Francisco Rodríguez

Sociólogo. Profesor Titular de la UDO (Bolívar)

franciscorodriguez50@cantv.net 

El paradigma de la complejidad: crítica a la razón simplificadora

agosto de 2006

Las promesas civilizatorias de la modernidad están indefectiblemente ligadas al surgimiento de una ciencia robusta que como acto supremo de la más pura rebelión prometeica, conduciría a la humanidad a un estado de “felicidad para todos”. Una ciencia que desde Galileo hasta Newton, pasando por Bacon y Descartes, perfeccionaría cada vez más el mecanismo de relojería en el cual se constituría por analogía con el ser de la naturaleza y el universo concebidos en los mismos términos. Lenta y progresivamente, el logos científico se va convirtiendo en una suerte de superestructura metafísica que se coloca por encima de todo lo terrenal y humanamente existente para devenir en una mirada que constituye objetos por todas partes, pero que sistemáticamente excluye al sujeto.

Desde Descartes, la razón metódica se levanta sobre la base de la aprehensión  de la  realidad que por este motivo se convierte en objeto, al operar al interior del diálogo con la naturaleza, una separación radical entre la “res extensa y la res pensante”.

La realización de la experiencia del conocimiento científico, tradicionalmente ha significado como proceso normativo–canónico que garantiza las pretensiones de validez–verdad  y por lo tanto el estatuto racional del acto de  conocer, la introducción al interior del diálogo sujeto–objeto del concepto de sujeto vacío, con el que se establece el apriori epistemológico de la distinción ontológico–metódica entre la naturaleza y la razón cognoscente.

La exclusión de la autorrepresentación del sujeto en el proceso de producción del conocimiento, establece los requisitos de partida para que se reproduzca la economía política cognitivo-científica en condiciones de objetividad. La duda metódica vacía  entonces, de todo contenido subjetivo al acto “absolutamente racional” del desempeño del pensamiento como un gesto orientado a producir conocimientos.  La erección de la razón científica moderna se realiza sobre la base de la negación-exclusión de lo subjetivo como defensa del yó ante la falta básica que denuncia la “incompletud del ser” como condición constitutiva (Lacan, 1985). En este escenario tiene sentido la posibilidad siempre presente del autoengaño sistemático como rasgo típicamente humano que simboliza la situación de un “no saber constitutivo” que circunda permanentemente la “puesta en escena” del yó racional-cognitivo .

La razón cognoscente que inaugura la modernidad, al mismo tiempo funda la constitución de un ser castrado para relacionarse con los asuntos propios del “mundo de la vida”, en tanto insumo básico de la economía política de producción de conocimientos. Si de algo ha alejarse este yó, es del terrenal mundo de la vida cotidiana, porque este representa la antítesis del ideal de mundo al cual pertenece la reflexión científica. La disociación de la experiencia subjetiva ocurre cuando el “sujeto absoluto del saber” separa metódicamente su experiencia cognoscitiva —como el summum de su acción racional—, de su experiencia cotidiana como miembro de un sistema cultura–sociedad global y de los múltiples espacios de los mundos de la vida cotidiana que contienen la multitextualidad de los bucles que configuran la “trama simbólica de la vida”.  Tejido  complejo  del  arremolinamiento  de  la  multiplicidad  de  lecturas  posibles  que  el  texto  de  la  vida  puede  aceptar.    

Esta experiencia esquizoideamente vivida como una condición propia de la razón normal, constituye el principio de razón suficiente para la generación de una atmósfera propicia al surgimiento del conocimiento científico en tanto producto genuino de un “estado del espíritu de racionalidad absoluta”. Intentos por reconciliar la escisión paradigmática entre la experiencia de  racionalidad  absoluta y  el  universo  subjetivo, en tanto  mundo  de  la  irracionalidad,  emergerán del seno mismo de  la  razón  a  propósito del pensamiento utópico que genera metarrelatos en atención a religar ética y estéticamente las asimetrías que se hacen nítidamente visibles, apenas entramos en contacto con la realidad brutal del caótico mundo de la vida  cotidiana.

El drama de una ciencia que como la clásica, renuncia a entender al universo de otra manera que no sea en términos de procesos susceptibles de ser aprehendidos a través de leyes universales y absolutas, plantea el dilema de una razón mesiánica que al mismo tiempo que postula un programa de salvación de la humanidad a propósito del desarrollo de las estructuras científico–técnicas, expulsa al sujeto del reino de la empresa que esta tarea significa. El universo-reloj como entidad totalmente determinada, racional y objetivamente, no necesita de procesos tan azarosos e impredecibles como la subjetividad para su entendimiento racional y puesta al servicio de los fines de la humanidad; sino de un logos que dé cuenta de las leyes que lo rigen. Un logos de la misma textura que el universo, vale decir, estructurado racionalmente de acuerdo  a  principios  universales cuya “puesta en escena” se hace en términos de lo absoluto y  lo determinado, por  tanto  cognoscible.

