Modesto Emilio Guerrero

Buenos Aires

Cel: 155 933 8992

modestoguerrero@gmail.com

El Mercosur y la Revolución Bolivariana, un matrimonio complicado

Nuevo libro de Modesto Emilio Guerrero

6 de marzo de 2007

En nueve capítulos ordenados en 125 páginas, el periodista y escritor venezolano Modesto Emilio Guerrero,  radicado en Buenos Aires desde 1993, analiza el carácter y contradicciones   del ingreso de la Venezuela revolucionaria  al Mercosur neoliberal y su perspectiva en las actuales relaciones con Estados Unidos. Este nuevo texto da continuidad a su libro de   ensayos sobre el Mercosur neoliberal publicado por Vadell Hnos., (Caracas, 2005). El Mercosur y la Revolución Bolivariana fue publicado por el Centro de Formación  y Comunicación de los Trabajadores de la Cultura (CEFOCOTRAC, Caracas, febrero de 2007). En esta entrega publicamos los dos primeros capítulos.

 

I. La búsqueda del sur o como desprenderse del norte (Parte I)

 

"Hay una identidad tan grande entre las clases de estos países que logran una identificación

de tipo intercontinental americano, mucho más completa que en otros continentes"                 Ernesto Che Guevara (Tricontinental, 1966) 

América latina ha ingresado a un nuevo proceso de integración, pero de un carácter distinto al modelo integracionista proyanqui instaurado por Washington desde el final de la IIª Guerra Mundial. El neoliberalismo, que también implica una política de integración de Estados y economías,   tiende a ser superado, especialmente en el Mercosur, su mejor muestra en los años 90. Venezuela y su "revolución bolivariana" es el factor dislocante de ese integracionismo neoliberal. Esta novedad apenas comienza. Es inestable y tiene un futuro cuya resolución positiva dependerá de la relación de fuerzas en pugna con el imperialismo.

La búsqueda del presidente Chávez de un espacio defensivo en el llamado "Sur" de la geopolítica mundial, es el puntal de ese nuevo proceso latinoamericano abierto. Esta tentativa latinoamericanista tiene el valor de retomar el hilo histórico del Americanismo abandonado por las burguesías locales desde mediados del siglo XIX. Al mismo tiempo, denuncia el modelo integrador del imperialismo, develado por Lenin y algunos marxistas de su tiempo, y desentrañado en América latina por figuras descollantes como Manuel Ugarte, Salvador de la Plaza, José Carlos Mariátegui, Julio Antonio Mella, o más adelante, en la década de los 60, por el ensayista uruguayo Vivian Trías, entre otros.

Desde julio del año 2006, la República Bolivariana de Venezuela cambió el curso de sus relaciones de Estado en el hemisferio; por esa vía intenta modificar su vinculación con el mercado y la política mundial. El Mercosur es la mediación elegida para ese fin. Esa es la perspectiva que abre su integración al bloque comercial de Estados denominado Mercado Común del Sur fundado en 1991, que agrupaba a Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay.

Este ingreso mediante un paco comercial y político es un acto progresivo, oportuno, útil en su punto de partida, siempre que lo midamos por su carácter defensivo en el contexto hemisférico. Le sirve al gobierno bolivariano para sostener mejor la vuelta de "su mirada al sur" y comenzar a cortar lazos de dependencia centenaria con el norte. En ese sentido, es un acto de nacionalismo latinoamericano que puede servir para debilitar dispositivos de dominación del imperialismo de EEUU. Una "desconexión" diría Emir Sader.

En esa perspectiva es una alianza interestatal necesaria, defensiva, de resguardo –en las actuales condiciones internacionales– a la "revolución bolivariana". Este es el punto de partida.

Desde el 5 de julio, el Mercosur incluye a Venezuela como su quinta pata en la mesa de decisiones, o para decirlo en palabras usuales en el bloque: pasó de ser "País observador" a "Estado asociado" y de ahí a "miembro pleno", tres categorías en menos de dos años de negociaciones. Todo un récord, comparado con cualquier otro proceso similar.

Venezuela adquiere todos sus derechos y junto con ellos las obligaciones y consecuencias, entre ellas, las transferencias que implica todo "matrimonio".

El paso entre la primera y la tercera categoría fue tan veloz y rutilante como la renuncia a la Comunidad Andina de Naciones, dos meses antes. El pomposo ingreso al Mercosur en medio de los actos patrios venezolanos en el Campo de Carabobo, el 5 de julio y un mes después en la Cumbre Presidencial de Córdoba, fue el corolario de un proceso que comenzó la mañana del 17 de diciembre de 1998 en que el presidente Chávez dijo en Buenos Aires: "queremos ser el eje energético de la integración".

