Ramón E. Giuliani

Crónica del actual MACCSI (Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Imber) 

Una sede perdida o la oportunidad de un museo inusitado

febrero de 2005

El 16 de octubre de 2004 la Torre Este de Parque Central en Caracas, Venezuela, sufrió un siniestro al que todavía (9 de febrero de 2005, a los tres meses y veintiún días de la catástrofe), las investigaciones no le han encontrado explicaciones certeras, dejando en el limbo y a manos del presuroso olvido las razones misteriosas que causaron tan lamentables lesiones al patrimonio venezolano. 

El 17 del mismo mes, esto es, al día siguiente, cuando la torre continuaba en llamas que alarmaban a toda Caracas, a todo el país, en el MACCSI se tenía planeada la inauguración de una exposición de importantes obras de arte abstracto de la colección, con motivo de la celebración de los treinta años del museo. Los vidrios, papeles y escombros cayendo en la Plaza Contemporánea y en los alrededores del museo hicieron evidente que no se podría abrir el museo por un tiempo. El ajetreo de la directiva de esta institución, los conservadores y registradores junto a los bomberos y Defensa Civil se concentraron en el resguardo inmediato de la colección, por lo que todo el trabajo de montaje debió retroceder hasta dejar el espacio libre de cualquier aterradora pérdida.  

El museo pasó semanas en el desconcierto total, el personal que lo conforma no sabía que hacer, se prohibió todo acceso innecesario a su sede.

Un mes y medio después, se supo de una posible distribución del personal con el objetivo de mantenerlo activo a pesar de las circunstancias. La idea que la directiva proyectó fue la de hacer sentir que el museo estaba vivo, pero la aglutinación de esfuerzos no se hacía sencilla al tener la atención y energías de la gente distribuidas entre las casas, otras instituciones y finalidades de diversa índole.

Sin embargo, ideas y propuestas entusiastas de todo tipo surgieron de las distintas áreas especializadas del museo, todos  tenían el anhelo de recuperar y hacer crecer la dinámica de esta importante institución del país:

Hacer una mejor página web que fortaleciera el espacio virtual del museo con la colección inmaterial puesta al servicio de todos; un despliegue de vallas por la ciudad; micros para televisión; exposiciones de la colección itinerando por el interior de Venezuela y quizá, para el exterior; acciones didácticas en las escuelas y espacios públicos; nuevos diseños; distribución de publicaciones; etc. 

Pero inexplicablemente, a pesar de los esfuerzos del equipo por tener siempre ideas realizables, las programaciones y proyectos presentados a la dirección no encontraron eco. Mientras parte significativa de su personal se preguntaba qué sería del devenir del museo, la directiva asignaba al mejor modo autocrático, tareas del CONAC indiscriminadamente, sin pedir opinión previa y con espasmódicas compulsiones que incluían con frecuencia el capital asignado a la institución, a pesar de lo cual el personal (que se siente legítima y activamente parte de ese slogan que dice que “el pueblo es la cultura” y “la cultura es de todos”), sin dejar de hacer lo asignado, mantenía con insistencia los planes de recuperación de un museo con mucho que dar aún sin sede disponible.

El problema principal parece radicar en que la directiva del MACCSI es, simultáneamente directiva de un importante segmento del CONAC (Dirección de Artes Visuales y Dirección de Museos) que, en esta coyuntura política que experimenta actualmente Venezuela, hace que tengan una importancia descomunal en las estrategias de captación de público cautivo, una tarea muy exigente que merece impulso, arrojo y concentración a prueba de todo.

Esto explica que la directiva de doble función, corra con el peligro de que alguno de los dos conejos se le queme pronto y por lo visto, el candidato predilecto es el museo, que ya tiene chamuscada la torre que lo acobijaba.

Al parecer, después de tres meses, ya nadie o muy pocos se detienen a pensar en esta situación, pues la soberanía; la alimentación; los presos, asaltan con inmediatez impostergable la atención del gobierno. La cultura, como siempre, puede esperar a que se resuelvan todos los demás problemas. Pero también en la cultura se construye la democracia que queremos y, si la directiva del MACCSI no permite que la pluralidad de voces que constituyen esa institución se exprese a tiempo, se está permitiendo el atropello con flagrancia y descaro del proyecto de participación y protagonismo del pueblo que construye este país en aras de un crecimiento igualitario y auténtico.

