Elba Poleo Maldonado

Promotora cultural, investigadora

elbapoleo@hotmail.com

La cultura y la construcción de la ciudadanía democrática multicultural

Publicado en Caracas: Cuaderno Edumedia No. 5. Abril - Junio 2004. Págs. 54 - 59

Publicado en Debate cultural: julio de 2006

Hoy mucha gente se ocupa de la cultura. Este interés va desde la comunicología, pasando por el periodismo, la filosofía, el ámbito de lo literario, la poética, hasta la psicología y la estadística, y por supuesto que los curiosos. ¿En dónde está el discurso “real” acerca de la cultura? En ninguna de esas disciplinas, pero en todas al mismo tiempo.

Marcelino Bisbal 

El fenómeno cultural de los últimos tiempos, se ha caracterizado por trascender aquellos modelos y parámetros, con los que estábamos acostumbrados a percibir la cultura. Hoy día es imposible plantearse un concepto de cultura que no sea abierto, pluralista, es decir, que no englobe dentro de él, las diferentes visiones o formas de entender la cultura.

Tenemos por ejemplo la cultura en su sentido antropológico, que definiría a la cultura como todo lo hecho por el hombre, toda acción humana que no es innata ni instintiva (Morin, 1969). Lo positivo del sentido antropológico de la cultura, pese a que Edgar Morin lo critica por ser demasiado amplio y general, es que precisamente en la afirmación: Todo es cultura o la cultura es todo, es cuando se rompe el prejuicio de considerar a la cultura como acumulación de conocimientos académicos o apreciación de las “bellas artes”. De este modo se logra una valoración de las “culturas populares” (Enfocadas éstas últimas, desde la visión burguesa de la cultura), porque tanto la pintura del renacimiento como las máscaras africanas serían valoradas por igual, como patrimonio artístico y cultural. En este sentido, el gran aporte de la visión antropológica de la cultura, es lograr redimensionar el término cultura, al trasladarlo de su relación: Cultura-Saber, a su relación: Cultura-Hombre u Hombre-Cultura. Es decir, que todo ser humano es portador de “saber” y de “cultura”.

Tenemos el otro sentido de la cultura que proviene también de las ciencias sociales, me refiero al sentido sociológico de la cultura, que Morin, relaciona directamente con la “cultura cultivada” y lo acusa de su carácter residual (Morin, 1969).

A principios del siglo XX, la mayoría de los estudios sobre arte y cultura, se centraban en las manifestaciones culturales de la sociedad burguesa. Tanto la sociología del arte de corte liberal (H. Taine, A. Warburg, E. Panofsky, etc.), como la de corte marxista (Lukács, Brecht, Gramsci, Althusser) enfocaron sus estudios e investigaciones, desde la visión elitista o burguesa de la cultura. Hasta la primera mitad del siglo XX, todavía se entendía la cultura, en este sentido, la sociología del arte se reducía a la historia de la cultura ilustrada, consistía en una especie de cronología del arte o del “gusto” burgués. Cuando se estudiaban otras culturas, éstas siempre eran abordadas desde la visión del pensamiento burgués (pensamiento moderno).

Con el advenimiento de la cultura de “masas”, el paradigma de la cultura burguesa empezó a entrar en crisis: El fenómeno cultural dejó de ser visto como un problema de “gusto”, para entenderse como un universo más amplio que tenía que ver directamente con los procesos de cambio social. Si la antropología con sus estudios de las “culturas primitivas”, logró redimensionar el término cultura; la relación: Cultura - Sociedad, es un aporte muy importante porque involucra directamente al hecho cultural, con la problemática social. Así, la acción cultural, pasó a ser una prioridad fundamental en las políticas públicas de los Estados. La cultura no sólo como una manifestación de todo hombre, sino también de las colectividades y comunidades. La cultura como la manifestación de los valores, creencias, formas de ser y de pensar de grupos sociales. La cultura como un derecho de todo ser humano y de todos los pueblos (Declaración de los Derechos Universales de los Pueblos, 1976).

Todo ser humano como individuo que crece y se desarrolla socialmente, tiene la necesidad de vincularse e identificarse con los demás sujetos que conforman su escenario social. Esta necesidad se expresa a través de códigos morales, valores estéticos y cognoscitivos, variadas formas de lenguajes y de comunicaciones. Dicho de otro modo, la cultura constituye un elemento fundamental, dentro de la personalidad de cada individuo y, dentro de la identidad de cada comunidad o grupo social. Por esta razón, es un derecho humano universal, inviolable e incuestionable (Art. No.22. Declaración de los derechos humanos, 1948).

