Freddy J. Melo

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Sobre la cuestión de la propiedad II

16 de noviembre de 2010

Tras referirme a la iracundia oposicionista y sus descargas contra el Gobierno revolucionario, referentes a dictadura, libertad de expresión, propiedad privada y comunismo, comencé aquí a examinar las mendacidades e impertinencias que contienen, con paso rasante sobre las dos primeras, las cuales se caen por su propio peso, y algo más de atención a la tercera: vimos cómo los señores esclavistas y feudales arrebataron la propiedad a los trabajadores de su tiempo.

El capitalismo, no precisamente en forma idílica (“la acumulación originaria significó la expropiación de los productores directos, es decir, la disolución de la propiedad privada basada en el trabajo personal”, señala Marx, al tiempo que condena “la serie de robos, atrocidades y violaciones que acompañaron a la expropiación violenta del pueblo desde el último tercio del siglo XV hasta el siglo XVIII”), el capitalismo (hablo de manera general) disolvió los feudos, convirtió progresivamente en capital la tierra, liberó a los siervos, dejándolos sin señores aparentes y sin bienes, para instaurar un sistema que sólo puede existir entre individuos libres, relacionados, para la actividad productiva de mercancías (nueva expresión del valor económico), mediante contratación: unos, pequeña minoría, dueños de los medios e instrumentos de producción originalmente adquiridos valiéndose de engaño y fuerza; otros, la gran masa popular “liberada” de propiedad, poseedores de un solo bien, su fuerza de trabajo, obligada por esa condición a convertirse también en mercancía. Así, pues, entre dos “libres” de ese tipo, uno tiene la libertad de no trabajar (o verse forzado a no hacerlo por la naturaleza del sistema)… y morirse de hambre o convertirse en bandolero común: es de nuevo esclavitud disfrazada, pero ahora con mayor sofisticación y ocultamiento de la esencia. Proseguiré.