Carlos Lucero

lafraguaradio@gmail.com

Abstención, ... qué abstención?

diciembre de 2005

Habrá que considerar, para tener una idea más acabada de la inmensa abstención registrada en las ultimas elecciones en la Republica Bolivariana, un detalle muy importante pero que quizá pasara inadvertido o  pudiera ser que nadie se quiera pronunciar sobre él.

Es necesario tener en cuenta  que, sobre todo la población de Caracas la capital, esta constituida en su mayor parte, por una multitud que responde al parámetro de la inmigración interna luego de que en la década de los 70 se produjera el  auge petrolero y casi como consecuencia, el descuido y la caída de la producción agropecuaria. Esa población emigra en esos años  hacia la ciudad capital, asentándose en las visibles villas de emergencia que rodean a las fastuosas urbanizaciones de los amos del valle caraqueño.

Por supuesto que justamente fueron estos amos quienes programaron que esa gente quedara así nomás. A la deriva. Apartada, olvidada, en todo caso, convertida en una útil y barata mano de obra domestica. Y por supuesto sin  la debida educación ni medios para lograrlo.

Y es precisamente esa gente la que se siente, ahora, representada en las luchas de la muy bien instalada Revolución Bolivariana.

 Pero sigamos considerando  más detalles. Esa gente y sus hijos no pudieron y no vieron la necesidad de educarse porque tenían suficiente distracción con  la que  los canales privados de TV le enviaban cotidianamente. Precisamente  lo más  chabacano y vulgar de sus programas.

El tiempo, lógicamente  envejeció a la mayoría de los integrantes de esa población y los dejó en la plena ignorancia, entre otras cosas, de los manejos de factores tan elementales como la familiaridad con una maquina computadora. Porque las misiones alfabetizadoras, a pesar de su indiscutible eficacia, no fueron suficiente para inculcar la nueva imagen  que configuran  los tiempos actuales.

Por otro lado, la Revolución significa la construcción de  caminos de avances técnicos que coloquen al país en consonancia con el ritmo de las fuertes necesidades de hoy. Inclusive en el campo del manejo de la electrónica. Ese adelanto fue incorporado por las autoridades al proceso electoral con el objeto de transparentar y agilizar el conteo de votos y mejorar de esa manera  su desempeño. Evitándose entonces aquellas  malas mañas de tiempos idos, como la repetición y el voto de gente fallecida entre otras.

Tenemos entonces que considerar un aspecto que, por psicológico, se encuentra más extendido de lo que pareciera.

La clave me la dio mi amigo Carlos F. Un caraqueño simpático, bachiller, hábil y constante vendedor de publicidad, cuando me pidio que le sacara una dirección electrónica porque él no sabia hacerlo. Sin inconvenientes le realicé el trámite  y para comprobar su resultado, al día siguiente le envié algunos mensajes. Cuando me volví a reunir con Carlos le pregunté si había recibido lo que le había enviado y un elevado  color rojo  le subió al rostro.

Me confesó que las computadoras le producían nerviosismo y por lo tanto había olvidado el procedimiento para abrir su correo. Sencillamente una verdadera resistencia  a enfrentarse con el dichoso aparatito.

Y entonces me imaginé a tantos de nuestros paisanos, allá por las zonas del interior del país o tantas personas de la ciudad a quienes se les solicita ese mágico acto de votar  por un partido o candidato e inmediatamente se les aparece en su representación, la imagen un tanto amenazadora, de esas máquinas con inmediatez electrónica, botones, perillas, luces  y pantallas planas de cristal líquido tan sensibles a los errores del que no las conoce y solamente las ha visto de lejos. Nuestro sencillo hombre de campo, frente a la encrucijada de tener que  buscar y señalar rápidamente a alguien entre cincuenta candidatos, solo frente al aparato que parpadea amenazante, habrá dicho algo así como:

- No chico, eso  es pa`locos!-

Y decidió quedarse. No vaya a ser que, con esa torrencial lluvia el día de la votación, el inestable terreno cediera y  acabara  para colmo, con su casita. Total, estaba seguro de que la Revolución seguiría. Con o sin su voto.

¿Y la democracia? Muy bien gracias. Ese concepto es, en realidad un sentimiento que él lleva muy adentro suyo y, por ahora no la ve en peligro. Las consideraciones posteriores se las deja a los siempre equivocados analistas foráneos que no saben de marchas, luchas ni de compromisos vitales  y verdaderos con una revolución que viene desde el pueblo. Esto es Sudamérica, no Suiza.-