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Revolución socialista mundial, socialismo en un solo país y partido

febrero de 2007

1.
Hugo Chávez ha propuesto la fundación de un partido socialista unido, con base en el esquema de organización popular utilizado por el comando Miranda para apoyar la reelección presidencial de diciembre de 2006, conformado por batallones, pelotones y escuadras. Según datos del propio comando, se movilizaron más de treinta mil organizaciones de base, las escuadras, hacia los electores inscritos en un número equivalente de mesas electorales. El nuevo partido implicaría la disolución y absorción simultánea, y sin derecho a pataleo, de las organizaciones políticas que postularon la reelección. La tarea asignada por Chávez al nuevo partido unificado es nada más y nada menos que dilucidar teórica y prácticamente lo que se ha dado en llamar “socialismo del siglo XXI”. Para justificar la pertinencia de su propuesta, el presidente Chávez reivindicó como suya la totalidad de la votación obtenida por su candidatura el 3 de diciembre, e insistió en la necesidad imperativa de una férrea unidad popular —reconstruida desde las bases— para emprender una nueva era de la revolución venezolana. También dijo que no participará en debate de cúpulas partidarias o de la intelligentzia de izquierda sobre la contribución de cada organización el esfuerzo organizacional unitario. Su tajante propuesta no ha descrito hasta ahora el procedimiento que será utilizado para dar vida al nuevo partido socialista unido. No obstante, los cinco motores revolucionarios parecen prefigurar un programa político para el proceso unificador.
 

2.
Un obús de este calibre suscitó de inmediato un intenso debate en el seno de las fuerzas sociales proclives al cambio social. Además de cúpulas y militantes de partidos y de la intelectualidad independiente, han pedido la palabra organizaciones sociales de todo tipo diferentes de los batallones, pelotones y escuadras definidas como única base fundacional del nuevo partido. Tampoco han faltado las  habituales chorradas oposicionistas. Sólo por internet se han publicado cientos de artículos que cubren un amplísimo espectro de propuestas y opiniones, desde aprobación entusiasta e irrestricta hasta rechazo a la extinción de los actuales partidos. De entre la profusa publicación en Aporrea es importante una opinión de Edgardo Lander, que basa sus observaciones en una cautelosa definición del socialismo del siglo XXI como “una sociedad democrática alternativa al orden capitalista”. Preocupado por el nuevo partido Lander llamó a un debate urgente, necesario e impostergable orientado a la disección de los socialismos reales del siglo XX paridos con base en ideas del siglo XIX. Tomando como hilo conductor la relación del “socialismo hegemónico” soviético con su vanguardia esclarecida —el Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS)— Lander sostiene que no es pertinente enfrascarse en el socialismo del siglo XXI soslayando el tema de los muchos “socialismos reales” ensayados durante el siglo XX. Los socialismos reales periclitados y la teoría y práctica de las vanguardias políticas que los impulsaron tienen mucho que ver con el partido socialista unido propuesto por Chávez. Comparto con Lander que escarbar a fondo un tema tan amplio y espinoso —que muchos quieren sepultar bajo toneladas de tierra— no es para nada un prurito teorizante puramente especulativo, como piensan algunos impacientes aferrados a un empirismo pragmático, del mismo modo que para el presidente Chávez no es en absoluto tiempo perdido analizar en detalle la teoría y práctica de la revolución independentista latinoamericana de comienzos del siglo XIX y los avatares colectivos del cristianismo de catacumba del siglo I del calendario juliano europeo. El análisis siempre responde al anhelo de obtener luces suficientes para evitar el inveterado hábito humano, demasiado humano, de tropezar históricamente dos veces con la misma piedra. Tantos fracasos socialistas catastróficos en el siglo XX obligan cuando menos a una elemental circunspección, porque la bendita piedra sigue tozudamente instalada en el mero epicentro de nuestras idas y venidas.
 

