Alberto Müller Rojas

El conocimiento inútil

Publicado en Diario Vea, Caracas, 9 de agosto de 2008

Los plagiarios, que por los medios escritos y radioeléctricos pontifican sobre el socialismo, ignoran los avances de la ciencia del comportamiento humano, e incluso, desconocen los aportes de K. Marx en este campo. Para ellos la sociedad estamental visualizada por Marx y Engels en Feuerbacht. Oposición entre las concepciones materialista e idealista no entra entre las proposiciones aparecidas en algún "catecismo" que explica el socialismo como un dogma. Para ellos la estructura social es únicamente la generada por la sociedad industrial, dominada por la burguesía dentro del pensamiento capitalista, cuyos grandes protagonistas se materializan en las clases sociales. La sociedad feudal precapitalista, cuya estructura la definen los estamentos, de los cuales los primeros privilegiados viven de la renta de la tierra (Marx, El Capital, Libro Tercero, cap. XXXVI), no cuenta para ellos. Como tampoco les importa la idea del desarrollo des­igual de los pueblos, tra­bajada por Samir Amin. Desechan la génesis de la moderna estructura de clases de las formacio­nes sociales históricas como un resultado de la creación de un proleta­riado, a. partir de la  migración de los siervos de la gleba a los centros urbanos controlados por la burguesía. El agregado que con sus actividades artesanales lograba la acumulación del “capi­tal usurario". El cual exige, que a través “de una parte por lo menos de su producto se con­vierta en mercancías", y con ellas se comercie  para desarrollar las diversas funciones propias del dinero.

Es este el cuadro reinante en la realidad venezolana. Aquí no ha existido una artesanía que haya acumulado el dinero por la conversión de su producci6n en mercancías, y mediante su comercio, haya acumulado dinero. Los "mantuanos" que se enriquecían con la renta de la tierra, y los que ellos cooptaron después de la aparición del petróleo, sólo cambiaron esa renta del espacio por la renta petrolera (de las minas), tal como lo hacía la aristocracia española con la renta del oro y de la plata americana. La producción industrial nacional es un desarrollo secundario, simplemente ensamblador, generadora de unos pequeños enclaves de modernidad. En ellos crece un exiguo sector burgués que capitaliza una porción de la renta, y subsiste con la protección de un Estado históricamente dominado por los mantuanos, antaño propietarios de la tierra, y los gremios pro­esionalizados propios de las sociedades precapitalistas.

La revolución presente en Venezuela no es producto de la lucha de clases, por cuanto aquí es inexistente una burguesía consolidada y amplia que propiciase el desarrollo capitalista. Bajo la tesis del desarrollo desigual, que origina las sociedades duales, por la convivencia do los enclaves modernos mencionados, y una mayoría que vive de economías tradicionales y de subsistencia, nuestra revolución es producto de las tensiones entre ambas porciones de nuestra comunidad política. Y como ocurre en estos casos, el triunfo de la mayoría excluida por la acción combinada de la "aristocracia mantuana" y la incipiente burguesía, no podía detenerse en las reformas puramente democráticas. Debía avanzar, como de hecho ocurre,  hacia el logro de su hegemonía, para modificar radicalmente las relaciones de trabajo, de producción y de propiedad.