La historia occidental está plagada de guerras, de luchas mundiales y de violaciones a los derechos humanos y culturales, en favor del control, la dominación y opresión, de grupos humanos. El ejercicio de la ciudadanía constituyó en un principio, dentro de la sociedad occidental, un derecho exclusivo de la clase burguesa, la cual,  estableció oficialmente sus códigos culturales para poder ejercer la “ciudadanía universal”. El pensamiento moderno ideó “un sujeto universal abstracto cuya capacidad de entender la realidad se media a priori por categorías cognoscitivas (Torres, 2001), está concepción del “hombre” y de su realidad, excluyó de la esfera pública y de la historia de la cultura occidental, a numerosos sectores de la sociedad, dado que éstos últimos poseían otras cosmovisiones, diferentes a la realidad cartesiana. Ser un ciudadano y gozar de los derechos y beneficios que demanda tal condición, constituyó un privilegio exclusivo de las elites sociales hasta buena parte del siglo XX. Sólo en las últimas décadas del siglo pasado, el sujeto social logra romper con este modelo burgués o concepción burguesa del ejercicio de la ciudadanía, dándole cada vez más espacio e importancia al debate público sobre los derechos culturales y los derechos de “las minorías”.

Hombre Pluridimensional – Ciudadano Multicultural

La invención de la imprenta creó una determinada forma de ser y de pensar, y el hombre de hoy con el avance de los medios de comunicación y el auge de las Nuevas Tecnologías de la Información (Internet, Telefonía Celular, Televisión Digital Terrestre, entre otras), inmerso en una realidad audiovisual y en un mundo cada vez más tecnificado que lo hace dependiente de una serie de aparatos electrónicos y computarizados, está creando nuevas maneras de relacionarse con “el otro” y consigo mismo, a la vez que crea nuevos espacios para la comprensión del ser humano y del mundo que le rodea: 

… la configuración actual de los imaginarios de vida pasa necesariamente por la llamada cultura de masas. (…) Al punto de que la gente, como sujeto social, está cada vez más determinada por la cultura que de allí se desprende y constituye, por lo tanto, una manera distinta de vivir la existencia.[1]

Esta “manera distinta de vivir la existencia” (Bisbal, 1999), implica entonces, una forma diferente de concebirnos como individuos y como “sujetos sociales”, modifica nuestra manera de actuar y de relacionarnos socialmente, lo que finalmente lleva a plantearnos un ejercicio diferente de la ciudadanía.

Ser ciudadano no tiene que ver sólo con los derechos reconocidos por los aparatos estatales a quienes nacieron en un territorio, sino también con las prácticas sociales y culturales que dan sentido de pertenencia y hacen sentir diferentes a quienes poseen una misma lengua, semejantes formas de organizarse y satisfacer sus necesidades.[2]

En la Democracia Moderna o Representativa el ciudadano es y se siente considerado como tal, en la medida que ejerce por ejemplo su derecho al voto en las elecciones presidenciales de su país. El ciudadano dentro de una verdadera Democracia Participativa, no sólo se conforma con la participación a través del voto, sino que exige gozar por completo, de forma real y directa, de los derechos y beneficios que como ciudadano demócrata se merece y le pertenecen, quiere el cumplimiento efectivo de sus derechos civiles, sociales, culturales y humanos, para lo cual necesita de instrumentos e instituciones que le respalden y  favorezcan tanto su desarrollo personal como su participación sociocultural. En este sentido, la Ciudadanía Democrática Multicultural (Torres, 2001), supone un real y fiel compromiso con los derechos humanos, los derechos culturales y, con la participación popular directa.

La Ciudadanía Democrática Multicultural (Torres, 2001), se plantea como un modelo teórico alternativo de ejercer la ciudadanía en las actuales “Democracias Globalizadas”. Rompe en primer lugar, con la concepción burguesa del “ciudadano” como un sujeto único, estático y homogéneo. Por el contrario, comprende al individuo como un ser pluralista y multicultural, rodeado de múltiples realidades, dentro de una sociedad igualmente plural (UNESCO, 2001). La Ciudadanía Democrática Multicultural, parte entonces, del principio de interculturalidad que valora y consagra la existencia de múltiples culturas dentro de una misma estructura social. La existencia de esta interrelación, entre los diferentes componentes culturales, debe a su vez, partir de dos principios fundamentales: el pluralismo y la igualdad. El pluralismo es un principio, donde no sólo se acepta la diversidad cultural, sino también su igualdad en derecho y valor cultural. Es decir, supone una actitud no sólo de respeto y tolerancia hacia el otro, que es diferente a mí, sino aceptar que este otro, puede tener razón (Ander-Egg,1990).

