Orlando Villalobos

Doctor en Ciencias Humanas/Profesor de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad del Zulia *

ovillalobos@cantv.net

El chavismo tiene todo el peso del poder parlamentario

8 de diciembre de 2005 

El cantautor argentino Facundo Cabral nos dijo en una ocasión en Maracaibo que la mayoría siempre se equivoca. En su razonamiento, la mayoría apuesta a los caballos y juega lotería. La afirmación suena a chanza, pero de todos modos deja ver la responsabilidad tremenda que significa formar parte de la mayoría que decide e impone.

Con ese peso desafiante carga ahora el chavismo, como corriente política, después de las elecciones a diputados del 4 de diciembre. Se quedó con todos o casi todos los diputados electos. La cuota principal (114) es del MVR y el resto de sus corrientes aliadas: Podemos, PPT, PCV, MEP y varios grupos regionales como Lago y Por Maracaibo. Es decir, el chavismo no sólo ganó las elecciones, se quedó con todo y suma una holgada mayoría absoluta.

Ahora tendrá todo el peso de la responsabilidad del trabajo legislativo y no podrá alegar excusas frente a sus propias  limitaciones y carencias; frente a las omisiones y al retraso de leyes que urgen.

Nicolás Maduro, uno de los jefes del chavismo en la Asamblea Nacional, en medio de la euforia del triunfo proclamó que el legislativo "fue tomado por el pueblo".  Añadió que "el pueblo se vino a la Asamblea, ya no es de las élites”. Prometió que los diputados trabajarán junto a las comunidades y organizaciones populares. Todo eso está por verse.

Además de ganar eficacia y rendimiento en sus labores, los diputados deberán dar pasos en la dirección de contribuir con decisión en el desarrollo de un proyecto de país, que genere transformaciones reales, que propicie condiciones para la justicia y la equidad social. Al mismo tiempo, deberá dar muestras de pluralidad, de que efectivamente cree en la democracia y reconoce la diversidad de opiniones. Eso significa aceptar que muchas prácticas legislativas actuales son una copia al carbón de lo que se ha hecho siempre y así no se cambia nada.

Ahora con tanto poder es donde hay que demostrar sabiduría, capacidad para transformar y para no conformarse con administrar la crisis. Si se mantiene la creencia de que un diputado es una persona que se disfraza de poder, usa dos celulares, ropa de marca y una súper camioneta; si se olvida que un diputado es un representante del la comunidad de donde viene, en poco tiempo, todo este poder de hoy se vendrá abajo. Decían los griegos que cuando más alto se vuela más dura será la caída.

El chavismo o Bloque del Cambio acumula una fuerza parlamentaria exagerada en razón de méritos propios -el liderazgo del presidente Chávez- y en buena medida por los autogoles de una oposición torpe y fracasada, atrapada por esquemas intolerantes, que no admite que el mundo giró en redondo y cambió de manera irremediable.

A la oposición se le extravió el plan B

 

El discurso de Claudio Fermín, de Fuerza Popular, muestra de cuerpo entero las dificultades actuales de la oposición tradicional. Dice el excandidato presidencial de AD que los partidos que se retiraron del proceso electoral se refugiaron en diversas excusas para no llegar hasta el final y contar sus votos.

Como antídoto a la insistencia de la oposición en mostrar el porcentaje de abstención, Fermín refiere que “los niveles de la abstención son irrelevantes, porque igual tenemos una Asamblea Nacional electa. La abstención no elige a nadie y no produce representantes”.

Es decir, la caravana pasa. En términos reales, hay una nueva Asamblea Nacional electa, que iniciará sus actividades en enero.

La oposición se retiró del proceso electoral, después de haber recibido garantías y concesiones de parte del CNE, y luego se quedó sin plan B, no presentó otras alternativas. Jugó a la acción política pasiva. Llamó a los electores a quedarse en casa o acudir a la iglesia. En cierto modo saltó sin paracaídas y ahora pierde el espacio político de la Asamblea Nacional. Se plegó a una política todo o nada, suma cero, y lo pierde todo, de momento.

