Joaquín López Mujica

Filósofo y músico

j.lopezmujica@laposte.net

Proceso bolivariano revolucionario visto desde Holanda  

marzo de 2006

“Cada nación depende del corazón de su gente.

Y un pais que no se vende, nadie lo podrá comprar...”

(Prohibido Olvidar: Rubén Blades) 

En Venezuela, el año 1998 la mayoría de hombres  y mujeres se pronunciaron por el cambio de un modelo político, económico, social y cultural que les proporcionara un mejoramiento de la calidad de vida en el marco de la justicia social y equidad.  

Una nueva constitución, surge de esa gran movilización de concientización, reapropiación de la memoria histórica  y afirmación de la identidad cultural e inscribe a Venezuela en la vanguardia de los derechos universales, pues la carta magna le proporciona ante el mundo y la historia cultural, una fisonomía pluriétnica y multicultural- con ello un ideario e instrumento fundamental de transformación en un marco pacifico y democrático, legitimado varias veces con elecciones y referéndum aprobatorios bajo la mirada de observadores internacionales.

En seis años, y con un cuerpo de Leyes habilitantes que atendían a los temas neurálgicos de la vida nacional (propiedad de la tierra, disciplina fiscal, recursos naturales, educación, telecomunicaciones, responsabilidad de los medios de comunicación entre otras materias) ha habido enfrentamientos con una la oligarquía económica. 

Asi al llegar al punto de máximos contraste, a la crisis sociopolítica se unieron una aristocracia sindical, la elite intelectual, los medios masivos de comunicación, los lideres políticos de partidos pulverizados ya por la conciencia colectiva, sin base social y consultores internacionales, a los fines de  comenzar la escalada conspiradora,  toda esa mezcla de intereses afectados reaccionaron y se movilizaron. 

Aspiraron a construir una oposición, que hoy muestra un triste y patético prontuario: paro y sabotaje petrolero, golpe de estado, presuntos actos terroristas, traiciones a la patria dejando campo libre a las intervenciones del imperio y la globalización unidimensional, promoción de anti-valores como la abstención, sobornos, etc. 

De una manera irresponsable, la oposición venezolana en el exterior, sin siquiera, recorrer los rincones del país sino que  respondiendo a intereses económicos  hegemónicos utilizando, como ahora,  escenarios internacionales. Ellos  pretenden impunemente seguir distorsionando, la puesta en marcha de un nuevo modelo de convivencia y acción política, bajo la falacia de ingobernabilidad y recientemente del separatismo. 

Entre tanto en nuestro país, basado en preceptos constitucionales como aquello de que la industria petrolera jamás sería privatizada (como si sucedió en Argentina y Ecuador) se produce un proceso revolucionario  bolivariano que implementa un conjunto de medidas de carácter socioeconómico: la desconcentración de la riqueza,  la puesta en marcha de  las políticas públicas de reorientación e inversión del excedente de la renta petrolera, redistribución del ingreso  mediante un conjunto significativo de programas sociales (llamadas Misiones) generación sistemática y exponencial del acceso pleno a la salud, educación, vivienda, propiedad de la tierra, medios de información y cultura, hasta  micro créditos.  

Ese viejo modelo puntofijista y neoliberal derrotado en las elecciones de 1998, liderizado por quienes hoy pretender venderse al mundo como los paladines de los derechos humanos, la tolerancia y las estrategias económicas neoliberales, es la expresión de una fauna variopinta de viejos intelectuales conversos al capital, docentes, cierta elite en decadencia, periodistas que no resistieron la seducción de la vieja oligarquía política y económica, y caen en la trampa de esta comedia de las equivocaciones y terminan en el casino jugando una “triste lotería” como canta Rubén Blades,  de  doctrina de la guerra permanente y del entorno hostil, de los Estados Unidos y su fiel exponente Bush. 

En  escenario de Europa han visto su rechazo,  específicamente en Holanda –los representantes de la oposición venezolana- no han podido cuajar en ninguna de las intervenciones,  puesto de manifiesto en eventos públicos que han querido realizar como en centros educativos, reuniones de compatriotas, universidades, lugares de uso no-convencional y hasta plazas públicas, como la anunciada este 18 de marzo en Ámsterdam.  

