres.

El hombre, en su camino a la conciencia, recorre un camino empedrado... Mas, cada individuo tiene la posibilidad del destello de lo genial, de tal forma, la vida de un hombre puede dividirse en dos, y el punto de inflexión resulta de un momento en el cual el hombre conoce y aprecia el valor de saber, una sensación inexplicable lo envuelve en la búsqueda del conocimiento, un convencimiento individual.  A partir de este “momento de lucidez”, el hombre se hace independiente, busca por sí mismo, el sistema educativo deja de ser realmente necesario, pero le resulta útil.  Este momento, vital, puede variar en su edad biológica, ocurrir a edad temprana o tardía, o no ocurrir en ciertos hombres, varias condiciones extrínsecas e intrínsecas son necesarias y suficientes.  Las inmensas fuerzas sociales, a menudo distorsionantes de lo humano, contribuyen a que personas no experimenten este momento de lucidez, especie de segundo nacimiento.  Un verdadero sistema educativo, debería centrarse en incentivar a individuos a buscar ese “momento”, porque ese momento ocurre en forma individual en cada hombre, y éste adquiere una lucidez noble y honesta en todos los sentidos posibles.

El artista es un personaje que experimenta este “momento de lucidez”, creador que tiene algo qué decir, qué mostrar de la sombra a través del arte.  El arte que no encaja perfectamente en el sistema social, de ahí su famosa “inutilidad”.  El arte que se distorsiona si se preconcibe con fines económicos (utilidad), que pierde su “esencia” al ser manipulado hacia objetivos extrínsecos a él.  Su valor reside en que es la expresión directa de la esencia humana, valor que se pierde al utilizar su  poder estético hacia la propaganda, hacia el mensaje vacuo, hacia el entretenimiento fácil y superfluo, hacia el consumo innecesario y mórbido...  Una vez más, el papel educativo es determinante: el verdadero maestro, paradójicamente incluido en el sistema educativo, debe inyectar el veneno que es antídoto a sus alumnos, incitarlos hacia la búsqueda propia.  También los artistas en su rol de hacer arte, en su producción de obras maestras,  ejercen un papel educativo hacia un público, una reacción que se enmarca en el terreno de las ideas, campo de batalla donde el hombre mueve los engranajes de la historia.   

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Jorge, Carlos (2000):  Educación y Revolución en Simón Rodríguez”.  Monte Ávila Editores Latinoamericana. Caracas.  [Presentada como tesis de grado a la Escuela de Filosofía de la Universidad Central de Venezuela en mayo de 1985; Revisión 1999]

Kelly, Stephen (2002):  Un fundamento sociológico para la Educación Musical.  Journal of Music Education, No. 39.  Órgano de la International Society for Music Education. [Traducción realizada por Prof. Freddy Sánchez, para exclusivo uso académico de los estudiantes del IUDEM]