Efraín Valenzuela  

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El Municipio. Una mínima referencia histórica

24 de marzo de 2005

Al hacer referencia al proceso que da origen  al  Municipio,  vamos a citar a un brillante edil caraqueño, oriundo del  Estado Sucre, cuando en  el año de 1944, reiteraba: “Conviene traer a cuento una repetición de lo que dije hace algún tiempo: las familias se agrupan bajo la hegemonía de un hombre, de una facción de guerreros o de un grupo de ancianos. Llega la hora en que los valientes decaen; surgen cada vez más numerosas generaciones de valientes rivales; se impone el estado de guerra interna o el estado inconscientemente legal de la limitación contractual del albedrío. La ciudad se organiza. La colectividad se hace consciente y el estado legal explícito. La ciudad puede llegar a ser Roma y  crear un imperio. Pero es siempre una ciudad la célula augural de un Estado esplendoroso: Menfis, Tebas, Babilonia, Nínive, Atenas, Roma, Génova, Venecia.

Se forman los imperios y las repúblicas y sigue siendo la ciudad o el caserío  de los campos poblados – Municipio urbano o rural – la base, condición y quintaesencia del organismo nacional” (Blanco, 1997: 247).

En efecto, los primeros grupos étnicos se movían sin territorio fijo; el hombre originario, cuando llegó a formar la célula social primaria, o sea la familia (,) andaba  errante en busca de caza, pesca y frutas. No sembraba, no cuidaba ganado. Una etapa más avanzada de la evolución encuentra a la familia asentada en un sitio; la era agrícola revela un adelanto notable en la formación social. Fijada la familia en un sitio, ya surge, definitivo y fundamental, el elemento territorio, base de lo que han de ser después la ciudad y la nación. Posterior a ese tramo familiar viene el de la tribu o clan familiar, es el aumento de la familia que se subdivide en varias familias. El territorio crece y el nexo se crea. Hay una organización rudimentaria y un pacto no escrito, una regla de conducta implícita. El poblado existe. El vecindario existe. El Municipio o superfamilia existe.

Crece un municipio, se hace poderoso; sus guerreros dominan a los de los poblados vecinos. La ciudad surge, poderosa. Es la ciudad-Estado. Su crecimiento y dominio de territorio cada vez mayor, en cuya área viven poblados vecinos, van a constituir la Nación. La integración de sus partes se hace ante todo por la fuerza; luego por comunidades de intereses. Inconscientes de esa integración, la identidad de fines, la defensa contra otras agrupaciones fronterizas, van creando el nexo consciente. Las tradiciones, los esfuerzos comunes, el afecto al territorio, el culto a los muertos; crean el concepto de  Patria (Blanco, 1997: 240).

El Municipio es la Patria inmediata. Un espacio habitable para las familias étnicas vecinales. Es la casa demasiado cotidiana. La génesis del Municipio va desde la agrupación primaria a la unión de voluntades; desde la unión instintiva a la unión del fin común; desde el agrupamiento natural  a la constante y consciente subordinación de las partes, que constituyen el grupo humano, a la autoridad. El Municipio es una sociedad natural y necesaria, en cuyo proceso de formación son actores los individuos, los grupos; los grupos étnicos y las  familias. Todos se van haciendo vecinos. Desde la familia étnica a la familia étnica vecinal. El origen del Municipio es la comunidad. Luego, se organiza la sociedad. La relación de los seres humanos, primogénita, de nacimiento e instintiva, de paso a unas relaciones reflexivas, de conocimiento, voluntarias y consignadas. En primer término, se forma la Comunidad. Luego, se organiza la Sociedad y, finalmente, al conferirse poderes convenientes para alcanzar sus fines, se transforma en Municipio. A través de esa línea de desarrollo tiene su génesis la Ciudad.