Peli
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¿Contra Globovisión o contra la credulidad?

febrero de 2008

1.

Globovisión es una pequeña subsidiaria local de una enorme empresa industrial corporativa privada estadounidense, que produce bienes y servicios culturales distribuidos a consumidores de todo el planeta. En consecuencia, este canal de “noticias” 24 horas forma parte de la malhadada industria cultural paranacional, que supuestamente “entretiene e informa” a los pueblos del mundo. Los directivos y el personal de Globovisión —con entusiasmo rabiosamente militante propio de la clase media latinoamericana “preparada”, aspiracional y pitiyanqui— se calzan en vivo y directo su negro gorro orejón de Mickey Mouse para promover y defender a ultranza el modo de vida americano (american way of life) propugnado por sus patrones. El inexistente “sueño americano” (american dream), defendido a capa y espada 24 horas sobre 24 por el equipo gerencial, profesional y técnico de correveidiles criollos, es presentado invariablemente como la gloriosa culminación del largo recorrido histórico de la civilización greco-romana-occidental. En realidad este cínico eufemismo esconde la salvaje invasión depredadora, perpetrada durante siglos por algunas naciones europeas —y luego por EE.UU. de América— para imponer a sangre y fuego su hegemonía sobre nuestros pueblos y devorar todos los recursos físicos del planeta. Sin embargo, la invasión y ocupación desarrollada por la coalición de naciones depredadoras —acontecimiento todavía “en pleno desarrollo” en América, Africa, Asia y Oceanía— no pudo perpetrarse antes ni mantenerse ahora sin la colaboración de nativos genuflexos dispuestos a jugar el todo por el todo en la defensa tanto de los intereses de sus amos cuanto de la “propiedad privada” de las migajas asignadas por la administración imperial. Así fue en los tiempos de Carlos V y Felipe II y así es ahora, en la era moderna de Zapatero, Zarkozy, Merkel y George Walker Bush. De hecho Zuloaga, Ravel, Angola y “Kico”, entre muchos otros, encarnan aquí una gavilla paranacional de “comunicadores sociales”, continuidad postmoderna de la putrefacta estirpe colonizada y neocolonizada que hizo, hace y hará lo que sea por congraciarse con sus patrones y merecer los centavos y la ciudadanía imperial globalizada. Parte de la patota actúa directamente desde la sede metropolitana —léase Janiot, Viotto u Oppenheimer— y parte desde nuestros países. Los de allá reciben más palmaditas en la espalda porque han resultado más competentes en el desempeño de su oscuro cometido. No obstante todos forman el coro de lacayos consecuentes “preñados de buenas intenciones”, 24 horas sobre 24. 

2.

En nuestra América hubo desde el mismísimo comienzo de la invasión un tropel de yanaconas, malinches y felipillos, aferrados con dientes y muelas a las pretinas de los bárbaros conquistadores. Ahora forman legión, tal vez como otra consecuencia más de tres décadas nefastas de manu militari continental, perpetrada por nuestros propios soldados en contra de sus pueblos, y bajo la forma de un despiadado genocidio masivo dirigido por “expertos” estadounidenses. Para realizar el designio imperial, miles de oficiales de nuestras fuerzas armadas fueron adoctrinados y entrenados en escuelas ad hoc por especialistas estadounidenses, europeos e israelíes en pavorosas técnicas represivas inquisitoriales, que luego fueron aplicadas sin compasión alguna a cientos de miles de ciudadanos de muchos países de América. Los entrenadores actuaban sobre terreno abonado. Globovisión, Televén, Venevisión, El Nacional, El Universal  e tutti quanti demuestran palmariamente que las innumerables promociones de militares graduados en exterminio de su propio pueblo no son las únicas, porque es obvio que los gerentes y profesionales de la “comunicación social” también recibieron, reciben y recibirán su dosis pedagógica intensiva en teoría y práctica de la guerra de cuarta generación, que es la parte que le corresponde a la “comunicación social” en el desarrollo estratégico de las guerras de dominación imperiales. Para capacitarlos no hizo falta fundar escuelas parecidas a la sórdida instalación que existió en el Canal de Panamá, y que ahora se oculta bajo nombres eufemísticos en el propio territorio estadounidense. Para llegar a ser “comunicadores sociales” (ciudadanos del mundo graduados magna cum laude en pitiyanquismo rastrero) gerentes y “comunicadores sociales” atrincherados en empresas comerciales privadas recibieron un adoctrinamiento intensivo en nuestros propios jardines infantiles; en nuestras escuelas; en nuestros liceos; en nuestras universidades y, ya maduros, en los anhelados postgrados metropolitanos. Y, desde luego, fueron adoctrinados también en su casa, en la calle, en la empresa, leyendo revistas y periódicos, escuchando radio y viendo televisión, porque el espacio y el tiempo dependiente en que vivimos la periferia imperial trasuda sumisión a la cultura metropolitana neocolonial por sus cuatro costados. Digámoslo sin ambages: el american dream es un anhelo largamente incubado y ampliamente extendido, sobre todo en la clase media continental. 

