Sulbey Naranjo de Adarmes

sulbeyn@cantv.net

Lógica revolucionaria. Conceptos y procesos

enero de 2007

Patria, Socialismo o muerte”… Frase con  propósito emblemático ésta  la del Presidente de la República con motivo de su juramentación para el tercer período de gobierno. Afirmación  recibida con ambigüedad  por un pueblo a la expectativa,  Palabras que a partir del derrumbe del concepto-dogma  Levinas  calificaría como “palabras de un saber sin saber, palabra-arcoiris, palabra- en flor… 

No tengo claro si el socialismo chavista  será democrático” (Margarita López Maya). Frase vacilante pronunciada  recientemente por una simpatizante del proceso revolucionario”. El  enunciado, sin pretensiones emblemáticas, se hace eco de la  incertidumbre del venezolano frente al proyecto socialista  en cierne.  

“¿Significante vacío” éste del socialismo del siglo XXI? Ante  esta  interpelación (¿ingenua?) del periodista Alonso Moleiro  a López Maya  (El Nacional 21 -01-07)  la respuesta aclara y confunde a la vez:  “Creo que sí. -dice- La democracia participativa y protagónica se ha llenado con ideas más o menos claras a partir de ahora (…)” 

Amigo lector, intentemos analizar juntos estas fluctuantes declaraciones. Veamos qué podemos sacar en claro respecto al Socialismo que se nos ofrece.

Comencemos por identificar, en  la dinámica del tiempo, una de las fuerzas que otorga  ambigüedad  al modelo de Socialismo declarado por el Presidente como Proyecto de país. Lo oscuro del asunto  trasciende de este modo al declarante. El devenir respectivo de los conceptos revolución y socialismo produce en cada uno de ellos construcciones que rivalizan entre sí. El acontecer, en cuanto gestor de signos y significaciones trama en el camino transfiguraciones al compás de  vivencias que movilizan. Los significantes, entre juegos -usos- del lenguaje, se  impregnan de nueva savia en la historicidad, matizando o demoliendo contenidos clásicos. 

Las diferentes lecturas que podrían realizarse de la dirección presidencial y gubernamental pueden servirse de las propuestas actuales de nuevas formas organizativas (Comités Presidenciales, Asambleas Comunales, Consejos Comunales.), y por extensión, de los modos de ejercer la política gubernamental.  La estructura organizativa y funcional luce ambivalente, la praxis administrativa de las mismas sugiere desde intenciones maquiavélicas de manipulación o escalofriante represión del Estado hasta el otro extremo de amplitud y respeto a la participación activa y protagónica de los actores sociales. 

Así las cosas, parece importante considerar la perspectiva teórico-conceptual desde la que se asume el Proyecto socialista y revolucionario. Esto significa, además, no desestimar la perspectiva respecto a la concepción del concepto mismo. De ahí que pensar sobre la  base del imperio del signo dotado de significado autografiado -unívoco o múltiple- difiere de las implicaciones de un  pensar desde el significante vacío, ese que se vuelve elusivo entre los significantes de certeza, emanando señales sin rúbrica, conservándose abierto a todas las direcciones, como las radiaciones electromagnéticas, de las cuáles sólo algunas logran ser convertidas en luz visible y procesadas por el ojo del  mundo  para de este modo ser recibidas bajo la forma de conceptos que hacen su historia, donde ellos mismos son historia. Conceptos partícipes en un, mundo en el que aspiran habitar con la ingenuidad  del niño, con la conciencia pura del  Buda; miembros de un mundo donde se les permita mostrarse por sí mismos ,  ofreciéndose finitos e infinitos, tejiéndose con hilos para contribuir a  tramar y configurar la forma matizada de la superficie donde habitan. .

En América Latina, el concepto de Socialismo ha transitado entre vertientes conciliadoras, proyectadas hacia cambios progresivos, conviviendo con otras direcciones extremas, deterministas. Todas ellas, sin embargo, han coincidido en el afán por otorgarse firmeza doctrinaria, revelando sus diferencias en los grados de flexibilidad. Socialismos con Políticas  de Reformas para un mejoramiento equitativo de las condiciones de vida  frente a Socialismos revolucionarios con modificaciones de las estructuras fundamentales del Estado. Unos y otros  han convivido como fuerzas opositoras, actuando con la legitimidad oficialista o por vías subterráneas que conspiran con lo instituido. A las vertientes reformistas, con propósitos de reivindicación social, se las suele identificar legatarias del liberalismo y del socialismo utópico decimonónico, en correspondencia con los ideales de modernización. Se alinean en el llamado Socialismo democrático. 

Por su parte, a los conceptos dotados de significados duros se les adscribe la vertiente radical o revolucionaria  del Socialismo. La variante en esta segunda opción se produce al no conceder confianza a las Políticas de Estado para la reforma social. En su lugar, se apela a .la confrontación como procedimiento coadyuvante al proceso de transformación revolucionaria. Aunque ambos  proyectos se conciben a partir de tendencias previstas por credos ideológicos, la expectativa reformista conviene en los arreglos que realiza el tiempo con la disposición de la propia humanidad, mientras que las alianzas revolucionarias comparten la necesidad de conmocionar las instituciones fundamentales del Estado. Confrontación, Dogma y levantamiento estructural representan los ejes de esta acción revolucionaria. El pensamiento marxista-leninista se ha impuesto como pauta teórica originaria de este proyecto socialista. 

