Justo Soto Castellanos

Filósofo colombiano

jusoc_1@hotmail.com

La palabra, la comunicación, la información y el Nuevo Mundo

31 de octubre de 2006

La comunicación es una actividad producida por el hombre, que a la vez produce al hombre. Es tal la importancia del fenómeno comunicativo humano para la tradición del pensamiento filosófico, que en la antigua Grecia, Aristóteles pensaba que el ser humano es el único ser que posee “logos”, palabra, y que esto es parte fundamental de lo que lo define.

Y es que la palabra[1] refleja la interioridad del mundo del hombre, en ese sentido la palabra es subjetiva, pero al reflejarla se hace intersubjetiva; y no sólo la refleja sino que además traduce el mundo externo, el mundo objetivo que se convierte en el mundo social, y todo esto se  convierte en “el mundo del ser humano”.

Pero ahora sabemos que no sólo refleja el mundo interno, externo, lo traduce, sino que ya hemos dicho, crea el mundo del ser humano, introduce en él a cada momento más información, es decir, formación desde dentro, de ahí que el mundo del ser humano es hecho por la palabra, ella lo forma, lo conforma, lo transforma y en ocasiones lo deforma.

Todo lo anterior, hoy tiene una dimensión más profunda, la palabra, es información, y la información es una de las dimensiones de la materia, así como la masa y la energía, ella integra la materia en nuevas formas que dan origen a la vida, a sistemas vivos y estos acumulan información que les sirve para responderle al medio y con ella pueden vivir, reproducirse y fomentar la especie. En la evolución de la vida algunas especies han producido los cerebros en los que se almacena la información y dentro de esas, una ha desarrollado el lenguaje de doble articulación que se manifiesta a través de la palabra. Así, es subsumida la palabra humana en una “teoría de la información”, la que ha permitido la articulación del mundo, desde la física hasta el pensamiento, la cultura, pasando por la biología.

De ahí que todo el poder manifiesto, creado y sintetizado en la palabra se posee en comunidad –común unidad-, en la sociedad en la cual y con la cual el ser humano, individualmente considerado, se interretrorrelaciona, con la que crea, co-crea y re-crea la palabra, que crea, co-crea y re-crea el mundo del ser humano. “La comunicación hace al ser humano humano”.

Pero la palabra, por la cual todo fue creado, según afirma otra tradición, igualmente importante, que viene del pensamiento judeo-cristiano, en un momento determinado de la historia de nuestra especie se pudo representar en grafías que parecían cosa de magia, cosa divina, cosa de los dioses, ahora quienes tenían la posibilidad de comunicarse a través de estas grafías se convirtieron en los manipuladores del poder social, del poder de la comunicación; más adelante, con el desarrollo de los poderes técnicos de la sociedad, se inventó la radio y la televisión, con esto la palabra, ya no sólo mediante las grafías sino con el sonido y la imagen, se extendió, llegó a todos los rincones de la tierra, pero llegó la palabra y la imagen de los que tenían esos medios, esa posibilidad de expresión y así quedaron muchos excluidos de la comunicación, acentuando una tendencia que se remonta a los antepasados homínidos ya olvidados. De esta forma, muchos seres humanos dejaron de ser sujetos comunicativos y comunicantes para convertirse en objetos de la comunicación.

La palabra, inicialmente surgida en la comunidad como medio de comunicación, se alienó, se hizo extraña a sus productores, se convirtió en la revelación del poder, la manifestación de la fuerza, ya no de una comunidad sino de unos cuantos, los “poderosos” que detentan el poder social, que, más exactamente, se apropiaron del poder social y con él forman, conforman y transforman el mundo, lo hacen a imagen y semejanza de ellos, de los que poseen el poder de la palabra. Ahora los que tienen la palabra tienen el mundo y relegan a los excluidos a actividades en las que es necesario obedecer y se les indica, a los sojuzgados, lo que deben hacer y lo que deben pensar.

La situación actual, leída con los productos del desarrollo del pensamiento contemporáneo, la “teoría de la información”, muestra que las relaciones entre los seres humanos y sus problemas de desigualdad no puede ser comprendida cabalmente sólo en términos meramente económicos, ya que esto llevaría a una perspectiva reduccionista, economicista, que deja de lado muchos aspectos importantes de la problemática humana contemporánea.

Hoy es necesario un enfoque que aborde los aspectos organizacionales e informacionales de la sociedad humana. Ya que, como afirma Edgar Morin: “no es el poder de los <<medios>> de producción, es el poder de la producción de la producción, es decir, la generatividad social: no es solamente la propiedad de las cosas, de los bienes: la apropiación está en la apropiación de los medios de apropiación; el sojuzgamiento de los medios de sojuzgamiento, el control de los medios de control; el poder informacional del aparato”. Tal es la importancia que hoy tiene la discusión entorno a los medios de comunicación e información sociales.

