Javier Biardeau R.

Sociólogo. Profesor de la Escuela de Sociología de la Universidad Central de Venezuela

Sin rectificación no hay reimpulso

agosto de 2008

¿SOCIALISMO EN MEDIO DE DESIGUALDADES? Hay mucho que rectificar en la revolución bolivariana en los ámbitos económico, social, político y ético-cultural. Hay muchos espejismos por desmitificar. De manera clásica, Bobbio ha planteado que la izquierda lucha por la concreción del principio de igualdad social y política, mientras la derecha enfatiza una combinación de orden, seguridad y libertad individual. Pizzorno ha planteado que bajo las tendencias de re-estructuración capitalista neoliberal, la izquierda lucha contra las exclusiones, mientras la derecha defiende los privilegios y los nichos de poder.

En todo caso, no puede decirse que se avanza en una política de izquierda si no se avanza en una reducción significativa de la desigualdad y la exclusión social. Menos se puede decir que se construye el socialismo, si utilizando la taxonomía de las clases sociales en América Latina elaborada por  Portes y  Hoffman (Cepal; 2003) tenemos que el proletariado formal, tanto no manual como manual, así como el proletariado informal, constituye la inmensa mayoría asalariada que sufre penosas condiciones de precariedad laboral y desigualdad social.

Las estadísticas oficiales y no oficiales confirman: unas, la no reducción de la desigualdad en la distribución del ingreso en 8 años de gobierno revolucionario; otras, el aumento incluso de la desigualdad entre el 20 %  de hogares con mayores ingresos y el 40 % de los hogares con menores ingresos familiares. ¿Se justifica toda la retórica sobre el socialismo bolivariano del siglo XXI, si no se ataca este frente social y económico? La respuesta es no. Lo cierto es que mientras en el año 1997, los 2 quintiles mas bajos (40 %) concentraban solo un 12,3 % del ingreso, el quintil más alto (20 %) concentraba un 53,6 % del ingreso. En el año 2004 (6 años después), las cifras se agravaron: los dos quintiles más bajos concentraban el 11,1 % del ingreso y el quintil más alto concentró el  54,8 % del ingreso, de acuerdo a cifras oficiales del INE. Incluso la leve mejoría del año 2007 no es nada halagadora, si contrastamos estos cambios con los crecientes ingresos petroleros del Estado Venezolano: los dos quintiles más bajos concentraron un  15,9 % del ingreso, mientras el quintil más alto, concentró un 49, 7 % del ingreso.

La brecha se mantuvo intacta, no hay reducción de la desigualdad a pesar de los avances en la reducción de la pobreza crítica. Hay menos pobreza, pero vivimos en una sociedad donde las brechas de desigualdad siguen prácticamente intactas, en un cuadro de políticas de un gobierno que proyecta un intenso mensaje revolucionario. El coeficiente de desigualdad, definido por Portes y Hoffman como la relación entre el ingreso nominal medio del quintil superior de la población y el de los dos quintiles inferiores, se mantiene casi idéntico desde 1997 al año 2007.

    La conclusión es preocupante para el pensamiento crítico socialista: ningún indicador de distribución del ingreso muestra resultados halagadores, en comparación con períodos anteriores. La izquierda ha reconocido que el coeficiente de Gini es un  indicador que subestima las brechas sociales. Cuando se asumen mejoras en el coeficiente de Gini se ocultan las brechas reales. Por tal razón, es indispensable analizar la distancia entre quintiles de ingreso. ¿Para que sirve distribuir la renta petrolera si refuerza un patrón desigual y concentrador de los ingresos?

No hay socialismo en un cuadro material y simbólico de desigualdad, con altos niveles de subempleo y precariedad laboral, que contrastan con burbujas de enriquecimiento de grupos vinculados o no, al alto gobierno. Para un reimpulso revolucionario, hay que rectificar. No hay socialismo  cuando se refuerza un modelo económico-social de carácter desigual y concentrador de la riqueza material en las clases dominantes.

En el discurso hay mucha retórica de izquierda, pero los hechos apuntan a mejorar  fundamentalmente el cuadro económico de las condiciones de vida de las clases dominantes. La izquierda aparentemente gobierna, pero la derecha acumula poder económico y mantiene sus privilegios.