Justo Soto Castellanos

Filósofo colombiano

jusoc_1@hotmail.com

La condición humana en Edgar Morin

agosto de 2006

1. La persistencia de la idea

Edgar Morin, es uno de esos pocos pensadores que hacen de su vida el pensar y del pensamiento su vida, lo que hace que la vida se exprese en su pensamiento y su pensamiento sea una actividad vital, sea parte fundamental del vivir para vivir en plenitud. Por eso, en coherencia con su planteamiento del “pensamiento complejo”, en cada una de sus obras hace apuntes autobiográficos, que sirven como principio hermenéutico para interpretar su obra. En el presente artículo tendremos en cuenta tres importantes trabajos que han sido como hitos en el caminar moriniano en la compresión y explicitación del concepto de la condición humana.

El primero es un texto que sirve como punto de llegada y síntesis a la reflexión que lo precede desde los años cuarenta y es “El Paradigma Perdido, Ensayo de Bioantropología”. Pero a la vez esta obra es el punto de salida para una investigación, el segundo texto de nuestro estudio, “El Método” y dentro de éste el tomo V, “La Humanidad de la Humanidad, la Identidad Humana”, que sólo tendrá su fin talvez,  una vez la vida de Morin llegue a su fin. Ya que, por fortuna, este pensador no deja de producir. El tercer texto, es un capítulo de un opúsculo realizado por el mismo Morin y que tiene la virtud de sintetizar su propuesta, ya que posee un carácter pedagógico y hace parte de una propuesta sobre siete saberes, que a juicio de Morin, son necesarios para la educación del futuro.

En “El paradigma perdido, Ensayo de Bioantropología”, escrito elaborado entre 1970 y 1972, afirma que este libro es un volver a un punto de partida que ya él había explorado en textos como “El hombre y la muerte”, escrito entre 1948 y 1950, así como en  "La vida del sujeto" de 1962, obra en la cual inicia un intento de antropocosmología, y exploración de la vida interior del sujeto humano con las clásicas preguntas ¿Qué somos? ¿Qué es el hombre en el mundo?” Obra que lo llevará, en esa oportunidad, a constatar las carencias que por entonces tenía para emprender y coronar satisfactoriamente la empresa.

En 1968 participa en el grupo de los diez, y allí percibe que la cibernética es una introducción a la complejidad, al año siguiente va al “Instituto Para Estudios Biológicos Salk”, en California, en donde toma contacto con los problemas ecológicos. Posteriormente, al volver a Francia, a través de François Jacob, uno de los precursores del estudio de la biología molecular, tiene la oportunidad de pensar "la lógica del viviente" y de conocer el principio revolucionario en el mundo de la física de “order fron noise”, de Heinz Von Foerster y así continúa en ese ejercicio en el cual, como dirían los maestros Zen, Morin “vacía la taza” constantemente para poder estar aprendiendo permanentemente.

“El Paradigma Perdido”, se puede considerar como una introducción al pensamiento complejo o también, como una introducción al método, es más, allí hace el anuncio de esa obra y anota un elemento muy importante para la posterior interpretación crítica de este texto y de su pensamiento, y es que este libro surge de un encuentro consagrado a "la unidad del hombre" realizado entre 1971 y 1972. 

2. La cuestión de la historia de las ciencias

Inicia su andar revisando lo que aparentemente es una cuestión netamente epistemológica, que ocurre “ad intra” y “ad extra” de las y en las ciencias, lo que él denomina, "la soldadura epistemología". Su análisis comienza con un exordio de Serge Moscovici, quien habla de la incitación a abandonar "la visión de una naturaleza no humana y de un hombre no natural".

Es un hecho, que durante la segunda mitad del siglo XIX y la primera del siglo XX, en el pensamiento científico dominante, se manifiesta una oposición entre hombre y cultura; vida y naturaleza; física y química; que a su vez refleja la mentalidad de los tiempos que se vivían, en los cuales se hacía manifiesta la situación del hombre occidental de finales del siglo, ya que el hombre pensaba, contra natura, que de alguna manera, él mismo, no era parte del mundo animal.

A pesar de esto, algunos pensadores, como Marx, lograron entrever la alineación que se produce también en el campo del pensamiento, expresión de la alienación que se produce en mundo social y que es necesario superar haciendo que las ciencias naturales terminen englobando la ciencia del hombre y a su vez las ciencias del hombre engloben a las ciencias naturales, buscando con ello, como objetivo, la desalienación de la ciencia, ya que "no habrá más que una sola ciencia, la ciencia del hombre", según afirmación de Marx.

Gracias a ese tipo de enfoque se hace evidente, a finales del siglo XIX y durante el siglo XX, que cada hombre es una totalidad en la cual lo biológico, lo psicológico y lo social están integrados; pero gracias, de un lado, al biologismo, y de otro, al antropologismo, el mundo era pensado como una especie yuxtaposición de estratos en los que no había ninguna verdadera integración y articulación. De ahí que, fue necesario una verdadera revolución biológica que mostró la lógica de lo vivo, y evidenciara que "no hay materia viva sino sistemas vivos, es decir, organizaciones particulares de la materia físico-química"[1] de las cuales se puede predicar la vida.

Esta revolución biológica coadyuva a la revolución ecológica, la cual muestra, hace evidente que todo está interrelacionado, que para que emerja autonomía es necesario la dependencia y que en el caso del ser humano, como expresión de la mayor complejidad, se tiene un ser autónomo, libre pero a la vez, el ser  más dependiente y ligado a su medio de todo cuanto existe. Mediante esta “revolución” se hace posible concebir al hombre en su total autonomía y en su absoluta dependencia, como una entidad a la vez abierta y cerrada, una “totalidad compleja”, que posee, simultáneamente, en oposición, antagónicamente y complementariamente, una autonomía y a la vez una dependencia en el seno de un ecosistema dado.

También se produce una “revolución etológica”, que cambia la forma de ver el comportamiento animal, por parte de los especialistas, que hacen tránsito de la visión del animal que posee reacciones caóticas, a una visión que concibe el comportamiento animal con coherencia en sus reacciones, producto de una organización interna y que a su vez es organizador del medio.

Estas “revoluciones en cadena”, conducen a otra revolución, “la revolución biosociológica”, la cual hace evidente que muchas de las manifestaciones, que se pensaban eran privativas del hombre, tales como la comunicación, el símbolo, el rito no son exclusivas de éste, y que, por el contrario, ellas se encuentra incrustadas en la evolución de las especies animales y se originaran mucho tiempo antes de que evolucionara el hombre mismo.

Todas las revoluciones, anteriormente enunciadas, se convierten en verdaderas "revelaciones", que llevan, a quien se interese por “la condición humana”, a mirar a "nuestros hermanos inferiores", y allí observar “la sociedad del mono", en donde se encuentran manifestaciones de lo que se identificó tradicionalmente como comportamientos específicamente humanos, tales como las tendencias a la territorialidad y a la organización, tanto vertical, como horizontal de la sociedad, así como un embrión de “bioclases”.

En la sociedad de los monos existe un “ambisistema”, el individuo y la sociedad se oponen pero a la vez son concurrentes, las dos manifestaciones de esos homínidos se parasitan, es decir, son complementarias y a su vez contradictorias, lo que lleva a una “relación compleja” entre especie, individuo y sociedad. Hay una relación compleja que lleva a los individuos a que se interrelacionen y así hagan posible su reproducción en el seno de la sociedad para la proliferación de la especie, estableciendo una relación triangular en la cual ninguno de los tres ángulos es un fin en sí mismo sino que a la vez todos son medio y fin de los otros, no existe pues una jerarquía clara entre los tres polos de la tríada.  

3. Los orígenes

En estas sociedades de primates, se produce el surgimiento de una “protocultura”, en donde se hace posible la enseñanza, la transmisión de conocimientos de una generación a otra y a la vez la posibilidad de innovar en prácticas como la caza. El mensaje que el chimpancé deja al estudioso, y en esto se es reiterativo debido a la importancia del  tema, es que muchas de las capacidades y de las facultades, que equivocadamente se pensaba eran meramente humanas, tienen su origen en "nuestros hermanos inferiores".

En lo que denomina Morin “la brecha en la soldadura”, se evidencia la solidaridad que existe entre los seres vivos, entre la vida, entre los primates y el ser humano. Esto aleja la antropología, de un lado, del antiguo “antropologismo” que concebía al ser humano desligado del resto de la naturaleza y de la vida y de otra, del biologicismo, ya que no es posible reducir el hombre sólo al aspecto biológico, natural; los dos enfoques son deficientes, es necesario reconocer la unión en la separación y la separación en la unión, es decir, la complejidad del “fenómeno humano”.

En el análisis de "la hominización" es necesario empezar por conocer los vestigios del “expulsado que sabe cazar", ya que allí, según hoy se puede evidenciar, se realiza el proceso de hominización, es decir, el proceso que lleva del “no humano al humano”. A través de estos vestigios se encuentra que el proceso que llega al hombre no es lineal, unidimensional, por el contrario este proceso ha sido multidimensional. Lo que quiere decir que en el proceso de humanización hay una confluencia, concurrencia, intersección de diversos factores entre los que se pueden identificar la naturaleza, la sociedad, la inteligencia, la técnica, el lenguaje y la cultura.

En el ser humano se ha producido una génesis compleja y multidimensional que es resultando de la convergencia de factores genéticos, ecológicos, cerebrales, sociales y culturales. Todos estos factores han concurrido y coadyuvado al proceso de hominización del ser humano.

En este proceso cumple una función fundamental la caza, al grado que se puede considerar a la caza  como “civilizadora". El cambio del bosque a las sabanas lleva al hombre a enfrentar nuevos desafíos debido a la necesidad de alimentarse, esto cambia muchos aspectos de su plurisistema. La caza afecta los distintos niveles del ser inhibiendo unos comportamientos y estimulando otros; en la caza se produce una dialéctica enriquecedora y humanizante producida por la interretrorrelación pie-mano-cerebro-herramienta.

Todos estos procesos van afectando y produciendo simultáneamente la "sociogénesis". Los restos fósiles de los homínidos sirven para inquirir allí la génesis de la organización social, la cual manifiesta que a la vez debió ser “centralizada” y “descentralizada”, es decir, compleja, dialéctica. Ella permitió la dispersión y el reagrupamiento de los grupos humanos así como posibilitó la actividad social individual.  

