Luis Palencia

Docente-Investigador de la UCV

lupatv@gmail.com

Pensamiento subalterno

12 de enero de 2011

América Latina hoy se piensa como antes se ha pensado desde la derecha a la izquierda como un estadio inferior al del desarrollo europeo y anglosajón; por lo tanto, la meta ha sido y continúa siendo alcanzar (buscar) el mismo grado de desarrollo y progreso social, la modernidad capitalista como idea de procura de progreso. De allí, el enfoque de seguir priorizando la cuestión económica desde el economicismo crecimiento como paradigma por sobre la complejidad y particularidad de lo cultural y lo social para responder a las necesidades y el consumo. Plantearse la "cultura del trabajo" en contraposición a la "cultura del capital", es el eje fundamental. Estas razones, hacen del debate del desarrollo un debate  político, social, cultural, ético y económico vinculado a la riqueza, la propiedad de los recursos naturales y energéticos, del acceso a los servicios, del goce de los derechos en democracia real tal cual como lo establece la Constitución Bolivariana de Venezuela: el buen vivir en la diversidad e interculturalidad. Es decir, no hay salida dentro del capitalismo. Precisamente, ese es el debate que coloca el nuevo presidente de la Asamblea Nacional, Fernando Soto Rojas.

El estudio de las ideas acerca de la economía y la llamada economía del desarrollo han transitado invariablemente por la razón clásica ilustrada (modernidad): pensamiento neoclásico (razón política de la derecha), keynesiano (razón del centro) y marxismo occidental –P.Anderson dixit (razón de la izquierda). De esta vieja "controversia" a la situación actual, la globalización y la mundialización, pareciera ineludible que el crecimiento económico a través de la acumulación de capital equivale a desarrollo. Igualmente, y no menos preocupante, nuestros centros académicos no han podido superar este escollo y contribuir al debate. La modernidad pesa sobre las ideas mientras la posmodernidad cae abatida en el espectáculo... La crisis del desarrollo no se manifiesta solamente en los medios y las posibilidades. También afecta a la naturaleza y los fines del desarrollo. En la concepción predominante del desarrollo lejos de llegar a un equilibrio entre el campo y la ciudad, entre la "base" y la superestructura administrativa, se observa la constitución de metrópolis gigantescas, mientras que declinan las comunidades populares y desaparecen las culturas en beneficio de mecanismos hipertrofiados, administraciones burocratizadas y culturas prefabricadas. El discurso del desarrollo se vuelve así tautológico.

El caso venezolano sirve de ejemplo: país rico y pueblo pobre. ¿Cómo someter nuestros recursos a un mecanismo de redistribución del ingreso y del poder en Venezuela? El dilema nuestro pareciera ser: ¿Petróleo o desarrollo? Desde las élites políticas y económicas tradicionales el "excremento del diablo" sigue siendo el sentido y el objetivo para la producción en tanto renta, regalía, royalty. Les espanta la confrontación del trabajo frente al capital, tal cual como colonialidad interna cargan y esterilidad parasitaria comportan. Esto explica, el ineludible y necesario debate y su confrontación: el trabajo frente al capital.