Jean-Louis Déotte

Tomado de Catástrofe y olvido. Las ruinas, Europa, El Museo, Santiago de Chile: Editorial Cuarto Propio, 1998

“El historiador de los llamados “lugares de memoria" enfrenta un riesgo: sólo puede haber consentimiento con existencias a las que les haya sido dado registrar las huellas de acuerdo a unos protocolos de institución de la memoria nacional; sobre las ruinas como escribe P. Nora acerca de la memoria “viva" de un grupo. Pero el mismo riesgo lo corre el historiador que describe estos protocolos que dan lugar a la memoria nacional, a la identidad política. Este supone que un acontecimiento histórico siempre puede ser recuperado por la historiografía y por los diferentes teatros de memoria de la modernidad. ¿Qué ocurriría sin embargo, con un acontecimiento no inscriptible, irrepetible, como estos huracanes que dejan pasmados a los instrumentos de control meteorológicos? ¿Acaso el físico podría sostener razonablemente que, después del terremoto, nada ha tenido lugar si nada ha sido inscrito en sus aparatos, cuando todo a su alrededor no es más que ruina y devastación? ¿No escuchará el clamor de la naturaleza y de los seres humanos; clamor que será testimonio de un daño, que la justicia intentará convertir en perjuicio, como siempre defectuosamente, estableciendo una suerte de cuadro común para juzgar sobre un litigio entre la desmesura natural (y por lo tanto histórica, puesto que el acontecimiento de que se trata es el huracán y la medida social?” (pp.24-25).

“Y el museo, en tanto es un sistema de representación, pertenece a esta ideología del poder, en primer lugar, constituyendo el espacio histórico en que el público más amplio puede acceder a las imágenes en las que este poder se reconoce y sobre las cuales funda su legitimidad cultural” (p. 71).