3.

La guerra de cuarta generación imperial no es un invento estadounidense. Según Sun Zi lleva milenios actuando exitosamente, y en nuestra América cinco siglos y un par de décadas intensivos, porque la totalidad de la cultura hegemónica impuesta a pueblos originarios y criollos fue la auto nombrada “civilización greco-romano-occidental”, aunque todavía hay algunos que creen en el crisol de razas y culturas. ¡El mundo según los conquistadores! ¡La historia según los saqueadores! ¡El Manual de Carreño según los asesinos consuetudinarios! Los combatientes nativos y pitiyanquis atrincherados en Globovisión no hacen más que extrapolar políticamente una visión del mundo que desde hace rato forma parte mayoritaria del “sentido común” de nuestros pueblos: la cultura de los invasores sería innegablemente superior y, por tanto, anhelarla, adquirirla y adoptarla como modo de vida es la vía al éxito, la realización personal y el disfrute de los objetos del deseo paridos por la modernidad industrial. En este terreno de nacionalismos endebles el pánico al cambio del status quo es una herramienta privilegiada. De ahí que la obsecuencia indecente de Angola, Giusti y Maza ensalce al criminal de guerra George W. Bush como un humanista clásico preñado de buenas intenciones y pretenda descalificar a Hugo Chávez como un mulato alzao sin compostura, precisamente el basamento más hondo de su legitimidad histórica.  

4.

Frente al nuevo despliegue táctico de la estrategia imperial en la interminable guerra de cuarta generación —que como siempre se propone seguir sumando fuerzas internas y externas para neutralizar y aniquilar el proyecto de independencia nacional antiimperialista bolivariano y venezolano— desde nuestras posiciones se eleva el coro de voces de costumbre pidiendo a gritos alguna acción contra los desmanes comunicacionales perpetrados 24 horas sobre 24 por Globovisión. ¡Piden ni más ni menos que el gobierno se pliegue a la estrategia de provocación imperial! Los desmanes desorbitados están ahí, pero actuar contra Globovisión —utilizando una legalidad destinada precisamente a impedir que se toque ni con el pétalo de una rosa empresas como Globovisión— tiene un costo político tan grande que lo hace inviable. En segundo lugar, arremeter contra Globovisión es apuntarle sólo al señuelo entre cientos o miles de de navíos que integran la descomunal escuadra de guerra de cuarta generación y que actúan simultáneamente tras el mismo objetivo, la mayor parte de ellos soterradamente y sin que nadie levante voces airadas para pedir su intervención: el mercadeo; la publicidad; el sistema educacional completo; el deporte comercial; diversas iglesias y la casi totalidad de las empresas industriales privadas y estatales de producción de bienes y servicios culturales, por cierto sólo algunos de entre los incontables e insondables mecanismos sociales que producen y reproducen exitosamente la cultura de la dependencia y actitudes genuflexas, sumisas y complacientes como las de los Castillo, Pineda, Ross, Calderón, De Vries y otros “expertos”, convocados consuetudinarios al ejercicio de la mentira servil. En suma, Globovisión y su staff de gerentes, profesionales y opinadores expertos en pitiyanquismo globalizado son sólo la máscara de proa de una enorme flota que avanza desde todos los frentes, incluidos muchos sectores que apoyan sólo políticamente el proyecto de emancipación nacional. ¿Por qué no pedir también acciones draconianas y definitivas contra la publicidad; el mercadeo; el sistema educacional íntegro; las iglesias; el deporte comercial; los centros comerciales; el derroche gubernamental carnavalesco y el 99% de las radioemisoras y televisoras que operan a lo largo y ancho de la república? De hecho Globovisión puede ser el más visible pero el menos relevante de todos los instrumentos empleados directa o indirectamente por la estrategia imperial. 

