Joaquín López Mujica

Filósofo y músico

j.lopezmujica@laposte.net

Música sin fronteras. Weil, una exploración trascendente  

agosto de 2004

Artista: Gerry Weil Trio. Programa: Orinoquia (G.W), Medley -Canción para la Madre Tierra-Raíces (G.W),  Antonia (Pat Metheny), A foggy Day (George Gershwin), Merengue Rucaneao (G.W), Dolphin Dance (Herbie Hancock), Caballito Frenao (G.W), Free-Play, Vytas (G.W), Tepuy (G.W). Integrantes: Gerry Weil (Piano), Carlos Rodríguez (Bajo), Andrés Briceño (Batería). Lugar: Centro Cultural Corp Group. Caracas-Venezuela. Fecha: 06.08.04. Hora: 8:pm  Entrada General: Bs. 20.000 

Entre la euforia, eternidad contenida y curiosidad, pudimos disfrutar de la presentación de una de las figuras más representativas de la música popular contemporánea en el país: Gerry Weil y su Trío. 

Pudimos constatar que se trataba de un acto que iba más allá de ser cumpleaños anunciado, ahora ya con el conjunto en escena, con los primeros acordes de Orinoquia, una pieza emblemática, se proyectan los primeros sonidos, como un haz de luz, los estilos desde el Trío de formato clásico hasta el latín jazz, creatividad en lo rítmico, unido a un planteamiento armónico  de temperamento poético. El brote kinestésico  se expandió, aun en condiciones físico acústicas adversas en balance, pienso que por tratarse de una grabación en vivo.

El conflicto entre lo electrónico y lo acústico, a pesar de los esfuerzos de J. Kovacs –ingeniero de Sonido-, se hizo presente como elemento accidental, luego aleatorio, y alcanzó su cúspide con la ejecución de Dolphin Dance, aquí razones meramente de la naturaleza artística de la pieza, recreada en un contexto sonoro distinto al cual fue  escrita por Hancock,  concebida –si mi memoria no falla-  para instrumentos eléctricos y no acústicos. Riesgo que ha corrido no sólo Weil sino Gonzalo Rubalcaba, a favor de la difusión del arte. 

Del jazz venezolano, que nos evoca la famosa Banda Municipal, esa referencia de la música hecha en el subdesarrollo, según hipótesis del maestro Weil, pasamos a estilos New Age, montajes y paisajes sonoros melódicos, de largos episodios de improvisaciones que recuerdan a Jarreth: el fluido libertario, las estaciones de un modelo de armonía excepcional muy bien asimilada por Weil,  de origen rúbrica impresionista (Debussy y Ravel) para convertir su concierto en espacios y suspensiones sonoras, expresiones de un flujo de espiritualidad y pausas contemplativas, hallazgos de color propias de sus evocaciones vienesas, que atrapan las emanaciones de la luz. 

El  viaje de Europa a América lo inicia desde Raíces, sigue intercalado con Caballito Frenao hibridación rítmica (11/8) única en el mundo y con la inmersión inmemorial –de Barlovento a Guayana- que significa Tepuy. Aún cuando se trata de establecer como eje expresivo los procedimientos del etno-jazz, el free y el jazz latino, Weil acude a los recursos  artísticos del minimal art, acompañado de construcciones inspiradas en Albeniz –siguiendo la experiencia y síntesis de Keith Jarreth, que incluye a Chopin-  e intercala su expresividad y fuerza con dos tipos de improvisaciones por fraseo y por bloques de acordes, con un bajo más bien jazz-rock por los acentos. Este retablo y mural de sonoridades, digno homenaje a la diversidad cultural musical puesta en escena, es un obra hecha realidad en Weil y su Trío.

Con Free-Play –este servidor ha tenido el honor de ver gestarse por lo menos dos- se confirma el imperativo de una obra colectiva. Equilibrio absoluto, en  los episodios libres,  improvisaciones de Carlos Rodríguez son territorio aparte. Andrés Briceño, también  con su mundo sonoro y magia e historia, además de la alternancia de protagonismo, del sólido talento e inventiva, presentó una verdadera cadencia solística y ceremonia ritual.