3.
Además del enfoque propuesto por Edgardo Lander circulan muchas otras opiniones que —en lugar de limitar el problema a la teoría y práctica del socialismo científico parido por la civilización greco-romana-occidental— han extendido el análisis y los aportes a muchas otras iniciativas históricas orientadas hacia la búsqueda de justicia social, tales como el judaísmo; el cristianismo; el budismo; el taoismo sapiencial; el islamismo y todas las heterodoxias y herejías escindidas de las corrientes doctrinarias principales. Se ha mencionado al remoto reformista chino Mo Ti; a Zuang Zi, autor de la crítica de la cultura más radicalmente revolucionaria de todos los tiempos. Se ha hablado del liberto Espartaco que, al frente de dos mil esclavos insurrectos, esperó rodilla en tierra las legiones imperiales. También se ha traído a colación la Comuna de París de 1851, la misma de la que Marx dijo que “querían tomar el cielo por asalto”. Con igual derecho se puede añadir el punto de vista del anarquista Bakunin, de todos los socialistas utópicos europeos y, mucho más cerca, a toda la cohorte de resistencia indígena originaria armada a la invasión y conquista “occidental” de la antigua Abya Yala, desgraciadamente casi sin documentación accesible. Son ingredientes teóricos Mao Zedong y Kim Il Sung. El propio presidente Chávez indaga permanentemente, además del pensamiento propiamente socialista, a Martí; Bolívar; Simón Rodríguez y Zamora, entre muchos otros. De hecho es posible acumular una montaña de doctrinas; filosofías; tesis y hechos históricos que muestran la enorme importancia que ha tenido la teoría y práctica emancipadora como fuerza social activa en la historia de todos los pueblos del mundo y que, de un modo u otro son, además de la tradición “occidental”, afluentes válidos para este imprescindible debate. No obstante, este documento sólo recoge la propuesta de Edgardo Lander respecto a los socialismos reales basados en el socialismo científico acuñado principalmente por Marx, Engels y Lenin.
4.
Aunque es indispensable entender qué pasó con el socialismo hegemónico soviético en el siglo pasado, seguramente no se vería suficientemente la utilidad para nuestra propia revolución bolivariana si no indagamos todas las derivaciones del paradigma bolchevique original extendidas durante el siglo XX por Europa, Asia, África y América Latina. Sobre todo es muy importante afilar los bisturís para los socialismos nacidos en el siglo XX que —al contrario que la Unión Soviética— han logrado llegar hasta el siglo XXI; que se reivindican todavía como repúblicas socialistas y que conviven con nuestro proyecto bolivariano aquí y ahora. Necesitamos comprender descarnadamente el socialismo real de la enorme China Popular, hoy por hoy orientada a la curiosa y equívoca tesis de la “economía socialista del mercado” preconizada por el Partido Comunista chino. Necesitamos comprender a fondo cómo llegó Cuba socialista a lo que es exactamente su situación actual de Esparta caribeña, por cierto también conducida durante medio siglo por el Partido Comunista cubano. Necesitamos asumir en detalle la trayectoria revolucionaria vietnamita desde Ho Chi Min hasta ahora y la norcoreana con base en el “pensamiento del camarada Kim Il Sung”. Necesitamos estudiar cuidadosamente la experiencia camboyana extrema del Khmer Rouge de Pol Pot. Es imprescindible revisar todos los intentos socialistas africanos desde los tiempos de Patrick Lumumba en el antiguo Congo colonial y ponerle la lupa al “tránsito pacífico del capitalismo al socialismo” encabezado por Salvador Allende en Chile. ¿Por qué necesitamos este análisis minucioso, desprejuiciado y actualizado? Porque el presidente Chávez ha repetido hasta el cansancio que desde hace años estamos construyendo el socialismo del siglo XXI en la República Bolivariana de Venezuela, y resulta que el modelo soviético original y todas sus derivaciones republicanas extintas y sobrevivientes han sido igualmente ensayos de socialismo en un solo país. Tenemos que revisar los ensayos republicanos socialistas nacionales en cuanto productos heterodoxos —y en muchos casos declarados herejías por el socialismo hegemónico soviético— de lo que el socialismo científico acuñado por Marx y Engels predijo como una necesaria e inevitable revolución socialista mundial en el seno del capitalismo, en la que el carácter “mundial” involucraba sólo a los países industrialmente desarrollados hacia fines del siglo XIX, las naciones imperiales europeas y EE.UU. El socialismo en un solo país es un intento de articular la “sociedad democrática alternativa al orden capitalista” que quiere Lander en un territorio nacional emancipado políticamente de la tutela metropolitana y, por tanto, sometido al feroz asedio cultural, económico, político y militar del capitalismo imperial hegemónico en el resto del mundo. Por tanto, comprender lo sucedido en las experiencias de socialismo en un solo país antes y ahora mismo es un modo muy preciso de entender qué pasa ahora  y qué puede pasar con el proyecto nacional independiente encabezado por el presidente Chávez y un método específico para visualizar mejor los intríngulis de las relaciones entre el proyecto y el tema del partido unificado. 

