Alberto Monteagudo

Comunicador visual-docente

monteagudo28@gmail.com 

Revolución y Cultura; deteniendo la película

19 de octubre de 2010

“¡Hasta cuándo yo hablo con piedras!”…

Hugo Chávez

Aló Presidente, 5 de diciembre de 2009

Estamos en una etapa crucial, común a todo movimiento que insurge en contra de cualquier poder hegemónico.

Es la coyuntura en la cual ambas partes; luego de superados los primeros momentos de sorpresa, desconcierto y desorden, ya reorganizados y evaluados  con más serenidad los hechos, corrigen los errores propios de su inicial  proceder reactivo, y se preparan para el enfrentamiento definitorio. 

En las filas revolucionarias, si ha de conservarse el poder conquistado (en eso va  la vida), los asuntos a resolver son tremendamente complejos.

No cuenta  con la ventaja de poseer, como el adversario, cuadros con amplia experiencia en el manejo del poder establecido (poder que en Venezuela conserva en alto grado), a lo que, como élite dominadora, suma una clara e inmediata percepción  estratégica de los intereses en juego a corto y largo plazo.

Esto último, como hoy puede verse claramente, facilita las alianzas inter-pares, superando (o postergando) debilitantes luchas intestinas. A esto hay que sumar ¡faltaría más! el apoyo de la mayor potencia imperial que el mundo a conocido; más peligrosa hoy, en plena decadencia.

En el otro bando; (el nuestro) aunque históricamente el poder popular se asienta en la fuerza del número; cuando de su seno no surgen elementos unificadores, inspiradores, orientadores, claramente percibidos por el colectivo como garantía de triunfo, luego del primer momento de movilización aluvional (27F) tiende a disiparse en metas dispersas e imprecisas.

De darse esta situación, la entropía desmovilizadora erosiona rápidamente el fervor, la iniciativa y creatividad revolucionaria, facilitando la labor de la reacción, tanto fuera como dentro de su seno.

En el caso de Venezuela, la aparición del aquél joven comandante Chávez y su “por ahora”, galvanizó el imaginario colectivo y potenció la histórica cultura igualitaria, rebelde y corajuda de todo un pueblo a un grado que el adversario no pudo prever, ni en lo inmediato enfrentar eficazmente ("hasta  ahora").

Hoy, luego de diez años de Revolución Bolivariana, detengamos un momento la película y veamos que tenemos.

El último cuadro nos muestra la ominosa imagen del regreso a la Asamblea Nacional de quienes hace solo minutos vimos plegándose al golpismo fascista -imperialista.

El análisis de este único fotograma bastaría para revisar todo el guión en busca de las pistas que pudieran explicar (explicarnos) que pasó; y por consiguiente avizorar el progreso de la trama.

Una cosa se ve clara; el pueblo, el gran protagonista; aún reconociendo  mayoritariamente el liderazgo del comandante Chávez (por quién se ha jugado la vida en más de un lance y sigue dispuesto a hacerlo) hoy reclama (reclamamos) de manera cada vez más audible y urgente una mayor participación en la escritura de la historia.

El avance dentro de nuestras filas, del camaleonismo conciliador, reformista corrupto y corruptor (estos ingredientes siempre van juntos) es de una evidencia incontestable., como también su creciente asociación con astutos capitalistas de la vieja especie, ahora impulsando una cruzada por un empresariado “socialmente sensible”, más una nauseabunda especie roja-rojita, que ha brotado como hongos en la parte sombría de la revolución.

Será cosa de ver como estos grupos, sumados a la oposición parlamentaria, le facilitarán al trabajo lobbista a las corporaciones del negocio transgénico, eco-bio-devastador; de la industria farmacéutica transnacional, explotadora terrorista  de  rentables neo-plagas; de la industria turístico-culturicida; de la explotación minera, envenenadora y etnocida, y las infaltables “industrias culturales”, cabecera de playa de la neocolonización mental  que sigue campeando  intocada luego de  estos diez años.

Para quienes, entendiendo  que “La  Revolución; es cultural, o no es”, hemos venido denunciando sus actividades y luchando por una ley Orgánica de Cultura para la Revolución Permanente, se abre un nuevo escenario que debe encontrar unidos a todos quienes comparten dicho postulado.

A los proyectos de ley que pasaron por la A.N. (¿son cinco o seis ) algunos preñados de muy malas intenciones (como el que se aprobó en primera discusión durante el período de cohabitación con “la cuarta” y que afortunadamente un grupo de patriotas logramos abortar); hoy se suma otro, que nadie fuera de la A.N. conoce, y que según su promotora la Diputada María de Queipo, fue consultado con un amplio abanico de gremios y asociaciones populares. 

Desafortunadamente, como ha venido sucediendo con los “n” proyectos existentes, al parecer una vez más impera la carrera a última hora para lograr su aprobación a como de lugar.

Desafortunadamente también, una vez más habrá que salirle al paso, malgastando fuerzas y capacidades que bien pudieran emplearse en un debate más trascendente que no es otro  que el que tiene como propósito la construcción colectiva  de una base de valores compartidos que, partiendo del inmenso legado bolivariano –robinsoniano, le de cohesión y  rumbo a esta resurrección de lo mejor de este bravo, inteligente y abnegado pueblo.

Por algo es que el enemigo estratégico y sus sirvientes han movido (con éxito) importantes recursos para desnaturalizar toda disposición legal  inspirada en la definitiva soberanía nacional (ej; el fallo del Tribunal Supremo de Justicia que denunciara Luis Britto García y que al permitir la jurisdicción de tribunales y árbitros internacionales) deja indefensa a Venezuela frente a demandas como la adelantada contra la nación por la Exxon.

Con la estratégica legislación cultural el asalto ha sido masivo; Ley del Libro; de Artesanía; Ley Resorte; de Ciencia, Tecnología e Innovación; Ley de Cine, Lopna; Ley de Derechos de autor; etc. Instrumentos que habrá que R- evisar y R-ectificar  para que la tercera “R” sea la de R-eimpulsar y no la de R-etroceder en lo moral, en lo político, en lo social, en lo territorial, en lo científico-tecnológico; en lo ideológico, es decir: en  “lo cultural”.

“¡Vamos Rocinante; hacia la Constituyente Cultural; Rediez! ¡Que solo el pueblo salva al Pueblo”!