4. Surge la cultura

Como consecuencia de este complejo proceso se coproduce la transformación de las diferencias biológicas en bioclases, cuando emerge una clase social dominante, circunstancia que se produce con los machos de la especie humana. Se tiene aquí el primer modelo de dominación de una clase sobre otra.

Simultáneamente, con lo anterior, la biología, el equipo biológico de ese ser sufre cambios, el período biológico de la infancia y la adolescencia aumenta, la juvenilización de la especie emergente se convierte en una característica fundamental. De alguna manera, la juventud se apodera de la sociedad.

Este proceso de hominización lleva al hombre a dar el paso “de la ecología a la economía”, la cual implica una transformación que parte de las relaciones ecológicas y termina, culmina en las relaciones económicas, en donde, en un primer momento, se aprecian relaciones de solidaridad y se da una especie de “comunismo primitivo”, es interesante ver como Morin coincide, en este punto, con las propuestas del Engels y de Marx en el siglo XIX.

"La economía surge con las reglas de la auto organización y de las sociedades vinculadas a una práctica ecológica"[2]. La economía se convierte en un sistema de autoproducción de la organización social-ecológica; la economía aparece como cultura en el sentido amplio y profundo que encierra esta palabra.

Luego, al analizar el fenómeno del lenguaje humano se encuentra en un primer momento el llamado “paleolenguaje” y se encuentra que “no es el hombre el que ha hecho el lenguaje” sino que, de alguna manera, “el lenguaje es el que ha hecho al hombre”, teniendo en cuenta que el homínido creó el lenguaje y se llega así, por este medio, al nacimiento de la cultura encontrando que ésta es un sistema de ayuda a la auto-eco-producción de la complejidad de humana. La cultura se convierte, desde un determinado momento, en uno de los factores fundamentales de la evolución humana, que a su vez incide en la biología que la ha hecho posible. Se establece de un bucle recursivo entre biología-cultura-biología.

Y aquí se presenta “el nudo gordiano de la hominización”, en ese fenómeno propio de la especie humana que es la "juvenilización cerebralizante y la cerebralización juvenilizante", en la cual se puede observar el proceso de “neotenia”, es decir, el proceso en el que se prolonga en los humanos la condición de “neonato” y que hace que el ser humano prolongue su infancia y su juventud, prácticamente, durante toda su vida. Situación que favorece el desarrollo ontogenético y filogenético de la especie, al verse cada uno de los miembros del linaje más propensos, más proclives, a la asimilación de las enseñanzas y por consiguiente más permeables a la “tradición” cultural, entendiéndose por tal, la entrega de las prácticas y formas de ser en el mundo que se transmite de un humano o de un grupo social a otro.

Se llega así a eso que se denomina "la naturaleza cultural del hombre", en la cual las condiciones biológicas del ser, la cerebralización- juvenilización hacen posible el desarrollo cultural y con ello la complejización creciente de la sociedad, la que a su vez vuelve sobre la cerebralización produciendo y re-produciendo una evolución biológica y a la vez cultural.

Todo esto lleva a una verdadera " falta de realización final", en la cual cada uno de los polos, entendiendo por tales el desarrollo de la biología y de la cultura, se condicionan mutuamente, se coproducen en un bucle recursivo en el cual cada punto de llegada es un nuevo punto de partida, "la hominización culmina en la definitiva, radical y creadora falta de realización del hombre"[3]

5. La presencia de la muerte

Luego, Morin analiza a "un animal dotado de sin razón". Es aquí donde habla del “sapiens–demens”. Este concepto, o doble concepto, surgido de su diálogo con  Marx y Freud, es fundamental en toda la antropología moriniana y en su análisis de la condición humana.

Al escudriñar “lo que nos dice la sepultura”, se parte del hombre de Nearderthal para quien irrumpe fenómeno de la muerte, según los vestigios con que hoy se cuenta, llevando a colegir un conjunto complejo de cambios que hacen posible dicha irrupción, que, de paso, manifiestan la presencia de la temporalidad en la conciencia de este homínido.

Aparece el mito y la magia, irrumpe lo imaginario como una nueva forma de captar la realidad, en la cual los dos polos, el subjetivo y el objetivo se entremezclan, se entretejen y forman, conforman y reforman la visión del mundo de este primate. Se presenta, mediante este fenómeno, una verdadera “brecha antropológica”, en la que el nuevo homínido percibe la muerte como una catástrofe, solo superable a través del mito y la magia. El hombre se rehúsa a morir y busca evadir su destino, esto se hace patente mediante la expresión y manipulación del mundo imaginario.

En este cruce de caminos acontece el progreso de la individualidad, una toma de conciencia de sí, manifiesta en “lo que dice en la pintura” del hombre primitivo, ya que en ella se presenta “el segundo nacimiento del hombre”, es decir, del homo sapiens. En el cual toda cosa tiene su doble, mediante la imagen o el símbolo que hacen presente a la conciencia del hombre las cosas del mundo así su realidad tangible no esté presente. Aparece, gracias al ser humano y por el ser humano, el mundo de la “noosfera” que tendrá su propia realidad pero que será, a la vez, dependiente y subyugante de los seres humanos productores y productos de éste y que hará, tanto edificar, como destruir al hombre.

Con esta aparición simultáneamente, concurrentemente y contradictoriamente aparecerá el error, ya que la carga instintual, la respuesta mecánica, se reducirá, y en la relación cerebro-medio ambiente, habrá más incertidumbre y aleatoriedad que demandará del cerebro mayores cualidades heurísticas y estocásticas que le servirán al hombre para enfrentar los nuevos desafíos. La emergencia del “sapiens” implica la emergencia cada día de mayor cantidad de error.

En el ser humano aparece como parte constitutiva de su naturaleza "la ubris", la desmesura. El hombre es desmesurado, úbrico, y oscila entre la alegría extrema y la tristeza, igualmente extrema, entre el éxtasis de felicidad y el terror, la angustia, la incertidumbre total. Muestra esto que el hombre hace su aparición bajo "el signo del desorden".

Todo lo anterior lleva a pensar que el hombre no es sólo sapiens, razón sino que en él hay desmesura, demencia, locura, es demens, no como un elemento accidental sino como un elemento esencial, constitutivo de su naturaleza, de su condición. Pero, lo que en él podría parecer una desventaja, es lo que lo ha hecho posible y ha posibilitado, entre otras cosas, su expansión demográfica por todo el planeta, el rápido desarrollo tecnológico, técnico, la posibilidad del pensamiento empírico- lógico y la formación de una sociedad compleja que va a llevar al desarrollo de las ciudades y Estados actuales. 

6. El Cerebro

El “desorden” es entendido por Morin como “una situación donde el azar prevalece en lugar de una rigidez estricta, predeterminada”. Este desorden, en términos de la teoría de la comunicación, se presenta como "ruido" y el “error” es una reproducción modificada, inexacta de una información recibida. A partir de esta aproximación, se encuentra que todo sistema vivo, que está sometido al desorden, al ruido, a la vez se encuentra amenazado y se alimenta del azar y es producido por él.

La condición humana se manifiesta, desde su origen, en todo como compleja. Une, articula, teje en conjunto hilos diversos, antagónicos, complementarios, concurrentes, lo que le permite al ser humano poseer potencialidades radicadas en su mismo origen, que a la vez son organizadas, coherentes, previsibles, así como desorganizadas, azarosas, evenenciales, en una palabra, le permite el ajuste y el desajuste propio de la condición humana. Pero todo esto converge y está radicado en el sistema nervioso central, más específicamente en el cerebro de 1.500 cm cúbicos y de 10.000 millones de neuronas que realizan 10 a la 14 sinapsis.

El cerebro es un órgano fruto de y capaz de manejar cierto grado de desorden, de caos, de azar, de aleatoriedad, lo que lo conduce a poseer unas determinadas aptitudes y a hacer, simultáneamente, añicos los instintos. El cerebro del sapiens funciona partiendo de datos fragmentarios, vagos e inciertos y los maneja flexiblemente, en muchos sentidos, con poco rigor, "el cerebro humano trabaja en, con y para el ruido, es decir, se adapta al ruido y adapta su propia estructura al ruido” hasta situarlo a un nivel superior, hipercomplejo, signo del order from noise[4]  planteado por von Foerster, quien encuentra y concibe cómo a través y mediante el ruido se produce un nuevo orden.

La complejidad cerebral produce una verdadera hipercomplejidad, que con su poca rigidez, produce "la loca y el hada de la casa", como se le ha llamado a la imaginación y que junto con el sueño, que desde ningún punto de vista es una actividad residual, producen un despertar heurístico, estocástico sin límite, fantástico, libre, una verdadera tormenta de creatividad que lleva a innovar e impulsa la evolución humana.

En este fenómeno se presenta, se hace manifiesta “la brecha y la apertura” en donde el cerebro, por un lado, es mítico, crea y cree en la magia, racionaliza; y de otro lado, duda de esas mismas creaciones, de esos mitos, de esa racionalidad de las teorías que él mismo produce, es decir, el cerebro humano puede, por un lado, descubrir lo indecible y por otro, poner en vilo la verdad que ya tenía por cierta, lo que lo convierte en un verdadero errante que va siempre a la búsqueda de la verdad.

Pero al adentrarse más en el estudio del cerebro, en su sustrato biológico, es necesario examinar su anatomo-fisiología y allí se acude a la teoría del “cerebro biúnico, triúnico y polifónico” que parte del biólogo norteamericano Paul  Mc Clean, quien establece la triunidad del cerebro partiendo del paleocéfalo sede del instinto de procreación, depredación, territorialidad, el mesocéfalo campo de los afectos e instintos maternales y el neocéfalo sede de las operaciones lógicas, de la previsión del futuro.  Este cerebro es a la vez biúnico, ya que en él está el hemisferio derecho de la creación, de la imaginación y el hemisferio izquierdo de la lógica, de la razón. Pero el cerebro es también polifuncional y su misterio está en el uno en tres y no en el tres en uno.

A partir de este análisis puede entenderse “la demencia del sapiens”, debido a la ambigüedad tanto de lo que pasa en su interior como en el exterior que percibe; así como debido al retroceso de la rigidez de su programa genético, al igual que a la inestabilidad de su sistema triúnico y por último a la debilidad de la conciencia del ser humano. Morin coincide con Lacan al afirmar que "la esencia del hombre, no solamente no puede ser comprendida al margen de la locura, sino que dejaría de ser tal si no llevara en sí misma la locura como límite de su libertad”[5].