5.
Recuerdo un viejo militante comunista que tenía un mapamundi colgado en la sala de su casa. Los países que habían pasado al “campo socialista” estaban señalados con un alfiler con banderilla roja, de modo que podía apreciarse de un solo golpe de vista el avance inexorable de la “revolución socialista mundial” en todos los continentes. Era un criterio equivocado, porque todos y cada uno de los socialismos reales que en el mundo han sido indican justamente lo contrario, a saber que la predicción socialista científica de la revolución socialista mundial encabezada por el proletariado de los centros imperiales industriales no se ha verificado. Una sumatoria de socialismos en un solo país y revolución socialista mundial no fueron nunca términos equivalentes. Tampoco una lucha antiimperialista de liberación nacional equivale necesariamente a un proyecto de construcción socialista. La República Islámica de Irán libra una lucha antiimperialista pero no está construyendo el socialismo. El materialismo histórico, fundado por Marx y Engels con base en una concepción del mundo materialista —y con la pretensión de desarrollarse como ciencia exacta del comportamiento de las sociedades humanas— articula la historia de todos los tiempos y de todos los lugares como una sucesión inexorable de modos de producción recesivos, hegemónicos y emergentes, tales como el comunismo primitivo, el feudalismo, el capitalismo burgués y el comunismo proletario. La historia muestra que cada modo de producción hegemónico ha incubado el modo siguiente, generando condiciones para que los conflictos sociales sean primordialmente expresión de lucha entre clases con intereses antagónicos. La clase sustentadora de un modo de producción emergente lucha revolucionariamente por la hegemonía social frente a la clase actualmente hegemónica. De la misma manera que lo sucedido con la aparición de la burguesía revolucionaria en el seno del feudalismo europeo, la inevitable génesis y expansión del proletariado en el seno del capitalismo habría generado condiciones para la maduración de un proceso revolucionario, que en este caso marcaría “el fin de la prehistoria humana” de explotación del hombre por el hombre, debido al carácter planetario de la hegemonía capitalista imperial. El rol histórico de la clase proletaria de los países industriales metropolitanos sería consumar la revolución socialista mundial, defenestrando la hegemonía burguesa en los países industriales imperiales; liquidando las relaciones de producción vigentes y situando las descomunales posibilidades abiertas por el desarrollo de las fuerzas productivas incubadas en el capitalismo al servicio de la liberación, civilización y progreso ilimitado de todos los pueblos del mundo. Para la tesis socialista científica de la revolución socialista mundial nuestra liberación —la de la periferia asiática, africana, medio-oriental y latinoamericana— sería sencillamente una consecuencia forzosa de la revolución proletaria “mundial” en los centros metropolitanos. Por lo menos en su fase inicial, los países que formábamos parte de la periferia colonial y neocolonial de los centros imperiales metropolitanos no cortábamos ni pinchábamos nada. Las luchas de liberación nacional antiimperialistas no tenían que ver con la revolución socialista mundial. Lean el artículo de Marx sobre Bolívar.  

6.
Todo el análisis filosófico, económico e histórico de Marx y Engels se dirige a predecir que hacia la segunda mitad del siglo XIX estaban dadas las condiciones objetivas y subjetivas para la consumación de una revolución socialista mundial, que pondría fin a todo modo de producción explotador y opresor, gracias a la universalización de la hegemonía del modo de producción capitalista burgués impuesto a sangre y fuego desde los centros imperiales. El aporte del descomunal desarrollo de las fuerzas productivas a la solución de la cuestión de la necesidad y la escasez, origen de la apropiación de bienes por unos en desmedro de otros y, por tanto, de la propiedad privada y de la lucha de clases, posibilitaba el retorno humano a la práctica social fraterna, solidaria, creadora y libertaria del comunismo primitivo, esta vez en un mundo de abundancia y prosperidad completamente recreado a imagen y semejanza de la humanidad. En plena revolución industrial del capitalismo metropolitano —posibilitada por la irrupción de la ciencia y la tecnología parida por el “siglo de las luces” europeo— el proletariado organizado en verdaderos ejércitos industriales fabriles y corporativos tenía literalmente en sus manos todas las claves teóricas y prácticas del desarrollo de las fuerzas productivas del modo de producción capitalista. En consecuencia, era la única clase que podía liberar el inmenso desarrollo de las fuerzas productivas —en teoría suficiente para generar bienestar para toda la humanidad— de las cadenas de las relaciones de producción capitalistas, que las constreñían a la fuerza ciega de la producción y reproducción del capital. La revolución socialista mundial proletaria pondría fin de una vez y para siempre a la explotación del hombre por el hombre con base en el gigantesco potencial creador de riqueza alcanzado por las fuerzas productivas desarrolladas en los países industriales. Evidentemente, dentro de los límites de un territorio nacional periférico liberado de la hegemonía imperial dispuesto a construir el socialismo —expoliado durante más de cinco siglos— no hay nada de eso. El socialismo naciente sólo dispone de fragmentos sociales, culturales, económicos y políticos dispersos, desprendidos al azar de una macro estructura mundial de producción y reproducción del capital, incubada y organizada bajo la forma de mercado mundial controlado totalmente desde los centros imperiales durante siglos. Es exactamente el caso de la construcción socialista en un solo país iniciada en la República Bolivariana de Venezuela.
 

