Efraín Valenzuela  

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Los del camino de siempre, serán  los del camino de entonces

17 de junio de 2006

En el poemario Los del Camino, (CEFOCOTRAC. Colección VERSO A VERSO, 2005), los versos andan y desandan entre utopías, memorias y mitos. Pero también aparecen un ritual indescifrable y batallas de mucho desear. De esa manera, la poesía, de Ernesto Sánchez, se trasmuta en sugerencias, afirmaciones lacónicas e imágenes extraordinarias: “El sol se dejaba vencer con la lentitud”.”La memoria, no le paraba un centímetro / a la Memoria”. “La Paz de tu ojos / está en aquella montaña / que se cuelga en mi recuerdo”.

Y es que esta poesía transita los recuerdos en alegre brindis. Pero al parecer no es el evocar lo estrictamente histórico. Más bien existe una aproximación, un acercamiento al hallazgo, el alcanzar la perspectiva: “el  Recuerdo que ellos llaman misterio”. De esa manera, recorren Los del Camino un trayecto invisible, sugerido, apenas insinuado. Y, particularmente, tejido en un ritual anunciado.

Los versos de este creador transitarán, desde lo alto, como pájaros, un camino: desde la ventana de este edificio, desde la ofenda  del frío y del viento hasta que se reitera cada año/ en el preludio de una nueva aventura. Muy a pesar  de una  posible puerta furtiva: están allí las señales, los secretos de las horas, el laberinto bíblico, la página ilegible. Todos transitando en otras manos este camino.

En los poemas de  Ernesto Sánchez,  el evocar está demasiado vivo y tiene una terquedad  insidiosa e irreverente. Por ello pasa el tiempo y sigue la búsqueda. La infancia aparece no sólo en la foto, aquella foto del pasado, sino en el verso lúdico: “Fue un presunción inútil / porque ese día el sol jugaba / escondiéndose de ti muy  sutil”. Lo solitario posee el color de siempre.

En los versos del libro, Los del Camino, es posible encontrarse con muchas batallas, que son las memorias del recuerdo. Lo abrupto deviene en arrogancia que tiene forma de lagarto salvaje y se transfigura en hallazgo compartido: la  angustia por el conflicto. Un trance no desterrado y de abundante presencia. No obstante, aquella puerta secreta, se abre de par  en par, y aparece el ser amado, casi sin darse cuenta. En el camino de la noche, las cadenas son invisibles, apenas barrotes hechos de aire, y sucederá lo escrito. La sentencia sería implacable.

Pero el poeta restituya al lector su condición de pertenecer a Los del Camino cuando nos ofrece: “Eran cientos de estrellas /En un principio lucían como un río hermoso / luego nos llegó el recuerdo / de un canto  profundo”. En estos versos volvemos a  andar y a desandar, siempre con el recuerdo transformado en futuro. Y vuelve la  rutina de las cosas, la imposibilidad de un breve respiro. El futuro lo señala, el poeta, de una manera extraordinariamente sencilla: “te entrego estos pasos  / que vienen del camino”. Sólo quedan  murmullos, camuflaje, un universo no descubierto y el primer aliento.

En la poesía de Ernesto Sánchez, la última llamada del auxilio insinúa intentos nuevos e infinitos apuestas al recuerdo. Emergen simientes, resquicios, un pensamiento agrio y un sonido bastante cálido. Por ello nos dice: “Esta sangre derramada / se  reitera cada añoen el preludio de una nueva aventura”. Esta es la forma que siguiere el poeta para alabar a la terquedad histórica. El camino de tanta memoria desgastada, y tanto recuerdo señalado retoma su curso y nos propone: “Viajaremos / hacia aquel pueblo… En aquellas plazas / las más hermosas canciones / de amor / tienen la permanencia exquisita / de lo sagrado”. Se retoma, de pronto, un idioma antiquísimo.

El poeta lanza sus presagios, con voz muda, que “se manifiestan otra vez / en el recuerdo”. Reiterativo nos dice: “La vida transcurre / en el secreto de la memoria”. Una nueva convocatoria, un nuevo encuentro, “una nueva cita / para los que caminan incansables”.

Los del Camino recorrerán las viejas historias, incluso amatorias. Volverán sobre lo transitado, sobre lo que se cuelga en el recuerdo porque “lo que iba a suceder /esta anunciado en el vuelo / de aquellos pájaros”. Y es  que estas aves son las metáforas de Los del  Camino y trazan las trayectorias. Siempre habrá un y así sucesivamente. Los del Camino de siempre serán Los del Camino de entonces. Alguna puerta se abrirá y podremos sentenciar como el poeta: “Lo que ha de ser / saldrá de tus ojos”.