Mediante todo lo anterior se produce la integración del ser humano, una integración de lo biológico y lo cultural, en la cual lo más biológico se convierte en lo más cultural y, se podría predicar en sentido contrario, lo más cultural se convierte en lo más biológico, lo que lleva a una integración federativa de lo biológico, lo cultural y lo espiritual, que a su vez son complementarios, concurrentes y antagónicos. El hombre es a la vez un sistema único bio-psico-socio-cultural, es, como lo ha afirmado en más de una ocasión, cien por ciento biológico y a la vez cien por ciento cultural. 

7. Naturaleza humana

El “hombre genérico”, que estudia Morin, coincide con el concepto original de Marx, expuesto en los “Manuscritos Económico Filosóficos de 1844”. Ya en un texto anterior Morin había afirmado: “el marxismo es una antropología restringida que es preciso generalizar”[6]. Este concepto de “hombre genérico” coincide, por otro lado, con el concepto de “naturaleza humana”.

De aquí, analiza el fenómeno de la conciencia, más específicamente la hipercomplejidad de la conciencia humana, la cual ubica Morin en la brecha que surge entre el sujeto y el objeto y entre la verdad y el error. La conciencia surge en la intersección del “tejido conjunto”, la urdimbre entre lo subjetivo y lo objetivo, la cordura y la locura. Como expresión de esta conciencia aparece la razón, el rito y la magia, que a su vez se presentan como la base para la expansión de la hipercomplejidad humana. Esta conciencia produce ansiedad frente al fenómeno ineludible de la muerte y la consecuente pérdida de identidad, de individualidad, del yo, lo que trae como consecuencia “un animal permanente en crisis”, crisis entendida como "un acrecentamiento del desorden y de la incertidumbre en el seno de un sistema"[7]. Esta crisis, a su vez, puede servir en el ser humano, tanto para la regresión disolutiva, como para la afirmación de su condición, o para la superación humanizante, allí radica la fuente fundamental de los fracasos y de los triunfos; de los avances como los retrocesos así como la causa fundamental de su estado permanente de neurosis.

Esa neurosis constitutiva del ser humano tiende a ser exorcizada mediante la magia, el rito, el mito y aún la misma razón. Esta actividad produce los seres noológicos, que siendo fruto de la actividad subjetiva no dejan de reclamar su objetividad, su autonomía. Esos seres noológicos hablan, combaten, luchan, guerrean a través de los seres humanos y en sus confrontaciones sacrifican las vidas humanas. La complejidad de la conciencia humana es tal que su locura, su ubris, su desorden y su neurosis está arraigada en lo más profundo de su existencia, en su pasado, en su presente y, por lo que se puede ver, de él depende su futuro.

La naturaleza humana plantea la necesidad de unir en la idea de ser genérico "al hombre razonable (sapiens) con el hombre loco (demens), el hombre productor, el hombre técnico, el hombre constructor, el hombre ansioso, el hombre egoísta, el hombre en éxtasis, el hombre que canta y baila, el hombre inestable, el hombre subjetivo, el hombre imaginario, el hombre mitológico, el hombre en crisis, el hombre neurótico, el hombre erótico, el hombre úbrico, el hombre destructor, el hombre consiente, el hombre inconsciente, el hombre mágico, el hombre racional, en un rostro de múltiples caras en el que homínido se transforma definitivamente en hombre"[8]. Esta idea lleva a compartir a Morin, de un lado, uno de los pensamientos de Pascal en donde se plantea la paradoja que es el hombre y por otro lado, como ya quedó dicho, la noción de hombre genérico de Marx, de ese “Pascal ateo”[9]

8. La prehistoria

La arqueosociedad se distingue de la paleosociedad, la cual es la sociedad formada previamente a la aparición del sapiens, es decir, la sociedad del primate. La arqueosociedad es la prehistoria del hombre en la cual se produjo, debido a la complejidad cerebral, un aumento de la complejidad, a nivel microsocial, en el individuo y en la familia, y de la complejidad, a nivel macrosocial, debido al intercambio de mujeres, así como a las alianzas con otros grupos humanos, causa y producto de la mayor complejidad en la comunicación, lo que, también produce, una diferenciación identitaria de los distintos grupos humanos y la nucleación de éstos en torno al mito y a la magia.

Hay en este proceso una “ramificación y apertura de la sociedad”, se produce un acrecentamiento del sentido de la individualidad ayudando a la conformación de la familia con la aparición de la idea de “padre”, a la vez complejificando el grupo humano con la idea de la familia en el seno de la cual se presentará el proceso de autoreproducción de los individuos y de paso de autoperpetuación de la sociedad, ya que la familia es un sistema a la vez abierto y cerrado al resto del sistema social, lo que llevará a través de la exogamia, a preservar la unidad de la especie y a favorecer la diferenciación étnica y el desarrollo de las singularidades individuales.

En esta arqueosociedad se da una con confluencia, una intersección, de lo biológico, lo mítico, en y con lo social que se manifiesta como causa y a la vez fruto en el individuo y que complejifica la sociedad a nivel micro y macro social. En la cultura del sapiens, aparece nueva forma de ser del mundo del pensamiento, de la noosfera, en la cual, unido el mundo del mito, de la magia y de la sociedad se desarrollan las reglas de organización.

Los conocimientos técnicos y el lenguaje, que se hace cada día más y más complejo, produce una integración sociocultural, cohesionada por la sacralización de las normas de organización conduciendo a la vez a una “identidad sociocultural” dentro de un “código cultural” desarrollado por la misma sociedad y proporcionado, mediante la herencia cultural, que garantiza la reproducción del grupo social.

El sistema cultural garantiza la autoperpetuación, la autoproducción y la autoreproducción de la alta complejidad de la organización social y en el desarrollo histórico se asistirá al proceso en el que las arqueosociedades, con sus acciones y sus logros, eliminan las sociedades homínidas precedentes y éstas, a su vez, serán eliminadas por las sociedades históricas. 

9. La historia

“El tercer nacimiento del hombre” se produce en la sociedad histórica, allí aparece el “Leviatán”, el Estado. Ya en la arqueosociedad se encontraba in nuce la semilla de su propia superación organizativa. Gracias a la apertura del grupo, la exogamia, la alianza y el intercambio, se produce un tercer nacimiento en donde aparece la explotación del hombre por el hombre, esto se realiza en el marco de la ciudad, que se desarrolla, en un comienzo, en la rivera de los grandes ríos, como en la mesopotamia, entre el Tigris y el Eúfrates, el Nilo, el  Indo.

La ciudad complejifica más la relación social y se convierte en el “ecosistema” donde se nutre y se hace más complejo el cerebro humano, se presenta la sociedad jerarquizada y emerge la conciencia del yo, epicentro de la hipercomplejidad cerebral, en donde el sujeto se percata de la relación con las cosas y consigo mismo. A la vez, aumenta la incertidumbre, tanto para el pensamiento como para la acción y emerge la historia, el Estado con sus intereses de clase o de casta dominante, que en su desarrollo puede llegar a ser supeditado a la megalomanía de un yo que se considera absoluto.

Aparece la guerra en la cual, como en todo lo humano, se da un doble juego en la historia, por un lado, es una expresión de la ubris, de la desmesura y de la locura humana, allí no hay controles, hay violación de todos los códigos establecidos, hay destrucción. Los grandes logros alcanzados por los seres humanos son tirados por tierra, pero, simultáneamente, la cultura que desaparece, que es destruida, deja su polen que se convierte en semillas que florecen y se integran en la nueva cultura dominante que pasa a conformar otra civilización.

En la guerra hay una dialéctica permanente entre el desorden, la destrucción, la baja complejidad y la hipercomplejidad. Y ese fenómeno, como se podrá observar, no ha quedado en el pasado, ese fenómeno, en últimas, es el desafío de la sociedad de hoy. Y aquí Morin echa una mirada desde el pasado al futuro y explora la posibilidad de escribir otra historia, en la cual sea posible otra forma de ser, en la que la jerarquización, surgida con la sociedad histórica, con el Estado, sea superada por una sociedad en donde una revolución profunda se impone "y sobrepasa con mucho todo lo que hasta el momento se entiende por tal, pues se trata a un mismo tiempo de cambiar la vida, y transformar el mundo, de revolucionar el individuo y unir la humanidad, y hacer realidad un meta-micro-mega sociedad que se articule desde la relación interpersonal hasta el orden mundial"[10]. 

10. El final y el comienzo

Termina el rescate del “paradigma perdido” analizando " el hombre peninsular" y aquí retoma en el exordio mismo un texto de Marx de “La ideología alemana” en donde se afirma que "el comportamiento limitado de los hombres frente a la naturaleza condiciona su comportamiento limitado entre ellos"[11].

Morin percibe cómo muere una visión insular del hombre, la visión provinciana, la visión antropologista, así como la visión biologicista y ahora debe surgir, debe nacer, una nueva antropología que sea capaz de concebir al hombre, a la condición humana insertada en la naturaleza superando la alternativa naturaleza-cultura.

Una visión que perciba la totalidad antropológica en la cual el sistema genético, el cerebro, el ecosistema, la cultura, la sociedad, produce, teje una urdimbre manifiesta en la condición humana. La naturaleza humana no está dada por una de las variables sino está “tejida en conjunto”; en la interrelación, la interferencia de ese fenómeno policéntrico. La nueva visión de la naturaleza humana, que emerge, concibe al hombre como sistema abierto auto-eco-organizado, auto-eco-organizante, complejo, e hipercomplejo.

Dentro de esta nueva visión surge la necesidad de ver al ser humano como un sujeto histórico, como un ser psico-socio-cultural en el que la naturaleza humana no se opone a la historia del hombre ni al contrario, que la historia del hombre no se opone a la naturaleza humana. De ahí que es necesario elaborar una teoría que capte la hipercomplejidad humana y su historia, que "conciba racionalmente la irracionalidad" del hombre.

Y en este sentido, piensa Morin, que es necesario volver a la intuición fundamental de Marx del ser genérico ¿El paradigma perdido?  Y haciendo hermenéutica éste, sostiene que las limitaciones de la ciencia de la época, debido a que no se poseía el concepto de información sino el de energía, llevan a Marx a hablar de fuerzas y a considerar como superestructura lo que era de naturaleza cerebral o cultural.