7.
A comienzos del siglo XX irrumpió la revolución socialista bolchevique en la periferia. Lenin utilizó las herramientas del materialismo histórico acuñado por Marx y Engels para construir nuevas tesis socialistas científicas, tanto para explicar la dilación en la consumación de la revolución socialista mundial, cuanto para justificar la necesidad de una alianza de clases obrero-campesina para desencadenar la revolución en países periféricos no industrializados. Habló del imperialismo como una fase superior de desarrollo del capitalismo mundial. Estableció la tesis política revolucionaria del “eslabón más débil”. Definió el partido de la vanguardia proletaria como la “clase para sí” y le adjudicó el método del centralismo democrático. Para Lenin era posible que la revolución socialista mundial se iniciara en los eslabones más débiles del modo de producción capitalista —tal como realmente sucedió en el caso de los soviets de obreros, campesinos y soldados rusos— pero, ojo, tales procesos sólo serían detonantes, chispas en la pradera del verdadero proceso revolucionario, que necesariamente debería realizarse en los centros metropolitanos industrializados y forzosamente conducido por la clase proletaria. “Luego ellos nos enseñarán cómo se hace”, decía Vladimir Illich. No obstante, y pese a los esfuerzos desplegados hacia Europa por los bolcheviques, la revolución socialista mundial proletaria en los centros imperiales industrializados tampoco se produjo, de manera que el triunfo de la revolución socialista bolchevique en la Rusia imperial zarista de 1917 fue transformándose aceleradamente y por la fuerza de los porfiados hechos en la invención e instauración de la experiencia inédita de socialismo en un solo país. Al cabo de cuatro años de intervención militar imperial plasmada en una desastrosa guerra civil, hambrunas terribles y millones de muertos, fue necesario negociar la supervivencia de la revolución soviética con el capitalismo imperial que manejaba el resto del planeta. La realpolitik leninista dio forma al pacto de Brest-Listvok de 1921, que puso punto final a la guerra civil y dio inicio al desafío de construir el socialismo en un enorme país imperial periférico y para nada desarrollado industrialmente, el inmenso territorio abarcado por la Unión Soviética (URSS), de ahí en adelante completamente sitiado militar, política y económicamente por el imperialismo capitalista. Casi no hace falta decir que para Lenin, Stalin y Trotsky, entre muchos otros teóricos del partido, se construiría el socialismo en un solo país mientras llegaba la esperada y verdadera revolución, la socialista mundial del proletariado industrial de las naciones imperiales.  