Esta representación del mundo supone una lógica binaria estructurada  en términos de haces de oposiciones significativas; así tenemos cadenas de significaciones que se constituyen simétricamente en torno a: determinación Vs aleatoriedad, reversibilidad Vs irreversibilidad, legalidad Vs contingencia, orden Vs desorden que  encarnan  un  imaginario sustentado  en  torno  a  la  apuesta  central: racionalidad formal Vs subjetividad–mundo de la vida, ciencia Vs mito, etc. El sistema de pensamiento que sostiene este paradigma, actúa sobre la base de una separación cartesiana–sistemática entre categorías que se constituyen en el  sistema  de los aprioris lingüísticos que generan los mitos esenciales de la  Modernidad. 

En este contexto de sentido, el entendimiento de lo humano–social se producirá a partir de los arquetipos racionales que ofrece el paradigma de las ciencias de la dinámica clásica, a propósito del logos ideal que este asume. Todos los metarrelatos están montados sobre esta elemental lógica paradigmática; sobremanera las ciencias sociales y humanas nacientes, cuya factura positivista no hace más que confirmar su “partida de nacimiento”. Toda la Sociología de Augusto Comte, pero también la de Durkheim y la de Spencer, constituyen propuestas orientadas a darle cumplimiento al mandato  de    fundar    una  física social que fundamentada en los principios básicos de la ciencia de la gravitación universal, al mismo tiempo postulara un programa de salvación de la humanidad en atención al conocimiento positivo de lo social como simple prolongación  de la naturaleza en el hombre.

De lo que se trataba era de encontrar “la piedra filosofal” o principio universal que rige la causalidad de las cosas, en función de reducir la aparente diversidad de la fenomenología social, a la simplicidad de unos cuantos postulados que permitieran la enunciación de una ciencia positiva–objetiva. Para lograr esto, un conocimiento claro y distinto, se hacía necesario montar un dispositivo de objetivación del sujeto en dos direccionalidades básicas, a saber: el sujeto convertido en objeto para poder ser aprehendido científicamente y la objetivación del sujeto al convertirse en un observador externo al proceso de la realidad social e histórica. La  empresa de inaugurar un logos racional, aséptico y neutral al interior de las ciencias de lo humano–social, podía echar a andar reduciendo la complejidad a la sencillez de un puñado de leyes y reglas epistemológicas, normativamente definidas. Un alfabeto común que reduce la diversidad a uniformidad y la sinuosidad compleja de los vericuetos del laberinto de lo social, a una cartilla muy cónsona con la idea de una “naturaleza–reloj”   o  de un “universo–máquina”, como metáforas  centrales en el imaginario mecanicista inaugurado por la ciencia de la dinámica clásica.

El problema de una ciencia fundamentada en una visión clásica del mundo y del universo, es que no tiene en cuenta el carácter eminentemente complejo e inestable de muchos de los sistemas que configuran esta totalidad. En este sentido tenemos una noción de lo real que se atiene a un solo tipo de sistema y no a la multiplicidad de opciones posibles.

Este tipo de sistema son los sistemas estables y como tal forman parte de una concepción lineal del universo, el cual supone una estructura de equilibrio permanente.

La irrupción de la termodinámica en los escenarios de la ciencia oficial permiten pensar en la posibilidad de caos, de la varianza y de la entropía al interior mismo del universo; lo cual coloca a la ciencia en la difícil posición del que teniendo todos los factores de una situación controlada se encuentra con la desagradable noticia de tener que aceptar que esto no era más que una vana ilusión del orden estable, total y absoluto. La insurgencia en los escenarios de la ciencia, de la teoría de la relatividad, añade a los problemas que plantea la termodinámica, la perspectiva del observador incluído en la realidad conocida  (la  referencia  al  sujeto  que  conoce) que no aparecía en la física clásica. Es este sujeto ahora el que va a decidir la manera cómo se plantea el experimento y las inferencias que pueden establecerse a partir de su ejecución. Esto introduce al interior de la razón cartesiana–newtoniana la idea de concepciones muy particularistas del mundo y del universo alejándose de concepciones universalistas (relativización  del  espacio  y  el  tiempo) puesto que si la definición del experimento la hace el sujeto, entonces no hay garantías de una visión totalmente objetiva.

