Francisco Rodríguez

Sociólogo. Profesor Titular de la UDO (Bolívar)

rodfran@telcel.net.ve

Socialismo del siglo XXI versus socialismos realmente inexistentes

junio de 2005

La cuestión de la búsqueda de una sociedad feliz; vale decir, sin explotaciónes, dominaciones y opresiones, sin desigualdades e injusticias,  hambre, alienaciones; en fin, una humanidad libre y feliz, siempre fue un sueño. Esto es lo que hemos denominado como Utopías  desde Platón con su República y la utopía del “Rey filósofo”, pasando por  San Agustín y la “Ciudad del sol” en la Edad Media, las Utopías del Renacimiento, hasta la Modernidad cuando surge el concepto de socialismo. Socialismo utópico primero y luego socialismo científico con Marx y Engels, el hombre no dejó nunca de soñar con una humanidad  plena de libertad y felicidad. Pero esto nunca llegó, jamás el hombre en ninguna sociedad, diferente a las sociedades arcaicas, dejó de ser egoísta, de buscar poder para la dominación, de utilizar el engaño en la comunicación, de ser violento y por tanto de ser depredador. El siglo XX hace posible la materialización de las utopías del siglo XIX y con ellas el sueño de redención de la humanidad con la implantación de los socialismos reales en la parte del mundo menos indicada para su realización por su ubicación periférica en el sistema capitalista de acuerdo a la teoría de los maestros.        

Pero bien pronto nos convencimos que muy por el contrario de eliminar las lacras del sistema capitalista, la utopía ya realizada, las profundizaba. Represión, explotación, exclusión social, desaparición de todo el que no estaba de acuerdo con el régimen, acumulación de capital por los que gobernaban a nombre del proletariado, totalitarismo; en fin, una reproducción aumentada de todo por lo cual se estaba implantado la utopía de la redención de la humanidad. 

Esto sin contar las contrautopías, algunas en la ficción como “Big brother” y “1984” de George Orwell”, un “Mundo feliz” de Huxley y otras realizadas de tal manera que se convirtieron en una verdadera tragedia de la civilización, como el fascismo.

Y ahora, qué nos espera?, ¿un panorama sombrío, desolador, la muerte de la esperanza y por la tanto de la vida?. Creemos que no y que es precisamente en este momento en el cual estamos en mejor posición para comenzar a pensar en la renovación de la esperanza y es en este contexto latinoamericano y especialmente venezolano, que pudiéramos pensar en un “socialismo del siglo XXI”. Pero ¿A qué tipo de socialismo nos estamos refiriendo?. Uno de los aspectos a considerar en este caso es el de tipo metodológico: el tipo de socialismo que queremos, posible y necesario, no debe ser el modelo de ninguna otra experiencia, sea cual sea. En este sentido el modelo es que no tenemos modelo y por lo tanto no será el producto de la inteligencia de alguna vanguardia o teórico iluminado. Será un socialismo que habrá que construir, no sólo en su aplicación práctica, sino también en su modelo, el cual tiene que ser original porque ninguna sociedad es igual a otra. Aclarado este aspecto nos podríamos preguntar y ¿Quiénes serán los actores de este proceso, quiénes lo construirán? Dado el carácter democrático-popular de este proceso lo construiremos entre todos. Líderes de todo tipo, trabajadores, estudiantes, profesionales, empresarios, sectores medios, artistas y trabajadores de la cultura; instituciones partidistas (de derecha y de izquierda), universidades, sindicatos, gremios; comunidades, aldeas, grupos étnicos, religiosos; en fin, con todo el mundo y desde el lugar de todo el mundo. Estamos hablando de un “socialismo multicultural”, vale decir, construido por la gente de la más diversa procedencia y extracción  sociocultural y desde los más diversos lugares socioculturales, desde la multiversidad de los diferentes lugares del habla.  

Un tercer aspecto plantea el problema del contenido concreto de ese nuevo socialismo, vale decir, el tipo de ideología que permitirá la construcción de esa nueva sociedad y de ese nuevo hombre. Las sociedades de tipo socialismo soviético o socialismos reales, hicieron énfasis en una ideología materialista, atea por su carácter científico, basadas en un estado fuerte  centralizado y fundamentado en la “dictadura del proletariado” que no era más que la dictadura de un partido y sobre todo de un grupo  de funcionarios que controlaban el poder. Puesto que el marxismo había insistido en la cuestión económica  como base de todo lo social, este tipo de sociedades se construyeron sobre el privilegio de lo material. Pienso que el socialismo del siglo XXI tendría que privilegiar el aspecto que a mi modo de ver las cosas definen mejor al hombre, como es la cuestión espiritual. Y no me refiero exclusivamente a lo religioso, aunque también esté contenido, sino también a lo lúdico-estético; es decir, al surgimiento de una nueva sensibilidad que privilegie la belleza de la fraternidad y el compartir en el juego interminable de la vida social. Acentuamos la palabra juego porque la vida contemporánea nos ha convertido en seres muy rígidos y serios, incapaces de la plasticidad que el niño desarrolla en el juego. El otro aspecto es el ético porque tenemos necesidad de una fundamentación en valores de convivencia, de nuestra vida y nuestros comportamientos. Un horizonte de valores que permitan la construcción permanente de la vida junto con el otro y desde la perspectiva de la diferencia del otro, del otro como diferencia reconocida, del otro como sí mismo y del sí mismo como el otro.