8.
Cualquier experiencia de socialismo en un solo país ha acontecido necesariamente con el pie forzado de un bloqueo económico, político y militar permanente instalado por el mundo exterior capitalista imperial, que de hecho compele y por razones de estado a la creación de gigantescos aparatos armados destinados a la defensa. Cuba es una Esparta en armas y Corea del Norte dispone de una fuerza armada de dos millones de soldados, amén de misiles transcontinentales. Hay analistas que sostienen que la causa del derrumbe soviético fue ¡el 50% de su PIB destinado al Ejército Rojo! Para los que vinieron después de la URSS, no sólo eso. La revolución soviética originaria de 1917, aferrada a la tesis clásica de revolución socialista mundial pero compelida a la construcción del socialismo en un solo país, poco a poco derivó hacia la concepción estalinista de una revolución socialista mundial ¡cuyo centro desarrollado sería la propia URSS! bajo la férrea  conducción de la “dictadura del proletariado” industrial soviético. En realidad  la dictadura siempre fue ejercida por la vanguardia revolucionaria, el Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) y, dentro del PCUS, por la nomenklatura cercana al Comité Central. La estrategia estalinista dibujó sobre el mundo un “campo socialista” creciente en desmedro de un “campo imperialista” menguante, el mapa de las banderillas de nuestro recordado revolucionario. La enorme consecuencia de la “emulación y superación del capitalismo por el socialismo” —según rezaba la gran consigna estratégica del estalinismo— iniciada a marchas forzadas por la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) es que agobió progresivamente a los pueblos abarcados por la antigua Rusia imperial, y a todos los que llegaron por las más diversas vías al socialismo en un solo país, con ominosas dictaduras burocráticas e inquisitoriales, recordadas por Edgardo Lander con justificada alarma. El “bastión proletario soviético” como nuevo centro estratégico de la revolución socialista mundial también influyó fuertemente en cualquier cantidad de partidos, movimientos y frentes revolucionarios de Europa, Asia, Africa y América Latina, incluyendo a Venezuela. La URSS estalinista sobrevivió al sitio impuesto por el capitalismo imperial tanto modificando la tesis de la revolución socialista mundial, cuanto poniendo al servicio de los intereses tácticos y estratégicos de su socialismo en un solo país las luchas de liberación del resto de los pueblos del mundo. La revolución socialista mundial dio paso al “internacionalismo proletario” y la razón revolucionaria socialista mundial se transformó rápidamente en razón de estado socialista soviético. El mismísimo Marx se había inclinado sobre la posibilidad de desarrollar el socialismo en un solo país y la descartó inmediatamente, porque a su juicio consistiría necesariamente en una miserable redistribución de la escasez y, por tanto, en una repetición “de toda la porquería anterior”. También criticó acerba e implacablemente otros proyectos socialistas emergidos en el seno de la cultura europea que no tomaban en cuenta el carácter mundial de la hegemonía capitalista, y que por tanto debían ser considerados tan utópicos, idealistas, no-científicos e inviables como el socialismo en un solo país. No obstante,  en su Crítica al Programa del Ghota también predijo lúcidamente la futura entrega de la revolución socialista mundial por la naciente socialdemocracia en el seno del proletariado europeo. “He dicho y he salvado mi alma” fue la angustiosa rúbrica escogida por Marx para firmar este trabajo premonitorio. Dixit et savavem anima meam. 

9.
Construir socialismo en un solo país implica un gigantesco esfuerzo de refundación nacional y capitalización desde la nada, porque hay que desarrollar infraestructura, industria productora de bienes y servicios y mercado interno inexistentes, mientras se toman toda clase de precauciones defensivas frente a la enorme envergadura del enemigo imperialista acechando desde fuera. Paradigmas de este enfoque espartano que prepara militarmente toda la población para el escenario probable de una invasión imperial son Corea del Norte, Vietnam y Cuba. De hecho el zapato chino imperial da pie a algunas de las grandes orientaciones estratégicas asumidas por la vanguardia proletaria bolchevique y que en experimentaciones sucesivas, sellaron la suerte de cualquier nuevo intento ulterior de construir el socialismo en un solo país:
 

• “emular y superar el capitalismo por el socialismo” desarrollando las fuerzas productivas a marchas forzadas, mediante el establecimiento de una economía nacional planificada y con el estado soviético como único propietario de los medios de producción
• la producción y reproducción de un descomunal dispositivo militar defensivo y ofensivo que hacia los años 80 del siglo XX consumía aproximadamente el 50% del PIB soviético.
• “dictadura del proletariado”, de hecho una dictadura de la “clase para sí”, la vanguardia, el estado mayor, la nomenklatura del  PCUS, implementada mediante la exacerbación extrema del carácter representativo y delegado de las herramientas democráticas burguesas y mediante la instauración de dispositivos inquisitoriales estatales para el control de asimilados y disidentes. 
• una revolución cultural dirigida a crear un nuevo ser humano, estableciendo las premisas filosóficas; científicas y metodológicas producidas por Marx, Engels y Lenin —especialmente el materialismo y el materialismo histórico— como soporte sacramental indiscutible del desarrollo político, cultural, científico y tecnológico de la URSS, por contraposición a la ideología capitalista.
• la sustitución de las premisas de la revolución socialista mundial centrada en los países industriales por una revolución socialista mundial con centro en la URSS, propugnando la formación de un “campo socialista” contrapuesto al “campo imperialista” y, por tanto, poniendo los partidos, los movimientos y los frentes sociales del mundo exterior al servicio de los intereses estratégicos del desarrollo del bastión proletario soviético, garante de la futura revolución socialista mundial.
 