En este punto, en una nota a pie de página, se anuncia la obra que llevará más de treinta años en su construcción y del cual ya hoy completó seis tomos: “El Método”. En el cual, según sus propias palabras, realizará, "la relectura sistemática y sistémica de la obra de Marx y Freud”, buscando diferenciarse de las lecturas doctrinarias, partiendo, desde el punto de vista epistemológico, de “la extrapolación del teorema de Gödel”, para buscar el punto de vista originario de Marx y Freud y cotejarlo; el cual es, según su interpretación, “bioantropológico”[12].

De todo lo anterior se desprende la necesidad de una “sociología fundamental” o una antropo-sociología, así como del estudio de la “noología” y la creación, en términos generales, de una “ciencia nueva”, que integre la ciencia de la ciencia en el seno de la misma ciencia y que desarrolle una política del hombre basada en una concepción del hombre.

El paradigma Perdido no es más que un “ensayo” y a la vez no es más que una introducción a ese intento de cambiar de paradigma, de visión, de modelo; de ese paradigma que divide, secciona y desintegra a un paradigma que articula, que ve lo cambiante y lo permanente: que diferencia y cohesiona; que separa y une. Paradigma que durante toda su vida Morin ha tratado de fundar mirando de otra manera lo que los demás miran de una forma convencional.

En el “paradigma perdido” se tiene una exploración “desde debajo” de la condición humana, es decir, una exploración, que partiendo de lo epistemológico, se va internando en la nueva visión que descubre cómo paso a paso se produjo el proceso que llevó a los seres humanos a ser humanos. Es una exploración que atraviesa los linderos que tradicionalmente habían establecido para separar lo físico, lo biológico, pasando por la etología, la ecología, la prehistoria, la historia y llega a la cultura; es una aventura que une, re-une, liga, re-liga biología y cultura.  Pero ahora falta otro paso y es el que conduce a tratar de responder ¿Cuál es la naturaleza de la naturaleza humana? Lo que también se podría expresar con el interrogante ¿Cual es la humanidad de la humanidad? 

12. El Método

Y mucho tiempo después, en el 2001, publica el  Método, Tomo V, en donde aborda directamente el tema de “La humanidad de la humanidad”, en donde trata “La identidad humana”. En este trabajo se encuentran muchos puntos comunes con el “Paradigma perdido”, pero esta vez han sido llevados más allá, se ha profundizado en su contenido y a pesar de la vieja andadura hay novedad. Aquí, sobre la base construida se avanza, se complejiza y simultáneamente se aclara.

Desde los preliminares vuelve Morin a la paradoja pascaliana, y en este espíritu, en el exordio, cita a Ortega y Gasset, quien afirma que “el hombre se compone de lo que es y de lo que carece”; y a Descartes, quien afirma que “si alguien quiere seriamente buscar la verdad, no debe elegir una ciencia particular; están todas unidas entre sí y dependen unas de otras”, une a esto una sentencia de Marc Bloch, quien habla de su investigación orientada por el “comprender”.

Apertrechado con ese enfoque emprende el camino, constatando que seguimos siendo un misterio para nosotros mismos, ya que la unidad compleja que proporciona la identidad del ser humano se escapa, y encuentra que el problema se debe al principio de disyunción y de reducción que ha imperado en la ciencia moderna, cuyo enfoque deja de lado que “la humanidad también comporta la inhumanidad”. 

13. El triple enraizamiento

La condición humana está dada por “la trinidad humana”, cuya última y primera raíz está en el cosmos, allí, dentro de él, con él y en él, se produce “la emergencia humana”. De ahí que existe una inseparable unidad en las preguntas ¿Dónde estamos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? 

La condición humana es uno de los resultados de la evolución del cosmos y se podría afirmar con Carl Sagan: "somos materia estrellas mirando las estrellas"[13], somos creación cósmica. Lo que plantea la naturaleza y el destino cosmo-físico de lo humano, el cual está dado por un bucle en orden-desorden-desorganización-organización, todo ello mediado por interacciones. A partir de este análisis, se puede pensar que la muerte no sólo afecta a lo biológico sino también a lo físico, es el destino de todo el cosmos.

Pero la condición del ser humano también posee un profundo enraizamiento biológico, el cual se puede percibir en el hecho de que cada ser humano es una síntesis bioquímica, así como genética, fruto y resumen de la vida en el planeta, el ser humano es el producto de un torbellino que incluye la física- la biología- la antopo-sociología[14], de ahí que el ser humano, entre otras cosas es, un hiperviniente, un hipermamífero, un hipersexuado y a la vez un superprimate.

Pero gracias al tercer enraizamiento, esta vez en el reino animal, entre los primates, el ser humano posee una larga infancia, es flexible, adaptable, lo que lo faculta para realizar trabajos especializados. Existe un vórtice creado por el cerebro-mano-lenguaje-mente-cultura-sociedad que lleva a la condición humana a un despliegue de hominización con dimensiones planetarias, en el cual, el hombre no se reduce a la animalidad pero sin ella tampoco es posible.

“La humanidad de la humanidad” se produce, se hace manifiesta, se desarrolla, evoluciona en el bucle cerebro-mente-cultura-lenguaje, que produce como una especie de “segunda naturaleza” dada por la cultura, la que es impensable sin la capacidad cerebral, sin los pensamientos, sobre los cuales a su vez incide. La cultura es la que posibilita y prepara al ser humano para conocer y para aprender, pero, simultáneamente, ella, imposibilita el aprender y el conocer fuera de los marcos de la propia cultura.

Dentro de este torbellino resurge y re-surge el lenguaje, una " máquina " cuya función consiste en hacer funcionar las otras máquinas, entre otras, la megamáquina social. En ella se manifiestan todas las formas del ser humano y ella a su vez las hace posibles; el ser humano en su conjunto se encuentra contenido y es el continente del lenguaje, "el hombre se ha hecho en el lenguaje, que ha hecho al hombre"[15].

El lenguaje hace posible, mediante un nuevo vórtice, en el que interviene cerebro-lenguaje-cultura-mente, la conciencia, que es una emergencia específicamente humana, que a su vez es producto y productora de sí misma, y que posee la capacidad de producir la con-ciencia, el conocimiento del conocimiento, el conocimiento de sí mismo mediante la re-flexión.

Pero la naturaleza del hombre es mucho más que la conciencia, ella contiene y a la vez es contenida también por el Eros, en donde la mente y el sexo interretroactúan mutuamente, se coimplican, produciendo ese fenómeno maravilloso que llena de sentido la condición humana, el amor humano, emergencia en la cual lo biológico se espiritualiza y lo espiritual se biologiza. Esa conciencia, enriquecida por la complejidad del amor, permite una apertura al mundo en donde el ser humano se percibe como parte del mundo, insertado en el mundo y a su vez lejos, ajeno al mundo.

Pero la conciencia también produce la racionalidad y la técnica que le da la posibilidad al ser humano de sentirse soberano, sobre la materia física y desde hace algún tiempo, también soberano de la materia viva. Esa conciencia, además, le permite lo imaginario y el mito en donde la analogía es la forma fundamental del pensamiento, así como el pensamiento racional en donde la lógica dirige el proceso. Lo imaginario y el mito es constitutivo del ser humano, cuando el ser humano cree haberse desecho de ellos es cuando está imaginando y está mitificando de la peor forma posible.

El mito, la magia y la razón surgen de la condición humana ineludible, de la muerte y del misterio del destino humano, como ya se vio[16]. La conciencia productora y producto de la noosfera afronta la incertidumbre de la muerte, esa especie de abismo sin fondo, de agujero negro en donde se pierde todo hasta el individuo humano, pero gracias a esto, el ser humano produce una extraordinaria riqueza de mitos, de magia, de ritos, el hombre responde de esta forma a su angustia permanente.

La presencia de la muerte en la conciencia humana lleva a que el ser humano con la magia, el rito y el sacrificio intente manipular, operar la realidad y ponerla a su favor; en el rito se busca una integración comunitaria religiosa, cósmica. Con el sacrificio se produce una respuesta a la angustia. Obedeciendo, las fuerzas extrañas, se busca poner en operación un principio de reciprocidad, en donde hay una transferencia purificadora, que canaliza la violencia, obedeciendo a la naturaleza o a los dioses y entregándoles lo exigido se busca aplacarlos y de esta forma condicionarlos poniéndolos a favor. En todo este proceso se refuerza el sentido de comunidad.

Cuando se mira la diversidad infinita que se manifiesta en los rostros, en los fenotipos, en la psicología, en los mitos, en los ritos, en los pensamientos, en las cultura de los seres humanos, también se puede ver la unidad genérica, que se manifiesta en la unidad cerebral, en la unidad afectiva, en los grandes sentimientos y en una tendencia manifiesta en todos los pueblos a crear fantasmas y espíritus, pero sobre todo, la unidad humana ante la muerte, que constituye la gran paradoja el ser humano.

Todo esto constituye la noosfera, esfera producida por el pensamiento humano que permea y envuelve al hombre. Sus productos buscan su proliferación, su propagación, su reproducción, ellos, aunque intangibles, son en ocasiones, más fuertes y testarudos que la misma realidad.

Se evidencia con lo anteriormente dicho que ser humano es un ser totalmente, íntegramente, físico pero a la vez es un ser totalmente, íntegramente metafísico, de igual forma, el ser humano es plenamente biológico y totalmente meta biológico es decir, cultural. Esto nos muestra como el ser humano es fruto del cosmos pero se ha desarrollado más allá y ahí está su humanidad y su inhumanidad.

Pero además de las tres inserciones que se intersectan para producir al ser humano, en el ser humano hay una trinidad, que a su vez es fruto de diversas trinidades, hay una trinidad individuo-sociedad-especie; otra, cerebro-cultura-mente; otra conformada por razón-afectividad-pulsión. Todas estas trinidades son inseparables, cada una de ellas es principio, medio y fin de todo el proceso humano, por eso ha sido necesario reiniciar la conexión de las ciencias biológicas y las ciencias humanas, de ahí que necesario entender la complejidad de la ciencia y buscar la autoorganización de la misma o, para ser más exactos, la auto-eco-re-organización y así captar lo uno múltiple de la condición humana.

La condición humana posee una unidad dialéctica que es necesario percibir, concebir y pensar, que es causa y es causada por la diversidad que produce la unidad, el “hombre genérico”, que se podría pensar y expresar así: "El tesoro de la humanidad está en su diversidad creadora, y pero la fuente de su creatividad está en su unidad generadora". 