5.

Antes de pedir la cabeza sólo de Globovisión, es urgente responder seriamente un par de preguntas. Primera: ¿Por qué tienen sintonía estaciones de televisión tales como Globovisión, Televén y Venevisión, entre muchas otras al cabo de nueve años de supuesto poder popular? Segunda: ¿Por qué hay público que cree a pie juntillas la información emitida, siendo que desde un punto de vista racional es evidente que son noticias u “opiniones” construidas completamente con base en datos falsos o distorsionados? Dicho de otro modo: ¿Por qué la irracionalidad rampante suele sobrepasar y arropar la racionalidad como modo de aprehensión de los hechos inmediatos que articulan nuestra vida cotidiana? ¿Por qué la mentira difundida a gritos tiene eco? Avanzo una respuesta posible: porque la irracionalidad suele ser la base de conductas colectivas frente a eventos críticos de la vida social, y tales conductas son una de las bases más sólidas para la maquinación y propagación de rumores, que es el verdadero trabajo del “staff” profesional de Globovisión. Otros mecanismos que van de la mano del rumor son las técnicas de persuasión propias del “marketing” y la publicidad comercial. Globovisión es una fábrica de rumores con incrustaciones de mercadeo y publicidad comercial, que son difundidos urbi et orbi sin que los “usuarios” podamos constatar directa e inmediatamente su realidad concreta o su falsedad en nuestro propio entorno. Es lo mismo que hace la mayoría abrumadora de las empresas mal llamadas “medios de comunicación social” y es exactamente ahí donde reside la fuerza social enorme de sus mensajes, que se aprovechan hasta los extremos más sórdidos de la credulidad de la gente frente a la supuesta autoridad de oficios tales como la “comunicación social”. El verdadero mecanismo de comunicación social disparado por la guerra de cuarta generación es la consecuencia de la credulidad a priori, el rumor, y no Globovisión, que simplemente fabrica y echa a rodar la bola y luego se sienta a la puerta de su tienda a esperar el “feedback” de la “opinión pública”, o sea proveniente de ellos mismos. De hecho el verdadero mecanismo distorsionador reside en una antigua e inextinguible habilidad social colectiva. ¿Qué tal si pedimos castigos draconianos para los incontables y anónimos transmisores de rumores pululando en la vida cotidiana? A los desmanes sistemáticos de Globovisión debemos sumarle los más de veinte millones de celulares transmitiendo millones de mensajitos empíricamente enriquecidos y los cientos de miles de computadoras conectados a Internet multiplicando la bola inicial en las mil y una páginas “web”. Debemos sumarle las docenas de miles de rebotes de la bola en otras empresas industriales productoras de comunicación, incluidas las estatales. El mecanismo alcanza magnitudes apocalípticas cuando las empresas industriales privadas de comunicación echan a rodar concertadamente la misma bola urbi et orbi, generando ecos universales descomunalmente corregidos y aumentados.  

 

6.