No hay referencias externas y absolutas a la razón cognoscente, pues en última instancia todo puede ser simple despliegue de un sujeto que amenaza con colocarse en el centro de la puesta en escena del drama del  proceso  de  producción  de  conocimientos. Aunque en los  inicios  de  la mecánica cuántica es posible encontrar ya algunos visos de la complejidad y la presencia de estructuras disipativas de los sistemas, es con la termodinámica no lineal que estas cuestiones se plantean de manera sistemática al interior de la problematización que subyace en el  desarrollo  puesta del logos científico como discurso de verdad paradigmático en una sociedad en donde los arquetipos racionales de la modernidad constituyen las claves para ingresar al sistema. La complementariedad significa ya  en Bohr la  posibilidad de quebrar esa concepción del universo en términos absolutistas y universalistas, cuando propone una ciencia que supone una visión del mundo microfísico que contenga una pluralidad de enfoques todos susceptibles de dar cuenta de la  complejidad fenoménica y en relación de complementariedad. Puesto que estamos lidiando con sistemas cuyas racionalidades son parciales es por lo que se justifica una estrategia plural de realidades que también lo son intrínsecamente.

Ya no es posible en las ciencias de la naturaleza —mucho menos en las denominadas ciencias humanas— sostener ni siquiera la posibilidad de justificar el concepto de objeto independiente  del  sujeto, mucho menos el de un observador intemporal que de cuenta del  universo—como el “matemático supremo” de Einstein, del cual decía éste que no jugaba a los dados con el mundo de lo natural— como totalidad y  verdad absoluta. El pluralismo teórico–metodológico postulado por Feyerabend (1989) como respuestas frontales a paradigmas universalistas como la dinámica clásica, contradicen abiertamente presupuestos lógicos que fundamentan visiones del universo y de la naturaleza como magnitudes absolutas y universales, susceptibles de aprehensión  sólo a  través de operaciones racionales que excluyen cualquier referencia  al mundo  de  la  vida  del  observador.

La simultaneidad aleatoria de los procesos contingentes que constituye la “puesta en escena de lo social” —devenir radical—, sitúa al logos que se ocupa de este campo, en el terreno pantanoso y no menos brumoso de la necesidad de realización por parte del sujeto que entabla el diálogo experimental, de una síntesis compleja de registros de lo racional y lo irracional (o prerracional y arracional) como metódica que renuncia definitivamente a una mirada cartesiana–newtoniana y se abraza, en el mismo sentido de una “escucha poética de la naturaleza” (Prigogine, 1994: 310) con aproximaciones simbólico–hermenéuticas  y lecturas mito–utópicas al mismo tiempo que con reconstrucciones racionales. De tal manera que mitos, metáforas y narraciones en general, puedan convivir con el pensamiento discursivo, con  la  racionalidad, o como bien diría Habermas, con “pretensiones  de validez  susceptibles  de  crítica" (1989: 36).

Las singularidades estandarizadas y probabilísticas que definen el  estatuto  de lo social, aceptan como modelo de escucha, a una racionalidad cosmológica–holística que tenga en cuenta el estatuto de intersubjetividad   radical que envuelven y le dan sentido a estos procesos.

El estatuto que funda la experiencia de lo humano-social se define en atención a la intersubjetividad como categoría matricial que responde a un proceso complejo de triangulación. Éste coloca en un mismo plano de relaciones al sí mismo como instancia dependiente del “otro” en tanto experiencia fundante de lo social, situadas éstas dos a su vez en el mundo como ecosistema que proporciona el sentido global a esas instancias y sus interacciones.

Se trata de relaciones de complejidad (Morin, 1996) queplantean procesos de recursividad inherentes a la manera como se producen los nudos trenzados del intercambio entre instancias en los cuales no sabemos qué es primero y qué es segundo porque lo que se deriva de todo esto es una causalidad compleja.

Si no es posible constituir objetos independientes del  sujeto y observadores autoexcluidos de su representación en el proceso del diálogo con lo social como intersubjetividad pura —vale decir imposible de no reducir al pensamiento y al discurso—, entonces tampoco podríamos hablar de la prueba y de la demostración como matriz de legitimación de las pretensiones de verdad validadas por el experimento. Dada la pluralidad simultánea  y  combinada  de los tiempos y espacios que coexisten al interior del acontecer social, es por lo que adquiere sentido la proposición de refugiarse en una síntesis compleja[1] de registros simbólico–cognitivos como estrategia para restablecer el diálogo creativo con lo social. Adquiere así el  pensamiento sobre lo social el estatuto de un logos narrativo–discursivo-ético- estetizante, al mismo tiempo que un gesto reflexivo–crítico que termina siendo una autorreflexión de la subjetividad al constatar que no hay un “más allá” del pensamiento y del discurso. El hombre es inevitablemente un producto, un prisionero del  lenguaje  y la subjetividad; al mismo tiempo que un productor de subjetividad y de las redes de intersubjetividad que constituyen al “mundo de la vida”, en  tanto  universo  de  lenguaje. No hay un espacio exterior al lenguaje, del cual una conciencia esclarecida   pueda dar cuenta a través de una metódica que trata los hechos sociales como cosas y busca establecer  “lo claro y lo distinto”. Más aún no hay hechos ni objetos sociales porque de lo que se trata y se ha tratado siempre es de sujetos desplegándose en el pantanoso magma de “órdenes implicados”; de “subjetividades coimplicadas” y de sus historias narradas a través de las metaforizaciones sistemáticas y asistemáticas que llamamos ciencias sociales.