Un museo sin sede, mutando, podría ser un atractivo ejemplo sin precedentes de nueva museología especializada en el arte, actualizándose en su propio lenguaje respecto a lo contemporáneo (tan importante dentro del perfil al que alude su nombre y generalmente tan descuidado), cumpliendo sus funciones (las enunciadas en el código del ICOM), podría proyectarse descentralizadamente con la profundidad y atención a la especificidad que amerite cada caso, sin obviar el aporte de muchos especialistas que han soñado durante años de praxis ortodoxa y encorsetada otras posibilidades de aproximación a la gente, otro tipo de museo, permitiendo reinventar las posibilidades museísticas, generando movimientos culturales donde antes no podía llegar por las limitaciones de una exigente sede, expandiendo sus producciones, liberándose de prejuicios y sobre todo, tonificando sus prácticas en diálogo con los requerimientos de las políticas culturales que el país debe llevar adelante en este proceso de cambios en el que la cultura es el sostén de todas las ideas y por ende de todas las acciones.

Todo esto sería posible pero, si no hay un director comprometido y concentrado, esta interesante mutación del MACCSI se transforma con velocidad en la inminente pérdida de un importante fragmento del patrimonio de los venezolanos y del mundo en general, sin que la democracia participativa y protagónica haya tenido siquiera, un mínimo resquicio para su acceso.

Pareciera que la sigilosa pérdida del MACCSI fuera el dictamen de algún interesado oculto. Esto pudiera quedar ratificado con la reciente noticia de la peligrosa fragilidad de la torre, que anuncia su implosión, cuyos restos podrían hacer que una de las colecciones más importantes del país quedara sepultada para transformarse en arqueología contemporánea y sobre lo que nuestra mencionada directiva no ha expresado  públicamente ningún tipo de reflexión y, menos decisión alguna, al contrario, actualmente se dedica a incrementar el ejercicio su faena eventista de “pan y circo” para un Conac que se atribuye el rol de ejecutor (aunque utilizando el personal, como en el caso MACCSI, pero llevándose los laureles a su haber) de esta nueva modalidad de shows mediáticos, compitiendo con la labor propia de las instituciones existentes, y adjudicándose presupuestos fabulosos en ese desmesurado afán que deja de lado la principal misión de este organismo: el diseño y seguimiento de políticas culturales (como la discusión de un proyecto de Ley Orgánica de Cultura o la Constituyente Cultural) que brindarían los elementos estructurales para sedimentar el trabajo futuro en pro del desarrollo de una verdadera conciencia de ciudadanía y en consonancia con los ideales del proceso revolucionario que tanto hemos luchado.

Se ha descuidado nuestro patrimonio hasta el punto de dejarlo fenecer por ignominia, encontrando en este panorama, asombrosamente, más apatía que pesar, tal vez porque no se han realizado las acciones necesarias que den visibilidad al problema (como el derribamiento de la estatua de Colón que causó escozor en diferentes ámbitos de la vida nacional, incluyendo a muchos que están con el proceso). ¿Será que el personal del Maccsi tendrá que inmolarse en una plaza pública para que ocurra alguna reacción que produzca algún cambio favorable para todos y más allá de los nimios intereses de quienes se ufanan de su actual poder?, ¿será que tendrá que derrumbarse parte de la Torre Este de Parque Central sobre los depósitos de obras y sobre los trabajadores allí activos, para que se tomen medidas a posteriori?

Antes de que esto ocurra, los dolientes no sólo del MACCSI, no sólo del arte, no sólo del ámbito museístico y no sólo de la cultura, sino de esa democracia participativa y protagónica que se sueña cada vez más consolidada, deberían salir de todas partes a exigir que se atiendan casos como el relatado con la prontitud que ameritan, antes de que el daño sea más que irreversible.