La Ciudadanía Democrática Multicultural, no se opone a la “Globalización Cultural”, pero sí al “Consumismo Cultural” que confunde el problema de la “identidad cultural” con un problema de “imagen” y de “mercado”, convirtiendo al ser humano y al ciudadano, en un simple usuario, consumidor o peor aún, en un producto de consumo. Durante el siglo XX, la educación, la Iglesia y los medios de comunicación masiva (cine, radio y televisión), fueron vehículos fundamentales para lograr la hegemonía del Estado Bienestar. hoy día, en los “Estados Globalizados”, las Nuevas Tecnologías de la Información (Internet, Televisión por cable, teléfono móvil, etc.), junto con el Mercado, la Moda y la Publicidad, se están convirtiendo cada vez más, en los nuevos espacios de formación hegemónica, en los “nuevos moldeadores” de la personalidad de los sujetos y, creadores de ideologías, en fin, en los aparatos ideológicos (Althusser) del siglo XXI.

La Ciudadanía Democrática Multicultural, se propone finalmente la constitución de una cultura y de un ciudadano pluralista y democrático, como primer paso hacia el logro de una verdadera Democracia Participativa, que supone la valoración y participación igualitaria de los distintos componentes culturales que conforman una sociedad.

Actualmente, el Estado Venezolano, consagra la participación y la pluralidad cultural en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (2000), en su  artículo No.100, del Capítulo VI, De los derechos culturales y educativos, consagrando a las culturas populares, bajo el principio de interculturalidad  e igualdad de culturas. Está en cada uno de nosotros, como miembros de la sociedad, la construcción de las reglas y las normas del país y del mundo que queremos. Creemos en la posibilidad de lograr establecer una sociedad democrática, pluralista y multicultural. Donde cada persona o comunidad, pueda vivir conforme a su identidad cultural, expresándola libremente, respetando por supuesto los derechos culturales de los demás y cumpliendo con sus deberes. Este constituye el marco de una verdadera Democracia Participativa, en la que creemos y por la cual luchamos los ciudadanos venezolanos del siglo XXI, donde ningún grupo cultural que compone nuestra sociedad, se encuentre en situación de opresión y discriminación, con respecto al resto de la población.

Notas

[1] Bisbal, M. (1999). Pensar la cultura de los medios. Claves sobre realidades massmediáticas. Caracas, pág. 24.

[2] García Canclini, N. Op. cit., pág. 19.

BIBLIOGRAFÍA

1.      Althusser, L. (1970). Ideología y aparatos ideológicos del Estado. Medellín: Pepe.

2.      Ander-Egg, E. (1990). La práctica de la animación sociocultural. Buenos Aires: Humanitas.

3.      Barreto, L. (1998). “La reflexión ética y la constitución de una cultura política orientada al entendimiento”. Encuentros Filosóficos hacia el tercer milenio. Cuadernillo (25) 4-28. Caracas: Espacios Unión.

4.      Bisbal, M. (2001). Políticas, cultura y comunicación ¿una relación actual y necesaria?  Revista Comunicación. (116). 10-14.

5.      García Canclini, N. (1977). Arte popular y sociedad en América Latina. México: Grijalbo.

6.      ______________. (1987). Políticas culturales en América Latina. México: Grijalbo. 

7.      González, L. (1996). La política social en Venezuela. Caracas: Centro Gumilla. 

8.      Jares, X. R. (1991). Educación para la paz. Su teoría y su práctica. Madrid: Popular.

9.      Kizer, M. (1999). El objeto de “consumo”. Cuerpo y lenguaje. Cuadernillo (45) 38-42. Caracas: Espacios Unión. 

10. Martín, G. (1992). Metódica y melódica de la animación cultural. Caracas: Alfadil Ediciones. 

11. Morin, E. (1969). Del culturanálisis a la política cultural. Revista Comunication No. 14. París. 

12. ONU. (1948). Declaración de los Derechos Humanos. 

13. Torres, C. (2001). Democracia, educación y multiculturalismo. México: Siglo Veintiuno Editores. 

14. UNESCO. (2001). Declaración Universal de la UNESCO sobre la Diversidad Cultural. París. 

15. UNESCO. (1978). Informe Final, Conferencia Intergubernamental sobre Políticas Culturales en América Latina y el Caribe. Bogotá. 

16. Venezuela. (2000). Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. 

17. Viceministerio de Cultura - CONAC. (2001). Anteproyecto de Ley Orgánica de la Cultura.

18. Viceministerio de Cultura - CONAC. (2002). Proyecto de Ley Orgánica de la Cultura.