Una hermenéutica del sentido de la subjetividad coimplicada, (eco-intersubjetividad) se pregunta ya no por las leyes y los valores universales que determinísticamente explican el “drama de lo social”, sino por las claves simbólico–lingüísticas que permiten dialogar con la proliferación del sentido y la experiencia que este proceso significa. La idea del “banquete platónico” por lo que tiene de dialogicidad y proliferación de la palabra, pudiera ser la imagen que mejor se aproxime a una actitud epistémica del talante de la que hemos venido enunciando como vía para iniciar el camino que no necesariamente debe llevarnos a un lugar seguro y predeterminado. Pudiera ser que nos condujera a terrenos brumosos, pantanosos y tormentosos; entonces pudiéramos decir que vamos por un buen camino, pues se trata de la constatación de que ha comenzado un verdadero diálogo entre el “erlebnis” de la experiencia vital y el  “caribdis” de la palabra enderezada a su reacción poética; entre la vida tal y como ésta se despliega en los escenarios del acontecimiento y del  apalabramiento que el espíritu realiza. 

Notas

[1] Registros  simbólico-cognitivos de  diversas  naturalezas  y  procedencias  que  ponen  en  un  mismo  terreno  a  ritmos  diversos,  sincrónicos  y  asincrónicos:  mito  y  ciencia,  poesía  y    conocimientos; magia  y  racionalidad.  Se  trata  de un  hipertexto  cuya  lógica  sintáctica  es  el  sentido  común  críticamente  orientado,  más  que  a  la  verdad,  hacia  una  transubjetividad  convivencial  ético-estética.  

THE COMPLEXITY PARADIGM:   A  CRITIQUE  TO THE SIMPLIFYING  REASON.

Summary  

In modern times science arises as the most essential expression of formal reason. The task of understanding nature and the universe like a clockwork mechanism, is based on a scientific rationality that has as an epistemological prerequisite the exclusion of subjectivity from the knowledge production process.  

Excluding subjectivity self-representation from the process of producing knowledge, is a Cartesian attitude that emerges from the methodic separation of  subjectivity from the object.  The conversion of nature into object is made possible when the individual frees himself from subjectivity. 

The methodic reason empties of all subjective content the act of knowing.  Newton's vision of the world based on this rationality, reduces the universe to a handful of laws that   turns it into a totally predetermined cosmos. In this sense we have a series of binary opposites that characterize the epistemic statute of this ontology: determination vs. randomness, legality vs contingency, rationality vs subjectivity.  

The changes in the epistemic attitude of science throughout along the 20th century represent a change in vision in which there is a break away from the  cartesian ontology.  In Posmodernity subjectivity is brought back to the  knowledge production  process.   

This epistemological rupture means the transition from a simplyfying approach to reality to a complex one. 

Key words: subjectivity, complexity, formal reason, instrumental rationality, modernity, posmosdernity. 

 

BIBLIOGRAFÍA

  • CAPRA,  Fritjof  (1984) El   Tao  de  la  Física.  Madrid.  LUIS  CARCAMO,  Editor. Traducción  de  Juan  José  Alonso  Rey. 

  • DESCARTES,  René (1983)  Discurso  del  Método. Barcelona. Editorial  Orbis. Traducción  de J.  Rovira  Armengol. 

  • FEYERABEND,  Paul (1989)  Límites  de  la  Ciencia. Barcelona.  Editorial  Paidós.  Traducción  de  Ana  Carmen  Pérez  Salvador  y  M.  del  Mar  Seguí.    

  • HABERMAS,  Jürgen   (1989)  Teoría  de  la  acción  comunicativa. Buenos  Aires.  Editorial  Taurus. Traducción  de  Manuel  Jiménez  Redondo. 

  • LACAN,  Jacques  (1985)  Escritos  2. Editorial  Siglo   XXI. Traducción  de  Tomás  Segovia. 

  • MORIN, Edgar  (1996)  Introducción  al  pensamiento  complejo. Barcelona.  Editorial  Gedisa.  S.A.  Traducción  de  Marcelo  Packman. 

  • PRIGOGINE,   Ilya  y   STENGERS,  Ysabel  (1994)  La  nueva  alianza- La  metamorfosis  de  la  Ciencia. Madrid.  Alianza  editorial, S.A.  Traducción  de  María  Cristina  Martín  Sanz. 

  • SATTELE,  Hans  (1993)  ¿Fin  del   Sujeto?. Méjico.  Seminario  posdoctoral  de  FACES-UCV. Material  mimeografiado.