Sólo al ver las páginas web o los boletines internos  de las Embajadas de nuestro país en Europa, se constata un cambio notable en la proyección, imagen y contenidos. La construcción de un mundo multipolar pasa por lograr una sintonía entre los preceptos de la diplomacia bolivariana -soberanía, autodeterminación- y el nuevo rol de las sedes diplomáticas: reproducción del nuevo mapa estratégico, eficacia administrativa, rescate de la memoria histórica, difusión a gran escala de la gestión de gobierno y afirmación de la identidad cultural. 

La oposición venezolana padece sin dudas. Pero, ¿cómo se puede apoyar una conducta sin valores éticos? Se preguntaron participantes de un evento –escuálido por la mermada asistencia- realizado en una ciudad estudiantil en Holanda (Utrecht). 

De tal manera que  se aclara progresivamente el panorama y el silencio cómplice que ha estado emparentado a la traición a la soberanía de los pueblos latinoamericanos, cede a la comprensión y los alcances de una revolución. También un efecto dominó acelera a tal efecto a la toma de conciencia de los latinoamericanos, que desde el triunfo de Evo Morales en Bolivia  y Bachelet en Chile, y su proyección ahora en México. Así se estremece la geopolítica  de América latina, de manera explosiva.

Con el viraje a la izquierda se preguntan los europeos ¿Podrá ser superada la tragedia latinoamericana? Quizás se refieren a ese diagnóstico difundido de tantas teorías económicas, por supuesto muchas falacias como diría Klinsberg. Sin embargo  ese paisaje trunco desde el  endeudamiento externo y la vorágine de  huracanes contra la condición humana, el presagio de quinquenio  tras quinquenio entre con elecciones fraudulentas, negocios económicos y poder mediático, sigue siendo un campo de batalla para la izquierda que avanza en América Latina.

Ya la República Bolivariana de Venezuela conoce los dominios del vértigo de la miseria al 50 % de la población  de los habitantes de un país con las mayores reservas energéticas del planeta, ese viejo karma que durante mas de cuatro décadas congeló la conciencia colectiva de miles de venezolanos ha finalizado.  

A través de Telesur y Venezolana de Televisión nos enteramos en  Holanda de que allá en Venezuela, siguen reaccionando ante los peligros del presente y futuro de todos los venezolanos, la profundización de la lucha contra corrupción apenas comienza por que la  inequidad, la malversación y los escándalos públicos no han cesado.

La solidaridad internacional con el proceso bolivariano y revolucionario en Europa y sobre todo en Holanda,  se hace cada vez mas presente, quizás la formulación del socialismo del siglo XXI ha creado un interés, quizás superior a las época de las criticas al socialismo real efectuadas por el partido MAS -de Venezuela- antes de su viraje a la derecha.

Aquí en Europa, especialmente en Holanda, donde se expande la solidaridad con el proceso bolivariano revolucionario desde un internacionalismo clásico con NCPN-Communistische Prtij van Nederland, hasta moviminetos de movimientos que han surgido en la lucha de masas y en la red internet son estos: Hijos Nederland, Juntos Podemos mas-Holanda, Ojala, Lavus, Free The Five, HANDEN AF VAN CUBA, e Identidad Bolivariana. 

Los grupos sociales citados, difunden en actos, publicaciones y manifiestos una simpatía sin precedentes por el proceso revolucionario venezolano. Es que  para con un país que en nueve elecciones consecutivas y un referéndum revocatorio se ha reafirmado que el camino escogido por las mayorías era el correcto: la ampliación de la participación y el protagonismo de las mayorías nacionales, el establecimiento de un nuevo marco de derechos y garantías, políticas sociales para reinsertar a la población al trabajo, educación, salud, vivienda, seguridad, convivencia ciudadana, reconocimiento de los pueblos indígenas y el ejercicio pleno de la soberanía y la autodeterminación ante continuas agresiones sobre todo de Estados Unidos y la actual administración.