Juan Antonio Calzadilla Arreaza

juanant@cantv.net

Ensayo sobre la producción de realidad (I)        

marzo de 2004

Que la realidad existe en sí es el supuesto del sistema de la comunicación (ese sistema que hoy rige actos y mentes). Bajo la forma del "hecho", la comunicación vehicula, transmite o media, entre lo real y su término de llegada: el receptor.

Se supone ya que hay un receptor ávido de hechos (y este receptor ávido de hechos es una conformación previa del sistema). El hecho transmitido por el medio comunicacional circula de lo real al receptor monetizado bajo la forma de "información". Para transmitir el hecho al receptor el medio lo transforma en información.

¿Pero qué hay de lo real detrás de la información?

¿Existe en sí el hecho informacional, como pretende hacer creer el medio, con ínfulas de pulcra neutralidad?

Quizá lo real en sí sea inexpresable si no pasa por el tamiz de una interpretación.

La poesía moderna pone un reparo a las pretensiones de la comunicación, por boca de Mallarmé, cuando postula: No se puede pintar la cosa sino el efecto de la cosa.

Son los efectos del hecho sobre mí los que pueden ser expresados y, luego, comunicados.

El en sí del hecho es tan diverso como los efectos que es capaz de causar sobre diversos observadores. La información es una uniformación: uniformiza los efectos del hecho sobre un campo de observadores.

El campo de los efectos del hecho expresado por un observador es una interpretación.

No hay hecho desnudo que se pueda comunicar "tal cual". Hay interpretaciones diversas de acontecimientos físicos según éstos nos muevan o nos conmuevan. La comunicación exacta de un acontecimiento físico no podría ser sino otro acontecimiento físico.

Se comunica la interpretación, el efecto del hecho sobre determinado observador, y el en sí del hecho, su capacidad de generar efectos, no se agota en la comunicación hecha por un observador dado. El observador es un efecto de la información que lo informa. Es otro engranaje de la comunicación.

Más bien el hecho comunicacional es "hecho" por la comunicación, de acuerdo a la interpretación de que es objeto.

Sin embargo la comunicación funda su poderío, poderío de conformación de la realidad, en el dogma de que el hecho en sí es transmisible.

No hay nada neutro en la comunicación. Y no sólo el hecho es hecho información sino que el receptor recibe su propia forma, es "informado" por la interpretación que se le transmite a través del medio. Y el medio, lo menos neutro de todo el proceso comunicacional, es la estrategia de las interpretaciones que reciben los hechos: el sistema de confección de la realidad que interpreta el hecho y conforma al receptor al mismo tiempo. La realidad se crea entre estos dos polos: confección del objeto de la realidad, conformación del sujeto receptor. En el medio, todopoderoso, el medio inductor de realidades, bajo el dogma del hecho en sí del cual dice ser transmisor desinteresado.

¿Y la verdad, entonces, será que no existe como hecho en sí?

¿Imperaría el escepticismo de Protágoras, o del obispo Berkeley?

¿Sólo es ser lo que podemos percibir y según el modo en que lo percibimos-interpretamos?

La verdad es la verdad de la interpretación que sobre un hecho se hace.

La verdad es el efecto del hecho sobre un observador determinado.

La verdad es que cierto observador está determinado a percibir-interpretar de una determinada manera.

La verdad es que hay estrategias de percepción y de inducción de percepciones mediante la discursividad interpretativa.

Nietzsche es empedócleo cuando radica en el fondo de toda interpretación de los hechos la lucha de dos fuerzas primordiales: la vida y la muerte.

La verdad es que hay interpretaciones que conducen a la muerte, que buscan hacer imperar la muerte.

Y estas interpretaciones o estrategias perceptivas y discursivas luchan contra las interpretaciones de afirmación de la vida.

¿Es más verdadera la vida que la muerte?

Todo depende de sí, desde el profundo instinto, queremos estar vivos o estar muertos.