Sandra Valecillos

Licenciada en Artes Plásticas, Educadora del Museo de Ciencias

sandravalecillos1@yahoo.com.mx

Museos hoy

enero de 2007

Los primeros museos latinoamericanos nacieron en el siglo XIX, el de Bogotá y el de Buenos Aires fundados en 1823, el de México en 1825, con todas las limitaciones propias de la dependencia neocolonial. Se buscaba desde la periferia emular a los países hegemónicos, el propósito era organizarse como sociedades modernas, incorporarse con los museos (entre otras instituciones) al mundo “civilizado” y al “progreso” vinculado a la expansión imperialista europea y a su visión del mundo y sus intereses. Como parte de un gran mecanismo ideológico de dominación, los museos surgieron para afirmar una cierta idea de nación y consagrar una imagen distorsionada de nuestra propia historia. De acuerdo al proyecto de países subordinados que algunos querían instituir.  

En la construcción de la historia oficial que se contó en los museos latinoamericanos fue mucho lo que se recortó, entre ello, el período precolombino (convenientemente llamado prehistoria). Los museos de historia hacían referencia a los pueblos autóctonos con el fin ejemplarizante de mostrar el triunfo de la civilización sobre la barbarie, los de antropología, para los mal llamados “pueblos sin historia”, acompañaron la expansión colonial europea. Los países americanos quedamos condenados así a una memoria escindida, a una historia no integrada.

El precio de la modernidad fue la homogenización cultural y la necesidad de crear una identidad nacional, acorde a la imagen que se quería imponer. En su nombre fueron disimuladas las diferencias étnicas, acalladas las diversas lenguas y sepultadas las antiguas tradiciones. Quedando entonces convertidos los museos  en verdaderos aparatos ideológicos donde se legítima la historia oficial y se establece esta identidad nacional. Que tanto de la una como de la otra quedaron excluidos gran parte del acontecer socio-cultural y el patrimonio que refleja y conforma nuestra identidad. 

Así pues observamos que las colecciones y los museos no permanecen aislados del acontecer político de las naciones. En los años setenta diversos sectores, ponen en tela de juicio la historia oficial que se venía construyendo y afirmando desde los museos, se generan movimientos sociales, políticos y culturales los cuales se pronuncian en contra de las políticas educativas y culturales que para el momento imperaban. Es entonces cuando en la reunión que se conoce como la Mesa de Santiago” celebrada en Chile el 31 de Mayo de 1972 se llega a un acuerdo en el cual los involucrados hacen un llamado de alerta y crítica a los museos tradicionales, exigiendo cambios y compromisos. Del pronunciamiento citamos lo siguiente  “La problemática que plantea el progreso de las sociedades en el mundo contemporáneo requiere una visión integral y un tratamiento integrado de sus múltiples aspectos (…) la decisión sobre las mejores soluciones y su ejecución no corresponden a un grupo de la sociedad sino exigen la participación amplia, consciente y comprometido de todos los sectores de la sociedad. El museo es una institución al servicio de la sociedad, de la cual es parte inalienable y tiene en su esencia misma los elementos que le permiten participar en la formación de la conciencia de las comunidades a las cuales sirven y a través de esta conciencia puede contribuir a llevar a la acción a dichas comunidades, proyectando su actividad en el ámbito histórico que debe rematar en la problemática actual: es decir anudando el pasado con el presente y comprometiéndose con los cambios estructurales imperantes y provocando otros dentro de la realidad Nacional respectiva.”  

Durante los siguientes años este pronunciamiento sería un motivador y esclarecedor mensaje a partir del cual se derivaron concepciones teóricas-metodológicas referidas a las nuevas propuestas para la elaboración y ejecución de una museología acorde y adaptada a las características, necesidades y manifestaciones de la comunidad donde está inserta la institución museo. Es a partir de esta reunión y de la realizada en Grenoble, Francia, donde se gestó el concepto de Ecomuseo y son estos dos importantes encuentros los que dan inicio al movimiento de la llamada Nueva Museología. Entre otras cosas se planteo la necesidad de generar diversas experiencias, donde el museo integrara como dinámica propia la investigación, preservación y comunicación del patrimonio natural y cultural con las comunidades, fortaleciendo así su identidad.  

Años después, en 1984 en Québec, se realizo el “I Taller Internacional sobre los Ecomuseos y la Nueva Museología” de la cual resultó la Declaración de Québec, considerado como el segundo documento importante del movimiento. En el mismo año, en Morelos, México, se realiza la reunión “Ecomuseos: El hombre y su entorno” que dio como resultado la Declaratoria de Oaxtepec, en la que se definió el eco-museo como “un acto pedagógico para el eco-desarrollo”, entendiéndose con ello el desarrollo integral hombre-naturaleza como finalidad del ecomuseo, y no únicamente como elemento de identidad. Georges Henri Riviere, fundador del movimiento de los eco-museos, así lo explica: “Un eco-museo es un espejo, donde la población se contempla para reconocerse, donde busca la explicación del territorio en el que está enraizada y en el que se sucedieron todos los pueblos que la precedieron, en la continuidad o discontinuidad de las generaciones. Un espejo que la población ofrece a sus huéspedes para hacerse entender mejor, en el respeto de su trabajo, de sus formas de comportamiento y de su intimidad...”. 

Estos planteamientos transforma al museo tradicional en un museo nuevo que: de un edificio hace una región / de una colección hace un patrimonio regional / de un público hace una comunidad participativa. Trata de recuperar la identidad natural y cultural de los espacios regionales y nacionales a través de las imágenes y memorias colectivas. De esta manera se establece la ecuación que servirá de base a la nueva museología: “territorio - patrimonio - comunidad”.  

Hoy día existe en todo el ámbito latinoamericano una gran cantidad de estructuras concebidas bajo los lineamientos de transformación y transfiguración de los museos tradicionales, activos y participativos de los asuntos, intereses y características del pueblo en el que se encuentran, abiertos al diálogo, el intercambio y al trabajo en conjunto. Entre ellos están: eco-museos, museos vecinales, museos al aire libre, museos escolares, la casa museo, el museo vecindad y como expresión principalmente latinoamericana, producto de la propuesta del Museo Integral se desarrollan los museos comunitarios.  

En nuestro país se adelantan varias políticas de inclusión, desconcentración y expansión de las actividades museales, lo cual es un indicador de que existe conciencia institucional sobre esta problemática. Sabemos que los cambios y las metas a alcanzar no serán de un día para el otro, las dividimos en corto, mediano y largo plazo, pero para conseguirlas se requiere del conocimiento, compromiso, participación, reflexión y esfuerzo de todos, ya que por lógica el resultado nos beneficiara a todos. Actualmente contamos con la ejecución de proyectos que nos han permitido abarcar todo el territorio nacional, organizarnos y trabajar en conjunto con la mayor cantidad de personas residentes de los estados, municipios y comunidades a fin de estrechar vínculos, organizar nuestra acciones en función de lo acordado y estudiado a fin de conseguir la integración de los museos con su entorno social.