Los rumores maquinados y difundidos por Globovisión no son cualquier inocuo chisme de vecindario. Son rumores científicos —presentados bajo la forma de “noticia” u “opinión”— destinados expresamente a crear pánico colectivo y, por tanto, conductas sociales irracionales como respuesta. El objetivo de Globovisión no es difundir rumores, es crear pánico y las reacciones consecuentes: compras nerviosas, corridas bancarias, voto contra Chávez, derrocamiento de Chávez. Los rumores divulgados a escala industrial, como en el caso de Globovisión, son una forma sistemática de ejercicio del mismo terrorismo enseñado en la Escuela de las Américas a militares, y equivalentes a una información que reseñe la ocupación militar de Irak; la explosión de un carro bomba o las terribles prácticas de la tortura asesina por paracos colombianos. Si estas trapacerías imperiales no son difundidas, el efecto de carro bomba y paracos sólo tiene efecto restringido, local, cuando la idea es que todos los oprimidos del mundo nos enteremos y temamos por las consecuencias en carne propia de una insurrección. Así acaba de actuar Exxon Mobil, que como todas las corporaciones imperiales descentralizadas es parte dirigente de la guerra de cuarta generación.  

7.

Entendámoslo de una vez. La guerra de cuarta generación no es “subliminal”. Es descarnadamente directa. Si usted observa cuidadosamente el despliegue articulado con el tema Exxon Mobil por el imperio —y por tanto por Globovisión— concluirá forzosamente en que es un enorme abanico de amenazas de sufrimientos inminentes y apocalípticos. Si algún pueblo se atreve a impugnar el poder y la estrategia económica y política imperiales Angola, Maza, Giusti, Petkoff y Dahbar vociferan que viene Eneas con burrundanga: catátrofe económica, educacional y sanitaria. No hay qué comer.  No hay atención sanitaria. Vendrán “paracos” y/o tropas imperiales con toda clase de tecnologías de punta a destruir gente y ciudades. Aserrarán a la gente por la mitad. Lanzarán bombas con uranio empobrecido. Torturarán. Asesinarán. Desaparecerán. En la práctica cualquier serie de TV estadounidense es una exhibición día a día y sin tapujos de todos los medios del terrorismo de estado metropolitano para volverte picadillo síquico y físico si atentas contra el “establishement” idílico del “american way”. El poder imperial sería incontrarrestable a perpetuidad y Zuloaga, Ravel, Angola y el lamentable “Kico” son los primeros en levantar la bandera de la rendición incondicional. Tal vez desde chiquitos.¡Cuidado! ¡Hay un Guantánamo o la prisión Abu Gabir en tu futuro! La industria cultural no oculta las innumerables crueldades desplegadas por la coalición de países imperiales para perpetuar su dominio: las exhibe y las propone expresamente en cuanto amenaza de futuro inmediato para infundir pánico irracional, rendición incondicional y sumisión. El mecanismo desplegado por la “gente preparada” de Globovisión es de una simplicidad agobiante: elevar al cuadrado y al cubo los miedos latentes en la población. Y cosechar la mayor cantidad posible de protestas provenientes del campo de “la dictadura”. 

8.

Ninguna estrategia de guerra de cuarta generación tiene posibilidades de tener éxito si no cuenta con terreno abonado en la gente común para su siembra al voleo de rumores y amenazas apocalípticas. El compost apropiado son las propias distorsiones de nuestro pensamiento común, fracasos históricos de la cultura y la inteligencia colectivas tales como los prejuicios, el fanatismo, el dogmatismo y la intolerancia, ampliamente extendidos por todas las clases sociales. Un campo particularmente propicio para la exacerbación de estas peligrosas distorsiones del pensamiento son nuestras ciudades atiborradas de emigrados, marcadas por una crisis cultural que consiste en el declive de la cultura agraria — arrastrada por las multitudes emigrantes— y en el avance arrollador de la preeminencia de la cultura urbana imperial fragmentadora, disociadora y “globalizante”, impuesta 24 horas sobre 24 por la industria cultural metropolitana y sus subsidiarias locales. No es por azar que el referendo constitucional triunfara en la provincia y fuera derrotado en las grandes ciudades. Las ciudades son sólidos enclaves culturales metropolitanos proclives a la ilusión posmoderna de la “globalidad”. El significado más evidente de la derrota de la reforma constitucional es que el pensamiento lógico racional autónomo subyacente en la propuesta —lo que en principio podemos llamar conciencia política— actuó en inferioridad de condiciones con respecto a la irracionalidad sumisa y timorata de la cultura dependiente, fuertemente apoyada en rumores, prejuicios, dogmatismos e intolerancia, como siempre esgrimida por la maquinaria comunicacional imperial. La industria cultural puso en juego el prestigio de la cultura de los amos frente al desprestigio de una supuesta barbarie nuestra, y las empresas estatales de comunicación y todas las variantes alternativas todavía no lo terminan de entender.  