10.
Además de la URSS, hubo muchos intentos variopintos de socialismo en un solo país durante el siglo XX. En la Europa de los años cuarenta, a la salida de la II guerra imperialista, Hungría, Checoeslovaquia, Polonia, Rumania, Bulgaria, Albania y parte de Alemania pasaron simultáneamente a la condición de países constructores de socialismo en un solo país y miembros del “campo socialista”. Se sabe que Stalin negoció esta suculenta tajada a cambio de la devolución de Francia, Italia y Grecia, por aquel entonces completamente en manos de los movimientos socialistas. La revolución básicamente campesina encabezada por Mao Zedong fundó la descomunal República Popular China en 1948. Corea del Norte es socialismo en un solo país desde la década de los cincuenta, como consecuencia de la derrota de la invasión norteamericana a la península. En la Africa “descolonizada” de los años sesenta se produjo una lluvia de experiencias marxista-leninistas de socialismo en un solo país en territorios tan improbables como el Congo, Yemen, Guinea Bissau, Tanzania, Angola y Mozambique, sólo por mencionar algunos. En América la revolución cubana alcanzó el poder en 1959 y en la antigua Indochina las revoluciones armadas vietnamita y camboyana llegaron al poder en la década de los setenta. Luego el propio ejército vietnamita dio al traste con la experiencia más extrema y trágica de socialismo en un solo país implementada por el Khmer Rouge camboyano, equivalente maoísta del Partido Comunista de cuadros leninista clásico. Sea cual sea el socialismo en un solo país analizado, siempre se encontrará que todos implementaron variantes del modelo acuñado durante la era estalinista de la URSS, y siempre en la creencia de que la predicción de la revolución socialista mundial de Marx y Engels seguía en pie, aun cuando la lluvia de chispas detonantes nunca llegó a incendiar la pradera. A la distancia se ve con claridad que las orientaciones estratégicas inventadas, establecidas y desarrolladas a sangre y fuego en la URSS fueron meras prótesis históricas, destinadas a sustituir de las mil y una maneras la ausencia de la verdadera revolución socialista mundial encabezada por el proletariado corporativo de los países modernos industrialmente desarrollados, que no se produjo durante los siglos XIX y XX ni se ha producido hasta ahora. La URSS jamás alcanzó la envergadura industrial necesaria como para instituirse en centro desarrollado de la revolución mundial. Fue devorada hasta el derrumbe por el peso descomunal e insostenible económicamente del Ejército Rojo y la subversión periférica en el "campo socialista". 

11.
Es demasiado importante que asumamos la necesidad urgente de profundizar el debate propuesto por Lander ahora mismo, con la seguridad absoluta de llegar a conclusiones útiles tanto para los desafíos inmediatos cuanto para los objetivos estratégicos, tal como lo es el partido unido puesto sobre la mesa por el presidente Chávez y, en última instancia, el socialismo del siglo XXI. Para nosotros, aquí y ahora mismo, es muy importante comprender el tremendo peso ideológico de las ideas de individuo, libertad, democracia representativa, modernidad y progreso ilimitado incubadas por la cultura occidental metropolitana desde lo que se ha denominado "renacimiento" y reivindicadas como paradigma universal civilizador por el capitalismo imperial, sobre todo en su fase corporativa transnacional actual. Es indispensable seguir la pista a la importación de la propuesta estratégica y táctica de diversas versiones de socialismo acuñadas en Europa —incluyendo el socialismo científico de Marx, Engels y Lenin— asumidas como el non plus ultra de las posibilidades revolucionarias por gran parte de las luchas populares latinoamericanas del siglo XX. La tesis insurreccional armada y la participación en la democracia republicana burguesa fueron impulsadas alternativamente tanto por partidos afiliados irrestrictamente a la línea estratégica soviética, cuanto por todas las formas de disidencia a la configuración del “campo socialista” estalinista: castristas; guevaristas; trotskistas; posadistas; mariateguistas; abelardoramistas; maoístas; kimilsugnistas; hochiministas; khmerrugistas e tutti quanti. Desde la lucha guerrillera armada continental apoyada por la revolución cubana al proyecto de “transición pacífica del capitalismo al socialismo” acuñado por la Unidad Popular chilena. Por ejemplo, el PC chileno impulsó la instauración de un estado socialista de soviets de obreros, campesinos y soldados hasta 1938, año del Gran Viraje Estratégico, porque Stalin había pactado con el "mundo libre occidental" y por aquel entonces distinguía dos clases de imperialismo: el democrático y el nazi facista. Los comunistas chilenos se dedicaron a recolectar chatarra para la industria siderúrgica soviética y a promover el Frente Popular democrático, que llegó al poder el año siguiente y se mantuvo con participación comunista hasta 1947, en que el PC chileno fue ilegalizado y perseguido, víctima de la Ley de Defensa de la Democracia anticomunista promovida por el Departamento de Estado de Truman. El PC argentino celebró junto a Braden, el embajador norteamericano, la caída de la dictadura nacionalista de Perón en 1955, y el PC boliviano nunca respaldó los esfuerzos guerrilleros del Ché en el altiplano, seguramente porque un nuevo pacto de Brest-Listvok —esta vez entre Brezhniev y Nixon— había definido áreas de influencia tales que toda Latinoamérica, salvo Cuba, quedaba bajo la férula de EE.UU.  