Apenas habían pasado diez días de su elección y ya andaba buscando alianzas en el sur. Venía de Brasil, se dirigía a Cartagena, a los actos de conmemoración por la muerte de Simón Bolívar. Las docenas de corresponsales que acudimos a la cita en un salón del Aeropuerto Jorge Newbery, a pocos metros del malecón sobre el imponente Río de la Plata, nos sorprendimos: no sólo de escuchar la "breve declaración" de hora y media salpicada de anécdotas, citas de memoria y buen humor, también de su taxativa proclama: "Queremos ser parte del Mercosur" [1]

Los pocos periodistas que nos especializábamos en el tema tomamos su declaración como temeraria. El Mercosur atravesaba por uno de sus peores momentos. Tres semanas después, Brasil declaró la devaluación de su moneda y con ello el descalabro de las relaciones comerciales y estatales que sostenían al bloque. En los pasillos gubernamentales de Buenos Aires un fantasma pululaba: la muerte del peso/dólar y la desaparición de la caja de conversión que lo sostenía.   Ante un panorama como ese, y el ambiente sórdido anti Mercosur que se respiraba en las cuatro capitales del acuerdo comercial, escuchar a un presidente caribeño postulando la integración al sur, justificaba nuestra prevención. Esa mañana no metimos en cuenta una idea fija de Chávez, desde que salió de la cárcel en marzo de 1994: girar al sur: desprenderse del norte.

Entre 1994 y 1995 el gobierno de Rafael Caldera había hecho un intento similar, como explicaremos más adelante.   Se firmaron nueve protocolos con el Mercosur y acuerdos parciales con Brasil y Argentina, entre ellos el megaproyecto de hidrocarburos para hacer PetroAmérica[2]. Todo, en el marco de un comercio creciente, por un lado con Roraima, Manaus y el nordeste brasileño, por otro, debido a la inversión milmillonaria de firmas de Argentina, en las privatizaciones adelantadas por el gobierno de Caldera.

La diferencia entre aquel intento y el actual, es que el gobierno nacionalista de Hugo Chávez llevó hasta el final lo que antes fueron amagues timoratos de una burguesía descompuesta y decadente. Esta razón lleva a la otra: en 1995 no había un proyecto de desarrollo independiente, sino lo contrario; la tímida reluctancia al control yanqui del socialcristiano Caldera y la jaqueada burguesía que lo acompañó sólo daba para eso: amagues irresolutos. Aún así, la historia le concederá el mérito de haber sido el primer presidente venezolano que buscó integrarse al sur del hemisferio.  

II. Tres preguntas en busca de respuestas 

 

¿Qué un simple atracón de estómago produce jaqueca, pesadillas, pesimismo? Si, pero la pudibundez idealista sigue negándose a ver el origen de la quiebra política y moral de hoy en la quiebra del sistema económico que nos rige"

Luis Franco, poeta y ensayista argentino. (Pequeño Diccionario de la Desobediencia, 1958) 

Este punto de partida nos obliga a pensar en las respuestas a por lo menos tres preguntas: ¿Qué fue y qué es el Mercosur? ¿Qué cambios y efectos producirá esta nueva relación interestatal al interior de Venezuela, es decir: qué repercusiones y efectos acarreará al proceso revolucionario conocido por su denominación popular como "Revolución Bolivariana"? Por último: ¿En cuánto y en qué podría influir la nueva unidad Mercosur+Venezuela en el sistema de relaciones hemisféricas dominadas por el imperialismo estadounidense? Esta es la cuestión clave.

De las respuestas que se les puedan dar a esas preguntas –y a otras conexas–, dependerá la definición de las perspectivas, tanto para el bloque sureño como para la "Revolución Bolivariana" y la relación de ambos con los Estados Unidos.  

Cinco condiciones para pensar 

El peligro de acomodación por transferencia tiene un carácter objetivo. En el psicoanálisis el mecanismo de "transferencia" es útil a la integración entre paciente y analista. En política internacional puede resultar lo contrario.
Se trata de las tendencias profundas necesarias de todo proceso de integración en las condiciones actuales de dominio capitalista del sistema mundial. Incluso, en el caso hipotético de que no mediara la voluntad de funcionarios interesados, las puertas para el acomodamiento y la adaptación en sentido contrario a los postulados de la "revolución bolivariana", están inscriptas en la realidad. Se compone de varios factores que se combinan en expresiones desiguales y dinámicas de un modo amenazador.