14. El individuo

Pero dentro de este proceso en torbellino es necesario resaltar la identidad individual, ya que en el ser humano hay una verdadera paradoja, que es a la vez individuo, particular, único y al mismo tiempo es parte del todo y contiene el todo, es un microcosmos que contiene el cosmos, volviendo a una idea que parte de Demócrito. En este sentido, el individuo es irreductible y es el resultado de todo un proceso en el cual es un punto de llegada y simultáneamente es un punto de salida, es un verdadero “nudo gordiano”.

Esta identidad individual conduce a Morin a “lo vivo del sujeto”, en donde se hace evidente cómo, entre los seres humanos, todo se puede compartir menos la idea, el sentimiento, el sentido del yo; pero a la vez, es necesario, para construir este sentido, la relación con el otro, que aparece inscrita en la relación del sujeto consigo mismo. Lo que quiere decir, que la relación subjetiva es inherente a la relación intersubjetiva, la relación con el otro es radical, es decir, a ésta en la raíz misma del sujeto.

Otra de las características fundamentales del individuo, del sujeto, es el “sujetamiento”, que se expresa en la capacidad del sujeto de hacerse objetivo, de objetivar todo, aun a sí mismo. Desde esta perspectiva, la relación entre el sujeto y el objeto, frente a la conciencia de la muerte, se presenta como la unión de la subjetivación y la objetivación absoluta.

Lo anterior lleva a la identidad polimorfa que está manifiesta en la paradoja de lo masculino- femenino y de cada sujeto humano, ya que en cada sujeto humano se tiene tanto lo masculino como femenino, este fenómeno está inscrito en la composición genética, anatómica, fisiológica, psicológica, y cultural de ser humano.

En el análisis del individuo es necesario entender que existen diversas paradojas. Desde la perspectiva del philum, cada individuo humano sintetiza y hace presente a los demás seres humanos y a sus ancestros; desde la óptica del cuerpo humano, durante el transcurso de la vida de cada ser humano cambia, literalmente, en diversas ocasiones de equipo biológico; desde la perspectiva de las características psicológicas, cada edad tiene sus verdades, sus experiencias y sus secretos, de ahí que cada edad tiene su forma de expresar su personalidad, esto expresa, de otra manera, la diversidad en la unidad, la pluriidentidad en la identidad humana. De igual forma, cada persona humana tiene multiplicidades y duplicidades internas en las cuales en un mismo sujeto puede haber varios sujetos, varias personalidades, situación evidente en la psicopatología denominada “trastorno de las múltiples personalidades”.

La persona humana y es un ser que se manifiesta desarrollando roles de vida, vida de teatro, imitando a los otros mediante la proyección y la identificación, es decir, realizando mímesis que lo lleva a la histeria, que es el nombre ordinario de la simulación. Cada ser humano tiene un cosmos secreto en el cual se hace presente todo el cosmos, el yo es un principio unificador de esa pluralidad y multidimensionalidad que se presenta en la condición humana pero, a pesar de esto y gracias a esto, es un sujeto único e individual. 

15. La mente

Al volver sobre la mente y la conciencia es necesario evidenciar los poderes y la debilidad de la mente, y reconocer que el error es un fenómeno humano, pero a la vez, el cerebro humano es un sistema cerrado que permite al sujeto humano a abrirse al mundo, al cosmos.

Todo conocimiento es una traducción, una interpretación, una reconstrucción y en el conocimiento no hay mecanismo posible para distinguir la verdad y el error, de ahí que la racionalidad se presenta como esa capacidad para criticar, verificar, controlar la objetividad y la distancia entre el sujeto humano y el mundo.

Al comparar el cerebro y el ordenador, se encuentra que del ordenador no se origina ninguna mente y el ordenador está limitado a la computación, la mente humana además de esto permite la cogitación, el pensamiento. Los ordenadores trabajan con un proceso  digital que separa lo que está unido y analógico que une lo que está separado. En el caso de la mente humana el pensamiento es uno y plural, ya que al desarrollarse progresivamente resuelve muchos problemas pero simultáneamente problematiza las soluciones encontradas y se plantea a sí mismo como problema.

El problema de la sociedad contemporánea es la súper especialización, que hace imposible el pensamiento integrador, complejo, que articula, que reúne, que junta, lo que estaba, para el pensamiento especializado, separado, disjunto.

El pensamiento humano es un pensamiento doble, paradójico; por un lado, desarrolla el “logos” y por otro el “mito”. Hay siempre en el pensamiento humano una unión dialógica en la que se manifiesta la oposición de las dos formas de pensamiento, pero aquí hay una relación compleja, es decir, las dos formas de pensamiento son concurrentes y antagónicas cada una con su propia lógica y con su propia verdad. Coincide Morin con Marx quien afirmaba en 1843 que: "la razón ha existido siempre, pero no siempre de forma racional"[17], lo que lleva a concluir, que siempre, en la mente humana, habrá racionalidad, mitología y religión.

El cerebro ha producido la mente creadora que ha sido capaz de crear los medios para actuar sobre el cerebro y a su vez ha creado los medios para actuar sobre los propios genes. Pero también de ese cerebro ha emergido el alma, esa que no tiene fronteras ni fondo, que sufre dolor moral, que vive el éxtasis, la felicidad, la alegría infinita. Esa que la ciencia oficial ha exorcizado y ha sacado de su mundo.

 Por último, en este estudio, es necesario hacer presentes los poderes y la debilidad de la conciencia. La conciencia posee siempre dos dimensiones: es conciencia de lo externo y conciencia de sí; ella manifiesta la necesidad del sujeto de objetivarse y la necesidad del sujeto de subjetivizar lo externo. La conciencia vive entre la verdad y el error, ella emerge de las interdependencias que se producen en su historia. "Nacida en la historia, viviendo su historia, sometida a la historia, un golpe de viento histórico e histérico puede apagarla"[18].  

16. Unidad Múltiple

El ser humano es un ser complejo, pero para tratar de comprender el complejo humano y su locura, la paradoja humana del sapiens demens, se repiensa aquello de Santayana de que: "no es de sabios ser únicamente sabios". Así como lo de Pascal, quien afirmaba que "los hombres están tan necesariamente locos que sería una locura no estar loco".

En un principio, en la historia del pensamiento, se pensó sólo en la razón humana, así como en la capacidad del hombre para hacer útiles y desarrollar la técnica, para definir al hombre. Posteriormente, se pensó que el hombre era capaz de ser interesado, de buscar la utilidad y así se definió al hombre como sapiens, faber, oeconomicus. Pero estas caracterizaciones de la condición humana son insuficientes, ya que en el ser humano se presenta la locura, el delirio, la hybris, con tanta fuerza como con las otras capacidades. Es conocido, no hace falta sino mirar la historia para ver, cómo la racionalidad puede estar al servicio de las pasiones más oscuras. Demasiada racionalidad convierte al hombre en loco. La locura, como ya se afirmó a partir de Freud, es un problema central en el hombre y no uno periférico, adjetivo, producto de una enfermedad.

Investigando “más allá de la razón y de la locura” es necesario recordar una afirmación del biólogo, neurocientífico chileno, Humberto Maturana, quien sostiene que "nosotros los seres humanos, somos animales que dependemos del amor" apuntando, una vez más, al homo complexus. Que integra el homo consumans y el homo oeconomicus quienes en un principio y a primera vista son opuestos, esta integración, se entiende si se concibe que el ser humano sobrevive para vivir y vive para vivir plenamente.

Ese homo complexus también es homo ludens, lo que quiere decir, que en el hombre el juego tiene una finalidad muy seria, que tiene que ver con la estrategia, la regla, la concentración de actividades importantes en la vida. También en el ser humano, en el homo complexus, es importante lo imaginario que impregna todos los diversos ámbitos de la vida, durante toda la vida. La imaginación conforma todo lo que el ser humano denomina realidad, conduce y coproduce el estado estético, entendiendo éste, en el sentido original, de la palabra griega, que significaba "sentir". En el ser humano hay una comunicación profunda entre el sentido y lo mágico, lo mitológico y lo religioso.

El ser humano es “homo complexus”, ya que es un gran vórtice, un gran torbellino que une lo que aparentemente es opuesto, antagónico, de ahí que el ser humano es bipolar, en él no existe una frontera definida y definible entre esos opuestos. De ahí que otra forma de ser del homo complexus es el homo poeticus, en el cual se manifiesta la emoción, la afectividad, la fiesta, que juegan tan importante papel en la existencia humana. La vida para el ser humano es poesía y amor, pero junto a esto convive el homo prosaicus, que es complementario y antagónico al homo poeticus.

El ser humano mediante su complejidad hace posible “la soportable realidad” y esta es tal, debido a que es enigmática, críptica, cruel, impasible para el ser humano. Éste está en la tierra, tendido entre dos infinitos, según apreciación de Pascal, desconociendo su futuro pero sabiendo con certeza de su muerte y sin poderse sustraer del azar que se presenta cada vez más inhumano en la medida en que hay más conciencia, por ello establece una especie de compromiso neurótico entre la mente y lo real, en el cual la mente crea los ritos, la magia tratando de exorcizar todo aquello que lo horroriza que le produce miedo, que encuentra brutal. Frete a este sentido, Marx tenía mucha razón, la religión es un consuelo interesado del hombre.

Se ratifica, a esta altura, la intuición desarrollada por Freud que concibe que "si lo neurótico es patológico, entonces lo patológico es normal"[19]. De ahí, que es necesaria la cooperación en la cual los dos opuestos del pensamiento, el mito, la magia, la religión, es decir, el pensamiento analógico-simbólico-mitológico-mágico, se unen dialógicamente al pensamiento racional-lógico-empírico-técnico, los que permiten, hacen posible, que el ser humano haga soportable la realidad.

Pero a la vez, simultáneamente, en estos diversos tipos de pensamiento se manifiestan dos formas distintas de voluntades de dominio expresadas mediante la ciencia y la magia, cada uno por su lado y de forma distinta, busca actuar e imponer su propia voluntad a la realidad. Todo esto lleva a un pacto superrealista en el cual la estética juega un papel fundamental, produciendo una interrelación entre el pensamiento mítico y el pensamiento racional que supera a los dos y llega a un superrealismo. Es imposible escapar a esa vía lógica, compleja del sapiens-demens que urden la existencia humana y que son como una flecha lanzada al futuro en la búsqueda de lo que se podría llamar progreso humano.