Y hemos llegado por ese camino a develar el problema planteado por muchos filósofos y expresado claramente por Comte, Nietzsche y su discípulo Foucault, entorno a la relación “saber poder”. El poder  social está en las manos de quienes manejan los medios de comunicación, ya que manejan la comunicación social, de ahí manejan la sociedad y por consiguiente manejan el mundo del ser humano. Al producirse la alienación de la comunicación, los que manejan la comunicación se apropian del poder social producido por el saber social, de ahí que poseen el poder de lo político, de lo económico y hasta de lo sagrado en una sociedad.  

El asunto es de tal magnitud y el deseo de dominio de algunos poderosos es tal, que en el mundo, según la UNESCO, hay tres agencias de prensa que transmiten más del 80% de las noticias destinadas al público mundial: Asociated Press, Reuters y Agence France Press; diez corporaciones controlan todo el mercado de la comunicación, desde estudios cinematográficos hasta la televisión, la radio y el video en distintos formatos. Durante el año 2000, la cifra que se invirtió en publicidad fue mayor de un billón de dólares, más que el gasto militar de ese año.

Esto hasta ahora ha sido así, pero en momentos inspirados de la humanidad se rompen los modelos o paradigmas, se producen verdaderas rupturas y entonces emergen aquellos que hasta ese momento no tenían voz; aquellos que habían sido acallados, martirizados, silenciados, de los cuales se podría decir que su vida no era parte de la comunicación y de ahí que no era parte del mundo, que no vivían en el verdadero mundo, eran, como en los “mitos del infierno”, simples seres, sin nombre, fantasmas que como sombras deambulaban por el “infierno”, el mundo inferior, el mundo sin nombre. Pero, súbitamente irrumpen esos seres humanos, que hasta entonces habían sido marginados y con su voz van haciendo y rehaciendo el mundo desde su palabra y surge un “nuevo mundo”, un mundo de luz, que trae luz al mundo, que le da existencia a sus vidas, que responde a sus necesidades, a sus aspiraciones, a sus esperanzas, que manifiesta su amor, su deseo de vivir en justicia, en solidaridad, en paz y en libertad, en plenitud de ser.        

Esto se ha producido en Venezuela que, como dicen las propagandas institucionales: “Ahora Venezuela es de todos”, y se hace esta aseveración en un sentido más profundo, con un alcance insospechado e inconmensurable,  ya que los venezolanos han salido del analfabetismo, con ello han superado una profunda desigualdad que atraviesa toda la historia de la humanidad, el pueblo de Venezuela recupera su palabra, ahora Venezuela se hace oír en el mundo, Venezuela es ejemplo para la humanidad.

En este proceso se crean por doquier medios alternativos de verdadera comunicación, ya que son fruto de la interretrorrelación de todos los miembros del pueblo, en este sentido son verdaderamente “comunitarios”, pero además muestran el rostro, el mundo, la palabra del otro, son profundamente “alternativos” -de alter, otro- y por esto, la comunicación se convierte en verdaderamente “democrática” y es motor de la misma democracia, es “creación y creadora de la democracia”, es del “demos”, del pueblo, en ella el pueblo participa, es deliberante, “protagonista”, ahora escribe su propia historia, retoma su propia palabra, alza su voz y hace posible el mundo, el mundo en el que todos pueden vivir en comunidad, en donde la comunicación vuelve a ser “comunitaria” y a la vez “alternativa”.

Con este despertar del pueblo venezolano se va forjando una nueva utopía necesaria que llena de esperanza a la humanidad. Ese pueblo, mediante su acción comunicativa, dice no a la hegemonía de la comunicación, de esa “pseudocomunicación incomunicante” que promueven las grandes transnacionales que reflejan la antigua historia de la palabra en el mundo.

A hora el pueblo de la República Bolivariana de Venezuela, desde la casa, desde la calle, desde el barrio, desde la plaza pública, hace “el nuevo mundo”, el mundo del ser humano en el que cada día es más humano, humaniza la existencia de todos sus miembros y de la humanidad entera. Recoge el sentir de los desposeídos, de los pobres del mundo, retoma la voz de los que murieron buscando un mundo mejor para todos y proyecta el socialismo del siglo veintiuno.

Un socialismo en el que la comunicación abierta, gestada en la entraña amorosa de la comunidad, en la que las diversas dimensiones de la humanidad se hacen manifiestas se crean, se co-crean y se re-crean, en un diálogo permanente que hace patente lo subjetivo, lo intersubjetivo y lo objetivo, para una sociedad mejor en la cual cada individuo es pleno, vive en plenitud para conservación y promoción de la especie y para que ¡Viva la vida!      

Notas

[1] Utilizo el término “palabra” para englobar información -en latín formar desde dentro- y comunicación, ya que posee tanta importancia en la tradición del pensamiento greco-judeo-cristiano