Lo primero es el expreso interés de Washington en derrotar   -hacer retroceder-  el proceso revolucionario y su gobierno nacionalista. Al servicio de ese objetivo hará de todo; en las actuales condiciones apostará para ello, entre otros recursos, al Mercosur, así el Mercosur no se lo plantee.
En segundo término, está la necesidad que crean las relaciones capitalistas que dominan los inicios de esta integración, donde los negocios entre empresarios y entre estos y los Estados, le imprimen un carácter y una dinámica que juegan en sentido contrario de la dimensión progresiva de sus postulados defensistas.

Tercero, las diferencias de carácter, base social y objetivos entre la Venezuela bolivariana y el Mercosur crean líneas de tensión en las alturas, en las que no pueden participar los movimientos sociales y organizaciones sindicales para procurar una solución progresiva. No existen mecanismos de poder de base para que ellos busquen resoluciones en una perspectiva antiimperialista y socialista. Una aclaración de esta bifurcación de perspectivas dentro del nuevo Mercosur la dieron el presidente de Argentina y su esposa, la senadora Cristina de Kirchner, en su visita a EEUU a mediados de septiembre de 2006. Ambos declararon su admiración por el capitalismo en general y por el de Estados Unidos en particular: Queremos un capitalismo como el de EE.UU., comentaron a la prensa. Cristina fue bien precisa en su gusto ideológico y la forma de vida que prefiere para la humanidad. En un ataque al FMI, una institución capitalista que adversa, se preguntó: "¿Qué es el capitalismo? –y se respondió:– El capitalismo es una mejor idea que el comunismo y si el capitalismo se distingue de otras doctrinas es por la idea del consumo..." [3]

Una cuarta razón es la perentoriedad de los gobiernos que lo conforman; este hecho hace inestable al "matrimonio" porque no está determinado por los mismos intereses geoestratégicos: sólo dos (con suerte, tres) de ellos tienen garantizada su continuidad.   Todos los estudios de opinión electoral de septiembre 2006 (incluso los de sus enemigos), aseguran que Chávez y Kirchner tendrían asegurada su reelección, el primero en 2006, el segundo a los pocos meses, en 2007. Lula, que anduvo bien en las encuestas hasta el día anterior a las votaciones, terminó en un fiasco político que le pudo costar su reelección. No ganó en la primera vuelta, como él y las encuestas auguraban, apenas sobrepasó a su contrincante derechista y el 29 de octubre probó, que a pesar de todo, el pueblo le dio una segunda oportunidad en el Planalto. Pero perdió San Pablo, Rio de Janeiro y otras principales plazas políticas y económicas del país, o sea, perdió piso político y social. Si esa tendencia se confirma y perdiera más base social en próximo periodo, la estabilidad del pacto con Venezuela entraría en estado de shock.

A diferencia de pactos como el europeo o el centroamericano (1958), el andino (1969) o el del Mercosur (1991), el actual depende de sus gobiernos de turno, mucho más que de estrategias de Estado a largo plazo, excepto en el interés de Venezuela y hasta cierto punto también de Brasil.

De este carácter inestable da cuenta el actual jefe administrativo del bloque, el argentino Carlos "Chacho" Álvarez. En una entrevista realizada por la agencia estatal de Argentina, TELAM, Álvarez, advirtió: "Chávez, Lula y Kirchner son presidentes con posibilidades de ser reelectos y que le pueden dar continuidad al proyecto de   integración. Estos liderazgos –profundiza Álvarez– tienen un aire de familia. Cada época tiene sus notas predominantes, y este Mercosur es producto de liderazgos que fueron votados para producir modelos alternativos al modelo de los años 90" ( La Razón/TELAM, 22/09/06)

Dicho de esta manera, con la franqueza intelectual de "Chacho" Álvarez, tenemos lo siguiente: A) La continuidad depende de la reelección de estos presidentes, B) "Este Mercosur"   se asienta en tres liderazgos legitimados por el voto, en esta "época" C) De ellos depende (hoy) el modelo "alternativo al de los años 90".

Por último, se trata de una alianza con exceso de dependencia   del precio del petróleo en el mercado mundial, y de los megaproyectos derivados. Los tiempos de la alianza estarán determinados por los tiempos de realización de esos proyectos de inversión. Las burguesías del Mercosur la acompañarán en la excluyente medida que les sirva a la reproducción ampliada de sus capitales y la nivelación de sus tasas de ganancia, a través del comercio y la inversiones subregionales, donde Venezuela pasa a ser un mercado nacional de tentaciones desmedidas.

Notas


[1] Ambas declaraciones aparecen en la entrevista que le hice, publicada en el semanario especializado en energía "El Informador Energético". Buenos Aires, 21 de diciembre de 1998.

[2] Revista Fundación Año 1, Nº 1, agosto 1995, Buenos Aires, Modesto E. Guerrero, Reportaje: páginas 9-14.

[3] Clarín, 19/09/06