Nicmer N. Evans

Politólogo y profesor de la UBV

nicmerevans@yahoo.es

Democracia, Poliarquía y Democratización socialista

Caracas, enero de 2006

Generalmente cualquier conceptualización que sobre Democracia se da, parte de un análisis etimológico del término, ha este método G. Sartori lo llama  “prescripción”. Haciendo práctica de él, Democracia proviene del griego, y es una palabra originalmente compuesta, constituida por dos acepciones: demos “pueblo” y kratos “poder”. Desde esta perspectiva podríamos asumir que Democracia es el poder del pueblo.

Hasta este punto el asunto esta aparentemente resuelto, pero de inmediato se desprende un problema quizá de mayor complejidad, ¿qué significa cada uno de sus componentes?, o sea, ¿qué es pueblo?, y ¿qué es poder?.

Es en este nivel donde se generan las grandes fisuras de la historia en cuanto a los esfuerzos de concreción del concepto de Democracia. En este sentido Sartori (politólogo autodenominado demócrata liberal) nos orienta metodológicamente apuntando hacia la necesidad de comprender idiomáticamente (a través de su uso en distintos idiomas) el uso del término pueblo. Es así como dicho autor nos recuerda, desde el análisis de la pluralidad o singularidad de la palabra, como en inglés people es distinto a popolo, volk o pueblo. Esto se da (nos explica Sartori en su libro ¿Qué es la democracia?), como consecuencia de la utilización plural de people en el momento de describir al pueblo, desde la lengua sajona la afirmación singular en castellano “el pueblo es” se traduce literalmente como “el pueblo son”, lo que implica que se utiliza la categoría pueblo no para describir una unidad, sino para describir la agrupación de elementos que preservan su individualidad.

La pregunta siguiente podría ser, ¿entonces cuando hablamos de poder para el pueblo, es poder para todos o poder para muchos?, ¿es poder para una unidad o para la mayoría agrupada dentro de una diversidad desarticulada?.

Lo deseo ilustrar de la siguiente manera: en una Asamblea de Ciudadanos y Ciudadanas en una comunidad X, donde cualquier ciudadano que lo desee puede participar, en el momento de decidir las prioridades de atención presupuestaria dentro de los Consejos Comunales de Planificación Pública, el 50% más 1 de los participantes deciden que los recursos de la Alcaldía deben ser destinados para la sustitución de una tubería, que genera grandes filtración en las casas y hundimientos en el pavimento de la vía principal, sin embargo el 49% estaba de acuerdo con utilizar los recursos en mejorar la infraestructura del liceo público que atiende a los hijos de toda la población.

En esta relación mayoría minoría, para garantizar la aplicación de la decisión de la mayoría (además sería interesante cuestionar porque la diferencia de uno es una mayoría para tomar decisiones que los afectan a todos), según Marta Harnecker (en un artículo publicado en la revista Temas 16-17 extra. En 1999, Cuba) se aplican mecanismos que le permitan someter a esa minoría a los intereses de la mayoría, entendiendo por someter el  presionar, lo que Harnecker asume como una ley histórica que implica la utilización de la fuerza contra la oposición.

¿Es esta la práctica democrática que deseamos los venezolanos en el contexto de construcción del nuevo socialismo?, o por el contrario ¿deseamos que dentro de nuestra praxis socialista a la venezolana o “bolivariana” se respete a las minorías?, lo que implica un rumbo de país guiado por la mayoría pero con respeto de las voces disonantes, y con la pretensión de construir colectivamente el camino, incluyendo a aquellos que difieren, para lograr una verdadera construcción colectiva.  

Si pensamos en la Democracia, con “D” mayúscula, como “poder del pueblo, para el pueblo y por el pueblo” (palabras de Abraham Lincoln) estaríamos hablando de una sociedad sin Estado, totalizante y sin minorías, quizá una democracia perfecta. Si hablamos de una democracia de las mayorías, con aceptación de la o las minorías, estaríamos hablando de una Poliarquía (concepto introducido por Robert Dahl), que se constituye como consecuencia descriptiva de lo que existe como práctica en lugar de la Democracia.

El problema que se encuentra en este concepto tan sugerente, léase Poliarquía, es que detrás del poder de muchos o de la mayoría, y desde una perspectiva descriptiva (Sartori mediante), y analizando el concepto de poder, no sólo desde su visión clásica de coerción, sino también de manejo de volumen de información, calidad de la información y capacidad de procesamiento de la información (formación), la mayoría con la posibilidad de hacer ejerció del poder es una minoría de la mayoría, ya que la minoría de la mayoría real pobre, generalmente nunca llega a superar a la minoría que si tiene acceso a la información y a la formación, por tanto la Poliarquía se transforma en el poder o gobierno de las minorías más y mejor informadas, lo que descriptivamente contradice lo que de principio afirma su propio concepto.

En este punto,  pareciera que nos quedamos sin opción, pero al retomar el concepto Democracia, nos damos cuenta que al asumir su inviabilidad descriptiva (léase real), no necesariamente se descarta que en su búsqueda se desarrolle un proceso, que podemos llamar de democratización, tan dinámico, que permita una constante construcción y reconstrucción de las prácticas democráticas, con base en la participación directa no solo de quienes tienen la información o simplemente el deseo o la claridad de incidir en el poder, sino de quien tiene el derecho a la información, buscando sentar las bases para la alternabilidad en su ejercicio.

Es esta discusión la que no se discute, sino que se libra en nuestros espacios sociales, en pro de la construcción de una Democracia Socialista, que podríamos, descriptivamente, llamar Democratización Socialista, que no es más que, el reconocimiento de la búsqueda de una Democracia. Búsqueda que implica una construcción Robinsoniana, que parte del principio de inventamos o erramos, que tiene como íconos fundamentales la formación, la participación del pueblo y la transformación de las estructuras, modelos y elementos culturales que han generado la depauperación de los elementos éticos para el logro de la felicidad tanto individual como colectiva, y que utiliza la Política, con P mayúscula intencionada, como vía para su concreción y el concepto de pueblo como meta, reconociendo y respetando a las minorías en el esfuerzo de integrarlas en dicha construcción.