Para concluir esta visión sobre la condición humana, es necesario dejar responder a Morin la pregunta: "¿qué significa vivir para vivir? Vivir para gozar en la plenitud de la vida. Vivir para realizarse. La felicidad constituye ciertamente la plenitud de la vida. Pero puede adoptar múltiples rostros: el amor, el bienestar, el mejor-estar, la acción, la contemplación, el conocimiento. No hay una finalidad imperiosa que subordine a todas la demás, sino aquella que cada uno puede elegir según su sentimiento por su idea propia. La pluralidad de los fines significa también la pluralidad de los medios para realizarse"[20]. 

17. Las identidades

Pero la condición humana posee y es poseída simultáneamente por sus identidades. Las cuatro las grandes identidades de la condición humana son la social, la histórica, la planetaria y la identidad futura. En ellas se formó, se vive y se juega el futuro de la especie humana.

La primera es la identidad social, que en su inicial forma, su forma originaria, se denomina “el núcleo arcaico” partiendo de la consideración de que el ser humano en sociedad conforma un sistema. Y es indispensable aclarar el sentido de este término, al que en el primer tomo de “El Método”, Morin de dedicó varias y densas páginas. Con este término se alude a la integración de partes diferentes en un todo que establece constreñimientos a las partes, así como emergencias de cualidades nuevas, propias, fruto de la interacción de las partes, en donde se produce una acción recíproca de las partes actuando sobre el todo y el todo actuando sobre las partes.

En el caso de la sociedad humana, se manifiesta al estudioso que ésta tiene una autonomía, una identidad, que surge de la interacción de sus partes, pero a la vez vive de la extracción de energía que no depende solo de sus partes, en este sentido la sociedad humana es cerrada y a la vez abierta a su en torno, es decir, es dependiente independiente, por eso es auto-eco-organizada.

Esta característica de las sociedades humanas permitió crear asentamientos,  aldeas, que se multiplicaron por el planeta. Allí entre los grupos humanos aparece la cultura como un patrimonio organizador que sirve para autoperpetuar la complejidad de las sociedades humanas. Ella "integra a los individuos en la complejidad social y condiciona el desarrollo de su complejidad individual"[21].

En ese proceso individuo-sociedad-cultura, hay una relación “hologramática”, ya que el individuo está en la sociedad que está en el individuo; “recursiva” ya que los individuos producen la sociedad que produce a los individuos; “dialógica” en muchos sentidos, entre otros: de complementariedad, individuo sociedad individuo; antagonismo, oposición, entre siocentrismo-egocentrismo; ambivalente en la complementariedad y complementariedad en el antagonismo; resistencia-colaboracionistas con el orden social; grupos escondidos dentro de la sociedad; clandestinidad, marginalidad; y en general, una relación siempre problemática individuo-sociedad.

En estas culturas, mediante sus normas se presenta una organización sexual de la sociedad y simultáneamente una organización social de la sexualidad, de esa manera la sociedad se auto-eco-reproduce biológicamente a partir de normas culturales y sociológicas. La normativa cultural-social va conformando la familia, en ella hay una posesión de los sujetos, pero también los sujetos poseen a la familia. La personalidad del padre y de la madre crean una impronta de acompañará la vida de los hijos. Este desarrollo histórico de la familia llegará hasta el día de hoy en el que la pareja es muy inestable y sin embargo, es manifiesta la necesidad que existe de ésta. 

A. La Sociedad y El Estado

Y se vuelve sobre la aparición del “Leviatán”, el Estado que, de un lado, aparece como dominador, estableciendo un orden y ejerciendo el monopolio de la violencia, conjugando a la vez el poder material, el poder psicológico y el poder sagrado, utilizando todo para subyugar, dominar, agredir y destruir a sus opositores, creando una megamáquina social. Pero, por otro lado, el Estado civilizador. En la agrupación social y promovida por el Estado se actualizan y emergen potencialidades humanas de convivencia inéditas, e impensables.

Emerge, en este contexto, el ejercicio de la política, ya que el ejercicio del poder es político, "la política supera a la cibernética del aparato; es el dominio de la decisión, de la elección, de las estrategias de acción interior y exterior, y necesita reflexión, consejo, debate, conciencia, voluntad de individuos responsables. Es un arte complejo, incierto, y decisivo que, en los momentos críticos y crísicos, compromete a la sociedad por entero. Y, en el riesgo y el alea, toda sociedad, incluso democrática, necesita jefes responsables"[22]

La megamáquina estatal se ha desarrollado produciendo un modelo en el que hay un centro de mando control, una jerarquía de funciones responsabilidades y prestigio, una jerarquía de niveles de organización y administración, que va desde la nación, provincias, circunspección, aldea y, por último, como cualidad fundamental producto y productora de las demás variables, aparece la división del trabajo y la especialización, esto, según el grado de desarrollo técnico y científico de la sociedad.

Además de lo anterior, el Estado se presenta de múltiples formas. En ocasiones aparece desde el punto de vista de la organización como céntrica, policéntrica, acéntrica; desde el punto de vista del ejercicio y repartición del poder, jerárquica, poliárquica y anárquica; y desde el punto de vista de la especialización, especializada, policompetente y con competencias generales.

Haciendo un paralelo entre los dos polos de la organización del Estado, la democracia y el totalitarismo, se encuentra que: uno de ellos es de baja complejidad y el otro de alta complejidad. En el modelo de baja complejidad se encuentra que la megamáquina es esclavista, totalitaria, centralizada, hay una fuerte jerarquía de dominación y control, hay una hiperespecialización, hay una integración rígida y represiva, pocas libertades, muchos controles, ritos, hay fuertes constreñimientos, poca comunicación entre grupos y entre individuos, predominio del programa, poca autonomía de los individuos y aparece una optimización simplificadora.

De otra parte, el modelo de alta complejidad, es una megamáquina pluralista en donde funciona el policentrismo y el acentrismo, allí los individuos son autónomos pero no autosuficientes, hay diversidad en las comunicaciones, hay niveles organización débiles en jerarquía de control, hay débiles constreñimientos como muchas comunicaciones entre individuos y grupos, predomina la estrategia, hay una optimización compleja (con incertidumbres, libertades, desórdenes, antagonismo, concurrencia)[23].

Y desde aquí se le echa una mirada al Estado Nación moderno, un ser del tercer tipo, manifiesto en el concepto de “patria” que se convierte en la religión del ciudadano, que une lo masculino, “pater”, y lo femenino “mater”. En el Estado es necesaria la espontaneidad coorganizadora, no es posible un estado sujeto a un orden mecánico. El estado vive con el desorden, con la anarquía, o también con la poliarquía.

Ese Estado Nación moderno, hoy está organizado mediante la forma democrática, que integra y hace posible la pluralidad de las concurrencias en los antagonismos, es decir, es un sistema político complejo en el que se debe producir una regeneración permanente, continua; desde los ciudadanos hacia la democracia que hace a los ciudadanos. En este estado es necesario desarrollar causes de enfrentamientos no violentos, en donde la unión y la desunión son posibles, en donde el sistema vive de sus conflictos, lo que lo hace, de alguna manera, muy vulnerable el sistema. De ahí, que el porvenir de la democracia siempre sea incierto. Los Estados modernos con sistemas democráticos imperfectos son cada día más acabados pero a su vez más dependientes y vulnerables.

La síntesis de las ideas sobre la sociedad humana son planteadas por Morin en diez preceptos, ellos son: La sociedad humana es una sociedad que no puede estar sometida totalmente un orden mecánico; una sociedad en la que siempre se presentará la unión de la comunidad y la rivalidad, de ahí que la autoridad coercitiva no es suficiente para la unión permanente de la sociedad. En la sociedad del futuro el sojuzgamiento podría ser eliminado, pero el sujetamiento puede ser eliminado solo con la sociedad misma; toda sociedad compleja comporta la lógica jerarquía, poliarquía, anarquía,  así como centrismo-policentrismo-acentrismo, y especialización-policompetencia-competencia generales; toda sociedad compleja dotada de Estado comporta una parte de organización espontánea que se combina con la organización promovida por el Estado; en una sociedad hay fuerzas de desorganización y el amor que no ha podido reducir los antagonismos; la relación estado sociedad es dialógica; el estado asistencial protege e infantiliza a los individuo; y por último la alta complejidad social comporta libertades y creatividades que se mantienen a la temperatura de su destrucción.

Es necesario un título especial para la democracia, que se origina en Grecia. Allí existe un control de los ciudadanos, una división del poder, gran variedad de opiniones, vivo debate, de ahí que ésta surge como la forma de oponerse al totalitarismo, al poder tiránico, equivalente al poder personal inconsulto y autócrata. Pero, paradoja histórica, muchos de estos estados democráticos, que hacia dentro fueron emancipadores, liberadores, hacia fuera fueron opresores. Sin embargo, Morin ve la salida de la humanidad, el futuro humanizante de la sociedad humana, en el desarrollo de una “antropo-política” multidimensional de escala planetaria, que conciba a la tierra como “patria-matria”, es decir, padre y madre a la vez a la “tierra patria”[24]; un socialismo democrático que lleve a confederar las naciones de la tierra, ya que la alternativa es “solidaridad o muerte”[25], expresión que recuerda, a nuestro juicio, la afirmación de Rosa Luxemburgo: “socialismo o barbarie”. 

B. La historia

Otra de las de identidades que estudia Morin en la condición humana, es la identidad histórica y acude a Gadamer, quien entiende la conciencia histórica del hombre actual como la capacidad que éste posee de tener en cuenta la historia de todo lo presente. Se podría pensar que aquí Morin plantea, desde la complejidad, una especie de filosofía de la historia.

Empieza volviendo atrás, pero es necesario anotar que en Morin el volver es dialéctico, lo que quiere decir que en él el volver es avanzar un poco cada vez que se vuelve. Se constata el nacimiento de la historia hace unos 10.000 años, en el momento en que aparece la ciudad, el estado, la explotación, la guerra y se produce el desencadenamiento histórico que tiene dos rostros, como todo es bifronte, como el ser que lo produce, que a la vez es sapiens-demens.

Por un lado, se detiene en las grandiosas civilizaciones, los grandes logros humanos, arquitectónicos, ingenieriles, técnicos, científicos, artísticos; pero de otro, la barbarie, el Estado, su omnipotencia, la ebriedad del poder, las guerras, los saqueos, las violaciones, la destrucción de las grandes obras. El desarrollo  histórico prolonga la lógica orden-desorden-organización, que a su vez es una extensión del proceso del universo de génesis-aniquilación.