9.

El presidente Chávez suele repetir que la conciencia es la suma de las ciencias, aserción que es verdadera sólo si se describe precisamente de qué ciencias se habla. La ciencia física no ha impedido que físicos y químicos hayan concebido y construido las espantosas armas de destrucción masiva que han asolado naciones. La ciencia médica y no ha impedido que médicos, siquiatras, sicólogos y odontólogos hayan creado y aplicado el terrible recetario de torturas síquicas y físicas, empleadas discrecionalmente por opresores y esbirros a sueldo de todo el mundo en su demencial intento de perpetuar su hegemonía social. Zuloaga, Ravel, Angola, Giusti, Masó y Maza lo hacen y ganan premios por hacerlo. Las ciencias económicas no han impedido que economistas hayan planificado y ejecutado los despiadados paquetes de ajustes del neoliberalismo rampante. Las ciencias de la comunicación no han impedido que cientos de miles de periodistas y opinadores de oficio se apliquen profesionalmente a aterrorizar hasta el paroxismo a sus propios vecinos, buscando desencadenar peligrosas e imprevisibles respuestas sociales. Zuloaga, Ravel, Angola, Giusti, Masó y Maza lo hacen y ganan premios por hacerlo. Las ciencias militares no han impedido que las fuerzas armadas hayan vuelto sus armas contra su propio pueblo. De hecho las universidades y toda su academia conceptual, metodológica e instrumental, científica y filosófica, no impiden la incubación de mentalidad reaccionaria y abundantes distorsiones del pensamiento en docentes, alumnos y graduados, tal como se puso de manifiesto con el conato de Otspor a fines de 2007. Lo mismo sucede con amplios sectores de las masas populares, proclamadas como dueñas del poder popular pero absolutamente desprovistas de conceptos, metodología e instrumentos apropiados para aproximarse a la realidad concreta de un modo diferente al punto de vista imperial, enquistado profusamente en buena parte de los ámbitos cotidianos en que acontece la producción y reproducción de su vida social. En realidad la conciencia política no es suma de las ciencias. Es producto de una indagación de cómo ha sido y cómo es ahora mismo la historia. Exactamente: es producto de una investigación de cómo ha sido y cómo es la lucha de clases. El producto de este análisis es transformador si acarrea un compromiso militante con la causa popular de los desheredados, de los condenados de la tierra. De lo contrario es puro diletantismo cultural. La conciencia política es necesariamente un compromiso social revolucionario con método.  

10.

