Rafael Febles Fajardo

rafaelfebles@yahoo.com

"Yo recuerdo" 13 de abril

27 de septiembre de 2005

Cuando las palabras se quedaban sin voz, los pensamientos no encontraban resguardo, la angustia se convirtió en silencio, la expresión de la cara no decía absolutamente nada, las calles desoladas, los hogares no dejaban escapar un ápice de comentario, los medios de comunicación celebraban alborozados, la bebida corrió de las venas con sangre azul, los planes de posesión inmediata comenzaron a circular en palacio, los decretos hablaban por sí solos de la intención originaria, los militares traidores a su patria se vendían al mejor postor, los personajes de la caja cuadrada leían la renuncia del presidente, compatriotas conocidos eran vejados y maltratados, la sede de la embajada cubana fue tomada por asalto y amenazados bestialmente sus ocupantes. 

Cuando esto sucedía, me acordé que me perdí en el bosque y mi relación con la naturaleza se convirtió en el renacer, en él, me encontré en el bosque. A lo alto de los árboles apareció una luz tenue sin final, el lugar me inspiraba esperanza, que no todo estaba perdido. Salí del bosque y caminé y caminé por las calles despejadas, desorientado, cabizbajo, las autopistas desoladas, las casas y apartamentos como si adentro todos estuvieran llorando, el murmullo se esparcía por los aires de mi ciudad, las ondas hertzianas en completo silencio en mi andar. 

Al pasar por uno de los cerros comencé a oír expresiones sin ver a la gente, como fantasmas se multiplicaban en mis oídos muchas frases y groserías, casi no las comprendía. Aún un poco lejos, decidí acercarme, una señora me increpó creyendo en mi como periodista por cargar una pequeña cámara pegada a mi pecho y me dijo, cédula en mano, yo voté por Chávez y ese es mi presidente, esto es una dictadura, aún medio confundido, al voltear la mirada una unidad policial arremete disparando no se a quien, porque no veía la gente, sólo escuchaba gritos y más gritos, el dolor mío se transformó en el de muchos, la rabia no la podía contener, pero no sabía que hacer. 

 Al retirarse la unidad policial, un ejército de compatriotas comenzó a salir de sus casas, portando sólo en sus manos ejemplares de la Constitución que como abogados recién graduados, batían hacia el frente y en marcha hacia el tribunal del pueblo. No tuve alternativa, la esperanza de ellos era la misma sobre la cual giraban todos mis pensamientos, esto no puede ser, le dije a un señor que llevaba un retrato del presidente vestido de militar. 

En el frente de una casa, un buen grupo de compatriotas, otros más otros menos, alcanzaban a oír las emisiones de una radio comunitaria, que conminaba al pueblo a salir de sus casas, a defender la democracia que nos hemos dado, a pedir por la presencia del presidente. Lo tienen secuestrado exclamó un señor  mayor, que boina en cabeza estaba decidido si era preciso a perder su vida, esta vaina es un golpe de estado y nuestro presidente fue elegido democráticamente por todos nosotros y no nos lo vamos a dejar quitar así no más, sin pelear.  

En la medida que caminábamos, cada vez, más gente se unía, incontables hasta para un buen matemático. Mis reflexiones se dirigían a pensar en el cómo, si toda esta gente desarmada no tenía fuerza bruta para lograrlo, es así, como surge otra reflexión que terminó por convencerme, si el pueblo todo se une, es invencible aún cuando los cañones retumben en nuestra alma. 

Que alegría, a través de personas que salían de sus casas y llamadas de celular, nos enteramos que no todo estaba perdido y que unidades militares patriotas comenzaban a oponerse y resistir a la naciente dictadura. Sin una orden expresa, el sitio de reunión se convirtió en la meta a alcanzar, nadie sabía adonde íbamos, pero todos conocíamos que el camino era el de la libertad.

Era el día trece, en la madrugada, el General Baduel en Maracay, enfrentó la dictadura en términos concretos y claros, en otras ciudades, oficiales y soldados patriotas tomaron en sus manos los destinos de la democracia revolucionaria. En Caracas, la puerta 1 del Fuerte Tiuna, se convirtió en fuente de resistencia y punto de partida del regreso del presidente. Otro general, García Carneiro al mando y numerosos oficiales retomaron las instalaciones e instigaron al pueblo a no irse hasta conocer noticias sobre el presidente. Transcurridas algunas horas, la valiente y decidida diputada Iris Valera comenzó a transmitir noticias positivas y no se por cual vía llegó la carta de la victoria, la carta del renacimiento, la carta que elaborada de puño y letra del presidente, nos imaginamos de forma apresurada que lo hizo, decía “no he renunciado”. 

A nuestros corazones llegó la luz de la vida, de la esperanza reencontrada, de la revolución bonita, de la hora continuada del pueblo humilde y excluido, indescriptibles escenas de amor, de tolerancia, sin el más mínimo expresar de odio y venganza.  

Retomado el poder y la espera por el regreso del presidente, en horas de la tarde, la multitud decidió ir a Miraflores a esperar a su presidente, en lo particular me trasladé a las instalaciones de Radio Nacional, donde inmediatamente con ayuda técnica la retomamos de los fascistas que la habían usurpado. Salimos al aire y de inmediato durante el resto de la tarde y  toda la noche hasta el día siguiente nos turnamos para llevarle al pueblo lo que realmente acontecía, mientras que los canales de televisión privados y emisoras transmitían nimiedades y comiquitas, como si nada importante, estuviera pasando. 

A tres años de aquellos acontecimientos, el recuerdo me inspira y abre los pensamientos. Si en esa oportunidad, nos enfrentamos a los enemigos abiertamente porque se dieron por enterados y cayeron los que estaban adentro desdibujados y conspirando. Hoy día, hay que pensar en aquellos momentos de nuevo y reflexionar sobre lo que está pasando. Gente que se dice apoyar el proceso, están embarcados en una campaña soterrada, subrepticia que busca horadar no sólo la revolución bolivariana sino al propio líder y presidente. Por lo tanto, es un deber estar alerta y combatir con la misma furia y firmeza a los enemigos de adentro y afuera. 

Mi andar por aquel bosque en el cual me perdí y en el cual me encontré, fue el tiempo para adorar al padre sol y a la madre luna, a los seres que sorprendidos y sin entender lo que pasaba, dispusieron en cualquier hora de aquellos días, encontrarse a si mismos, defender lo que les pertenecía que era la vida misma. 

Hoy, en momentos de incertidumbre comunicacional, de nuevo surge la luz que brota del padre sol, ilumina la madre luna y cierne sobre las cabezas de los de siempre, halos de futuro que es hoy y para siempre. Se dispuso no dejarse confundir y salir adelante con la arma de todos los días la cual no es otra que la querencia por el líder, el que conformó todo esto, tan sólo a pesar de las angustias por esto y por aquello, por sacar a los que hacen daño y no reparan en hacerlo. Un llamado a limpiar el camino surge desde lo más profundo del bosque de la vida, porque si en el bosque me perdí en el bosque me encontré.