Andrea Coa

Escritora

ajotacoa@yahoo.es

El requisito - Cuento

julio de 2005

En la tarde, el Sol derramaba gratuitamente su luz sobre el mundo en tinieblas. En algunos lugares, la barrera había sido corrida, indicando que los usuarios de esos pequeños espacios habían podido pagar el derecho a luz.

El altavoz rugió en lo alto de la torre de la plaza.

En todos los hogares de todos los países de ese mundo, los televisores, instalados en lugar  preferencial de las casas, repitieron en "off" el mandato. Las pantallas comenzaron a mostrar rayas
horizontales y quebradas, negras y blancas sobre un fondo amarillo. En el pleno centro de la misma, un círculo amarillo y negro giraba concéntricamente.

Todas las personas que vivían en cada casa se concentraron frente a los aparatos y fijaron la mirada en el círculo concéntrico, en las rayas que temblaban espasmódicamente, y en el silencio de fondo en el cual se destacaba el mandato ineludible:

"_Es la hora de desconectar las mentes"

El mandato se repitió por unas doscientas veces, durante un tiempo que nadie midió porque hasta para contar hay que pensar.

Lejos, muy lejos, en un satélite que giraba en torno al planeta, Los Gerentes, privilegiados que podían mantener su mente pensando mientras estaban despiertos, porque habían cumplido con El Requisito necesario para tener esta ventaja (Todos habían pagado por adelantado la patente del pensamiento), supervisaban atentamente que el mandato se cumpliera totalmente en todo el mundo.

n su sala técnica, hileras de pantallas de computadoras, que estaban en red con todos los televisores del mundo, mostraban las imágenes de los hogares en los cuales, obedientemente, miraban sus  aparatos los ciudadanos, las ciudadanas y los ciudadanitos (no de ambos sexos porque los  ciudadanitos debían llamarse así, en masculino, y tenían prohibido darse cuenta de que tenían sexo).

Aquellos que eran demasiado pobres para tener televisores, se paraban frente a las casas, con los
ojos fuertemente cerrados de acuerdo a las instrucciones, y escuchaban los altoparlantes de las
plazas.

En menos de cinco minutos, todos los ciudadanos, las  ciudadanas y los ciudadanitos habían desconectado sus mentes. Nadie pensaba.

Pasó una hora.

La Hora Gerencial, en la cual, sin la interferencia de ningún pensamiento, Los Gerentes del mundo pasaban revista a sus negocios. Revisaban las computadoras que, en todas partes, centralizaban la información sobre toda la sociedad del planeta.

Buscaban algo, cualquier amenaza que pudiera ser origen de perturbación de la sociedad perfecta,
disciplinada, en la cual la gente pensaba cuando se le  ordenaba pensar, actuaba cuando y como se le ordenara actuar, y sobre todo, cumplía el requisito vital:

Pagaba.

Era un control anti-piratería.

Cinco minutos antes de terminar la hora gerencial, las gentes salían de sus casas a las cajas públicas, en las cuales depositaban, hasta el último céntimo, la cuota diaria de alquiler de la Licencia de  Pensamiento. Y debían hacerlo sin pensar.

La sociedad había evolucionado mucho. La ley era estricta. Todo era patentable, todo se patentaba y los precios de las patentes se habían hecho tan altos, que las personas habían concluido por entregarlas a las empresas administradas por Los Gerentes, cuyos dueños tenían de esa manera el control del mundo.

Esta obra se facilitó por el genio de Romm Suarzz, quien inventó el desconectador de pensamiento, que no desconectaba nada, pero permitía monitorear, vía satélite, hasta la última vibración de los cerebros, por medio de un micro chip de ½ mm de largo y delgado como un cabello, que se insertaba en el pescuezo de  los ciudadanos, las ciudadanas y los ciudadanitos. En cuanto a la gente que nació después, el mismo Suarzz  inventó una cápsula que la embarazada se tomaba, y el
chip pasaba del estómago, atravesando las vísceras, a instalarse en el lugar adecuado del pescuezo del feto, con precisión matemática. El proceso era doloroso, pero pese que a La Corporación no le importaba (nunca se ha visto que las corporaciones tengan sentimientos ni piedad), pese a eso, habían inventado un analgésico para que se lo tomaran las mujeres, por un precio razonablemente alto, que se podía pagar junto con la cápsula misma, que ellas no sabían para qué era, pero
tampoco habían pagado una patente para pensar sobre eso.