Aquí hace Morin una valoración de las valoraciones epistemológicas de la historia. Por un lado, hay una concepción que valora epistémicamente solo las grandes tendencias, la visión del conjunto, de los grandes procesos, de los grandes movimientos. Y, hay otra, en la cual sólo el evento, las grandes personalidades, los grandes sujetos y sus grandes hazañas, las grandes batallas,  hacen la historia. Morin aboga por una historia que conciba las grandes tendencias, los grandes procesos, el conjunto, pero a la vez que entienda que el evento, el individuo, el azar, lo aleatorio, también hace y mueve la historia produciendo en ocasiones las grandes tendencias. Es lo que denomina los pilotos e inspiradores, en donde el sujeto humano juega un papel importante, desencadenante en el proceso histórico, en el juego de la historia. La historia no es lineal ni predeterminada, en ella orden y desorden así como organización, se hacen presentes, en ella se manifiestan los determinismos y los azares, las turbulencias, las bifurcaciones, las derivas, las fases inmóviles, los éxtasis, y los estasis. Todo eso es la historia humana.

Pero también hace la historia la técnica y el mito que son productos y productores. En la historia no hay leyes de progreso, tampoco hay leyes de complejidad creciente, como lo pensara Chardin. La humanidad siempre está en riesgo, los grandes avances la pueden poner, y de hecho la ponen, como en el presente, en peligro, al borde de la desaparición. En ella siempre hay progresión-regresión, cimas y simas. La historia es la expresión, actualización, construcción de la complejidad del hombre. En ella se manifiesta, se revela, el sapiens, el demens, el faber, el ludens, el oeconomicus, el consumans, el prosaicus, el poeticus, el funtionalis, el esthethicus. La historia es historia pero a la vez es histeria, en la historia siempre hay nuevos desafíos, nuevos problemas producidos por la complejidad del ser que hace y piensa la historia. 

C. Planetaria

La tercera identidad que posee la condición humana es la identidad planetaria.  Mirando hacia atrás, en la prehistoria e historia se evidencia la gran diáspora del ser humano por todo el planeta, en donde, el hombre, saliendo del África se expandió por Asia, Europa, Australia, y llegó hasta las américas. Este proceso de planetarización comporta un doble sentido, en lo que se denomina “la doble hélice de la era planetaria".

Por un lado, hoy la planetarización se produce bajo el dominio y el imperialismo de occidente, que amenaza con un nuevo Leviatán, esta vez de carácter planetario, en donde cada parte del mundo posee en sí todo el mundo. Una planetarización que se produce explícitamente a los ojos de  todo el mundo, e implícitamente cuando las élites del mundo asumen las formas de ser de una cultura, que se hace presente en todo. De otra parte, hay también, una planetarización y humanista que se manifiesta en las contracorrientes ecológicas, cualitativas, anticonsumistas, respetuosa de las identidades culturales, antimercantilistas, antimonetaristas, antiutilitaristas, pacifistas, que tienden a unir todos los esfuerzos en la defensa del hombre y que busca superar conservando la división de las sociedades humanas en una sociedad planetaria.

Hoy, el sistema económico mundial con su empuje promueve un pensamiento único y lleva al planeta a la nueva megamáquina, al Leviatán planetario. Este proceso se produce mediante el modo de producción capitalista en interrretrorrelación con la burocracia, la tecnología, la tecnocracia, las cuales conforman un tetramotor. Todo este proceso tiene grandes carencias, ya que no se hace manifiesto un conjunto de bienes comunes a toda la humanidad, que sean promovidos por las misma naciones las cuales deben ser integradas en una verdadera comunidad planetaria que entienda la comunidad de destino humano.

La humanidad se encuentra hoy en este proceso en el cual convergen, en un proceso antagónico, la actividad producida por la primera hélice, ese cuatrimotor que produce pobreza, exclusión y la otra hélice, empujada por la solidaridad, fraternidad y la universalidad de género humano. Hoy se está ante una complejidad, un caos y una incertidumbre que desborda la capacidad humana de comprensión. El ser humano se encuentra avanzando, caminando hacia el futuro, a la sombra la muerte y la incertidumbre, la cual es cada vez mayor, al grado que se es consciente de que no se sabe si habrá futuro. 

D. El futuro

La última identidad que explora Morin en la condición humana es la identidad de futuro. Se parte de la premisa de que éste es indescifrable e impredecible. El destino de todos los humanos depende del tetramotor que incluye la ciencia, la técnica, la industria y el capital, pero aun cuando éste sea precedido por la incertidumbre, es posible prever el acceso a la sociedad mundo, a la construcción de la metamáquina y el advenimiento de la metahumanidad.

Existe la posibilidad de que el Leviatán planetario emergente sea gobernado por una superpotencia y sus satélites, pero Morin apuesta, y en esto recuerda la apuesta Pascaliana, por la mejor de las posibilidades, el advenimiento de la “Tierra Patria”.

También es previsible el desarrollo de la tecnología que produce las máquinas con dos alternativas: de una parte, se puede prever, se puede pensar en la auto organización de las máquinas, su liberación, y el posterior sojuzgamiento de los hombres por éstas. Pero también es posible una sociedad en la cual las máquinas liberen realmente a la condición humana. Es previsible el desarrollo de la inteligencia artificial, en un proceso en el cual se puedan producir formas más adecuadas y análogas a la vida animal y a la vida humana.

Frente a la condición humana actual es posible una metahumanidad o una súperhumanidad. Asistimos al control de la mente por la mente, esto en el mejor de los escenarios pensables. Pero, por otro lado, podemos estar asistiendo al inicio del porvenir funesto en donde la mente controlaría todo, es cierto, pero no se controlaría a sí misma.

Esa mente es a la vez omnipotente e incapaz. Es capaz de producir, sino la inmortalidad del ser humano, sí la práctica amortalidad[26], el aumento de las expectativas de vida a unos niveles insospechados hasta por los más optimistas, mediante las manipulaciones del material genético así como a todos los avances de la ingeniería genética y las ciencias médicas, que hace, que en un futuro no muy lejano, sea previsible que sólo la muerte accidental y sea la forma de morir. Esa mente se puede volcar sobre el dominio del todo lo exterior y olvidarse del control de sí misma, produciendo uno de los mayores peligros para sí misma y para la vida del planeta. De ahí que, para recuperar la esperanza, en este punto es necesario volver la mirada a otra de las grandes producciones del ser humano y de sus culturas, las grandes tradiciones religiosas de la humanidad que han sido capaces de desarrollar el control de la mente[27]. 

18. Unitas multiplex

Y llegamos al final de este recorrido que ha pretendido asomarse a las profundidades del “complejo humano”. Teniendo en cuenta todo lo expuesto ¿Queda campo para la libertad?

El ser humano se mueve en, eso que denomina Morin, “el imperio del medio”, ya que posee múltiples condicionamientos. Está condicionado por los genes, por los ancestros, por la biología humana y desde allí hace su libertad. Los hombres poseen los genes que los poseen.

Hay una influencia sociológica, un condicionamiento cultural complementario al biológico, dentro de esta cultura se puede promover la cultura de la libertad que condiciona al hombre para que sea libre. Recordemos que cada cultura crea una impronta en cada sujeto humano que a su vez subyuga y libera al hombre.

Existe un condicionante histórico, los seres humanos son depositarios de su historia, la que a su vez los capacita para ser libres y para re-crear su propia historia en la intersección de los múltiples caminos que a él llegan.

También afecta al hombre el condicionamiento noosférico, del mundo de las ideas. De ese mundo que los hombres en su interretrorrelación han creado y que en su devenir se independiza y sujeta, sujeciona a los seres humanos, adquiriendo un verdadero poder sobrehumano. De ahí, que es necesario tomar fuerza para la libertad acudiendo a la idea de libertad, estableciendo una relación crítica de las ideas con esas ideas.

Los caminos de libertad no son caminos alejados de la ambivalencia, son los caminos de una máquina no trivial, "la autonomía humana y las posibilidades de libertad no se producen ex nihilo, sino por y en dependencia anterior (patrimonio hereditario), la dependencia exterior (ecológica), la dependencia superior (la cultura), que la conducen, la permiten, la nutren, al tiempo que la limitan, la subordinan, y amenazan permanentemente con sujetarla y destruirla"[28].

La mente, fenómeno esencial de la condición humana, tiene libertades fundada en sus curiosidades, la capacidad de aprender de sí misma, de problematizar, de elaborar estrategias para conocer, de verificar y eliminar el error, de inventar, de crear, de la capacidad reflexiva, hecha manifiesta en las actividades de auto examinarse, de auto conocerse, de auto pensarse, de auto fundarse, y por último, la mente posee la conciencia moral. 

19. Vuelta al principio

Y como todo en la dialéctica vuelve al inicio, que ya no es el inicio, de ahí que Morin en cadena este final con el principio, cuando en el tomo primero del Método, habla del “espíritu del Valle” y se refiere al Budismo Zen[29]. Aquí en esta oportunidad, al finalizar el tomo cinco, casi treinta años después, recuerda a Siddharta Çakyamuni, convertido en Buda, el iluminado, quien hablaba de la vigilia más allá de sonambulismo, más allá del sueño, en la nada. Y de esta forma vuelve a lo original, al “complejo humano”.

Morin a través de estos trabajos, que han pretendido ser racionales, no ha tenido que, ni intentado siquiera racionalizar al hombre, a la vida, a la historia y al cosmos, tampoco ha querido presentar la idea de hombre como una construcción arbitraria, pero lo que sí ha querido es enraizar al hombre en lo físico, en lo biológico y al estilo pascaliano, ha querido enmarcar al ser humano en lo infinitamente grande, así como en lo infinitamente pequeño, pero sobre todo en lo infinitamente complejo.

Este pensamiento de Morin ha querido ver al hombre como el ser en el cual se presenta todo el cosmos, intentando mostrar cómo la humanidad de la humanidad está enraizada en la animalidad y en la naturaleza aunque difiere de la animalidad de la naturaleza. Ha querido ver que en la condición humana hay un torbellino generativo permanente individuo-sociedad-especie, en donde cada ser humano es a la vez uno y múltiple, viviendo en una dialéctica en la cual lo que lo libera, a la vez lo sojuzga; pero además posee una conciencia que emerge en la intersección de múltiples factores y dimensiones que aparece como lo mejor, lo más grande y es a la vez es incapaz de entender su propio misterio.

En este último sentido vuelve al misterioso y socrático “saber que no sabe”, en el cual se llega a un no saber superior, en el que el no saber que se hace consiente de sí es un inicio de sabiduría, y se llega al conocimiento que se sabe ignorante.  