El problema de la oposición tradicional es estructural, de fondo. Se ha aferrado a la consigna de “Chávez, vete ya”, y otras por el estilo, y no podido, ni ha sabido, levantar una propuesta política atractiva y diferente. No sabe decirle al venezolano promedio qué tipo de país podemos construir para vencer la pobreza y ganar una mejor calidad de vida. Y para colmo, ha ido sumando tantas derrotas que cada vez reducen más sus posibilidades.

Lo peligroso es que ante la falta de una oposición democrática, que le dé cauce a la crítica al gobierno actual, surgen los aventureros que actúan a control remoto desde Miami, o desde otro punto del exterior, y promueven acciones violentas, como la voladura del oleoducto Tulé-Amuay, en la Costa Oriental del Lago, un día antes de las elecciones parlamentarias.

En resumen, esa oposición acostumbrada a tener poder, desafiante pero al mismo tiempo torpe y desconectada de las expectativas populares, vive su peor momento. La imagen que lo evidencia es que ahora AD y Copei tendrán que salir a recoger firmas, casa por casa, para volver a registrarse como partidos. Hace 15 ó 20 años cuando parecían eternos en el gobierno, a ninguno de nosotros se nos hubiera ocurrido suponer que iban a llegar a ese extremo.

Cultura de pasividad

 

¿Por qué la abstención ha sido tan alta? ¿Por qué si éste es el gobierno de los pobres, éstos no salieron a votar? ¿Quiénes votaron el domingo 4D? Estas preguntas no pueden esconderse, ni dejar de contestarse.

La abstención es mala consejera. Es síntoma de pasividad, de dejar hacer, dejar pasar. ¿Hasta dónde se ha impuesto entre los venezolanos una cultura de pasividad, de esperar que otro lo haga por nosotros?

En estas elecciones, un porcentaje probablemente pequeño acató el llamado de la oposición y no salió a votar. Es una abstención razonada, consciente. ¿Pero cuántos de ese 75 por ciento que no votó lo hizo porque no se enteró, ni se quiso enterar de lo que estaba en juego?.

Para un proceso político como el actual no es poca cosa que tantos y tantas sean indiferentes. ¿Dónde queda la prédica de la participación protagónica? ¿Dónde está el pueblo organizado que quiere cambios revolucionarios?

El tema es urgentísimo. A veces el gobierno se crea su ideología y hace ver que se ha incrementado la participación, dejando de lado que la cultura de la pasividad se ha sembrado y cultivado por años. Falta organización popular para hacer sentir sus quejas, para recoger la basura, para mantener las áreas verdes; falta organización comunitaria en comités de usuarios de los medios masivos, en comités de salud y de agua, para la vivienda, incluso en comités electorales o de partido.

¿No será que no se valora el voto? Los muchachos no saben que hace 50 años una gran aspiración venezolana era elegir a los gobernantes de manera directa, universal y secreta; leyeron pero no aprendieron que aquí antes no votaban las mujeres, ni los analfabetas, que eran demasiados, ni quienes no hubieran cumplido 21 años.

Dejar pasar lo que sucede con estas cifras de abstención, que se reproducen elección tras elección, es negarse a buscar explicaciones profundas de nuestros males, por incómodas o porque nada tienen que ver con lo que creemos.

* Periodista y profesor asociado de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad del Zulia, Maracaibo, Venezuela. Doctor en Ciencias Humanas (2005). Magíster en Ciencias de la Comunicación. Autor de los libros: Política y Gerencia de la Comunicación Social en la Universidad del Zulia (2000) y Fabulario, Crónicas de la Urgencia (1993). Investigador acreditado por el PPI. He publicado diversos artículos en revistas arbitradas analizando la problemática que rodea la comunicación. Se ha desempeñado como editor de información del diario La Columna (1991-1994) y director de redacción fundador del diario La Verdad (1998-1999). Ha sido columnista en los diarios El Correo del Caroní, El Vigilante, La Columna y La Verdad, de Venezuela. Actualmente soy columnista del semanario El Sol de Occidente (www.soldeoccidente.com) de Maracaibo. ovillalobos@cantv.net Apartado postal 15084. 0414-3629086 y 0261-7781196