12.
Marx y Engels fundaron y participaron en muchas organizaciones políticas revolucionarias, pero es de Lenin la noción del partido de vanguardia y cuadros gestionado mediante el “centralismo democrático”. Como Lenin consideraba un absurdo imposible que todo el proletariado tuviera el mismo nivel de conciencia de clase, diferenció la clase proletaria en “clase en sí”, sujeto teórico-histórico de la revolución socialista mundial, y “clase para sí”, sujeto político-práctico consciente de la revolución proletaria. El partido, estado mayor del ejército proletario, aglutinaba la clase para sí, cuadros políticos revolucionarios administradores de las herramientas teóricas y prácticas suministradas por el socialismo científico, principalmente el materialismo histórico. El partido leninista originario es la herramienta política del socialismo científico, cuya predicción fundamental e irrenunciable es la revolución socialista mundial proletaria. El paradigma leninista de partido tuvo éxito arrollador a lo largo y ancho del mundo, incluyendo nuestra tozudamente enajenada Latinoamérica. También parece momento apropiado para que indaguemos descarnadamente los destinos reales de esta clase para sí en todos los partidos fundados con base en el modelo leninista que llegaron a implementar socialismos en un solo país. Hay un punto crucial en la distinción leninista de clase “en sí” y “para sí”, que tiende a perpetuar una diferenciación entre aquellos que piensan y saben y las grandes masas que sólo acatan y actúan. El meollo metodológico del partido leninista es la escisión que hace entre los propietarios de las herramientas concienciadoras del socialismo científico materialista —clase para sí— y las amplias masas proletarias movilizadas y empujadas por la vanguardia —clase en sí— para que consumen su rol teórico histórico, con el apoyo de otras clases explotadas sumadas al frente revolucionario. La concepción vanguardista del partido establece un grupo esclarecido que maneja las herramientas intelectuales del socialismo científico para formular una línea política revolucionaria estratégica y táctica, y una gran alianza de clases encabezada por el proletariado que las concreta. Tanto si se trata de detonar la revolución socialista mundial, cuanto si el empeño es construir el socialismo en un solo país, la visión y versión lúcida ¿e infalible? de la composición de fuerzas actual en la lucha de clases, y la percepción de las condiciones objetivas y subjetivas, es privilegio del partido. Los demás mortales simplemente le ponemos el hombro, nos sumamos a la línea política según la habilidad desplegada por los cuadros del partido para vincular la línea estratégica con los intereses inmediatos cotidianos y muy localizados de la clase proletaria y, más ampliamente, de los excluidos y explotados. El partido leninista reinó durante todo el siglo XX como el paradigma inobjetable de partido revolucionario socialista. Connoto que las organizaciones promovidas y encabezadas por Chávez, el MBR200 y el MVR, no fueron partidos leninistas. De hecho el comando Miranda utilizó lenguaje castrense para definir sus batallones, pelotones y escuadras, base del partido socialista unido propuesto por el presidente. 