20. Conclusión

En 1998, Morin escribió un texto para la UNESCO, en el cual plantea, a su juicio, los siete saberes necesarios para la educación del futuro, en este texto se encuentra una pequeña síntesis, muy apretada por cierto, de todo su pensamiento precedente, de su planteamiento sobre la complejidad,  esta vez aplicado al problema de la educación y con vistas en orientar la educación, en la medida de lo posible, en el planeta entero. Aquí seguiremos esa síntesis.

En el capítulo tercero, que constituye el tercer saber necesario para la educación del futuro, plantea la necesidad de "enseñar la condición humana", allí afirma que estudiar lo humano es a la vez incrustarlo en la totalidad del universo, del cosmos, y separarlo, diferenciarlo del mismo, simultáneamente, y aquí aparece el problema epistemológico fundamental, la ciencia ha hecho hasta ahora una politomía en la cual el sustrato físico, el sustrato biológico, han sido separados, diferenciados de las totalidad del ser humano, lo que ha hecho imposible percibir la unidad del ser humano y esto a su vez ha aumentado la ignorancia frente a esta totalidad aumentando simultáneamente el conocimiento de las partes.

En el ser humano se produce a la vez el "arraigamiento/ desarraigamiento ", lo que quiere decir que a la vez el hombre está dentro del conjunto de los seres de la naturaleza, y simultáneamente por su propia condición, está fuera de ella. El hombre posee la condición cósmica, hace parte de un universo que surgió de la gran explosión, que vive en un proceso permanente y que a la vez es complementario, competente y antagónico.

Los átomos  que conforman al hombre tienen su origen en esa gran explosión que a través de interacciones conformaron las moléculas y posteriormente conformaron la auto-eco-organización viviente. Esa condición cósmica implica "la condición física", en la cual se reconoce que la vida es un fenómeno que aparece, por lo menos en este planeta, como un fenómeno producido por el sol, la vida es solariana.

De lo anterior procede "la condición terrestre ", la vida en la tierra se autoprodujo, se autoorganizó en interrelación con el sol, esto nos hace seres vivos del planeta, que dependen de él, lo cual hace parte de la condición verdaderamente humana del humano. El ser humano es el resultado de un proceso cósmico natural que produce la vida, la que a su vez produce al humano, que produce la mente, que produce la cultura, que produce la conciencia, que produce el pensamiento, que a su vez ha hecho posible pensar la condición humana, el universo, la naturaleza, lo que de alguna manera ha dejado al hombre de su condición más íntima que lo hace posible y viable; que permite lo humano del humano.

En el ser humano hay una unidad diversa, él es totalmente, plenamente, un ser biológico pero a la vez es un ser cultural, éstas se producen en el bucle, o vórtice en el que interviene el cerebro, el espíritu, y la cultura, cada una de las variables de este vórtice se coimplican, se interretroaccionan. El cerebro produce el espíritu y este a su vez produce la cultura la que a su vez interviene sobre el mismo cerebro. La cultura no existiría sin el cerebro ni el espíritu que los producen.

De igual manera, existe otro bucle recursivo entre la razón, el afecto y el impulso, los cuales tienen un sustrato biológico en el cerebro humano, en el cerebro triúnico propuesto por Mc Clean. La relación entre estas tres partes del cerebro uno y trino no siempre son de complementariedad y armonía, en ocasiones existe un verdadero antagonismo que produce los conflictos entre el sentimiento y la razón, la agresividad y la razón y en general de la razón frente a la demás. Sin embargo, el cerebro en el hombre se convierte en la base de la creatividad, la intuición, el análisis, la lógica, la estrategia que hacen posible la cultura y que integra la humanidad en su animalidad y la animalidad en su humanidad.

Otro un bucle se establece entre el individuo, la sociedad, y la especie. Aquí se hace patente que el individuo no es el último, el fin del proceso, pero tampoco lo es la sociedad y menos la especie. El individuo es fruto de la reproducción de la especie, pero las interacciones de los individuos producen la sociedad, la cual produce la cultura y quien a su vez condiciona la reproducción de los individuos, de su forma de ser, de ver, de pensar, y de actuar. En este bucle cada uno de los términos es a la vez medio y fin de los otros.

Todo lo anterior lleva a que Morin hable de la “Unitas Multiplex”, es decir, de la unidad y la diversidad humana. Ésta se manifiesta en el campo individual a través de la unidad y variedad genética, la unidad y variedad cerebral, mental, sicológica, afectiva e intelectual y subjetiva, ya que cada ser humano por el hecho de ser Ser humano tiene una unidad con los demás seres humanos, pero también cada ser humano por ser tal posee diferencias, en cada uno de los aspectos enunciados, en relación con los demás seres humanos.

El mismo fenómeno se presenta en la sociedad humana en la que hay una unidad pero a su vez hay una diversidad que se manifiesta en la lengua que se hace posible en las lenguas, en la cultura que se hace posible en las culturas, y en la organización social, que se hace posible en las organizaciones sociales.

En el siglo XXI, afirma Morin, será necesario enseñar la complejidad de la condición humana la cual, de un lado, permite ver la parte racional del hombre, el sapiens; del otro, ver la parte no racional, delirante, el demens; de igual forma hará ver la parte técnica, el faber y de otra la parte juguetona, el ludens; de un lado permitirá comprender el ser humano que se deja llevar por la concreción, por lo empírico, homo empiricus y por el otro lado, el hombre que imagina, que sueña, el homo imaginarius; de un lado el hombre interesado en las actividades utilitarias, el homo economicus y por el otro lado el ser humano dilapidador, que despilfarra, el homo consumas; y por último, de un lado, el hombre aburrido, el homo prosaicus y de otro, el hombre enamorado, el homo poeticus.

Todo lo anterior hace del hombre un ser complejo, homo complexus, es decir, tejido en conjunto. En los seres humanos, vistos en conjunto, y en cada uno de los humanos, vistos individualmente, hay unidad y variedad, complementariedad, concurrencia y  antagonismo entre el saber y la demencia, entre el hacedor y el jugador, entre el empírico y el imaginario, entre el economista y el consumidor, entre el poético y el prosaico. Todo esto hace la riqueza, la unidad y la variedad del ser humano, de la condición humana, la cual ha sido y es a la vez producto y productora de la evolución de la condición de ese ser que es tan complejo.

Concluye con el hombre genérico, el paradigma reencontrado, aquí inició y aquí concluye, vuelve al arché, a la génesis del ser humano que anuncia el verdadero comienzo de la humanización que une arché y thelos, principio, origen y finalidad, en un bucle recursivo auto-eco-productivo, que puede superar la segunda prehistoria humana en la cual la persona humana, partiendo de su condición, puede hacer lo mejor o también hacer lo peor.

La empresa moriniana ha sido la integración efectiva de los distintos saberes surgidos de la condición humana que constituyen el conocimiento humano, de ahí, siguiéndolo a él, será necesario afirmar que su planteamiento sobre la condición humana es “complejo”, ya que en él es el hombre sujeto y objeto de este estudio, así como lo es su unidad-diversidad, su realidad física, biológica, psicológica, social, económica, sociológica, histórica; también es “complejo” este conocimiento gracias a su enfoque, porque concibe al hombre no sólo como sapiens sino también como faber ,oeconomicus, demens, ludens, poeticus y consumans, etc; igualmente es “compleja” su visión, ya que integra verdades aparentemente contradictorias que se excluyen; así como une filosofía, ciencia y epistemología. Por último y especialmente, el planteamiento de Morin es “complejo” porque entiende que el problema humano no es un problema solo de conocimiento sino que entiende que el conocimiento sirve para realizar la vida y que en últimas el asunto es un problema de destino, de sentido, es un problema ético, en postrera instancia, es un problema antropo- político, antropo-ético. 

Notas


[1] MORIN, Edgar; El paradigma perdido, 1992, Kairós, Barcelona, p.24

[2] Ibidem p. 83

[3] Ibidem p. 108

[4] Ibidem, p. 143

[5] Ibidem p. 154

[6] MORIN, Edgar; Introducción a una política del Hombre, Barcelona, Gedisa, p.26

[7] Op. Cit. p.165

[8] Ibidem p.173

[9] Op. Cit. p26

[10] Ibidem. p. 223

[11] Ibidem. p. 225

[12] Ibidem. p. 241

[13] SAGAN, Carl; Cosmos, Barcelona, Planeta, 1993, Cap XIII

[14] Op: Cit. El Método, Tomo I, Introducción

[15] MORIN, Edgar; El método, la humanidad de la humanidad, la identidad humana, Madrid, Cátedra, 2003, p.42

[16] Cfr. BRONOWSKI, Jacob; El Ascenso del Hombre, Bogotá, FEIA, 1983

[17]Op cit; Morin, 118 

[18] Ibidem, p.127

[19] Ibidem. p.164

[20] Ibidem. p.177

[21] Ibidem, p.185

[22] Ibidem, p.202

[23] Ibidem. Cfr. p.214

[24]  Cfr. MORIN Edgar; Tierra patria, Buenos Aires, Nueva Visión. 1999

[25] Op. Cit. Introducción a una Política del Hombre.

[26] Cfr. MORIN, Edgar; El hombre y la muerte, Barcelona, Kairós, 1994

[27] Cfr. KÜNG, Hans; Proyecto de una ética Mundial, Valladolid, Trotta, 1994

[28] Op. Cit, p. 310

[29] MORIN Edgar; El Método, La naturaleza de la naturaleza, Madrid, Cátedra, 1993. El espíritu del Valle 

21. Bibliografía 

BRONOWSKI, Jacob; El Ascenso del Hombre, Bogotá, FEIA, 1983

KÜNG, Hans; Proyecto de una ética Mundial, Valladolid, Trotta, 1994

MORIN Edgar; El Método, La naturaleza de la naturaleza, Madrid, Cátedra, 1993

MORIN Edgar; Tierra patria, Buenos Aires, Nueva Visión. 1999

MORIN, Edgar; El hombre y la muerte, Barcelona, Kairós, 1994

MORIN, Edgar; El método, la humanidad de la humanidad, la identidad humana, Madrid, Cátedra, 2003

MORIN, Edgar; El paradigma perdido, 1992, Kairós, Barcelona

MORIN, Edgar; Introducción a una política del Hombre, Barcelona, Gedisa,

SAGAN, Carl; Cosmos, Barcelona, Planeta, 1993, Cap XIII