La avalancha de protestas y admoniciones alrededor de Globovisión potencian a Globovisión en lugar de disminuirla. Aumentan su “rating”. El gallito consuetudinario y heroico mantenido contra los rufianes profesionales de Globovisión resulta ser un buen negocio —político y comercial— para la empresa. De hecho nuestro verdadero trabajo político no es perseguir, enjuiciar, suspender o liquidar Globovisión. Tal vez tenga alguna validez en el ámbito del mercado comunicacional, pero no en el de la comunicación social real. La nuestra. Ahí nuestro trabajo tiene que ver con cómo modificamos irrevocablemente las condiciones del campo largamente arado y abonado para la siembra globovisiva de rumores y mentiras terroristas. Lo primero que deberíamos hacer es no servir de amplificadores de Globovisión, una opción que reiteradamente no ha dado los resultados previstos ni con la televisora ni con ninguna otra empresa industrial privada dedicada a las comunicaciones. Lo segundo es simplemente no ver Globovisión ni ningún otro canal, radioemisora o periódico, que sólo son grados de la misma receta. El dedo gordo tiene una potestad extraordinaria. Puede enviar a las profundidades insondables del espectro electromagnético invisible a ganapanes como Ravel, Castillo, Carreño y Angola. Eternamente. Así podríamos dedicar todo nuestro tiempo disponible a recuperar nuestra palabra local colectiva, dicha realmente en vivo y directo y aferrada a los hechos que podemos constatar directamente. ¿La televisión no puede ser apagada, compatriotas? Toda toma de conciencia posible de la opresión imperial está presente y es investigable en el abasto de la esquina, en la escuela y en las cloacas inconclusas. Pero no nos engañemos. Apuesto a que continuarás sintonizando Globovisión y a que continuará el gallito cotidiano con las mentiras “noticiosas” y “opinófilas” desde el punto de vista de lo veraz y oportuno, que por lo demás no necesariamente es veraz y es oportuno. Por eso sintonizas Globovisión, porque todos y cada uno cargamos nuestra propia cruz de rumores, dudas y distorsiones del pensamiento. De ahí también que la maquinaria global de guerra de cuarta generación, implementada por el imperio contra el proyecto de independencia nacional preconizado por el presidente Chávez y contra cualquier otro por el estilo, invariablemente mantenga la iniciativa. Su agenda de temas se impone una y otra vez gracias a la duda y a la credulidad.  

11.

Entonces, en lugar de protestar inútilmente una y otra vez por la conducta de las empresas comerciales privadas productoras de información, debemos protestar a voces por el menguadísimo trabajo de transferencia masiva de conceptos, metodologías e instrumental apropiados para que seamos la propia gente común la que recupere y refunde una comunicación social puesta más allá, completamente por fuera de los supuestos “medios de comunicación” a escala industrial. ¡Por fuera! Tampoco necesitamos expertos analizando catedráticamente y ad infinitum los aspectos malévolamente recónditos de la guerra comunicacional imperial. Necesitamos urgentemente implementar un debate popular nacional, en el que la gente común disponga sistemáticamente de conceptos, metodología e instrumental que le permita colectivamente hurgar los aspectos de la guerra de cuarta generación presentes en la realidad inmediata de su vida, formular un proyecto de cambio y ejecutarlo. Sobretodo necesitamos que a la gente le interese debatir directamente sin intermediarios, con sus ideas y sus palabras. La refundación de la conciencia individual y colectiva no es un simple problema de cambio de contenidos, tal como se ha enfocado tozudamente desde el sistema de empresas industriales estatales de comunicación. Tiene que ver con la pugna social entre pensamiento distorsionado y conductas irracionales y la aprehensión racional de la producción y reproducción de la vida social, la historia, que nos ha conducido a todos los que hemos logrado apropiarnos del instrumental a la formulación de proyectos racionales y militantes de cambio social. Mientras siga primando culturalmente pensamiento distorsionado y conductas irracionales, Globovisión y toda la industria cultural que la secunda actuarán como peces en el agua. Si logramos introducir masivamente conceptos, metodologías e instrumental que reivindiquen y potencien pensamiento y palabra inmediatos, colectivos y racionales alrededor de realidades asequibles y concretas, articularemos la refundación de comunidades rurales y urbanas verdaderamente en vivo y directo, por tanto muros inexpugnables para la guerra de cuarta generación. Infranqueables para Globovisión. Sería poder popular en vivo y directo, tal como la gente común lo entendió y lo práctico los días revolucionarios de abril de 2002. Ahí el negro gorro orejón de Mickey Mouse no sirve para nada y, al igual que entonces, la patota entusiasta de expertos globalizados pitiyanquis se desinflaría hasta la extinción sin siquiera pincharla con un alfiler.