13.
¿El proyecto revolucionario bolivariano socialista indigenista preconizado por Chávez es producto del análisis socialista científico que predice una revolución socialista mundial en los centros metropolitanos o es consecuencia de un análisis alternativo, no necesariamente socialista científico, del mundo tal como es hoy, manejado económica, política y culturalmente por las corporaciones transnacionales planetarias? ¿El socialismo del siglo XXI es una versión corregida y aumentada del socialismo en un solo país de paradigma soviético experimentado durante casi todo el siglo XX, o es realmente la creación de “una sociedad democrática alternativa al orden capitalista” mencionada por Lander? ¿La propuesta de partido unido lanzada por el presidente Chávez es una versión corregida y aumentada del modelo de partido leninista o es una idea realmente alternativa al evidente sesgo indiscutible, burocrático, catedrático, vertical y autoritario definido por Lenin y practicado largamente por tirios y troyanos en los remedos de democracias burguesas representativas que han sido nuestros países? Y por último ¿quiénes son los llamados a indagar y responder el conjunto de estas interrogantes, el mismo elenco estable de esclarecidos de costumbre o el conjunto del pueblo? Respondiendo cabalmente estas preguntas respondemos inmediatamente las inquietudes de Lander. Sería muy poco útil que analicemos las perversiones del socialismo real desde el punto de vista de la "moral revolucionaria", del mismo modo que es inútil analizar la corrupción como un mero problema de desviación ética asignable a la inveterada “viveza criolla”. La corrupción es una estructura intrínseca del modo de producción capitalista, equivalente a lo que Marx llamó la  “acumulación originaria” de capital perpetrada por bucaneros con patente y piratas autogestionados en sus correrías oceánicas. La corrupción es equivalente a la acumulación originaria de Pizarro, Cortés y todos los empresarios capitalistas armados que conquistaron Abya Yala. La corrupción es expresión acabada del individualismo preconizado a ultranza por la cultura imperial metropolitana. Del mismo modo, las pretendidas desviaciones, perversiones, horrores o “revisionismos” políticos, a mi modo de ver inevitables en el esquema clásico de socialismo en un solo país a la espera de la revolución socialista mundial proletaria, no se dilucidarán nunca solamente invocando pruritos morales y el "hombre nuevo". Es muy posible anticipar y evitar el sesgo inquisitorial de la "reeducación política" incubado en los partidos de los socialismos en un solo país, muy cercano a los procedimientos empleados aquí y ahora por el imperialismo capitalista clásico, en Guantánamo, Abu Graib y las cárceles secretas regadas por Europa para desaparecer “terroristas”. Para lograr un partido socialista unido coherente con un nuevo socialismo del siglo XXI necesitamos apoyarnos decididamente en un intenso trabajo cultural, comunicacional y pedagógico de nuevo cuño, desarrollado con metodologías y herramientas completamente diferentes a las que producen y reproducen urbi et orbi la ideología capitalista preconizada por las grandes corporaciones planetarias, y por completo diferentes de las que permitieron la aparición y consolidación de las burocracias partidistas inquisitoriales. 

14.
¿Qué hacer? Lo primero es hacer lo mismo que Simón Rodríguez, Marx, Engels, Lenin, Mao y muchos otros que han abordado lúcidamente los vínculos de la teoría con la práctica social: no tomar al pie de la letra las opiniones, las doctrinas y los libros sacramentales, particularmente las producciones imperiales. Por el contrario, todos tienen de común haber criticado tanto el método de análisis mismo cuanto sus conclusiones. Luego crearon un método más apropiado; indagaron la realidad del mundo desprejuiciadamente; establecieron conclusiones propias; formularon un proyecto estratégico independiente de transformación del mundo, que no obstante coincidía con el tiempo real que vivían y trabajaron denodadamente por llevarlo a la práctica. Lo segundo es articular un partido concebido estructuralmente para unir la teoría y la práctica en todos sus niveles, incluyendo las amplias masas populares. Un partido que comience por criticar los métodos de análisis aportados por sus nuevos militantes; un partido que cree colectivamente métodos apropiados de aproximación a la realidad con base en una montaña de aportes; un partido que indague permanentemente la realidad del mundo desprejuiciadamente; un partido que establezca conclusiones siempre provisionales; un partido que formule un proyecto estratégico que no obstante coincida con el tiempo real que vive el mundo y la nación, y que trabaje colectiva, constante y denodadamente por ejecutarlo. Necesitamos un partido que cree mecanismos culturales, comunicacionales y pedagógicos adecuados para transferir todos sus instrumentos a todos los habitantes del país, para que todos contribuyamos a la crítica de los métodos de análisis mismos; a la creación colectiva de métodos más apropiados; a generar instancias que posibiliten indagar colectivamente y desprejuiciadamente la realidad del mundo, estableciendo conclusiones provisionales bajo la forma de proyectos que coincidan con el tiempo real que vivimos; y que todos trabajemos por ejecutarlos en un ámbito tal que nos permita volver al principio y reiniciar todo el proceso cada vez que sea necesario. A este va y viene entre teoría y práctica, entre pensamiento y acción Lenin le llamó praxis, unidad indisoluble de la teoría y la práctica social, que consiste en que cada uno de nosotros asuma la parte que le corresponde en la responsabilidad colectiva de pensar y actuar en función del destino histórico común que nos ha entregado la vida. La praxis es el derecho humano más fundamental después del derecho a la vida misma porque es el que nos permite asumir a plenitud nuestra potestad creadora y transformadora propiamente humana. Un nuevo partido socialista unido radicalmente diferente del modelo ortodoxo del "socialismo hegemónico" soviético debe ser construido como ámbito social privilegiado de la praxis para todos y cada uno de sus militantes.