El invento del micro chip, como todos los inventos cuando pertenecen a las corporaciones, sirvió para estimular la industria, las inversiones y bla, bla.

Cada ciudadano, ciudadana y ciudadanito tuvo que  comprar su propio chip, porque La Gerencia (El Estado había sido abolido, por ser una institución arcaica  que lesiona la libertad empresarial etc. etc. etc. Bla, bla, bla.) ... la gerencia no podía, por una moral estrictamente lucrativa, donar nada a nadie.

Todo cuesta, todo vale, y el fin de todo es producir ganancias a los Dueños y no estimular la mendicidad ni la holgazanería, tal y qué sé yo.

Nadie sabía quiénes eran Los Dueños, ni siquiera los gerentes, que eran los únicos que sabían de su existencia, porque tenían que rendirles cuentas y pagarles las patentes de cada paso que daban.

Alguna vez hubo inventores, como Romm Suarzz.

Romm Suarzz murió al terminar su último invento (la cápsula para las embarazadas); una vez que hizo los planos y dio la información necesaria para construir el nano ingenio, estiró su genial pata.

Nunca supo nadie de qué ni cómo murió el inventor, porque nadie había comprado la patente para pensar sobre eso. Los banqueros de patentes, que eran los que daban los permisos, no incluyeron en su lista nada que tenga que ver con muertes súbitas de inventores al servicio de transnacionales, cuando terminan su obra y no quieren vender la patente.

Desde entonces, todos los bienes del sujeto (que  había comprado con el sudor de sus neuronas), pasaron  a ser propiedad de La Corporación, porque el genio en cuestión no había dejado herederos. Y no los dejó por una razón muy sencilla: Sus espermatozoides habían  sido patentados cuando a los trece años se masturbó sin permiso en un baño público dotado de fotos de modelos de ampulosos silicones, espejos y cámaras.

Se limpió con un pañito que estaba allí como por casualidad, y enseguida perdió la noción de las cosas, el tiempo suficiente para que saliera un brazo mecánico de la pared, recogiera el pañito y se
volviera a esconder tras una baldosa decorada con una mujer blanca de ojos azules que mostraba pezones rosados y una sonrisa estereotipada de prostituta.

A partir de ese momento Romm no pudo ni siquiera masturbarse más, porque significaría desperdiciar un bien de capital que pertenecía por derecho propio a La Corporación, y tener un hijo pirata sería un delito sumamente grave, que se pagaba con la muerte bajo las más terribles torturas. Y tampoco pudo casarse, porque  lo que ganaba no le alcanzaba para pagar la patente
del matrimonio.

Como La Corporación contaba con el ADN de Romm, no fue necesario clonar el material ya desgastado del genio, el cual fue vendido para que fuera convenientemente reciclado. Cada cc de proteína se  vendía al más alto precio, porque podía servir como insumo para producir proteínas artificiales a partir de un cruce con papel reciclado, que era el alimento principal de la población, la cual debía pagar el precio de cada ración, más el derecho de patentes por los procedimientos de masticación, deglución, digestión y defecación, que pertenecían, por supuesto, a La Corporación.

Esta historia me la contó un fugitivo de ese planeta, que inventó un sistema para engañar a la  computadora que se revisa en la Hora de la Gerencia y llegó hasta la tierra, este país que aún está en los arcaicos tiempos en que se discute la patentabilidad de las cosas y las ideas, y no se reconoce el derecho omnímodo de las corporaciones sobre todo lo que se mueve.

No puedo decir el nombre del fugitivo ni el planeta del cual procede, porque corro el riesgo de que una comisión interplanetaria me pase buscando, y termine pagando el delito de nombrarlo sin patente, con mis propias proteínas, que terminarían en la fábrica, cruzadas con papel reciclado, para ser devoradas por una humanidad venida a menos.
 

Nota para los lectores (y las lectoras):
ESTA OBRA ES COPY LEFT.
PUEDES COPIARLA, PRESTARLA, REQUETEPASARLA Y BAJARLA,
NO PUEDES VENDERLA, TODO ES GRATIS.
TIENES QUE DARME EL CRÉDITO ¡NI MÁS FALTABA!
PUEDES HACER UNA OBRA DERIVADA, PERO TAMBIÉN DÁNDOME EL CRÉDITO
(DERECHOS MORALES, TÚ SABES)
LA AUTORA


LA VIDA es hermosa. disfrútala en digna paz