Carlos Enrique Dallmeier

ONG “POR UNA DEMOCRACIA GLOBAL”

cdallmeier@usa.net

Basta de mirar al siglo XXI con anteojos del siglo XX

agosto de 2005

Las Naciones Unidas fueron creadas hace 57 años, y está conformada por una Asamblea General de 191 países, que tiene, como explica la Enciclopedia  Encarta, “sólo carácter residual”, y un Consejo de Seguridad, que se fundó, según el Presidente norteamericano, Roosevelt, como ”Policía del Mundo” y en el cual participan como miembros permanentes y con derecho a vetar sus resoluciones, cinco de las naciones victoriosas de la Segunda Guerra.

Durante la llamada Guerra Fría ese Consejo sirvió como escenario superior de la confrontación Este-Oeste, y a pesar de su nombre, poco pudo hacer para que se alcanzase la plena paz mundial, siendo incapaz de impedir las numerosas guerras que se presentaron (Vietnam, Angola, Camboya, etc.)

Finalizada la Guerra Fría, el Consejo pasó a ser utilizado como un instrumento de las grandes potencias para afianzar su poderío, bien auspiciando intervenciones militares como la de Haití o Yugoslavia, o bien haciéndose la vista gorda ante los desmanes de sus miembros permanentes, (Bombardeo del Parlamento Ruso, Guantánamo, etc.) ignorando los grandes problemas  que atraviesa la humanidad, como el hambre, el narcotráfico y el desarrollo.

Hoy, ante el surgimiento de nuevas potencias (Japón, Alemania, etc.) se plantea incorporarlas al Consejo de Seguridad como socios permanentes, para mantener un poder global compar-tido, manteniendo el derecho a veto sólo a las actuales y marginando a los países pobres.

Para lograr el apoyo de los 191 países de la Asamblea General, elaboraron un plan muy detallado, que incluye, desde el perdón de la deuda externa a países africanos para ganar votos, hasta la típica manipulación de intereses nacionales.

Para lo cual trabajaron en dos etapas: primero, pusieron a circular la leyenda urbana de que la mejor manera de minar el poder de las grandes potencias, era estimulando a las potencias emergentes para que fuesen sus rivales, buscando que, luego, al lanzar la propuesta de ampliar el Consejo de Seguridad con la incorporación de esas potencias emergentes, la mayoría de los líderes progresistas, asociando ideas, concluyeran de que había que apoyar esa idea.

Ese plan les permitiría:

a)      Tener a diplomáticos y dirigentes de los países nominados al Consejo de Seguridad, presionando alocadamente a los gobiernos, con promesas o amenazas, para conseguir los votos de esos países en la Asamblea General de la ONU.

b)      Conseguir que países con líderes progresistas, también trabajen denodadamente para materializar ese ambiente de conflicto entre potencias, supuestamente “salvador”.

c)      Impedir, y es lo más importante del plan, que se abra una discusión sobre el papel del Consejo de Seguridad, que elimine su carácter policial y belicista, y lo adapte a los grandes anhelos de toda la humanidad de vivir en un mundo de paz y de desarrollo.

Esta maniobra hay que derrotarla por el bien de la humanidad, ya que la misma significaría darle carta blanca a las grandes potencias para que, ahora relegitimizadas en el Consejo de Seguridad, terminen imponiendo el neofascismo emergente y su carga de violencia demencial.

En nuestros países, los principales enemigos en la lucha para derrotarla son aquellos arribistas que accedieron a posiciones de poder, promocionando esa teoría imperial ante los jefes de gobierno, y que hoy, para conservarlos, impiden a toda costa que se desenmascare.