A esta altura de nuestro discurrir, podemos comenzar a dar luz a la ambigüedad de la declaración presidencial, en términos, al menos, del cuerpo teórico que inspira el socialismo propuesto para Venezuela. El Presidente ha sido consecuente en su actuación con las premisas del Socialismo Revolucionario, con significado duro: ha utilizado la confrontación como método para combatir  al opositor, distanciándose con ello, de las posibilidades de reivindicación social mediante Políticas de Estado para la reforma social; se ha pronunciado por la idea de proceso, más de procesos guiados por directrices ideológicas y teorías desarrolladas a priori; se ha inclinado por la disolución de las instituciones fundamentales en función de la reforma estructural del Estado. 

De este modo, pareciera que el venezolano no se ha percatado de lo que parece evidente. Duda de los términos y alcances de la propuesta socialista del Presidente. No ha procesado la invitación que el líder formuló a la lectura de las obras del marxismo. No termina de aceptar que se está planificando un nuevo imperio socialista regional, comenzando con nuestro país para ir extendiéndolo lenta pero progresivamente a otros países de América Latina. La educación servirá de motor para la realización de un  plan  de “nutrición  ideológica” e instrucción en la lógica teórico-conceptual del proceso revolucionario que se prevé llevar adelante. 

Detengámonos de nuevo en la idea del “significante vacío” esta vez en lo consultado por Moleiro a López Maya. Señalamos arriba -en la oportunidad cuando recreábamos alternativas de gobierno desde la vaciedad del signo- la posibilidad de otra manera revolucionaria de pensar el mundo, esta vez a partir de  la superficie y no desde la profundidad y de la aspiración de un cuerpo teórico  apriorísticamente racionalizado. 

¿Qué sugiere este pensar y ordenar el mundo desde  procesos que se dan en la superficie, cuya condición natural es actuar en el devenir no manipulable?  Nuestra conjetura se traduce en una convivencia de procesos livianos, expectantes e inéditos. Si nos detenemos con cuidado en esta forma alternativa  -y revolucionaria por antonomasia- de asumir la inmanencia del existir y de ordenar nuestro hábitat socio-político, es posible que demos una lectura  -muy diferente a la propuesta presidencial- y a la respuesta dada por López Maya . Leamos entre líneas la reacción de esta última ante la pregunta en torno al  significante vacío: “(…) la democracia participativa y protagónica(…)” “ el empoderamiento de las organizaciones sociales, la diversidad organizativa en la participación”. Más adelante añade: “cada quien votó, al votar por Chávez, por un socialismo que se estaba imaginando, porque éste no tenía definiciones de fondo.” Tal las cosas pareciera que asistimos a una nueva  oposición binaria  en este proceso “revolucionario”: por una parte, la revolución con doctrina unilineal:  pensamiento único, representación, espejo y sustituto del vivir mismo; de otro lado, la revolución protagonizada por el ser humano desde la  propia existencia, con sus antinomias, fluir entre  corrientes afines, discrepantes y voluntad de complejidad que hace indefinible el convivir entre los seres humanos. 

Entonces, amigo lector, ¿acaso estamos siendo testigos de un diálogo entre sordos? ¿estará ahí la duda de López Maya sobre el carácter democrático del   “socialismo chavista?¿estará su duda  extendida a la imagen propia de socialismo? Y así como duda López Maya, ¿no dudarán igualmente  consecuentes ”seguidores del “Proceso” revolucionario como son, entre otros,  Edgardo Lander, Rigoberto Lanz? ¿No tendrá razón Miquelena al advertir que el Socialismo chavista - es un menestrone?.  La  revolución: ¿confinada así dentro de los límites de un signo prefigurado, texto doctrinario o dogma, ¿qué libertad promete? ¿está la decisión final en la acción gregaria que reúne  múltiples, variados e incluso antagónicos intereses movidos por la voluntad de vivir?:     ¿está en la imagen mesiánica de un líder escogido por fuerzas ocultas? En síntesis, ¿debe imponerse el discurso marxista-leninista o bolivariano-zamorano heredado por el Presidente? o ¿es el pueblo mismo, revolucionándose por sí mismo, expresándose mediante formas organizativas aleatorias, no forjadas dentro de estructuras férreas el que conduce la revolución?¿cuál el papel del Estado?: ¿tutelar? ¿magíster dixit? ¿imponer signos virtuales, inanimados? ¿armonizar diferencias?

Finalmente, amigo lector, esta nota es continuación de una anterior titulada  Debate: Revolución, Contrarrevolución, .en  la  que nos detuvimos en   un  escrito de Javier Biardeau (Posmodernidad, Política y Socialismo) y argumentamos un comentario emitido por Emeterio Gómez sobre la necesidad de exorcizar la cultura occidental. Entendimos esa conjura como la profundización de un neo-pragmatismo o empirismo radical, expresión de cambios en la superficie que están teniendo lugar en estos tiempos, cambios que hemos asomado en esta ocasión como formas que están cobrando fuerza en la manera de  pensar el mundo desde las experiencias, desde la olvidada  vida misma, a partir de la cual los conceptos cobran igualmente vida y  se vuelven procesos, semejando  estrellas rodantes  en un firmamento que se nos pierde en la capacidad visual.  

Ahora, a partir de estas consideraciones, tendríamos que agregar que ese exorcismo -en términos de liberarnos de modelos que han desnaturalizado la belleza natural del vivir humano- debería comenzar por cada persona en cuanto parte y expresión única y activa de la cultura. El pensar ilustrado como opuesto al acontecer en sí mismo, aparece conminado a revolucionarse dentro de una nueva lógica, donde domine el movimiento, la imagen, la sensación, lo inesperado… En un próximo trabajo nos proponemos comentar los alcances de este cambio de mirar la existencia y subsiguientemente de reivindicar las miserias de la humanidad, desde ella y por ella  misma.