Ángel Américo Fernández

Profesor-investigador en Epistemología y Filosofía

angelferepist@cantv.net

El Marxismo como Metafísica      

27 de octubre de 2006

A pesar de sus invocaciones predictivas y de sus extrapolaciones revolucionarias deducidas a partir de un supuesto enganche con el método científico, lo cierto es que la historia ha venido mostrando cada vez con mayor énfasis que el marxismo está montado sobre un metarrelato contado sobre la historia de un optimismo metafísico. En efecto, las ideas de Marx, examinadas una y otra vez bajo la obligada lectura del presente, se anudan sobre tres tesis que llevan la impronta no de la utopía sino de lo que está más allá de lo histórico, a saber; la teoría del valor, el papel protagónico del proletariado en la prefiguración de un reino comunista y unas supuestas leyes históricas del desarrollo social, incluyendo la ley de la acumulación del capital. Cualquier análisis que se haga hoy en día con las herramientas disponibles de la época más la ampliación de las experiencias en la historia y la economía, conducirán a la misma conclusión: las bases vertebrales del Marxismo entroncan con un planteamiento metafísico.

El primer eslabón es la teoría del valor, antes tenida como bastión inexpugnable. Esta tesis montada sobre el sofisma del trabajo como sustancia del valor era la clave para deducir las consecuencias revolucionarias del marxismo. Más, la economía moderna ha dejado claro que aquella postulación al dejar de lado el concepto de valor relativo devino francamente inconsistente para explicar uno de los puntos nodales del capitalismo, a saber: la transformación de los valores en precios. En efecto, la teoría del valor se desploma, porque tal como han señalado una larga lista de economistas, Marx intentó analizar la economía capitalista prescindiendo de tres factores esenciales: la escasez, la demanda y el tiempo. La conclusión forzada es no se puede explicar la formación de los precios en el modo de producción capitalista sin apelar a la “mano invisible del mercado”. Marx al quedar prisionero del esquema de valor absoluto de David Ricardo,  introducía un elemento grave en su formulación porque como apunta el economista venezolano Emeterio Gómez “basta con dejar uno solo de ellos, la escasez, la demanda y el tiempo, fuera del sistema teórico, para que esa imposible explicar lo económico…y Marx los deja a los tres”. Esto implica que la llamada teoría del valor tiene fuertes ingredientes especulativos y al hacerse descansar en ella el papel revolucionario de los trabajadores, se presenta un problema ineludible expuesto en un viejo trabajo de Emeterio titulado Marx, ciencia e Ideología y es que allí donde el Marxismo es revolucionario no es científico. O lo que es lo mismo, las consecuencias revolucionarias del marxismo descansan en un planteamiento metafísico.

La segunda cuestión es la relativa al papel emancipatorio del proletariado. Sobre este tópico es pertinente indicar que el pensador francés Francoy Lyotard ha apuntado que el pensamiento de la modernidad tiene la forma de grandes relatos con un principio, un gran sujeto o héroe, un propósito y un final feliz. Advierte que unos de las grandes metanarrativas modernas es la que adopta la versión marxista en la que un sujeto encarnado en el proletariado inicia un movimiento histórico de luchas para en una coyuntura especial de agudización de las contradicciones apalancar la destrucción del capitalismo e instaurar una sociedad de hombres libres. Pero los metarrelatos tienen la impronta de los cuentos de hadas, generan esperanzas, promesas y lazos afectivos, pero más pronto que tarde se revelan fábulas al no alcanzar realización pragmática.

El otro punto es el de la postulación de unas supuestas “leyes” de la historia o del desarrollo social que introducía la idea historicista de destino y que portaba la buena nueva de que la revolución estaba asegurada. Sin embargo, los propios teóricos del marxismo han abandonado esta idea falaz. No existen tales leyes de la historia. Herbert Marcuse hace tiempo impugnó los presupuestos de aquellas leyes que convertían la historia en una ontología. Por cierto, la ley de la acumulación del capital no condujo al comunismo en ninguna parte del globo. El capital y el capitalismo han mutado ostensiblemente hasta el punto que si Marx viviera no los reconocería. El capital se ha vuelto abstracto, se ha desterritorializado al convertirse en capital transnacional. La reproducción ampliada del capital ha traído consigo un capitalismo de dimensión global articulado a la sociedad del conocimiento y de las comunicaciones instantáneas.

Naturalmente, se puede seguir creyendo en el Marxismo, eso es asunto de cada quien y no se discute. Pero pretender que el marxismo puede fundar “algo” o ser fundamento de algo así como un proyecto de Sociedad y Estado, es completamente equivocado. En el marxismo se puede creer al estilo de un credo, es un asunto de fe religiosa, pero ¡cuidado! No hay elementos para referirse a él en términos de referencia a una gran teoría.